Posted in

SORAYA Jiménez: usada para la FOTO y tirada a la BASURA… Murió en la absoluta POBREZA

El COI había aprobado la participación femenina apenas en 1997, lo que significa que Soraya Jiménez compitió por la primera medalla de oro olímpica en alterofilia femenina que existía en toda la historia del olimpismo. No una más, la primera y la ganó. La favorita era la norcoreana Rison Hui, [música] poseedora del récord mundial y considerada inalcanzable por los expertos.

El propio Ivar Sisniega, que presidía la Cónade en el sexenio de Ernesto Cedillo, [música] había dicho antes de la competencia que Soraya no pasaría del décimo lugar, del décimo. Así es como el sistema pensaba de su atleta en ese momento. Soraya levantó 95 kg en arranque, la norcoreana 97,5. Llegaron al envión con Zoraya metida en la pelea, pero debajo de la favorita.

Después de varios intentos, mexicana [música] y norcoreana quedaron empatadas en 220 kg totales. El empate le daba el oro a la norcoreana por pesar menos que Soraya. La única manera de que el himno de México sonara era que Soraya levantara 127,5 kg en su último intento de, un peso que nadie más en esa competencia había logrado levantar esa noche.

Se paró frente a la barra, respiró, tomó el agarre y lo levantó. 222,5 kg totales. Record [música] olímpico, oro para México. 16 años de silencio del himno nacional en una arena olímpica rotos por una chica de Naucalpan que ningún directivo del deporte mexicano creía que pasaría del décimo lugar. “Me los chingué”, gritó Soraya en el instante de la victoria.

Según testimonios de quienes estaban cerca de un grito que resumía todo lo que había tenido que soportar para llegar hasta ahí. El presidente Ernesto Cedillo la felicitó por teléfono ese mismo día. Su [música] imagen alzando los brazos al cielo era la portada de todos los medios nacionales horas después.

Los medios deportivos le ofrecían hasta 6 millones de pesos solo por la primera entrevista. La nación entera que no había seguido su carrera durante los 6 años de preparación intensa, que no había puesto una cámara en sus entrenamientos, que no había escrito una sola portada sobre ella antes del 18 de septiembre. de repente la quería en todas partes al mismo tiempo y en ese torbellino de cámaras y micrófonos y apretones de manos y promesas estaba el sistema esperando, los políticos, los directivos, los representantes, a los

que habían mirado para otro lado durante años y que ahora llegaban sonrientes con sus tarjetas de presentación y sus proyectos y sus ofertas de trabajo, abrazar a la primera campeona olímpica de México. Lo que vino después es lo que hoy estamos aquí para contar. Lo peor aún no había llegado.

Esta es la primera revelación que te prometí. La gloria de plástico y lo que había detrás de la fachada. Escucha esto con atención porque esta parte no aparecen los homenajes institucionales. El gobierno del Estado de México le entregó a Soraya Jiménez como reconocimiento por su medalla de oro 1,7 millones [música] de pesos. 1,700,000 pesos en el año 2000.

Eso fue todo. No una beca vitalicia, no un fondo para su retiro. Noó un seguro médico de por vida que cubriera las consecuencias de años de deporte de alto rendimiento sobre su cuerpo. Un pago único de 1,7 millones de pesos. Con eso, Soraya compró un departamento en la colonia Condesa de la Ciudad de [música] México.

Un departamento que cuando murió 13 años después todavía no había terminado de amueblar. El Premio Nacional del Deporte vino de manos del presidente Cedillo. Los comunicados institucionales llenaron los medios. La CONADE organizó ruedas de prensa. Todos quisieron estar en la foto y mientras se tomaba la foto, mientras los directivos sonreían para las cámaras con la campeona al centro, el mecanismo de extracción ya estaba funcionando.

Grábate esto. La hermana de Fernando Platas, el clavadista olímpico, fungió durante un periodo como representante de Soraya. Eh, según el testimonio de José Luis Jiménez, [música] documentado en proceso y referenciado en Wikipedia, esa representante le conseguía apariciones públicas a Soraya diciéndole que no habría pago porque eran eventos de cortesía o eventos donde no te van a pagar.

Soraya IVA ponía su nombre, su cuerpo, su presencia, el capital simbólico que se construye durante décadas de sacrificio deportivo. Y la representante cobraba por esas apariciones cantidades que el hermano describió como estratosféricas. Soraya no veía un peso. Piensa en eso un momento. Soraya Jiménez, la primera mujer en ganar un oro olímpico para México.

Hacía el [música] trabajo, aparecía en los eventos, daba las conferencias, se dejaba fotografiar, firmaba autógrafos y alguien más cobraba por todo eso. Alguien que debía ser su representante, que debía existir para protegerla. Ch era quien más directamente se aprovechaba de la diferencia entre lo que ella producía y lo que ella recibía.

Y los políticos hacían exactamente lo mismo, solo que a mayor escala. José Luis Jiménez lo describió con una precisión devastadora en su [música] entrevista con Proceso. Los políticos que la invitaban a apoyar sus campañas, que la llevaban a inaugurar centros deportivos, que le pedían que posara con ellos para la foto que les daba el capital simbólico de estar asociados al oro olímpico de México.

Esos políticos nunca se acordaron de que Soraya también comía, también tenía facturas médicas. también necesitaba ganar dinero para vivir. Muchos políticos que la invitaban a apoyarlos nunca se acordaron de que también comía, tenía necesidades y que tenía que ganar dinero dijo su hermano. E esa es la definición exacta de lo que el sistema deportivo mexicano hace con sus campeones.

Los convierte en publicidad gratuita, los usa como activos de imagen institucional, los muestra en los pasillos del poder como prueba de que el país apoya el deporte y cuando el atleta necesita que esa relación funcione en la dirección contraria, cuando necesita apoyo real, concreto, económico, el sistema mira para otro lado y Soraya no podía defenderse de eso.

Su hermano la describió como alguien físicamente fuerte, pero internamente de una sensibilidad extrema. Era incapaz de armar un alboroto por pagos pendientes. No podía confrontar. No podía decirle a alguien a la cara que le debía dinero y que pagara. Esa combinación es la de alguien que tiene exactamente lo que el sistema quiere usar, pero carece de los mecanismos para exigir lo que le corresponde.

La hizo el blanco perfecto de una maquinaria que vive de explotar precisamente esa vulnerabilidad. Y la CONADE Soraya le dio a esa institución el mayor logro de su historia, el primer oro olímpico femenino, el fin de 16 años de silencio del himno nacional en una arena olímpica y en su entrevista con Proceso en 2010. [música] Cuando llevaba 6 años retirada y su cuerpo acumulaba 14 operaciones, un pulmón extirpado y cinco paros cardiorespiratorios, Soraya la acusó directamente.

Read More