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Verónica Castro: 20 Años de MENTIRAS… El ASQUEROSO Ataque de su Propio Hijo y Ella lo ENCUBRIÓ

Eso le abrió las puertas de la empresa Televisa de Par en Par. Después de varios papeles pequeños, en 1979 llegó la telenovela que la hizo leyenda. Los ricos también lloran. El personaje de Mariana Villarreal se volvió parte de la familia de millones de personas. Esta novela fue un éxito tan grande que se vendió a más de 100 países.

En Rusia, la gente dejaba de trabajar para ver a Verónica en la televisión. Las calles de Moscú se quedaban vacías cuando empezaba el capítulo. Lo mismo pasó en China, en Italia y en toda América Latina. Verónica Castro pasó de ser una muchacha de la colonia Juárez a ser la mexicana más conocida en todo  el mundo. Su fama no tenía límites y su cara estaba en todas las revistas de la época.

Años después, en 1988, tuvo un programa de noche llamado Mala noche. No fue un espacio donde todos los artistas querían querían estar. Una de las noches más recordadas fue cuando el cantante Juan Gabriel fue al  estudio. Los dos tenían una amistad muy bonita y esa vez se quedaron platicando y cantando durante 8 horas seguidas sin parar.

Fue un récord que nadie ha podido romper en la televisión mexicana. Verónica trabajaba mucho, a veces grababa más de 16 horas en un solo día, pasaba casi todo el tiempo en los estudios de grabación y tenía muy poco espacio para su vida personal. Sus giras por el mundo la mantenían lejos de su casa por meses enteros. Ella era la mujer más poderosa de la televisión, pero siempre llevaba una carga emocional muy pesada.

Su trabajo era lo que mantenía a toda su familia y eso le ponía mucha presión sobre los hombros. Cuando tenía 21 años, Verónica conoció a Manuel Valdés, a quien todos llamaban el loco. Él era un comediante muy querido y hermano de otros actores famosos como Germán Valdés Tintán y Ramón Valdés, el que hacía de don Ramón en El Chavo del Ocho.

Verónica se enamoró de él con mucha ilusión, pero las cosas no salieron bien. Cuando ella le dijo que estaba embarazada,  Manuel no quiso hacerse responsable y se alejó por completo. Verónica se quedó sola esperando a su primer hijo en un momento donde la sociedad criticaba mucho a las madres solteras. Fue su mamá, doña Socorro, quien la cuidó y la acompañó en todo ese proceso.

El 8 de diciembre de 1974 nació Cristian en un hospital de la capital. El niño no tuvo el apellido de su padre en su acta de nacimiento, solo llevó los de su madre, Sainz Castro. Verónica tuvo que regresar a trabajar a los pocos días de dar a luz para que no faltara nada en la casa. Cristian creció en la casa de su abuela Socorro en la calle Donato Guerra, mientras Verónica viajaba por Rusia, Italia o Argentina para grabar novelas.

Vos el niño se quedaba bajo el cuidado total de su abuela. Socorro era la que le preparaba la comida, la que lo llevaba a la escuela y la que lo dormía por las noches. Cristian pasaba más tiempo viendo a su mamá en la pantalla de la televisión que en la vida real. Él siempre ha dicho que su abuela fue la persona más importante de su vida y su verdadera madre emocional.

Siempre que cierra los ojos, la imagen que recuerda es la de Doña Socorro. Verónica intentaba compensar su falta de tiempo regalándole juguetes caros y ropa de las mejores marcas. Ella quería que su hijo tuviera todo el dinero del mundo para que no sintiera el vacío de no tener a su padre cerca. Cristian se acostumbró a tener todo lo material, pero le faltaba ese calor de hogar que solo da la presencia diaria de los padres.

Verónica decidió que su hijo también tenía que ser un artista exitoso. Desde que Cristian tenía 6 años, ella empezó a meterlo en programas de radio y televisión. Ella misma pagaba a los mejores maestros de canto y de música para que lo prepararan. No le importaba gastar fortunas con tal de ver a su hijo triunfar. En el año 1992, ella sacó de sus ahorros para producirle su primer disco llamado Agua Nueva.

La canción No Podrás se volvió un éxito increíble en muchos países. Verónica se encargaba de todo. Firmaba los contratos, elegía la ropa de Cristian y decidía qué canciones iba a cantar. Ella veía en su hijo un proyecto muy grande y Cristian se convirtió en la empresa más importante de la familia. Pero esa relación de trabajo empezó a quitarle espacio a la relación de madre e hijo.

Cristian sentía que tenía que ser perfecto para no decepcionar a la gran diva de la televisión. La falta de un padre es presente marcó mucho el carácter de Cristian. Manuel Valdés nunca estuvo ahí para darle consejos o para ponerle límites cuando se portaba mal. Verónica, por el sentimiento de culpa de no estar en casa, le permitía hacer lo que él quería.

El niño creció muy consentido y sin saber lo que era la disciplina de un hogar normal. Doña Socorro era la única que lograba controlarlo un poco, pero Cristian siempre tuvo un  carácter difícil. Sus berrinches eran famosos entre los empleados de la casa. Él quería mucho a su mamá, pero también sentía un poco de resentimiento porque ella siempre estaba trabajando.

La fama y el dinero llegaron muy rápido y eso  confundió mucho sus sentimientos. Verónica seguía siendo la mujer que pagaba todas las cuentas, lo que hacía que Cristian se sintiera siempre dependiente de ella. Esa mezcla de dependencia y falta de guía paterna  fue creando una bomba de tiempo en la personalidad del joven cantante.

Los años pasaban y Cristian se volvía un hombre, pero seguía viviendo bajo las reglas de su madre. Verónica elegía hasta a sus amigos y se metía mucho en sus decisiones personales. Cristian ganaba mucho dinero con sus conciertos, pero su mamá seguía siendo la que manejaba el patrimonio familiar. Las discusiones por dinero y por el control de la carrera eran constantes.

Cristian quería demostrar que podía solo, pero al mismo tiempo no sabía cómo separarse de la sombra de Verónica Castro. La abuela Socorro trataba de calmar las aguas, pero la tensión en la casa de Donato Guerra era cada vez más fuerte. Verónica seguía sacrificando su salud y su tiempo para que la carrera de su hijo no se detuviera nunca.

Ella creía que dándole todo el éxito del mundo, Cristian sería feliz, pero los problemas emocionales eran mucho más profundos de lo que el dinero podía comprar. La fama de Cristian no fue un golpe de suerte, sino una construcción planeada con mucho dinero desde la oficina de su madre. Verónica invirtió millones de pesos para que el camino de su hijo fuera plano y sin obstáculos.

En los años 90 ella contrató a los mejores compositores y arreglistas que el dinero podía pagar en ese momento. Cristian tenía una voz privilegiada, pero fue  el empuje de Verónica lo que lo puso en las estaciones de radio más importantes.  Ella no permitía que nadie le dijera que no a su hijo en la empresa Televisa.

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