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La TRISTE Vida de Marcelo Bielsa a Sus 69 Años: El Loco que lo Dio Todo y Terminó Solo

Imagina que el entrenador más respetado del mundo entra solo a un vestuario vacío. Se sienta en el suelo con la espalda apoyada en la pared y pasa horas mirando anotaciones en un cuaderno, sin asistentes, sin teléfono, sin nadie que le interrumpa. Así trabaja Marcelo Bielsa y esa imagen dice más sobre su vida que cualquier trofeo que haya ganado o que no haya ganado.

Hay algo profundamente perturbador en la historia de Bielsa, un hombre que fue capaz de transformar selecciones enteras, de cambiar la forma en que el mundo entiende el fútbol, de inspirar a Guardiola, a Clop, a Pochettino, a una generación completa de entrenadores. Y sin embargo, hoy cumple 69 años, rodeado de una contradicción que muy pocos se atreven a nombrar en voz alta.

El hombre que más sabe de fútbol en el planeta es también el que más veces lo ha perdido todo cuando más importaba. Este no es un video sobre los títulos de Bielsa, es sobre lo que hay detrás de ellos, sobre lo que ese nivel de obsesión le costó, sobre la familia que creció sin él, las ciudades que habitó sin echar raíces, las noches de insomnio que nadie ve y que nadie paga.

Y sobre la pregunta que más duele, ¿valió la pena? Para entender dónde está Bielsa hoy, hay que entender de dónde viene. Nació el 21 de julio de 1955 en Rosario, Santa Fe, Argentina. No nació en una familia de fútbol. sino de intelectuales. Su padre era abogado. Su abuelo fue uno de los juristas más importantes de la historia argentina.

Su hermano Rafael sería ministro de Relaciones Exteriores. En ese entorno, Marcelo eligió el fútbol. No fue una elección sencilla. En casa de los Bielzas se leía, se debatía, se construían argumentos y Marcelo trasladó todo eso a la cancha. Fue jugador de New Old Boys de Instituto de Córdoba y de Argentino de Rosario, pero su carrera como futbolista fue discreta, sin brillo especial.

Lo que sí quedó claro desde muy joven es que su verdadera pasión no era correr detrás del balón, sino entender por qué el balón se movía de esa manera y no de otra. Cuando dejó de jugar, Bielsa no descansó ni un día. Empezó a estudiar fútbol con una intensidad que sus contemporáneos no comprendían. Se encerraba a ver videos de partidos, llenaba cuadernos de anotaciones, construía bases de datos de movimientos y patrones tácticos en una época en que eso no existía.

No había software, no había tecnología, había Bielsa, su cuaderno y horas interminables de trabajo. Antes de seguir, tenemos una sorpresa para ti. Si eres un verdadero fan del fútbol y quieres entender cómo el factor humano influye en cada jugada o en cada futbolista, como en el caso de Marcelo Bielsa, tenemos un libro exclusivo con unidades limitadas.

Haz clic ahora y transforma la manera en que ves y sientes el deporte rey. Y ahora continuemos con el video. Su debut como entrenador llegó en 1990 con New Old Boys. Lo que hizo allí fue inmediato y demoledor. Ese equipo ganó el torneo clausura y estuvo a un paso de la gloria en la Copa Libertadores de 1992. Eliminado en la final frente a Saulo de Telé Santana en una serie que todavía duele en Rosario.

Aquel equipo jugaba un fútbol que nadie había visto en Argentina. Intensidad, pressing, verticalidad, ataque sin pausa. Los jugadores corrían más que cualquier rival y ganaban, pero Bielsa ya dejaba pistas de lo que vendría. Cuando las cosas iban bien, él seguía insatisfecho. Cuando ganaba, ya estaba pensando en por qué no había ganado mejor.

y cuando perdía, era capaz de analizar un partido durante días enteros con una frialdad que asustaba a los propios jugadores. En 1998 llegó el mayor desafío de su vida hasta ese momento, la selección argentina, el país que más ama el fútbol en el mundo, la presión máxima, el escrutinio total y Bielsa no se escondió.

apostó por un estilo ofensivo, agresivo, exigente al límite. Los entrenamientos eran brutales, los jugadores llegaban al límite físico cada día. Muchos lo adoraban, algunos lo detestaban, todos lo respetaban. El Mundial de 2002 en Corea y Japón fue el primer gran golpe. Argentina, considerada por muchos como favorita al título, quedó eliminada en la fase de grupos. Fue una sacudida nacional.

La prensa destruyó a Bielsa. El país le exigió su cabeza. Él asumió toda la responsabilidad en una conferencia de prensa que duró más de 3 horas y que quedó grabada en la historia como un ejemplo de honestidad brutal e inhabitual en el deporte profesional. Lo que mucha gente olvida es lo que vino después.

Dos años más tarde, en los Juegos Olímpicos de Atenas 2004, Argentina ganó la medalla de oro con un fútbol extraordinario. Fue la reivindicación perfecta. Y sin embargo, ese mismo año, Bielsa renunció a la selección argentina, no porque le echaran, no porque hubiera fracasado, sino porque sentía que se había agotado, que había dado todo lo que tenía y que seguir sería hacerse trampa a sí mismo.

Esa renuncia revela algo fundamental en el carácter de Bielsa. Nunca hizo nada por el dinero, por la fama ni por la comodidad. Cada decisión de su carrera estuvo guiada por una única brújula, la coherencia con sus propias convicciones. Y esa coherencia, admirable como es, tiene un precio enorme.

Entre 2004 y 2007 vivió uno de los periodos más oscuros de su vida, sin trabajo, sin estructura, casi desaparecido del fútbol profesional. Viajó por el mundo observando entrenamientos, acumulando información, estudiando equipos que no dirigiría nunca. Su familia, su esposa Laura Bracalenti, y sus dos hijas Inés y Mercedes seguían en Rosario mientras él habitaba habitaciones de hotel o apartamentos prestados en distintas ciudades.

Era un hombre completamente solo frente a su obsesión. En 2007 llegó Chile y allí Bielsa construyó quizás la obra más bella de toda su carrera. convirtió una selección mediocre en una de las más emocionantes del mundo. El 7 hasta cera, las clasificaciones a mundiales con un fútbol electrizante. La manera en que transformó jugadores como Alexis Sánchez o Gary Medel, que sin Bielsa probablemente nunca habrían llegado a donde llegaron.

Chile quedó entre los ocho mejores del mundo en Sudáfrica 2010. Fue una revolución y entonces llegó lo que Bielsa no podía controlar, la política interna, las disputas con los dirigentes, las presiones institucionales. En 2011 renunció a Chile también otra vez, no por fracaso deportivo, por incompatibilidad entre su forma de entender el trabajo y la forma en que las instituciones funcionan.

Le siguieron el Athletic Club de Bilbao entre 2011 y 2013. Aquella temporada sigue siendo recordada en San Mamés como una de las más hermosas de la historia del club. Llegaron a dos finales europeas en la misma temporada. La Copa del Rey y la Europa League. Perdieron las dos, pero la ciudad entera se enamoró de ese equipo.

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