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ERIC CANTONA: el jugador que PATEABA fascistas

Es el 25 de enero de 1995. En la tribuna del estadio Sellhards Park en Londres, un futbolista recién expulsado salta por encima de una varanda y un de los tapones de su botín derecho en el pecho de un hincha que lo insulta. La imagen recorre el mundo y queda grabada como uno de los instantes más oscuros del fútbol inglés.

El autor de la patada es Eric Cantoná, capitán del Manchester United y la figura más determinante de la Premier League de su época. tiene 28 años y ya carga una lista de escándalos que ningún otro futbolista de su generación logra igualar. Pero no nos adelantemos. ¿Sabías que luego del hecho dijo, “Patear a un fascista fue lo mejor que hice en toda mi carrera?” ¿Sabías que antes de esa patada Cantoná ya había sido sancionado por golpear a un árbitro con el balón y casi terminó expulsado de tres clubes de Francia y que después de

su retiro hizo carrera como actor de cine? Para entender cómo un delantero nacido en un barrio humilde de Marsella termina convertido en el rey de Manchester y en sinónimo de escándalo, hay que revisar los archivos de la gloria y la vergüenza para recorrer este hoy en el día que tenemos un especial mundialista sobre Eric Cantoná.

Si te interesa que hablemos de otros futbolistas icónicos, te invito a dejar tu sugerencia sobre qué futbolista deberíamos hablar en este mes mundialista en este canal. Vamos a estar leyendo todas tus sugerencias. Comencemos. Eric Daniel Pier Cantoná nace el 24 de mayo de 1966 en el barrio de Kyols en Marsella al sur de Francia.

Su padre Albert Cantoná trabaja como enfermero y pinta en sus horas libres. Su madre, Eleonor Roric, es costurera. La familia no nada en abundancia, pero al pequeño Eric nunca le falta comida ni ropa. Lo que le falta en todo caso es calma. La historia familiar tiene un peso que Cantoná reconoce años después cuando repasa su árbol genealógico en una entrevista.

Su abuelo materno es de Barcelona y combate contra el franquismo hasta el final de la guerra civil española. Cuando las tropas franquistas están a punto de tomar la ciudad, el abuelo apenas tiene minutos para escapar. Antes de huir, pasa a buscar a su novia y le pregunta si está dispuesta a acompañarlo. Ella acepta y juntos llegan a un campo de refugiados en AEL Surmer, en la frontera francesa.

Desde ahí se trasladan a Marsella, donde nace Eric. El abuelo paterno, por su lado, combate en la Segunda Guerra Mundial y esa historia de desplazamiento y resistencia queda, según el propio cantoná, instalada en su carácter desde la cuna y probablemente dice algo sobre la explosividad de su carácter. A los 6 años, Eric se suma al Club Barreal Sport Olympics Kylo Les, pero el camino no está atrasado con claridad.

En esos primeros años comienza jugando como arquero, quizás por su altura, que con el tiempo llega a rozar el 190 m. Pero el talento con la pelota en los pies termina por imponerse y lo desplaza hacia el ataque. En la adolescencia, sin embargo, lo que más lo forma no es ninguna academia con metodología, sino el fútbol callejero. Eric pasa horas en picados interminables en los juegos barriales de su calle, obsesionado con un balón que para él representa algo que va mucho más allá de un simple pasatiempo.

Cuando sus padres lo confrontan por las malas calificaciones en la escuela y le advierten que van a limitarle las salidas a jugar, Eric responde que el fútbol es su verdadero estudio y que a partir de ese momento, a los 15 años, va a dedicarse a él de forma profesional. Nisa y Auxer se disputan su ficha y Eric consigue el segundo club, donde encuentran el entrenador Guy Rox, una figura paterna que va a marcarlo para siempre.

llega a decir ya consagrado que Francia no lo merece y que es Inglaterra quien sabe valorarlo de verdad. A los 17 años debuta en la League One, la primera división del fútbol francés, pero el camino no es simple. Pasa por la tercera división, tiene un préstamo en el Martix, en la segunda y solo después de ese recorrido logra sentarse en la élite.

En 1987 llega su primera convocatoria a la selección de Francia bajo la conducción del técnico Henry Michelle. No solo es el comienzo de una carrera sólida, también es el escenario de uno de los primeros escándalos que su temperamento explosivo parecía necesitar para sentirse pleno. Todo ocurre en el invierno de 1988, antes de un amistoso contra el Bayern Munich.

El entrenador de auxer ordena a un grupo de jugadores que sean ellos mismos quienes retiren la nieve acumulada sobre el campo de entrenamiento. El arquero Bruno Martini se niega con el argumento de que esa tarea no forma parte de sus obligaciones y recibe una llamada de atención de un integrante del cuerpo técnico por su negativa.

Cantoná, en cambio, no es más directo, se dirige hacia su compañero y lo castiga con un cabezazo en el tabique que termina mandándolo al hospital. Es la primera vez que el mundo del fútbol francés toma nota de que ese delantero talentoso tiene además una mecha muy corta y un código de honor propio que no admite discusión. En 1988, el Olimpic de Marsella obtiene el pase de cantoná por el equivalente actual de 3.

4 millones de euros, una cifra récord para el fútbol francés de aquella época. El club, una de las instituciones más poderosas del país, confía en que su estructura y su disciplina van a contener al joven delantero. Pero ocurre todo lo contrario. Desde el primer partido, Cantoná juega con una agresividad que se traduce en tarjetas y en sanciones, que llegan a sumar 3 meses de suspensión por una sola entrada.

Ese mismo año recibe el castigo después de protagonizar una entrada feroz con las dos piernas por delante contra Michel Zakacarian, defensor del Nantes. Meses después llega el episodio que termina de consolidar su fama de jugador imposible de manejar. El técnico de la selección francesa decide no convocarlo para un amistoso contra Checoslovaquia y Cantoná.

No se guarda la opinión. declara en público que el entrenador es un costal de basura y que mientras esa persona siga al mando, él no va a volver a jugar a su país. La frase circula en toda la prensa deportiva francesa y alarma a la federación que lo suspende por un año entero. Ni la propia selección de su país logra contener a este delantero explosivo.

En enero de 1989, durante un amistoso con el Olymique, Cantoná se enoja al ser reemplazado, se quita la camiseta y la roja con desprecio al césped frente a su propio entrenador y delante de todo el estadio. Es otro punto sin retorno. El club decide cederlo al Shiron Deans de Burdeos para sacarlo al menos durante un tiempo de la primera línea de exposición mediática.

La escalada de descontrolene ahí. En su paso por el Montpelier, Cantoná protagoniza un cruce con su compañero Jean Claude Leemolt. Para demostrarle su enojo, le arroja sus propios botines a la cara. Un episodio que termina de partir al plantel. Están quienes lo respaldan con Lauren Blan y el colombiano Carlos el Pibe Valderrama la cabeza y aquellos que prefieren tomar distancia de su figura.

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