Creo que una de las cosas más difíciles en la vida es el saber a quién se le puede brindar la confianza y a quién no, pues esta es tan sensible que se puede quebrar en un instante, pese a que se haya forjado durante años con lealtad y con otras cosas. Y por ello vamos ahí en la vida confiando en las personas completamente a ciegas, porque de eso se trata la confianza, de poner en el otro una virtud ante la cual podemos poner nuestros sentimientos, nuestros elementos más valiosos en las manos de
otra persona, a sabiendas de que esta persona las cuidará y al contrario, también nos regresará el mismo valor de confianza, pero la cosa nunca es bilateral, no siempre es mutua. Y ahí cuando la situación se rompe es cuando vienen los conflictos. Hace más de 20 años mi marido Román y yo tuvimos nuestro primer hijo.
Estábamos contentos porque estábamos recién casados, éramos felices. Y a nuestro primer bebé, cuando lo llevamos a bautizar, le conseguimos unos padrinos. Eran amigos de mi marido. Se trataba de la señora Rosario y su marido, el señor Josué. Yo no era una mujer muy sociable, pero mi marido era un hombre que andaba para aquí y para allá, conocía mucha gente y curiosamente como aquellos amigos suyos se acababan de cambiar a las cercanías de ahí de la casa.
Fue entonces que después de que aquellos dos se volvieran padrinos de mi hijo y nosotros compadres de ellos, empezamos una amistad que nos duraría años. Y de hecho, un tiempo después de que nació nuestro hijo, mi comadre Rosario y su marido tuvieron una hija muy linda la chiquilla, muy gerita, con una mirada bien encantadora.
A mí me vino a la mente que nos pedirían que fuéramos sus padrinos, pero no. El señor Josué ya tenía otros prospectos y pues ni modo. Ante eso no íbamos a hacer o decir algo. Y pues ahí se nos fueron los años. Mutuamente nos hacíamos favores, a veces nos prestábamos dinero. Yo veía que de pronto a mi comadre le iba mal, porque a su marido, Josué, quien era un taxista, a cada ratito se quedaba sin trabajo.
Ahí le andaban batallando y eso no se veía bien porque a mí me daba lástima la niña. A veces andaban pidiendo prestado para la leche o para los pañales. Ya como podíamos, mi marido y yo les ayudábamos, porque los padrinos de bautizo, esos no más fueron a la fiesta y se desaparecieron. Ya ven que eso casi nunca sucede, pues aquí esa no fue la excepción.
Y de mi lado también hubo crisis, hubo situaciones complicadas donde el dinero llegó a faltar, pero afortunadamente siempre teníamos para darle a nuestro hijo y a sus dos hermanitos que vinieron con el tiempo. Mi marido fue muy responsable, eso me gustaba de él. Además de que era muy guapo, muy atractivo, yo me sentía soñada a su lado porque me daba mi lugar.

Pasó el tiempo, obviamente nos iba pegando el efecto de la edad. Ya estábamos un poco cansados, sobre todo mi comadre Rosario y su marido Josué. Este como siempre andaba en el taxi sentado y no se hidrataba bien, pues en una de esas le dio una enfermedad de los riñones. Se puso bien malo. Lo estuvieron dializando y gastaron mucho dinero.
Ay como podíamos les ayudábamos, pero todo aquello fue en vano. Porque después de un par de años de lucha, mi compadre Josué lamentablemente murió. Fue una noticia muy triste porque mi comadre se quedaría sola y aunque solo tenían a su hija, aquella ya era más que un adolescente y estaba en la mera etapa, bien complicada. pobre de mi comadre, se las iba a empezar a ver bien difíciles y pues ahí de a poquito a poquito.
Empezó a agarrar un trabajito por aquí y otro por allá, pero con lo poquito que ganaba, apenas si le alcanzaba para sacar lo básico. La verdad es que yo la veía y me daba tristeza, pero sabía que mi comadre iba a arreglárselas por sí sola. Además, su hija ya estaba grande, ya estaba a punto de salir de la preparatoria y ya estaba casi lista para empezar a trabajar.
Lo que me daba gusto es que mi comadre a su hija le había enseñado bien a cocinar, a hacer los queaceres de la casa, a ser autosuficiente. Sin embargo, ella muchas veces estaba ausente por el hecho de que tenía que salir a buscar dinero para la supervivencia. A veces se la pasaba en mi casa y yo cada que la veía le preguntaba que por qué no rehacía a su vida.
Comadre Rosario, usted todavía está joven, está muy guapa, mírese al espejo, ni se le notan los años. ¿Por qué no se consigue un hombre, alguien bueno que quiera rehacer su vida con usted, que le apoye con los gastos y que también le ayude con ese estado de ánimo. Mire, si a veces la veo bien triste y eso no me gusta, comadre.
debería pensárselo bien. Mi comadre me decía que algún día, pero que ese no era el momento. Aún con esto, ella se la pasaba a veces en la casa y dejaba a su hija en casa sola. Decían que por la edad y la adolescencia a veces no aguantaba a su hija y que por eso se iba a nuestra casa para despejarse un rato.
Mi marido también se la llevaba bien con mi comadre Rosario. A veces mi marido nos hacía reír, nos tenía bien interesados con la plática. Rosario también era buena para el chisme y para la plática, así que hacíamos un buen grupo para distraernos. A veces nos tomábamos unas cervezas, unos tequilas y nos agarraba la madrugada.
Ya a esas altas horas de la noche encaminábamos a mi comadre a su casa y yo la veía a veces muy triste, a veces muy alegre. Era toda una cosa muy peculiar. Pero donde un día mi comadre me llegó con una novedad. Me comentó que iba a empezar a hacer tandas de dinero. A lo mejor a algunos no les suena esto, pero es una especie de sistema de ahorro en la cual participan varias personas.
Cada participante tiene que entregar una cantidad fija de dinero cada semana, cada quincena o una vez al mes. Eso ya depende. Todo el dinero que se reúne se entrega a una sola persona y en la siguiente fecha de entrega le toca recibir todo el dinero a una persona distinta, así hasta que todos hayan recibido su ahorro.
Esto es muy dado en México. En algunas zonas lo llaman distinto, pero en fin. Mi comadre me invitó a participar. me dijo que iba a empezar a hacer esas tantas porque de ahí se iba a ganar un dinerito de comisión. Yo la verdad nunca confié en esos sistemas, más que nada porque luego si uno se queda sin dinero para dar es una lata tener que andar ahí buscando de dónde sacar porque sí o sí uno tiene que dar el dinero temporalmente cuando se ha asignado.
Y pues mi comadre como que sí se sintió un poco cuando le dije que no quería participar por esa razón y pues bueno, ella hizo la organización de una tanda. empezó a reunir a la gente, les dio los números que les asignó y así cada semana, cuando todos daban sus aportaciones, ella lo entregaba a la persona que le correspondía. Al parecer su primera tanda fue un éxito.
La hizo de 6 meses con un pago semanal y pues ahí después de esa hizo otra y después organizó como tres o cuatro a la vez. Yo veía que a mi comadre le iba bien, se empezaba a ganar propinas y demás y pues ya se le veía mejor semblante. Muy pronto se hizo famosa ahí en el barrio por sus dichosas tandas y yo había acertado en el hecho de no participar porque nos empezó a ir un poquito mal y mi marido y yo estábamos en apuros.
Yo no sabía ni qué hacer. No sabía trabajar más que planchar o lavar. Y pues así como la estábamos viviendo, yo sentía que estábamos salados. Así que fui con una señora curandera para que fuera a la casa, que le diera una saumeada y le diera una limpia al lugar para que la mala suerte se fuera. Aquella señora me ofreció sus servicios para otras cosas, que trabajos de amor y no sé qué tantas cosas más, pues me habían dicho que era muy buena.
Le tomé los datos y cuando se marchó en la casa ya se respiraba una energía distinta. Se sentía una tranquilidad que días atrás no existía. Y pues ya con esto a mi marido le regresó el trabajo, nos empezó a ir mejor y entendí que aquello de la buena suerte a través de las limpias era una realidad.
Estaba tan contenta que, créanme, hasta me digné a participar en una de las tandas de mi comadre Rosario. El pago de la tanda iba a ser de 1000 pesos a la semana. Así, durante 50 semanas, cuando a mí me tocase mi número, me entregarían 50,000 pesos. Aquello sonaba bastante bien, pero eso sí, había que amarrarse la tripa para poder dar puntualmente el dinero.
Pues yo estaba bien motivada porque a mi marido le iba bien. Varias veces yo le entregaba el dinero a la comadre. A veces mi marido como de vez en cuando le daba servicio de taxi a mi comadre, pues ya él le entregaba el dinero. Todo iba bastante bien, ya se habían cumplido casi todas las cuotas y yo le había pedido el último número.
Le había dicho que quería ese para que no me dieran el dinero por adelantado y gastármelo. Estaba contenta y a la par iba haciendo mis rituales de abundancia en la casa para que así el dinero no faltara y siempre llegara deás. Sin embargo, justo cuando faltaban los últimos tres números, recuerdo que fui con la comadre a preguntarle cómo iba todo, pues yo ya tenía planeado pagar unas deudas y comprar unas cosas con el dinero.
Quería meter al banco otra parte y pues vi a mi comadre media preocupada. Cuando le pregunté qué pasaba, lo que me respondió me preocupó. Híjole, comadre conchita, pues es que fíjese que hay personas que no me han estado dando los pagos. Me retrasé un poquito con los últimos números, pero son cosas que pasan. Ya me ando moviendo yo por mi cuenta para conseguir el restante y no darle sus tantas desacompletadas, porque acuérdese que usted es el último número y sin falla le quiero entregar todo su dinero completo. No más
eso sí. Si me veo muy apretada, téngame paciencia. Usted sabe que yo soy de fiar. Aquello sí me preocupaba, pero sabía que mi comadre Rosario siempre era bien responsable. Ella de alguna u otra forma conseguiría los dineros de las tandas de las personas restantes y también el mío, aunque fuera incompleto, pero ya después nos iría reponiendo.
Mientras tanto, en la casa, yo veía que mi marido estaba un poco ansioso, muy raro, como cuando te oculta algo que está pasando y que no es nada bueno. Yo le preguntaba a Román qué pasaba, pero él me decía que todo estaba bien, que simplemente había tenido mucho trabajo, que estaba estresado.
Yo me le acercaba para intentar hacer el amor, para relajarlo, para hacer mi tarea como esposa, pero él andaba muy rejego, muy negado, no dejaba que me le acercara mucho y eso pues me entristecía porque de verdad algo malo estaba pasando. Pasaron los días, las semanas, a mi comadre Rosario casi no la vi y por lo poco que sabía se le había complicado un poco las entregas del dinero.
Y pues así se fueron acercando los días para que me entregaran mi tanda y ya estaba bien emocionada y preocupada a la vez. Le mandé unos mensajes por celular a mi comadre y me decía que todo estaba bien, que ella me entregaría mi dinero, pues ya la gente que le debía se estaba reportando y estaba entregando todos los pendientes.
Fue una noche de viernes, justo la noche antes de que fuese yo a recuperar mi dinero, pues por el sábado en la mañana mi comadre me lo pensaba entregar. Aquella noche llegó mi esposo de trabajar. Llegó un poquito extraño. Estaba sudando frío. Cuando le pregunté qué le pasaba, me respondió algo que me preocupó un poco más.
Fíjate, vieja, que voy a tener que ir a darme una vuelta al rancho, pues dicen que mi tío ya se anda muriendo. Quién sabe y sea la última vez que lo vea. Por favor, tú aguántame. Ya entre mañana y el domingo estoy de regreso. Pues ya sabes que el rancho no está tan cerca. Pero ya cualquier cosa yo te aviso, así que déjame ir por una maleta a llevarme un poco de ropa, no más para pasar el fin de semana.
Estaba preocupada porque aquel señor que era el tío de mi esposo ya tenía tiempo malillo. Ya en uno de esos días pues a lo mejor ella hasta se andaba muriendo. Por eso es que le di tiempo a mi esposo para que se fuera, para que conviviera con su familia y ya que volviera más despejado.
Me imaginé que por eso había estado preocupado todos esos días. Lo vi cómo se marchó y pues bueno, me metí a descansar. Me tomé una pastillita para dormir. Lo que estaba pasando con mi marido y con lo de las tandas también me tenía un poco ansiosa. Me levanté bien temprano, le dejé algo de desayunar a los niños y fui directo a la casa de mi comadre Rosario a preguntar qué había pasado con mi dinero.
Toqué a la puerta varias veces, sin embargo, no había respuesta. Comadre, soy Conchita. Buenos días. Vengo por el dinero de mi tanda. Toqué varias veces, pero no salían. Justo ya me iba a retirar cuando en eso Carmencita, que era la hija de mi comadre, abrió a la puerta. Señora Conchita, buenos días. Discúlpeme, estaba dormida, pero ahorita que estaba buscando a mi mamá, pues veo que no está.
A lo mejor fue por un mandado o algo. Viene por lo de su tanda, ¿verdad? No se apure. Si quiere, cuando llegue yo le aviso para que venga a verla. Les juro que pasó prácticamente todo el día y nada. Mi comadre Rosario no aparecía. Fui a tocarle ya en la noche otra vez y pues salió nuevamente aquella chica, la hija de mi comadre.
Carmencita estaba llorando porque supuestamente encontró una nota en donde mi comadre Rosario se despedía de ella. Ay, señora Conchita, pues mi mamá ya se fue de la casa. Me dejó un papel donde se despedía, me pedía perdón por abandonarme. Le estuve llamando por teléfono todo el día y ya después me contestó, pero la verdad es que lo que me dijo, señora, no le va a gustar. Me dijo que se escapó.
No quiso decirme los motivos, pero lo peor es que se escapó con su marido. Señora Conchita. Creo que mi mamá y el señor Román están enamorados y quieren hacer su vida lejos. Por favor, tómenlo con calma y mejor asegúrese por su cuenta si lo que dice mi mamá es verdad. Según Carmencita, la señora comadre Rosario le pidió que ya no la molestara, que quería empezar una nueva vida y olvidarse de todo.
Aquello me estaba torciendo el hígado, porque más allá de que mi marido, el hijo de la chingada, cuando le llamé me confirmó aquello. Me dijo que ya no molestara, que lo tenía yo hasta la madre. Pues más aparte de esto había perdido todo mi dinero en la tanda. Le pedí a Carmencita que si gustaba se pudiera vivir a mi casa, que yo le podría ayudar con lo que necesitara y pues ahí echarnos la mano en lo que resolvíamos las cosas.
Pero yo veía que Carmencita andaba muy rara. Si de por sí decían que andaba en la moda darks y que era una chica depresiva. Ella no aceptó a mi ayuda y prefirió quedarse sola. De verdad estaba que me llevaba el Jamás me imaginé una traición así. Yo había puesto la confianza en mi marido y también en mi comadre Rosario, pero aquello solo era una cosa, era la punta del ic porque después me fueron a buscar algunas personas.
Aquellas también habían participado en las tandas de mi comadre Rosario y al parecer a varios los había defraudado. Les empezó a mentir acerca de que no tenía los dineros completos porque mucha gente no le daba. Pero ahí poco a poco nos fuimos reuniendo todos los participantes. Todos cuando comentamos llegamos a la conclusión de que ninguno habíamos fallado, que todos habíamos entregado nuestros dineros a tiempo.
Y al parecer mi comadre Rosario se robó mucho dinero de las tandas. Tenía como seis al mismo tiempo y a todos, a todos los últimos números se los fregó. Ya haciendo los cálculos, analizando a cuántos números dejó sin paga, se ha de haber llevado casi un medio millón de pesos. Era bastante. Y pues ahí intentamos poner una denuncia, pero aquello, aunque trató de proceder, no teníamos idea de dónde estaba mi comadre, nunca se presentó y no pasó nada.
Las autoridades le dieron carpetazo y nosotros quedamos como tontos. Y mientras pasaba todo esto, yo estaba triste y desesperada. Y entonces un día, no sé por qué recordé cuando aquella mujer curandera que me hizo las limpias me había ofrecido su ayuda. Acudí con ella, le conté todo lo que estaba pasando. La mujer me pidió que le llevara una fotografía de mi comadre Rosario y una de mi marido y pues yo se las llevé.
Ahí estaba la mujer bien entrada con su brujería. Yo no más veía cómo les rezaba, cómo hacía cosas que me parecían extrañas, cómo roceaba las fotografías con unas lociones. Al terminar metió las fotografías en un celofán. La bruja me pidió que debajo de un tapete a la entrada de mi casa colocara esas fotografías para que así la vida o el destino trajeran de vuelta a mi marido y a la comadre Rosario.
Les juro que hice todo aquello al pie de la letra. No sabía si de verdad funcionaría, aunque anteriormente ya había dado resultados positivos, pero no sabía qué pasaría. Mientras tanto, iba buscando trabajo. Hacía trabajitos aquí y por allá, porque tenía que resolver la situación económica para con mis hijos. Estos ya estaban también grandecitos.
Así que dos de ellos después de la escuela, uno se fue a trabajar a una tienda ayudando y el otro a un taller. Ahí les daban algo y ya con eso la íbamos librando. Mientras tanto, yo pues barría calles, hacía el qué hacer en algunas casas y pues con eso fuimos consiguiendo dinero para comer y para los demás gastos.
A mí nunca me dio miedo trabajar, aunque pues sí, admito, no sabía hacer nada, pero al menos no me quedaba en la casa de huevona a esperar una solución del cielo. Y mientras tanto, yo seguía tratando de apoyar a Carmencita, la hija de mi comadre que fue abandonada. Aquella ya también se había conseguido un trabajo. Dejó la escuela, pero como que no le iba bien, andaba con malas juntas y pues yo qué podía hacer.
Aquella chica ya era mayor de edad y tenía el derecho de hacer lo que quisiera. En fin que aunque en la casa que donde vivía era rentada, pues ella alcanzaba a sacar dinero para pagar el arrendamiento y también para comprar algo de comida. Pero yo creo que en esos momentos a Carmencita le pegó mucho el tema de la muerte de su padre, que aunque ya había pasado tiempo atrás, sumado al abandono de su madre, le pegó una depresión muy severa y un día me levanté para ir a hacer algunas compras, cuando en eso vi algunas patrullas y una camioneta del forense
afuera de la casa de Carmencita, no más vi que sacaron una camilla con un cuerpo tapado en una sábana blanca. Luego luego fui a ver qué pasó y una de sus vecinas estaba llorando porque Carmencita, Carmencita se había quitado la vida. La depresión por las cosas que vivió fue algo muy duro.
Seguramente no pudo resistir el abandono de sus padres, la soledad, el hecho de no tener nada más en este mundo. Sumado a las malas compañías que tenía, al uso del alcohol en exceso, ella terminó arrebatándose de este mundo. Me dio mucha tristeza. Me la pasé toda la tarde llorando. Entendí que a veces la vida no es justa y que como hijos a veces queremos confiar en nuestros padres porque es la naturaleza.
Sin embargo, estos lo único que hacen es romper el corazón de los hijos. Y la Carmencita, pues, prácticamente le apagaron su vida. No sabíamos qué iba a pasar con su funeral y su entierro, pero al parecer una de sus tías fue la que dio la cara. Pero eso sí, estaban manteniendo todo muy en secreto. Yo me imaginaba que de alguna forma mi comadre Rosario iba a estar presente en el funeral de su propia hija.
Y por ello es que no querían decirnos dónde la iban a velar y mucho menos dónde la iban a enterrar. Empecé a notar que entre las víctimas del fraude de mi comadre Rosario empezaban a cuchichear y a rumorear en dónde es que se iba a hacer el velorio. Aquellos lo que estaban pensando era algo horrible. Tenían pensado ir a agarrarla, denunciarla, llevarla a las autoridades para que la obligaran a regresar el dinero. Aquello me pareció lo más justo.
Ahí entendí que había una posibilidad. Recordé las fotografías que puse debajo del tapete y me imaginé que si la señora Rosario volvía para darle un último adiós a su hija, seguro que mi marido también volvería junto con ella para acompañarla. Después de unas horas, una señora aparentemente investigó.
Llamó a la funeraria y se descubrió que estaba programada una noche de funeral para la pobre chica que había fallecido. Era exactamente el nombre y el apellido. Así que se hizo una convocatoria para que fuéramos ahí a esperar a mi comadre Rosario a que saliera para entonces reclamarle. Yo estaba bien nerviosa, no sabía si ir o no, pero pues tenía que ir.
nos dirigimos todos a eso de las 9 de la noche y de verdad, créanme que aquello fue toda una locura. Yo me fui en un taxi junto con otras cuatro personas y en cuanto llegamos ahí, justo afuera de la funeraria vimos como mi marido estacionó el auto, su taxi como ya bien saben. Se bajó la comadre Rosario, entró a la funeraria. Ella se adelantó y mi marido estaba revisando unas cosas en la cajuela.
Cuando en eso yo me iba acercando y le grité al desgraciado, “¿Por qué no me das la cara, Román? ¿Que te faltan huevos o qué? Eres un maldito cobarde. ¿Cómo te atreviste a dejarnos a mí y a los niños? Mi marido, el muy hijo de la chingada, en cuanto me vio, parece que se le apareció el Cerró la cajuela, se metió al auto, lo encendió y arrancó rápido para escaparse.
Seguramente no se esperaba esa visita sorpresa y mucho menos mi comadre Rosario, porque allí estuvimos afuera. La estábamos esperando para casarla la hija de la chingada. Y en eso no sé a qué salió. Quizá iba a la tienda por algo, no sé. Pero en eso fue entonces que nos le acercamos y la acorralamos a la desgraciada.
Aquella estaba pálida, estaba completamente asustada. Yo pensé que íbamos a hacer las cosas pacíficamente, pero en eso una de las señoras, que fue víctima de su fraude, de inmediato se le fue a agarrarle los cabellos, a sangolotearla, hasta que la tiró al piso. Ahí le empezó a meter cachetadas y patadas. Yo mejor me retiré. Esas para mí no eran formas.
Y pues allí a la distancia vi como otras señoras se acercaron a patearla. Le estaban metiendo una golpiza. Un señor que andaba ahí también le daba patadas y yo no más veía como la revolcaban. Jamás me imaginé que las cosas llegaran a tanto, porque ahí entre jalones de cabello, de ropa, mi comadre Rosario terminó toda encuerada con las chichis de fuera y ahí prácticamente en puros calzones.
estaba ya toda raspada del cuerpo, toda golpeada y aquellas personas le gritaban que era una rata y que como una rata la iban a matar. Yo creo que de puro milagro y pasó una patrulla. De inmediato se detuvieron para ver qué estaba pasando. Yo no había metido mano en la golpiza y tampoco otras dos señoras. Todos los demás corrieron y pues nosotras nos acercamos ahí con los policías a contarle lo que había pasado.
Les aclaramos que nosotras no la golpeamos. Sin embargo, terminaron consiguiendo una sábana para cubrir a mi comadre Rosario. La levantaron y ya y toda apendejada por los trancasos. La subieron a la patrulla y se la llevaron. Lamentablemente para ella, terminó saliendo, perdiendo. El mismo día del funeral de su hija, pues la policía se la llevó.
Entre varios pusimos la demanda. Yo creo que para mi comadre hubiera sido mejor morirse ahí, porque al final, aunque ya no recuperamos el dinero, terminamos metiéndola a la cárcel unos años. Ahorita ya de haber salido la canija, ya de andar por ahí otra vez robando o haciendo estupideces. O quizá la ha de estar yendo muy mal.
Yo ya no la he visto. Ya no vivo en esa misma casa. Como mi marido y yo también rentábamos ahí donde vivíamos, mejor optamos por irnos a otra zona, lejos de aquel lugar que nos traía muy mal los recuerdos. De mi marido ya ni supe nada. Ese cabrón de verdad que le faltaron pantalones para ser hombre. Él rompió la confianza que le di tantos años.
Ni siquiera se digna en visitar a sus hijos. Pero en fin, hoy estamos mejor. Mis hijos ya están un poquito más grandes, ya trabajan, tienen vidas más estables y me ayudan. Yo también tengo mi trabajito ya y la llevo, pero estoy tranquila porque mi marido está lejos, no está aquí dando problemas. Pero a mí lo que me sorprende es que no sé si fue casualidad o tema de la brujería, el hecho del por qué mi comadre regresó tal y como me lo había dicho aquella bruja.
Mi marido también, pero se alcanzó a escapar. Yo creo que no fue casualidad que de verdad hubo un poder, pero a pesar de que los atrajo de nuevo, fue a través de una situación muy triste, la muerte de Carmencita. Y ahí comprendí que a veces la brujería siempre tiene un precio y que muchas veces ese precio se paga con una vida.
En esta historia, una inocente fue la que entregó su alma para que la magia fuese concretada. Al final, cada quien saca sus conclusiones, pero la verdad es que no le confía en su dinero a nadie. Mejor búsquense una cuenta de banco o un lugar más seguro. Busquen cómo invertirlo, pero nunca lo confíen en un vecino, por más labia que les tiren.
Al final cada quien esconde sus intenciones. Y pues, para ejemplo, está mi caso en el que mi comadre no fue más que una rata y así como ella, puede que tú tengas a tu lado una igual o quizás hasta peor. Y créeme que a veces de esas ratas ni siquiera la brujería te salva, porque esas cabronas a veces son peores que el Oh.
Disclaimer : This content may be created by AI for entertainment purposes. Any resemblance to real persons, events, or places is coincidental.