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Doctora Polo: El Asqueroso Secreto del Bebé que Perdió a los 19 Años

Doctora Polo: El Asqueroso Secreto del Bebé que Perdió a los 19 Años

Ana María Polo se casó a los 19 años. 11 meses después entró embarazada en una clínica de Miami y salió sin bebé y sin marido. Lo que pasó en esos 11 meses es el secreto más asqueroso que la doctora más famosa de la televisión hispana ha cargado durante 47 años seguidos. Quédate. Vas a saber qué hizo el hombre que se casó con ella y por qué Ana María Polo después de aquello decidió construir el imperio televisivo más visto del mundo sobre los matrimonios ajenos.

 Es una madrugada de 1979 en el condado de Miami Dad. Ana María Polo entra a una clínica privada con una hemorragia que, según versiones familiares posteriores, llevaba sin detenerse desde hacía 3 horas. Tiene 20 años recién cumplidos. Lleva un embarazo de unos 5 meses. Y a su lado, firmando los papeles del ingreso, está el hombre que se había casado con ella en una iglesia católica de Miami 11 meses antes.

 Lo que hizo ese hombre durante esas 48 horas dentro del hospital es la parte de esta historia que la familia Polo ha protegido durante medio siglo. Se ha dicho de todo en círculos cercanos. Que él entró a la habitación y volvió a salir, que firmó el alta y desapareció antes del amanecer, que no estuvo presente cuando los médicos le dieron a Ana María la noticia que ella iba a cargar durante los próximos 47 años de su vida.

 Lo único confirmado es que ella entró embarazada y salió dos días después sin bebé y sin marido legal. tenía 20 años y la decisión que tomó al subirse al coche que la llevó de regreso a casa esa tarde, según testimonios de personas cercanas a la familia, fue la decisión que marcó toda su vida adulta. Lo que ocurrió en los 11 meses anteriores a esa madrugada es lo que ningún medio hispano ha podido reconstruir  completo.

 Pero hay tres detalles concretos que pocas personas han conectado hasta hoy. Para entender qué clase de hombre era el primer marido de Ana María Polo y por qué consiguió acercarse a una mujer que había crecido literalmente detrás de escoltas armadas. Hay que retroceder al lugar donde ella aprendió  a no confiar en nadie.

 Ana María Cristina Polo González nació el 11 de abril de 1959 en La Habana. Tres meses antes había entrado Fidel  Castro a la ciudad. Su familia se exilió en Puerto Rico cuando ella tenía 2 años y a los seis su padre Joaquín Polo tuvo que contratar guardaespaldas armados para que sus dos hijas pudieran ir a la escuela, porque la hostilidad contra los exiliados cubanos en la isla había llegado al punto de la violencia física directa.

 Esa fue la primera lección de Ana María Polo sobre los hombres. Los adultos podían fallar incluso cuando intentaban protegerla y la única seguridad real venía de un arma cargada caminando dos pasos detrás de ella. A los 17 años regresó con su familia a Miami.  era brillante, dura y, según sus propias compañeras de universidad en testimonios posteriores, profundamente desconfiada de los hombres que se le acercaban en el primer año de ciencias políticas en Florida International University, hasta que uno de esos hombres encontró en algún momento del primer semestre del

77 la forma exacta de romper esa muralla y lo hizo prometiendo lo único que ella nunca había tenido en sus 19 años de vida. Una casa sin un hombre armado en la puerta. La boda se celebró en una iglesia católica de Miami en 1978. Ana María Polo tenía 19 años. Su familia asistió en bloque, pero apenas habló durante la ceremonia.

 lo que se decían en voz baja. Según testimonios de familiares cercanos que circularon décadas después, era una variante de la misma frase: “Este matrimonio no va a llegar al año y no llegó.” Joaquín Polo entró a la sacristía de la iglesia 20 minutos antes de que comenzara la ceremonia. Era la cuarta vez en 5 meses que pedía hablar a solas con el hombre que su hija se iba a casar.

 Las tres anteriores, el novio había encontrado una excusa para evitar la conversación. Esa mañana, según contó Joaquín años después a un círculo cerrado de amigos cubanos del exilio, finalmente lo tuvo enfrente durante 6 minutos. Lo que escuchó en esos 6 minutos fue lo suficientemente alarmante como para que regresara al pasillo de la iglesia decidido a cancelar la boda.

 Habló con Delia. habló con la hermana mayor de Ana María y cuando estaba a punto de acercarse a su hija, según testimonios coherentes de las personas presentes esa mañana, alguien le tocó el hombro. Era el sacerdote que iba a oficiar la ceremonia. La conversación entre ambos duró menos de un minuto. Las palabras exactas no se conocen.

Pero el contenido, según trasladó Joaquín a su familia más cercana años después, fue una versión de lo siguiente. La decisión ya estaba tomada. Si interrumpía, ahora perdía a su hija. Las bodas católicas no se cancelan en el último minuto sin destruir al menos a una mujer en el proceso. Joaquín Polo se sentó en el primer banco.

 No volvió a abrir la boca durante el resto de la ceremonia. Lo que escuchó Joaquín Polo durante esos 6 minutos en la sacristía es lo que ningún biógrafo de la doctora ha logrado reconstruir. Pero hay una conclusión que el padre sí dejó clara durante los años siguientes. El primer marido de Ana María Polo no era el hombre que ella creía que era y Joaquín lo descubrió demasiado tarde esa misma mañana.

 La ceremonia comenzó a las 11. Cuando el cura llegó al momento en que se pregunta si alguien tiene una razón para oponerse al matrimonio, hubo en esa capilla un silencio que, según contaron las personas presentes en privado durante los años siguientes, no fue el silencio incómodo de las bodas normales, fue el silencio de una familia que sabía algo y había decidido callar.

Ana María tenía 19 años. Llevaba viviendo 9 meses en una historia que su padre había intentado interrumpir esa misma mañana y no había podido. Lo que ocurrió en las semanas siguientes a esa boda fue exactamente lo que Joaquín Polo había intentado advertirle a su hija en la sacristía, pero ya era tarde.

 Ana María regresó a Florida International University tres semanas después de la boda. según testimonios de algunas de sus compañeras de aquellos meses, recogidos por medios cubanoamericanos en distintos momentos a partir de los años 2000. Las primeras semanas dejó de almorzar con ellas, dejó de quedarse después de clase y al cabo de un mes, una de ellas vio aparecer en el cuello de Ana María, mal disimulada por el pelo, lo que parecía una marca oscura.

Cuando le preguntó qué le había pasado, Ana María cambió de tema en menos de 5 segundos y nunca volvió a sentarse al lado de esa compañera en ninguna clase. Su familia, mientras tanto, estaba siendo apartada sistemáticamente del contacto con ella. Joaquín Polo intentó visitarla cuatro veces entre el otoño y el invierno de 1978.

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