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Raúl Osiel Marroquín : Así vive hoy en Prisión tras 20 años aislado y Condena de 128 años

Cuando salió de ese primer encierro, Marroquín no volvió a buscar trabajo formal, ni trató de retomar algún proyecto de vida estable. En cambio, junto con Madrid Manuel, acordaron mudarse a Ciudad de México con un plan claro, secuestrar personas para obtener dinero rápido. Ya habían identificado a qué tipo de víctimas apuntarían.

El razonamiento que Marroquín describió años después fue frío y calculador. Eligieron hombres homosexuales porque según él sus familias tendrían menos probabilidades de denunciar los secuestros por miedo al estigma social. Esa fue la lógica. No comenzó como crimen de odio en su narrativa, sino como un cálculo de probabilidades sobre quién iba a denunciar y quién no.

[música] Lo que pasó después superó cualquier cálculo, porque una cosa es planear un secuestro y otra muy distinta es lo que Marroquín terminó haciendo dentro de ese departamento de la colonia Asturias. Esto es lo más oscuro del caso. El escenario de operaciones fue siempre el mismo. El cabaretito neón, un bar ubicado en la calle Londres número 161 en la colonia Juárez, en el corazón de la zona rosa de Ciudad de México.

Ese era el lugar al que Marroquín llegaba solo o con Madrid Manuel. se instalaba en la barra y esperaba el momento indicado para hacer contacto con alguien. El método era siempre el mismo: conversación, simpatía e invitación. Primero los llevaba a un hotel. Si veía que la víctima podía pagar un rescate, avanzaba al secuestro.

Si no, la dejaba ir. El primer caso documentado ocurrió el 21 de octubre de 2005. Juan Carlos Alfaro Alba fue abordado en un bar de la zona rosa, seducido por Marroquín y llevado al gran hotel Amazonas en la calzada San Antonio Abat. Ahí ya esperaba Madrid Manuel. Entre los dos lo mantuvieron retenido durante casi una semana y exigieron dinero a su familia para liberarlo.

Después de cobrarlo, lo dejaron atado en la habitación del hotel. Esa víctima sobrevivió, pero quedó marcada para siempre. Y Marroquín aprendió algo de ese primer caso. El hotel era un error. No tenía suficiente control. Necesitaba un lugar propio. El segundo secuestro, el 27 de octubre de 2005 fue el primero que terminó en muerte.

Jonathan Raso Ayala, de 21 años, fue engañado y llevado al departamento de Marroquín en la avenida Andrés, Molina Enríquez, número 4223, en la colonia Asturias. Ahí Jonathan permaneció 16 días secuestrado. La familia recibió la llamada pidiendo rescate, 50,000 pesos, alrededor de $2,500 en ese momento. No pudieron reunir el dinero a tiempo.

El 12 de noviembre de 2005, Jonathan fue asesinado. Tenía 21 años. Fue la primera víctima mortal. Lo que Marroquín hacía dentro de ese departamento fue descrito por la Agencia Federal de Investigación como uno de los modus operandi más crueles documentados en casos de secuestro en la capital. A medida que los investigadores reconstruyeron los hechos, encontraron un patrón de conducta que consideraron especialmente perturbador por el nivel de sufrimiento que implicaba para las víctimas.

Fue precisamente esa característica, más que cualquier otro elemento del caso, la que terminó dando origen al apodo con el que sería conocido durante años, el sádico. Y Marroquín siguió, no paró. [música] En menos de dos meses sumó cuatro muertes. Cada caso es diferente y en uno de ellos ocurrió algo inesperado que revela algo perturbador sobre cómo funcionaba su mente. Así que quédate.

Después de la primera víctima mortal, los secuestros continuaron. Entre finales de noviembre y diciembre de 2005 se acumularon nuevos casos, algunos con rescates cobrados y otros con consecuencias fatales para las víctimas. En uno de los episodios incluso decidió liberar a una persona después de recibir una llamada desesperada de su madre.

Fue una decisión que parecía contradecir todo lo que ya había hecho y que sigue siendo uno de los aspectos más difíciles de explicar de este caso. Cuando las autoridades reconstruyeron la secuencia completa de los hechos, determinaron que seis personas habían sido secuestradas y que cuatro de ellas habían perdido la vida.

También calcularon que el dinero obtenido a través de los rescates fue relativamente pequeño en comparación con la gravedad de los delitos. Para entonces, Marroquín ya había cruzado un límite del que no habría retorno. Lo único que faltaba era descubrir cómo operaba y poner fin a una cadena de hechos que llevaba meses desarrollándose y guardaba un trofeo de cada víctima.

Ese detalle lo hundió y es parte de como lo atraparon. Esto es lo que los medios no contaron con detalle en 2006 y te lo cuento ahora. El 23 de enero de 2006, un ciudadano que caminaba con su perro en la colonia Doctores encontró una maleta sospechosa en la calle. El perro se acercó a olerla.

Adentro había un cadáver. Las autoridades llegaron al lugar, inspeccionaron la maleta y encontraron marcas en el pavimento, el rastro que dejó la maleta al ser arrastrada desde un punto de origen. Siguieron ese rastro. Llegaron al departamento número dos del edificio ubicado en la avenida Andrés Molina Enríquez 4223 en la colonia Asturias.

Ahí encontraron datos de una persona con quien Marroquín convivía. [música] Eso fue suficiente para identificarlo. Las autoridades montaron vigilancia en el edificio durante varios días. Observaron a un hombre de 25 años merodeando por la zona de forma sospechosa. El 23 de enero de 2006, alrededor de las 4 de la tarde, elementos de la Agencia Federal de Investigación lo detuvieron cuando llegaba al inmueble.

El hombre se identificó tranquilamente como Raúl ociel Marroquín Reyes. No corrió, no se resistió. Según los registros, él mismo confesó sin presión aparente. La AFI le aseguró tres tarjetas bancarias en las que cobraba los rescates y encontraron en su poder las credenciales de elector de sus víctimas, que según el entonces titular de la institución, él las llevaba consigo como si fueran trofeos.

Ese 26 de enero de 2006, el titular de la Agencia Federal de Investigación comunicó públicamente el arresto. Ciudad de México conoció así a Raúlel Marroquín. El caso generó conmoción inmediata, aunque apenas dos días después fue parcialmente opacado mediáticamente por la detención de otro caso que también acaparó titulares en ese momento.

Pero para quienes seguían de cerca la nota policial, el perfil de Marroquín era extraordinariamente inquietante, exmilitar con estudios sin antecedentes visibles en Ciudad de México, que operó durante meses en un bar de la zona rosa sin que nadie lo detectara. Pero lo más impactante no fue la captura, fue lo que dijo después de ser detenido.

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