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Churubusco y Chapultepec: Así Fue El Brutal Ataque De EE.UU. Contra México | Invasión de 1847

historia militar del continente. Churubusco y Chapultepec fueron los dos combates que sellaron el destino de la guerra entre México y los Estados Unidos. Eran el penúltimo y el último obstáculo entre el ejército invasor y el corazón de la capital mexicana. Su caída sucesiva abrió las puertas de la Ciudad de México a las tropas de Scott, que ocuparon la capital del país y forzaron la negociación del tratado que costaría a México aproximadamente la mitad de su territorio nacional.

Esta es la historia de aquel brutal ataque, de cómo el ejército estadounidense avanzó inexorablemente desde las puertas de la ciudad hasta el palacio nacional, de los desertores irlandeses que murieron por México en Churubusco, de los cadetes adolescentes que cayeron defendiendo Chapultepec y de cómo la invasión de 1847 transformó para siempre el mapa de Norteamérica, arrebatando a México los territorios que hoy constituyen buena parte del suroeste de los Estados Unidos.

 Para entender por qué el ejército estadounidense terminó asaltando el castillo de Chapultepec en septiembre de 1847, hay que reconstruir las condiciones políticas que durante los años anteriores habían producido la guerra entre México y los Estados Unidos, conflicto cuyos orígenes se encontraban en la expansión territorial estadounidense y en la doctrina del destino manifiesto que Durante aquella década articulaba la convicción de que la nación norteamericana estaba destinada a extenderse a lo largo de todo el continente.

El origen inmediato del conflicto se encontraba en la cuestión de Texas, aquel territorio que había formado parte de México tras la independencia de 1821 había sido colonizado progresivamente durante las décadas anteriores por colonos angloanos que habían sido autorizados a establecerse mediante concesiones del gobierno mexicano.

 Para 1836 aquellos colonos descontentos con las políticas centralistas del gobierno de Antonio López de Santa Ana y deseosos de mantener instituciones como la esclavitud que México había abolido, se revelaron y proclamaron la independencia de Texas tras la batalla de San Jacinto. México nunca reconoció formalmente aquella independencia.

considerando a Texas una provincia rebelde que eventualmente sería reincorporada al territorio nacional. La situación se transformó dramáticamente en 1845 cuando los Estados Unidos anexaron formalmente Texas, incorporándola como estado de la Unión. Para México, aquella anexión constituía la apropiación de territorio nacional por una potencia extranjera.

Para los Estados Unidos era la culminación natural del proceso de expansión que el destino manifiesto justificaba ideológicamente. La anexión produjo además una disputa fronteriza específica que proporcionaría el pretexto inmediato para la guerra. Mientras México sostenía que la frontera de Texas se encontraba en el río Nueces, los Estados Unidos reclamaban que la frontera era el río Bravo, considerablemente más al sur, reclamación que incorporaba un territorio adicional considerable a las pretensiones estadounidenses.

El presidente estadounidense James Pulk, expansionista convencido que había llegado al poder con el programa explícito de adquirir los territorios mexicanos del norte, articuló durante 1845 y 1846, una estrategia destinada a provocar el conflicto que permitiría la apropiación de aquellos territorios. Tras el fracaso de las negociaciones para comprar California y Nuevo México, Pauló al general Zachary Taylor avanzar con tropas estadounidenses hasta el río Bravo en el territorio disputado. El choque entre las tropas

estadounidenses y las fuerzas mexicanas que defendían lo que consideraban territorio nacional proporcionó el incidente que necesitaba. El 13 de mayo de 1846, el Congreso estadounidense declaró formalmente la guerra a México, alegando que México había derramado sangre americana en suelo americano. La guerra se desarrolló durante los meses siguientes en múltiples teatros simultáneos.

En el norte, las fuerzas de Taylor avanzaron hacia Monterrey y posteriormente derrotaron a Santa Ana en la batalla de la Angostura durante febrero de 1847. En California y Nuevo México, fuerzas estadounidenses ocuparon progresivamente los territorios que constituían el objetivo principal de la guerra. Pero el gobierno mexicano, pese a las derrotas sucesivas, se negaba a negociar la cesión de los territorios que pretendía adquirir.

 Aquella resistencia condujo a la decisión estadounidense de ejecutar una campaña directa contra la capital mexicana, calculando que la ocupación de la Ciudad de México forzaría finalmente al gobierno a aceptar las condiciones de paz. La ejecución de aquella campaña se encomendó al general Winfield Scott, uno de los oficiales más capaces del ejército estadounidense.

Scott desembarcó en el puerto de Veracruz en marzo de 1847 tras un asedio que produjo la rendición de la principal plaza fuerte de la costa del Golfo. Desde allí emprendió el avance hacia el interior del país, siguiendo aproximadamente la ruta que Hernán Cortés había recorrido durante la conquista del siglo X, ruta que los estadounidenses denominaron precisamente la ruta de Cortés.

El ejército de Scott venció sucesivamente en Cerro Gordo durante abril de 1847. ocupó Puebla y continuó el avance hacia el altiplano central, donde se encontraba la capital. Para agosto de 1847, las tropas estadounidenses se aproximaban al valle de México, donde Santa Ana había concentrado las fuerzas mexicanas para la defensa de la ciudad.

Los combates decisivos de la guerra estaban a punto de comenzar. El avance del ejército de Winfield Scott hacia el Valle de México durante agosto de 1847 enfrentó el problema estratégico de cómo aproximarse a una ciudad que la geografía y las fortificaciones convertían en un objetivo considerablemente difícil.

La ciudad de México, situada en el centro de un valle parcialmente cubierto por lagos y zonas pantanosas, estaba protegida por una combinación de obstáculos naturales y de fortificaciones que canalizaban cualquier aproximación hacia un número limitado de accesos defendibles, los lagos de Tescoco y de Sochimilco, las zonas pantanosas del oriente y del sur y el sistema de garitas que funcionaban como aduanas fortificadas de la ciudad, obligaban al ejército invasor a elegir cuidadosamente la ruta de aproximación.

El gobierno mexicano, bajo la dirección de Antonio López de Santa Ana, que combinaba la presidencia con el mando militar supremo, había concentrado durante las semanas anteriores fuerzas considerables para la defensa de la capital. Santa Ana disponía de un ejército numeroso, aunque su capacidad combativa estaba comprometida por las deficiencias logísticas crónicas que durante toda la guerra habían limitado la eficacia de las fuerzas mexicanas, por la heterogeneidad de las unidades y por las divisiones políticas internas que el

caudillo no lograba superar completamente. Las fuerzas mexicanas fortificaron inicialmente el peñón de los baños, posición que dominaba la entrada natural al oriente de la ciudad entre los lagos, anticipando que el ejército estadounidense intentaría la aproximación por aquella ruta. Scott, sin embargo, ejecutó la maniobra que durante las semanas siguientes caracterizaría toda su campaña.

En lugar de atacar frontalmente las posiciones mexicanas fortificadas, optó por rodearlas. El comandante estadounidense, comprendiendo que un asalto directo contra el peñón de los baños produciría bajas considerables, decidió tomar el camino más largo, rodeando por el sur la sierra de Santa Catarina. Aquella maniobra de flanqueo obligó a las fuerzas mexicanas a reposicionarse apresuradamente para enfrentar la nueva dirección de la amenaza y condujo a los dos ejércitos hacia la zona meridional del Valle, donde se desarrollarían las

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