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CLARA CAMPOAMOR: consiguió el voto para millones de mujeres.. y la expulsaron de España para siempre

Antes de seguir, necesito aclarar algo sobre las fuentes que vamos a usar hoy. Todo lo que vais a escuchar está documentado. Los debates parlamentarios de 1931 están recogidos en el diario de sesiones del Congreso de los Diputados, que es público y está digitalizado. Las palabras exactas de Clara Campoamor, de Victoria Kent, de cada uno de los diputados que intervinieron en ese debate están ahí escritas, firmadas, verificables.

Además, la propia Clara Campoamor escribió un libro en 1936. Se titula Mi pecado mortal, el voto femenino y yo. Es su versión de los hechos, su análisis, su defensa. Un documento extraordinario que durante décadas fue prácticamente imposible de encontrar en España y que hoy podéis leer completo. Y luego están sus cartas desde el exilio, correspondencia con amigos, con colegas, con desconocidos que le escribían desde España preguntándole cómo estaba.

Cartas que revelan a una mujer que nunca se rindió, pero que pagó un precio enorme por su coherencia. Con todo eso, vamos a construir esta historia. Empezamos por el principio. Madrid, 1888, el barrio de maravillas en lo que hoy llamamos malaña. Un laberinto de calles estrechas, edificios de vecindad, comercios pequeños, olor a fritanga y a carbón.

Un barrio de trabajadores, de familias que llegan a fin de mes por los pelos, de gente que no tiene tiempo para grandes ideales porque tiene demasiados problemas reales. Aí se clara Campoamor Rodríguez el 12 de febrero de 188. Su padre, Manuel Campoamor es contable. Su madre, Pilar Rodríguez se ocupa de la casa y de los hijos.

La familia no es rica, pero tampoco pasa hambre. Hay estabilidad, hay cierta tranquilidad. hasta que el padre muere. Clara tiene 10 años cuando Manuel Campoamor fallece y ese momento lo cambia absolutamente todo. Porque en la España de 1898, una familia sin el padre que gana el sueldo es una familia en crisis inmediata. No hay red de seguridad, no hay subsidios, no hay sistema de protección social, hay que trabajar.

Y Clara trabaja con 10, 11, 12 años. Clara Campoamor ya está generando ingresos para su familia. Primero como modista, aprendiendo a coser en talleres del barrio, luego como dependienta, luego como telegrafista cuando prueba las oposiciones para entrar en el cuerpo de telégrafos. Y aquí hay algo que quiero que os quedéis grabado, porque es fundamental para entender todo lo que viene después.

Mientras Clara trabajaba para sobrevivir, mientras ganaba su propio dinero desde los 10 años, mientras se había paso en un mundo que no estaba diseñado para que las mujeres se abrieran paso, no tenía ningún derecho político, ninguno. No podía votar, no podía ser elegida para ningún cargo, no podía abrir una cuenta bancaria sin el permiso de un varón de su familia, no podía firmar un contrato.

No podía divorciarse aunque su marido la maltratara. No podía, en términos legales, tomar prácticamente ninguna decisión importante sobre su propia vida. era ciudadana de segunda clase, no porque fuera pobre, sino porque era mujer. Y eso para alguien con el carácter de Clara Campoamor era inaceptable. Pero no pensemos que Clara Campoamor era una revolucionaria desde la cuna.

Eso sería romantizar su historia de una forma que no le hace justicia. Lo que era clara desde muy joven era observadora, inteligente y con una capacidad extraordinaria para ver las estructuras detrás de los hechos individuales. Cuando cosía en el taller, no solo veía que ella ganaba poco dinero, veía que todas las mujeres del taller nanaban menos que los hombres que hacían trabajos equivalentes.

Y se preguntaba por qué. Cuando trabajaba como telegracista, no solo veía que ascender era difícil, veía que para las mujeres había techos invisibles que para los hombres no existían. Y se preguntaba por qué. Esa pregunta repetida miles de veces durante años fue construyendo en ella una respuesta y la respuesta era siempre la misma porque el sistema estaba diseñado así, no por accidente, por diseño.

Y si estaba diseñado, podía ser rediseñado. En 1914, con 26 años, Clara Campoamor consigue un puesto en el Ministerio de Instrucción Pública trabajando como auxiliar administrativa. Es un trabajo estable con sueldo fijo en la administración del Estado. Y en ese momento hace algo que en esa época para una mujer de su origen era casi una locura.

empieza a estudiar derecho, no en la universidad convencional, que para ella era prácticamente inaccesible, sino de forma autodidacta, combinando el trabajo con el estudio, aprovechando cada hora libre, leyendo hasta tarde por las noches. Le lleva años, muchos años. Pero en 1924 con 36 años, Clara Campoamor se licencia en derecho por la Universidad Central de Madrid y se convierte en una de las primeras mujeres en ejercer la abogacía en España.

Sus primeros clientes no son empresarios ni burgueses. Son mujeres que no pueden pagar honorarios elevados, obreras despedidas de manera injusta, esposas abandonadas que no tienen manera legal de protegerse, mujeres en situaciones de violencia que el sistema no reconocía como tales. Clara Campoamor no eligió esos clientes por estrategia política.

Los eligió porque eran los que necesitaban un abogado, los que nadie más quería defender. Y en cada uno de esos casos veía la misma cosa. Mujeres que vivían las consecuencias de decisiones que ellas no habían podido tomar porque no tenían voz, porque no tenían voto, porque no existían políticamente. Ese es el momento en que Clara Campoamor deja de hacerse preguntas y empieza a buscar respuestas concretas.

Y la respuesta más concreta que existe en una democracia es el derecho a votar. En 1931 todo cambia. El 14 de abril la Segunda República Española es proclamada. El rey Alfonso XI abandona España sin abdicar formalmente, simplemente se va. Y en las calles de Madrid, de Barcelona, de Valencia, de toda España, la gente sale a celebrar con una mezcla de euforia y de vértigo, porque nadie sabe exactamente qué viene ahora.

Lo que viene, entre otras cosas, es la posibilidad de que las mujeres entren en la política española. Por primera vez en la historia, las mujeres pueden presentarse como candidatas al Parlamento. Todavía no pueden votar, pero pueden ser elegidas. Es una contradicción enorme, casi absurda, pero así está la ley provisional.

Y Clara Campoamor, que lleva años militando en el partido republicano Radical, que ha construido una red de contactos, que tiene reputación como abogada y como activista, se presenta como candidata por Madrid y gana. El 28 de junio de 1931, Clara Campoamor es elegida diputada al Congreso de la República Española.

Tiene 43 años y le quedan exactamente cinco para perderlo todo. Octubre de 1931. El Congreso de los Diputados huele a tabaco, a madera vieja y a tensión acumulada. Son las semanas más intensas de la historia parlamentaria española. Se está redactando la Constitución de la Segunda República desde cero. Cada artículo es una batalla.

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