Y durante años tú lo sabes mejor que yo porque lo viviste en carne propia. Así fue, exactamente. Así funcionaba este país. El poderoso hacía lo que se le daba la gana y el pueblo nada más miraba desde abajo con el coraje guardado en la garganta sin poder hacer nada. Y sabes qué fue lo que cambió? ¿Qué fue lo que hizo que esta vez sí lo alcanzaran cuando antes siempre se salían con la suya? Eso es lo que vas a entender en lo que sigue y tiene que ver con una orden que salió desde lo más alto, porque aquí hay algo que la prensa de siempre no te va a
contar con estas palabras, pero yo sí te lo digo de frente. Lo que cambió fue que ahora hay una presidenta, Claudia Shane Bundown, que dio una instrucción clarita y sin titubeos. Al que se metió con el crimen organizado desde un cargo público, se le va a perseguir caiga quien caiga, sea del partido que sea.
Y ojo con esto porque es importantísimo. A Corona lo agarraron, aunque había llegado al poder con el PAN, con esa misma oposición que se la pasa gritando en las mañaneras, que el gobierno supuestamente no hace nada contra la inseguridad, pues mira la ironía del tamaño de una casa. Resultó que el narcoalcalde era de los suyos de su propio equipo, y aún así cayó porque aquí ya no se le tapa la cara a nadie por el color de su camiseta.
Y fíjate el silencio, fíjate qué silencio tan sospechoso se hizo de repente, porque cuando cae un funcionario de Morena, ya sabes cómo se ponen, salen todos en bola, los opinólogos, los periodistas de siempre, los partidos de oposición gritando a los cuatro vientos que esto es una vergüenza nacional. Pero ahora que cayó uno de los suyos, uno del Pan, uno señalado de andar de la mano con el cártel de Sinaloa, ¿qué dijeron? Nada.
Un silencio que ensordece, ni una condena fuerte, ni un deslinde claro, ni una sola palabra de vergüenza. como si rezaran para que la cosa pasara desapercibida, para que nadie se diera cuenta de que el narcoalcalde era de su equipo. No te vayas porque en un momento vamos a llegar a lo más fuerte de todo, el segundo exacto en que lo acorralaron y lo que descubrieron que traía consigo.
Ese detalle que de un golpe destruye la imagen del servidor del pueblo que tanto presumía. Porque hasta aquí todo lo que te he contado ya es grave, ya es de escándalo, ya es para que cualquiera se lleve las manos a la cabeza y diga, “Qué barbaridad, ¿hasta dónde hemos llegado en este país, un alcalde prófugo, un chapulín que brincó de partido por conveniencia, dinero del narco para una campaña, un estado entero infiltrado hasta el tuétano.
Pero todo esto, créeme lo que te digo, es apenas la cáscara, la pura superficie, lo verdaderamente fuerte, lo que convierte este caso de una nota más en algo que ningún noticiero se ha atrevido a contarte completo. No es el dinero, ni el partido, ni la traición. Es lo que pasó en ese momento cuando lo tenían rodeado, cuando ya no había para dónde correr y cayó la máscara por completo.
Y aquí es donde de plano se me revuelve el estómago, porque una cosa es robar, traicionar, venderse y otra muy distinta es lo que este hombre llevaba consigo en el instante en que lo atraparon. Mientras él se paseaba por el puerto, creyéndose a salvo, los hombres del gabinete de seguridad ya le iban pisando los talones en silencio, sin que se diera cuenta, cerrándole el paso poquito a poco, hasta que no le quedó ninguna salida.
Y cuando por fin lo tuvieron enfrente, cuando entendió que se había acabado la huida, encontraron algo encima de él, algo que cargaba con toda intención. no se esperaba absolutamente nadie y que de un solo golpe deja clarísimo que aquí no estamos hablando de un alcalde que se equivocó de amistades. ¿Qué crees que llevaba consigo el presidente municipal de Cuautlá en el momento exacto de su captura ese hombre que juraba en cada discurso ser un humilde servidor del pueblo? Eso es lo primero que vas a ver y cuando lo sepas, vas a entender por
qué te dije desde el principio que esto no es un alcalde corrupto más es algo mucho, mucho peor. Aquí está lo que nadie te contó completo. Cuando los elementos del gabinete de seguridad por fin lo tuvieron acorralado en Acapulco, sin escapatoria este hombre, el presidente municipal de Cuautla, el que se llenaba la boca hablando de servir al pueblo, no andaba precisamente con las manos vacías.
Según lo que se filtró del operativo, Jesús Corona Damián llevaba encima un arma de fuego, una pistola lista para usarse en cualquier momento. Escuchalo otra vez porque cuesta trabajo creerlo. Un alcalde en funciones paseándose por las calles armado como cualquier sicario, preparado para lo que viniera.
Ese hombre no se iba a entregar por las buenas. Y eso, déjame decírtelo claro, ya no es un funcionario que se equivocó de amistades, eso es un operador del crimen organizado con una credencial de gobierno en la bolsa. y párate a pensar un segundo en lo que eso significa de verdad, no como dato frío, sino como realidad de carne y hueso. Este es el mismo hombre que salía en los eventos públicos, que cortaba los listones de las obras, que se tomaba fotos cargando bebés, que daba discursos prometiendo seguridad para las familias de Cuautla, el mismo que llegaba a las
escuelas a saludar a los niños, que iba a las posadas, que se paraban el templo el domingo como un vecino más. Y resulta que todo ese tiempo, según lo que apunta la investigación, andaba cargando un arma listo para disparar, porque sabía perfectamente en qué andaba metido y con quién.
La gente de Cuautla confiaba en él, votó por él, le aplaudió y él los veía a la cara mientras por debajo de la mesa le servía al cártel. Quédate porque ahora vamos a ver el detalle de cómo lo agarraron. esa parte del operativo que demuestra que su captura no fue suerte ni casualidad, sino algo planeado al milímetro durante días enteros.
Porque la forma en que cayó este señor es de película y dice mucho de cómo se trabaja ahora. Resulta que Corona Damián andaba paseándose por la colonia Costa Azul en Acapulco, convencido de que se había salido con la suya, de que había logrado desaparecer del mapa, pero lo que no sabía, lo que ni se imaginaba, es que los agentes lo venían siguiendo en silencio, paso a paso, calle por calle, sin perderlo de vista ni un solo segundo.
No fue que se toparon con él de pura casualidad, fue una cacería paciente, callada, en la que él era la presa y ni cuenta se daba. Lo dejaron moverse, lo dejaron creerse libre, sentirse seguro y cuando estuvo en el punto exacto, sin gente alrededor, lo rodearon de golpe y ya no tuvo para dónde correr. Y aquí viene la pregunta que a mí en lo personal me quita el sueño.
¿Cuánto tiempo llevaban estos personajes operando así, a plena luz del día, sin que nadie los tocara? Porque Corona Damián no es el primero ni va a ser el último. Durante años, y tú lo sabes porque lo viviste en carne propia, en muchos municipios de este país, el alcalde y el crimen organizado eran prácticamente la misma cosa, socios del mismo negocio sucio.
El presidente municipal ponía el cargo, la fachada, la protección y el cártel ponía el dinero y las armas y nadie decía nada. sexenio tras sexenio, gobierno tras gobierno. Esa relación enfermiza se fue tejiendo en silencio mientras a la gente le tocaba vivir con miedo, pagar piso, agachar la cabeza. Lo de Cuautla no es un caso raro ni aislado, es la punta de algo que llevaba décadas pudriéndose por dentro.
Y lo más fuerte de todo esto es que Corona Damián no estaba solo en este arreglo, ni de lejos. Un alcalde no le abre un estado entero a un cártel él solito desde su escritorio y con la pura firma. Detrás de él, alrededor de él, hay toda una red de nombres, de cómplices, de gente que sabía perfectamente y se hizo de la vista gorda de funcionarios que cobraban por mirar para otro lado.
La caída de este señor es apenas el primer hilo de una madeja muchísimo más grande y mientras más se jala de ese hilo, más cosas feas van saliendo a la luz. Y sabes quiénes más aparecen en esta historia que otros funcionarios de Morelos estaban metidos en el mismo arreglo con el narco. Eso es justo lo que vamos a ver ahora y son nombres que te van a sonar porque resulta que Corona Damián no era ni por asomo el único alcalde de Morelos con el rabo de paja.
Lo que ha ido saliendo es que había toda una constelación de presidentes municipales señalados por exactamente lo mismo, por andar arreglados con el crimen organizado. Se habla, entre otros, del alcalde de Atlatlaucán, otro municipio morelense vinculado al mismo entramado podrido y se menciona también a un personaje del que poco se habla en los noticieros, pero que estaría en el centro de todo.
Un operador del cártel conocido por un apodo, el Barbas, que sería de los que movían los hilos por debajo. Según lo que circula, estos personajes no actuaban cada quien por su lado, sino como parte de una misma estructura que se repartía el territorio, los municipios, las plazas, como si Morelos entero fuera un pastel para cortar y repartir entre todos.
Pero detrás de todos estos nombres, de todos estos arreglos sucios, ¿quién paga siempre el pato? La gente, siempre la pobre gente. Mientras estos señores se repartían el estado y se llenaban los bolsillos, las familias de Morelos vivían lo de siempre. Los negocios chiquitos pagando cuota para que los dejaran trabajar. El tendero, la señora de las tortillas, el del taller mecánico, todos dándole una parte al que les tocara cobrar.
Las familias con el miedo metido en el cuerpo de salir a la calle, de que se llevaran a un hijo, de que una bala perdida acabara con todo en un segundo. Los jóvenes sin futuro, viendo el crimen como la única salida porque el alcalde que debía darles oportunidades estaba del otro lado de la mesa. Esa es la herida de verdad.
la que no sale en las fichas ni en los boletines oficiales. Años y años de gente común aguantando el infierno mientras el de arriba cobraba tranquilo. No te vayas porque ahora vamos a ver cuánto tiempo llevaba esta red moviéndose en Morelos sin que nadie le pusiera un dedo encima. Y la respuesta te va a indignar todavía más, porque esto, óyeme bien, no se armó de un día para otro.
una estructura así que mete a varios alcaldes, a operadores del cártel, a funcionarios cómplices, no se construye en un par de meses ni en un año. Lleva muchísimo tiempo, años en los que según todo lo que ha ido saliendo, hubo gente que sabía que tenía la información en sus manos, que pudo haber actuado y no lo hizo. Gobiernos anteriores que prefirieron voltear para otro lado, autoridades locales que se hacían las dormidas, partidos que postulaban candidatos sin revisar de dónde salía su dinero ni con quién andaban metidos. Toda esa impunidad
acumulada, todo ese silencio cómplice de tantos años es lo que permitió que un personaje como Corona Damián llegara dos veces a la presidencia municipal y se sintiera completamente intocable. No cayó del cielo, no apareció de la nada, lo dejaron crecer. Y aquí hay algo que de plano enoja, que da coraje del bueno, del que hierve por dentro.
Porque mientras todo esto pasaba, a los partidos que lo postularon, el PAN, el PRI, el PRD, esa misma alianza que se la pasa dando lecciones de moral en todos los micrófonos, ¿dónde estaban? Nadie sabía nada. A nadie le pareció raro de dónde salía el dinero para esas campañas. Cuesta mucho trabajo creer que un hombre presuntamente vinculado al cártel de Sinaloa haya llegado a una candidatura sin que absolutamente nadie en esos partidos se diera cuenta de algo, sin que nadie sospechara nada.
Y hoy que cayó, que quedó exhibido frente a todo el país, esos mismos que lo abrazaron, que lo subieron al cargo, que le levantaron la mano, se hacen los desentendidos como si jamás en la vida lo hubieran conocido. ¿Y qué crees que está pasando ahora mismo con todos estos personajes que durante años se creyeron por encima de la ley? Eso es lo que vamos a ver enseguida y es justo la parte que muchísima gente llevaba años, años esperando con ansias, porque al final, después de todo lo que te he contado, de la traición, del dinero, del
narco, del arma que cargaba encima, de la red que lo protegía desde las sombras, queda la pregunta más importante de todas. ¿Y ahora qué? ¿Se queda esto en una captura más que mañana nadie recuerda? ¿O de verdad esta vez las cosas van a ser distintas? Lo que está en juego aquí no es solo el castigo a un hombre, sino el mensaje que se le manda a todos los demás que andan en lo mismo, escondidos detrás de un cargo, creyéndose seguros, intocables, dueños de su pueblo.
Y todo apunta a que esta vez sí hay con qué, esta vez sí hay voluntad de llegar hasta el fondo del asunto. Cueste lo que cueste, quédate hasta el final porque ahora vamos a ver exactamente lo que le espera a Jesús Corona Damián, lo que la justicia tiene preparado para él y por qué su caída es apenas una ficha de un tablero muchísimo más grande que apenas está empezando a moverse en todo el país.
Y la pregunta que queda flotando en el aire ahora que cayó Corona Damián es, ¿qué va a pasar con todo lo que él sostenía? Porque cuando se cae una pieza así, una que llevaba años aceitando la maquinaria del cártel en su municipio, no es que todo se arregle mágicamente de un día para otro. Lo que todo apunta a que va a pasar, según los que entienden de estos temas es que se abre un hueco, un vacío de poder, y esos huecos en el mundo del crimen organizado nunca se quedan vacíos mucho tiempo.
Alguien va a querer ocupar el lugar que dejó. Puede que la estructura se fragmente, que empiecen los pleitos internos por quien manda ahora. Y eso, hay que decirlo con honestidad, a veces trae más violencia antes de que las cosas se calmen, pero también puede ser el principio del desmantelamiento de toda esa red si la justicia sigue jalando los hilos que quedaron al descubierto.
Y aquí es donde la cosa se pone interesante, de verdad, porque Corona Damián no es el punto final de nada, es apenas un eslabón de la cadena. El operativo enjambre sigue caminando, sigue sumando detenidos y cada uno que cae suelta información, nombres, conexiones, cuentas que llevan directito al siguiente.
Es como jalar un hilo suelto de un suéter. Empiezas con uno y se va deshaciendo toda la prenda. Lo que se está manejando es que vienen más capturas, más alcaldes, más funcionarios que durante años se sintieron seguros y que ahora andan nerviosos mirando por encima del hombro, sabiendo que en cualquier momento les puede tocar a ellos.
¿Y sabes qué es exactamente lo que ya le cayó encima a Jesús corona Damián? Lo que la ley tiene preparado para un hombre en su situación. Eso es lo que vamos a ver ahora y es justo lo que durante años parecía imposible que pasara. Porque agárrate, que aquí viene lo que muchos llevaban años esperando ver con sus propios ojos.
Ese amparo con el que Corona Damián creyó que se iba a blindar, ese papelito que pensó que era su pase de salida, no le sirvió absolutamente de nada al final del cuento. La justicia lo alcanzó de todos modos. Hoy este hombre está detenido, puesto a disposición de las autoridades, enfrentando los señalamientos por sus presuntos vínculos con el cártel de Sinaloa y por todo lo que se le encontró encima.
Ya no es el alcalde intocable que se paseaba armado, sintiéndose el dueño y señor de Cuautal. Ahora es un detenido más, esperándolo que la ley determine, sin fuero que lo proteja, sin partido que dé la cara por él, sin cártel que lo saque del problema. Y eso después de tantos años de ver a estos personajes salir caminando como si nada, créeme que se siente distinto.
Y nada de esto, óyeme bien, nada de esto habría pasado sin una decisión tomada desde lo más alto. Porque alguien tuvo que decir, “A estos sí los vamos a perseguir. No importa de qué partido sean, ni a quién protejan, ni cuánto dinero tengan.” Y esa decisión salió de la presidenta Claudia Shainbaum, que instruyó el operativo y la ejecutó Omar García Harfush con su equipo, sin hacer ruido, sin avisar, sin filtrar nada.
Mientras la oposición gritaba en las mañaneras que aquí no se hacía nada contra la inseguridad, resulta que se estaban cayendo uno tras otro los narcoalcaldes, incluidos los de su propio bando. Eso es lo que cambió en este país y conviene no perderlo de vista nunca. Quédate porque ahora vamos a ver el tamaño completo de esta limpia, las cifras de cuántos han caído ya y por qué lo de Cuautla es apenas una gota dentro de algo muchísimo más grande.
Porque cuando te pones a ver los números completos, de plano se te abre la boca. Más de 85 funcionarios y exfuncionarios detenidos en el marco del operativo enjambre. Siete presidentes municipales en funciones, sentados todavía en su silla, agarrados con las manos en la masa. y Morelos. Ese estado chiquito y tranquilo convertido en el lugar con más alcaldes en funciones caídos de todo el país.
Esto no es un operativo de relumbrón para la foto, no es un golpe aislado para salir en las noticias un día y luego olvidarse. Es una limpia sistemática, municipio por municipio, Estado por estado, que está sacando a la luz una podredumbre que llevaba décadas bien escondida debajo de la alfombra.
Y apenas vamos viendo una parte de todo lo que hay enterrado ahí abajo. Y déjame decirte lo que esto significa para la gente común, para ti, para mí, para la señora que ve esto en su cocina mientras prepara la comida del mediodía. Significa que por primera vez en muchísimo tiempo esa frase de que en México la justicia nunca llega, de que el poderoso siempre se sale con la suya, de que el de arriba jamás paga, está empezando a dejar de ser verdad.
Llevábamos años, décadas enteras viendo como estos personajes robaban, traicionaban, se vendían al mejor postor y al final se iban a su casa tan campantes con su dinero y su impunidad bien guardados. Y ahora de repente los estamos viendo caer uno tras otro con sus amparos y todo cayendo. ¿Y tú crees que estos son los únicos que van a pagar o que hay muchos más todavía escondidos esperando su turno? La respuesta es de las que dan esperanza.
Y tiene que ver con todo lo que viene en camino, porque la diferencia con lo de antes es del cielo a la tierra. Y hay que decirlo sin pena ni miedo. Antes, un alcalde vinculado al narco terminaba su periodo tranquilamente, se reciclaba en otro cargo o de plano se iba a vivir como rey con todo lo que se había robado y nadie lo molestaba jamás.
La política y el crimen se daban la mano sentados en la misma mesa y el pueblo nada más miraba desde el suelo sin poder hacer nada. Hoy, en cambio, ese mismo personaje termina prófugo, perseguido, acorralado en un puerto y detenido con un arma encima como cualquier delincuente. Cambió el guion por completo de arriba a abajo.
Y no cambió solo, no cambió por arte de magia, cambió porque hubo la voluntad política de que cambiara, de meterle mano a lo que durante tantos años nadie se atrevió ni a tocar por miedo o por complicidad. Y para las familias de Cuautla, para toda la gente de Morelos que vivió tantos años bajo el yugo de estos personajes, esto tiene que sentirse como un respiro, como que por fin alguien los volteó a ver.
No es que mañana se acaben todos los problemas de golpe, sería mentirte feo si te dijera eso. Pero es el principio de algo importante, la sensación de que el que manda ya no está del lado de los malos, de que si tu alcalde se mete con el crimen, ahora sí le puede caer la ley encima. Esa sensación, esa pequeña esperanza que parecía perdida, vale oro en un país que llevaba tantísimo tiempo sin tenerla.
No te vayas todavía porque hay una última cosa, sobre todo este caso, una pregunta que sigue abierta y que nadie ha terminado de responder y es de las que te dejan pensando un buen rato. Porque por más que cayó Corona Damián, por más que le encontraron el arma y lo exhibieron frente a todo el país, hay algo que todavía no termina de cuadrar del todo, algo que sigue dando vueltas en la cabeza.
Si este hombre llevaba tanto tiempo operando, si tantos sabían, si los nombres y las conexiones estaban ahí a la vista, ¿quién más desde más arriba lo dejó hacer? Porque un alcalde de un municipio no se mueve solo. Alguien le abrió la puerta, alguien lo dejó pasar, alguien lo respaldó para que llegara dos veces al cargo sin que nadie revisara nada.
Y esa pregunta, la de quién más sabía y quién más sigue protegido allá arriba, todavía no tiene una respuesta clara. Pero las cosas se están moviendo rápido y los hilos que quedaron sueltos en este caso apuntan hacia lugares que muchos preferirían que se quedaran en silencio para siempre. Y mientras esos nombres siguen sin salir a la luz, mientras esa pregunta se queda flotando en el aire, lo único seguro es que esta historia no termina con la caída de un alcalde en una playa de Acapulco.
Hay mucho más por descubrir, más hilos por jalar, más personajes que ahora mismo andan nerviosos esperando que llegue su turno frente a la justicia. Si esto que acabas de ver te dejó con esa sensación de que todavía falta una pieza por encajar, de que la verdad completa apenas está empezando a contar, el siguiente video que tenemos aquí para ti va justo por ese camino.
Dale play y sigamos jalando este hilo juntos