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La llamaban “La Ratona Blanca” — 32 agentes de la Gestapo la cazaron, ninguno sobrevivió

Nancy, en cambio, lo abrazó con entusiasmo. En 1937 conoció a Henry Edmund Fioca, un industrial francés rico y sofisticado, dueño de una próspera fábrica de jabón en Marsella. Encantador, seguro de sí mismo, acostumbrado al lujo. Se casaron en 1939 y casi de la noche a la mañana, Nancy se convirtió en una figura habitual de la alta sociedad.

 Cenas con políticos estrenos de ópera champ en la riviera vestidos de Chanel, un Bugatti deslizándose por la costa azul. Desde fuera su vida parecía perfecta, pero mientras sonreía en los salones iluminados, Nancy seguía con atención las noticias que llegaban desde Alemania. Hitler ya había anexado Austria. Checoslovaquia estaba bajo amenaza.

 Polonia sería la siguiente. La guerra no era una posibilidad remota, era una certeza que avanzaba paso a paso. Nancy le advirtió a Henry que debían prepararse. Él pensó que exageraba. Hasta que el 1 de septiembre de 1939, Alemania invadió Polonia y dos días después, Gran Bretaña y Francia declararon la guerra.

 Entonces dejó de llamarla dramática. Durante 8 meses, el Frente Occidental permaneció extrañamente silencioso en lo que se conoció como la guerra falsa. Soldados franceses y alemanes se observaban desde la línea Maginot sin atacar. Muchos comenzaron a creer que tal vez el conflicto no sería tan devastador, que quizás habría una negociación.

Nancy no compartía esa ilusión. El 10 de mayo de 1940, los alemanes lanzaron su ofensiva no por la fortificada línea Maginot, sino a través de Bélgica y el Bosque de las Ardenas, considerado impenetrable para tanques. En apenas 3 días, 100 tanques alemanes atravesaron el bosque. El ejército francés no se retiró con orden.

Se derrumbó. Unidades enteras se desintegraron oficiales. Abandonaron a sus hombres soldados. arrojaron sus armas y huyeron. El 14 de junio de 1940, las tropas alemanas entraron en París. La esbástica ondeó desde la Torre Eiffel. Francia había caído en seis semanas. Nancy y Henry estaban en Marsella dentro de la llamada zona libre administrada por el régimen de Vichi, un gobierno que obedecía a Berlín y colaboraba en la persecución de judíos y opositores.

Nancy no pudo permanecer inmóvil. Comenzó ayudando a un piloto aliado derribado, escondiéndolo en su apartamento durante 3 días, consiguiéndole documentos falsos y conduciéndolo hasta la frontera española. El piloto logró escapar y la noticia se propagó por la red clandestina. La elegante socialit del Bugatti era confiable.

 Pronto llegaron más pilotos, luego prisioneros fugados, después familias judías que huían de las redadas. Su apartamento se transformó en casa segura. Su dinero financiaba falsificaciones. Sus contactos sociales ofrecían coartadas perfectas. Asistía a fiestas con funcionarios de Vichi mientras ocultaba soldados en su sótano. Bailaba con colaboradores mientras memorizaba información útil para la resistencia.

Sin embargo, los alemanes empezaron a notar inconsistencias, movimientos inexplicables, viajes repentinos al campo visitantes nocturnos. La Gestapo comenzó a vigilarla. Henry le suplicó que se detuviera temiendo que ambos terminaran ejecutados, pero Nancy había visto en bien a la brutalidad Nazi y sabía lo que estaba en juego.

 Se negó a mirar hacia otro lado mientras otros se resignaban. Ella eligió resistir aún sabiendo que cada paso la acercaba más al peligro. En 1942, la cacería se volvió directa. La Gestapo arrestó a uno de los correos de Nancy Wake y lo torturó durante tres días hasta arrancarle un nombre, Nancy. A las 4 de la madrugada, los golpes estremecieron la puerta de su apartamento en Marsella.

 Nancy y Henry dormían. Él fue a abrir mientras ella tomaba la bolsa de emergencia que siempre tenía lista documentos falsos, dinero una pistola, y escapaba por la ventana del dormitorio descendiendo por la escalera de incendios en camisón para perderse en la penumbra. Henry fue arrestado e interrogado durante horas.

 No pudo delatarla porque realmente no sabía dónde estaba. Lo liberaron con una advertencia. La próxima vez no habría compasión. Desde ese momento, Nancy vivió en movimiento constante, cambiando de refugio cada dos noches. La Gestapo tenía su descripción, pero no su fotografía. Sabían que estaba vinculada a la resistencia, pero ignoraban que dirigía una de las redes de escape más efectivas del sur de Francia.

 En 18 meses ayudó a más de 1000 aviadores aliados y refugiados a huir hacia España. 1000 personas que no terminaron en prisiones ni campos de exterminio. Los alemanes pusieron precio a su cabeza 5,000 francos, una cifra irrisoria para el daño que estaba causando. En 1943, la red comenzó a resquebrajarse bajo la presión de informantes y controles cada vez más estrictos.

Sus superiores le ordenaron salir de Francia. Si la capturaban, bajo tortura, destruirían toda la organización. Nancy aceptó irse, pero prometió regresar con entrenamiento y armas. Intentó cruzar los Pirineos seis veces, cinco fracasos por clima, patrullas o mala suerte. En el sexto intento, una patrulla alemana emboscó a su grupo.

 El guía murió al instante. Nancy tomó su rifle. Nunca antes había disparado uno y mató a dos soldados. Hió a un tercero y logró escapar. Continuó sola durante 4 días por montañas heladas, sin mapa ni comida, guiándose por las estrellas. Llegó a España exhausta con congelación y al borde de la hipotermia. Las autoridades españolas la encarcelaron seis semanas.

España era neutral, pero cercana a Alemania. Si hubieran conocido su identidad, la habrían entregado. Nancy utilizó un nombre falso y fingió ser una refugiada indefensa hasta que la embajada británica en Madrid consiguió su liberación. En junio de 1943 llegó a Inglaterra debilitada, marcada por el frío y las pesadillas, pero más decidida que nunca.

 Se ofreció como voluntaria para el Special Operations Executive, el ejército secreto de Churchill. Aunque dudaron de ella por su edad y por ser mujer, superó cada prueba combate cuerpo a cuerpo explosivos, armas, radio, paracaidismo. Los instructores anotaron que era la recluta más talentosa que habían visto y también la más indisciplinada.

Discutía órdenes absurdas y rompía reglas, pero siempre cumplía la misión. Y esta vez, cuando regresara a Francia, no huiría por una ventana, volvería convertida en arma. Antes de continuar con el momento más explosivo de esta historia, cuéntame en los comentarios desde qué país estás viendo este video.

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