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Lo Que El Loco Valdés Le HIZO al Único Hijo de La Chupitos Es ASQUEROSO

El hombre marcó el lunes a las 7:02 minutos. Lo que María Elena Saldaña no sabía esa noche del primero de octubre de 1982, porque el hombre se cuidó de no mencionárselo durante la primera media hora de conversación dentro del Bar Bon Bombai. era que llevaba 22 años casado por la iglesia con otra mujer y que en su casa esperaban su llegada esa misma noche, cuatro hijos reconocidos legalmente.

El hombre tenía 51 años, 22 años de matrimonio firmados ante un altar y cuatro hijos reconocidos en el acta del registro civil. María Elena Saldaña tenía 29 años. Ninguna pareja estable y un sueño de tener un hijo antes de cumplir los 30, lo que ninguno de los dos sospechaba esa noche del primero de octubre de 1982, mientras compartían la tercera cerveza Corona dentro del Bar Bombai.

Era que el niño que iba a nacer 5 años después de aquella conversación iba a morir solo a los 26 años. Abandonado por el hombre que él creía a su padre hasta en el momento de su entierro. La relación entre aquel hombre y María Elena Saldaña empezó esa misma semana del lunes 4 de octubre de 1982 y se mantuvo absolutamente clandestina durante los siguientes 5 años.

Le rentó a María Elena dos meses después de la primera cita, un departamento pequeño en la calle Versalles número 32 de la colonia Juárez, a 12 cuadras de la pensión donde María Elena vivía hasta entonces. El departamento tenía dos recámaras, un baño con tina y una cocineta. El alquiler mensual era de 42,000 pesos.

Lo pagaba el día primero de cada mes con un cheque cruzado a nombre del propietario del edificio, un señor llamado Hipólito Mendoza, que jamás supo quién era la inquilina real, porque el  contrato se firmó solo con la firma del hombre como arrendatario único. Iba al departamento de Versalles tres tardes a la semana, los martes, los jueves y los sábados.

Entre las 4 y las 8 de la tarde, después de grabar programas de televisión y antes de regresar a la casa oficial para cenar con la esposa y los cuatro hijos, María Elena ajustó toda su carrera profesional sin discutirlo nunca con él para estar disponible exactamente esas tres tardes a la semana. Rechazó funciones de Teatro Carpa los sábados por la tarde durante 5 años seguidos.

rechazó giras al interior del país que coincidieran con esos horarios y aprendió a borrarse el maquillaje de chupitos exactamente 4 minutos antes de que él llegara a tocar a la puerta del departamento. 5 años de tres tardes a la semana en un departamento alquilado a nombre de un hombre casado.

5 años de ajustar la carrera entera de la cómica más solicitada de la televisión mexicana. A los horarios sobrantes de la vida oficial de un hombre, cuyo nombre verdadero María Elena Saldaña, no iba a descubrir hasta 39 años después, lo que María Elena empezó a sospechar durante el verano de 1986. Después de tres años sin una sola conversación honesta sobre el futuro de la relación, era que él jamás iba a dejar a su esposa oficial.

Lo que María Elena decidió hacer aquel mes de agosto de 1986, sin avisarle y sin pedirle permiso, fue dejar de tomar las pastillas anticonceptivas que llevaba 4 años tomando exactamente cada noche a las 11 en punto. El primero de mayo de 1987, dentro del consultorio de la doctora Beatriz Olvera Rangel de la calle Tonalá, número 208 de la colonia Roma, María Elena recibió la confirmación.

Embarazada de 12 semanas. Él se enteró 72 horas después dentro del departamento de la calle Versalles en una conversación que duró 4 minutos y terminó con una frase que María Elena escribió esa misma noche con tinta negra Mont Blanc dentro de la página 47 de su diario personal. La frase que él le dijo a María Elena Saldaña.

El 4 de mayo de 1987 dentro del departamento de Versalles después de escuchar que estaba embarazada de 12 semanas. Está escrita textual en la página 47 del diario personal de María Elena, que sigue guardado hoy en el desván de su casa, dentro de la misma caja Bimbo donde está la carta sellada de Don Ramón y abre el primer gran misterio de este video.

Las palabras exactas que él le dijo a María Elena Saldaña aquella tarde del 4 de mayo de 1987 son 29 palabras. Si lo tienes, va a tener tu apellido y mi silencio. Cristina no se puede enterar. Yo no voy a firmar nada que llegue al registro civil. Si quieres dinero, te lo paso por debajo de la mesa.

Si lo tienes, va a tener tu apellido y mi silencio. Las 11 palabras con las que aquel hombre selló el destino legal de un niño que todavía no había nacido y que no iba a poder llevar el apellido de su padre. durante los siguientes 26 años de vida. Lo que María Elena Saldaña no le respondió esa tarde dentro del departamento de Versalles porque ya había tomado la decisión sola tres semanas antes de aquel 4 de mayo.

Fue que iba a tener al niño igual. Mauricio Saldaña Quiroz nació el 20 de noviembre de 1987 a las 4:17 de la madrugada dentro  del hospital español de la colonia Roma de Ciudad de México. Pesó 3,260 g, midió 51 cm y en el acta de nacimiento, firmada por el médico de turno, Dr.

Felipe Olvera aparece bajo el rubro de padre una sola palabra escrita a mano, desconocido. Desconocido. La palabra que él eligió que apareciera en el acta de nacimiento de su quinto hijo biológico para no perturbar el matrimonio oficial. Y la palabra que María Elena Saldaña, en lugar de pelear, aceptó silenciosamente esa madrugada del 20 de noviembre, porque sabía que él jamás iba a firmar otra cosa frente a las autoridades del Registro Civil del Distrito Federal, pero sí firmó algo esa misma semana, lo único que firmó en toda su vida en relación a Mauricio y que

María Elena guardó dentro de la caja de cartón Bimbo del desbán durante los siguientes 35 años. Un documento de una sola hoja escrito a mano. Fechado el 23 de noviembre de 1987, dirigido a su hijo recién nacido y sellado con la firma completa en tinta azul Parker, sin testigos, sin notario, sin valor legal alguno, pero con una promesa textual de cuatro oraciones que Mauricio iba a leer por primera vez 26 años después.

un documento privado de una sola hoja escrito a mano tres días después del nacimiento de su hijo no reconocido. Las cuatro oraciones que él le escribió a Mauricio esa noche son la prueba de que sabía exactamente lo que estaba haciendo. Y el día que Mauricio leyó ese documento por primera vez en julio de 2013, fue el día en que dejó de hablarle a su padre para siempre.

Mauricio Saldaña creció dentro del departamento de la calle Versalles número 32 durante los primeros 9 años de su vida. En el mismo departamento donde sus padres se veían tres tardes a la semana desde 1982. María Elena pagaba el alquiler con su propio dinero a partir del primero de enero de 1988 cuando él dejó de mandar el cheque mensual sin dar ninguna explicación.

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