19 casas de seguridad asaltadas simultáneamente, 2 horas 40 minutos de operaciones coordinadas en tres delegaciones, 61 sicarios del CJNG neutralizados en el contraataque más devastador que Tijuana haya presenciado este año. Este martes 8 de febrero a las 4:30 de la madrugada, la ciudad fronteriza más vigilada de México se convirtió en escenario de una respuesta militar fulminante donde los murciélagos ejecutaron el operativo relámpago más coordinado contra el cártel Jalisco Nueva Generación desde su despliegue en Baja California 3 meses
atrás, mientras la ciudad dormía en las primeras horas del día, 250 elementos de fuerzas especiales Se desplegaron en formación sincronizada hacia 19 ubicaciones identificadas por inteligencia como centros operativos del CJNG en las delegaciones de Sánchez, Taboada, La Mesa y Ota. Puertas blindadas, derribadas con cargas explosivas controladas.
Sicarios sorprendidos en sus propias bases sin tiempo para coordinar defensa. Helicópteros Black Hawk bloqueando rutas de escape desde el aire y en 160 minutos de ejecución milimétrica, la estructura que el cártel había construido durante meses para controlar el narcomenudeo y tráfico transfronterizo colapsó completamente bajo presión táctica que no dejó espacio para resistencia organizada.
Esto no fue un operativo reactivo contra un objetivo aislado, fue una ofensiva calculada diseñada para desmantelar simultáneamente toda la red de casas de seguridad que el CJ operaba en Tijuana, ejecutada como respuesta directa al acto de provocación más audaz del cártel, el asesinato y exhibición pública de un mando de los murciélagos días antes que buscó intimidar a las fuerzas federales.
iembre de 2025 y como parte de una estrategia federal coordinada para estabilizar la frontera norte, la Secretaría de la Defensa Nacional desplegó oficialmente a los murciélagos en Tijuana. La unidad de élite conformada por 250 operadores de fuerzas especiales llegó con mandato específico. Desmantelar células operativas del CJ y del cártel de Sinaloa que mantienen la violencia.
proteger rutas comerciales legítimas hacia la frontera y recuperar control estatal sobre colonias que habían sido abandonadas al dominio del narco. Durante los primeros 2 meses de operaciones, los murciélagos ejecutaron 37 operativos que resultaron en 184 detenidos, 42 casas de seguridad desmanteladas y más de 200 armas de alto poder decomizadas.
Los resultados posicionaron a la unidad como la fuerza más efectiva contra el crimen organizado que Tijuana había visto en años. Sin embargo, esta efectividad generó reacción violenta del CJNG. El 11 de enero de 2026, en un acto de provocación sin precedentes, sicarios del cártel asesinaron al capitán Rodrigo Méndez Torres, coordinador operativo de los murciélagos en la delegación Sánchez Taboada.
El cuerpo del militar fue encontrado colgado en un puente vehicular de la avenida Insurgentes con un mensaje firmado por el CJNG, amenazando a todos los elementos de fuerzas especiales que continuaran operando en territorio que el cártel considera propio. El asesinato fue ejecutado con brutalidad calculada. El capitán fue secuestrado cuando salía de una reunión de coordinación con autoridades locales.
He torturado durante horas para extraer información sobre futuros operativos, asesinado y exhibido públicamente como advertencia. El mensaje del CJNG era claro. Pretendían intimidar a los murciélagos forzándolos a replegar operaciones o al menos reducir intensidad de sus acciones. Lo que no calcularon fue que asesinar a un mando de fuerzas especiales no genera miedo, sino respuesta fulminante.
El Estado Mayor Presidencial y el Alto Mando del Ejército Mexicano autorizaron operativo de represalia inmediata con objetivo explícito: desmantelar toda la estructura operativa del CJNG en Tijuana sin importar el nivel de fuerza necesario. Durante las siguientes tres semanas, Inteligencia Militar trabajó 24 horas rastreando cada casa de seguridad, cada célula operativa y cada punto de reunión que el CJ mantenía en la ciudad.
Sistemas de vigilancia electrónica, infiltración de informantes, seguimiento de comunicaciones interceptadas y análisis de movimientos financieros permitieron construir mapa completo de la red criminal en Tijuana. Para el 7 de febrero, los murciélagos tenían identificadas 19 ubicaciones donde el cártel operaba con presencia permanente de sicarios armados.
El 8 de febrero, a las 4:30 de la madrugada, la venganza del Estado mexicano comenzó. El diseño táctico del operativo respondía hasta un desafío logístico sin precedentes. Asaltar simultáneamente 19 casas de seguridad distribuidas en tres delegaciones separadas por distancias de hasta 12 km a neutralizar resistencia armada coordinada y evitar que células alertadas pudieran escapar o destruir evidencia.
La planificación comenzó el 5 de febrero con reunión del alto mando en la segunda zona militar de Tijuana, donde se presentó el mapa de inteligencia completo. Las 19 ubicaciones identificadas incluían siete casas de seguridad en Sánchez Tabuada, donde el CJNG coordinaba narcomenudeo en colonias populares, seis en la mesa utilizadas para almacenamiento de armas y drogas antes de cruce fronterizo Anise en Otai, funcionando como centros de tortura y ejecución de rivales.
El comandante de los murciélagos diseñó estrategia de asalto simultáneo con margen de error de 30 segundos. 19 equipos de 13 operadores cada uno asaltarían sus objetivos designados exactamente a las 4:45 de la madrugada. Esta sincronización era crítica porque si alguna casa era saltada antes, los sicarios en otras ubicaciones recibirían alertas por radio, permitiéndoles escapar. o preparar emboscadas.
Cada equipo recibió carpeta de inteligencia específica de su objetivo, fotografías satelitales de la casa, distribución interna de habitaciones obtenida mediante informantes, número estimado de ocupantes, nivel de blindaje de puertas y ventanas y rutas de escape que debían ser bloqueadas. Los equipos realizaron ensayos tácticos durante 3 días en instalaciones militares practicando técnicas de entrada forzada.
Despeje de habitaciones y detención de ocupantes. El componente aéreo fue fundamental para evitar fugas. Tres helicópteros Black Hawk despegarían desde la base naval de San Diego con autorización del gobierno estadounidense para sobrevolar espacio aéreo mexicano durante el operativo. Su función sería triple iluminar las casas durante los asaltos, facilitando visibilidad a equipos terrestres, rastrear con cámaras térmicas cualquier sicario que intentara escapar hacia calles circundantes y proporcionar fuego de cobertura si algún equipo enfrentaba
resistencia superior a la esperada. La coordinación interinstitucional incluyó a la Guardia Nacional que establecería 40 puntos de control en avenidas principales para interceptar vehículos que intentaran evacuar sicarios desde las casas asaltadas. La Secretaría de Marina desplegó 20 elementos de infantería de Marina para reforzar perímetros en las tres ubicaciones consideradas de mayor riesgo, donde inteligencia sugería presencia de lanzagranadas y explosivos.
El 7 de febrero por la noche, todos los elementos fueron posicionados. Los 19 equipos de los murciélagos se desplegaron en silencio absoluto hacia zonas cercanas a sus objetivos, pero sin acercarse lo suficiente para ser detectados. Los helicópteros realizaron vuelo de aproximación nocturna desde San Diego, manteniéndose en espacio aéreo estadounidense hasta recibir señal para cruzar.
Los puntos de control de la Guardia Nacional se activaron a las 3 de la madrugada bajo pretexto de revisiones rutinarias para no alertar al CJ CNG. A las 4:30 de la madrugada todos reportaron listos. El comandante del operativo verificó sincronización de relojes y autorizó cuenta regresiva de 15 minutos para inicio simultáneo a las 4:45 en punto, Tijuana despertó con explosiones de cargas de entrada forzada, detonando en 19 puertas blindadas al mismo tiempo.
Los asaltos se ejecutaron con precisión cronométrica que convirtió la sorpresa táctica en ventaja decisiva contra células del CJE que no tuvieron tiempo de coordinar defensa efectiva. Las cargas explosivas C4 colocadas estratégicamente en bisagras de puertas blindadas detonaron simultáneamente en los 19 objetivos. Las explosiones controladas destruyeron las puertas sin dañar estructuras adyacentes ni poner en riesgo a civiles en viviendas vecinas.
En los 30 segundos siguientes a cada explosión, equipos de los murciélagos ingresaron en formación táctica utilizando granadas aturdidoras que generaron flashes de luz cegadora y ondas sonoras de 170 decibeles que desorientaron completamente a los ocupantes. Los sicarios que dormían fueron sorprendidos sin capacidad de reacción.
Los que estaban despiertos montando guardia intentaron tomar armas, pero fueron neutralizados antes de poder disparar. La velocidad del asalto y la desorientación causada por las granadas aturdidoras impidieron resistencia organizada en 16 de las 19 casas. Sin embargo, en tres ubicaciones específicas de Otai, los sicarios habían preparado posiciones defensivas anticipando posibles operativos.
Estas casas tenían sacos de arena pilados detrás de ventanas, rifles posicionados con líneas de fuego hacia accesos y sistemas de alarma que alertaron a ocupantes segundos antes de las explosiones. En estas tres casas se registraron intercambios de fuego breves pero intensos. Los sicarios dispararon desde posiciones fortificadas hacia los equipos de entrada.
Los murciélagos respondieron con granadas de fragmentación que neutralizaron las posiciones defensivas y con fuego de precisión que abatió a los tiradores. Los enfrentamientos duraron entre 4 y 7 minutos cada uno, resultando en 19 sicarios abatidos en estas tres ubicaciones y tres elementos de los murciélagos heridos por esquirlas.
Una vez dominadas las plantas bajas, en los equipos procedieron a despejar habitaciones superiores y sótanos donde frecuentemente los carteles mantienen arsenales ocultos o prisioneros secuestrados. El proceso de despeje siguió protocolo estándar de fuerzas especiales. Dos operadores ingresan simultáneamente a cada habitación desde ángulos opuestos, mientras tercero cubre desde la puerta.
En 12 casas, los ocupantes restantes se rindieron sin resistencia al verse superados. En cinco casas, sicarios intentaron escapar por ventanas traseras o techos, siendo interceptados por operadores que habían bloqueado esas rutas previamente. Y en dos casas, sicarios se atrincheraron en habitaciones blindadas, negándose a salir hasta que cargas de explosivos menores volaron las puertas reforzadas.
Los helicópteros Black Hawk, que sobrevolaban el área, desempeñaron función crítica identificando mediante cámaras térmicas a 17 sicarios que lograron salir de casas e intentaron huir por calles circundantes. Los pilotos transmitieron ubicaciones en tiempo real a unidades terrestres que los interceptaron en cuestión de minutos.
Ninguno de los que intentó escapar logró evadir captura. Durante el despeje se encontraron evidencias que confirmaron la brutalidad operativa del CJNG G. En tres casas de Otta se hallaron salas de tortura con cadenas montadas en muros, manchas de sangre recientes y herramientas utilizadas para mutilación. En una ubicación se rescataron dos personas secuestradas que habían sido retenidas durante semanas para extorsión familiar con todas las casas bajo control militar.

E peritos forenses y especialistas en balística ingresaron para documentación fotográfica, recolección de evidencia y catalogación de armamento de comisado. El arsenal encontrado superó estimaciones preliminares de inteligencia, revelando que el CJE había acumulado suficiente poder de fuego para sostener guerra urbana prolongada contra fuerzas del orden o grupos rivales.
En paralelo, los sicarios detenidos fueron esposados e identificados mediante sistemas biométricos portátiles que escanearon huellas digitales y reconocimiento facial comparando los contrabases de datos de personas buscadas. 23 tenían órdenes de aprensión vigentes por delitos que incluían homicidio, secuestro, extorsión y tráfico de drogas.
A las 7:25 de la madrugada, el comandante del operativo declaró todas las ubicaciones aseguradas. En las cifras finales del operativo relámpago fueron 61 sicarios neutralizados entre abatidos y detenidos, 19 casas de seguridad desmanteladas, arsenal completo de comisado, dos personas secuestradas rescatadas y tres elementos de los murciélagos heridos sin gravedad.
La ejecución sincronizada había funcionado perfectamente impidiendo que el CJE alertar a células o evacuara evidencia comprometedora. El inventario del armamento y evidencia asegurada reveló el nivel de inversión que el CJ había realizado para establecer control permanente sobre Tijuana y la sofisticación de su infraestructura criminal.
93 armas de fuego de alto poder fueron decomizadas, distribuidas entre las 19 ubicaciones. El inventario incluyó 52 rifles AR 15 calibre pun223 con diversos accesorios tácticos. Es 27 fusiles acá, 47 calibre 7,62 por 39 mm, 8 ametralladoras, M dos Browning calibre.50 4 lanzagranadas RPG 7,16 proyectiles y dos rifles. Barret M107 calibre50 equipados con miras telescópicas de largo alcance.
Además del armamento principal, se encontraron 34 pistolas semiautomáticas de calibres 9 mm, 40 y 45, todas con números de serie borrados mediante ácido. 18 escopetas, calibre 12 con cañones recortados para combate urbano cercano. Completaban el arsenal junto con 42 chalecos antibalas, nivel 3 y 27 cascos balísticos.
12,463 rondas de munición fueron contabilizadas. La distribución incluyó 7,000 rondas calibre punto 22300 rondas calibre 7.62 62 por 39 mm 1100 rondas calibre 50 y el resto en calibres de pistola. 68 artefactos explosivos de diversos tipos fueron asegurados. 42 granadas de fragmentación, tanto artesanales como de manufactura militar, 19 cargas de C4 con detonadores remotos operables por celular y siete minas antipersonal improvisadas.
El equipamiento táctico de comisado reveló preparación para operaciones militarizadas, sistemas de comunicación por radio encriptada, visores nocturnos de segunda generación, drones comerciales modificados para vigilancia, uniformes tipo militar sin insignias oficiales y equipo médico de trauma para atención de heridos en combate.
342 kg de drogas fueron asegurados. El desglose incluyó 183 kg de metanfetamina cristalizada, lista para distribución a 94 kg de fentanilo en polvo con pureza superior al 80%. 42 kg de heroína negra y 23 kg de cocaína. 2,300,000 pes en efectivo fueron encontrados distribuidos en diversas denominaciones junto con 112,000 estadounidenses.
El dinero estaba empacado en fajos ordenados por denominación sugiriendo operación financiera organizada con registros contables. 47 teléfonos celulares fueron enviados a análisis forense para extracción de contactos, mensajes, fotografías y datos de geolocalización que permitirán identificar otras células operativas del CJNG.
Computadoras portátiles con registros contables detallados de operaciones de narcotráfico en listas de clientes distribuidores y estructura jerárquica del cártel en Tijuana fueron aseguradas. documentación física incluyó cuadernos con registros manuscritos de envíos de droga, credenciales de identificación falsas de diversas dependencias gubernamentales, mapas de Tijuana con rutas de distribución marcadas y fotografías de objetivos de secuestro planeados.
17 vehículos con reporte de robo fueron asegurados en las propiedades. 12 camionetas pickup con modificaciones de blindaje artesanal, tres sedan utilizados para seguimiento y vigilancia y dos motocicletas empleadas para entregas rápidas de droga en colonias. Este arsenal y evidencia confirma que el CJNG no operaba casas de seguridad simples, operaba bases militarizadas con capacidad de sostener enfrentamientos prolongados, ejecutar operaciones ofensivas y mantener control territorial mediante violencia sistemática.
El operativo relámpago del 8 de febrero en Tijuana representa respuesta contundente del Estado mexicano ante provocación directa del crimen organizado que creyó poder intimidar a fuerzas especiales asesinando y exhibiendo públicamente a uno de sus mandos. 61 sicarios del CJ neutralizados, 19 casas de seguridad desmanteladas simultáneamente 93 armas de guerra de comizadas.
342 kg de drogas asegurados y estructura operativa completa del cártel en Tijuana, desarticulada en 160 minutos de ejecución táctica perfecta. Los murciélagos demostraron capacidad operativa sin precedentes al coordinar 19 asaltos simultáneos con sincronización de 30 segundos que impidió al CJNG alertar células o destruir evidencia.
La combinación de inteligencia precisa acumulada durante semanas, planificación táctica minuciosa y ejecución sincronizada con apoyo aéreo resultó en operativo modelo que será estudiado en academias militares como ejemplo de desmantelamiento de redes criminales urbanas. Este resultado envía mensaje inequívoco.
Atacar a personal de fuerzas especiales no genera repliegue militar ni negociación a genera respuesta fulminante que destruye toda la estructura operativa del grupo responsable sin importar cuánto tiempo o recursos requiera. El CJ NG cometió error estratégico fatal al asesinar al capitán Méndez Torres, creyendo que generaría miedo entre los murciélagos.
Lo que generó fue determinación absoluta de desmantelar cada célula, cada casa de seguridad y cada operador del cártel en Tijuana hasta que no quedara estructura funcional. Sin embargo, debemos ser absolutamente claros sobre lo que este operativo logró y las realidades estructurales que persisten.
El cártel Jalisco Nueva Generación demostró una vez más su brutalidad extrema al torturar y ejecutar públicamente a un militar para intentar intimidar al Estado. demostró su militarización acumulando arsenal que incluía lanzagranadas e ametralladoras calibre 50 y explosivos C4 suficientes para ejecutar ataques terroristas y demostró su capacidad de infiltración operando 19 casas de seguridad en colonias residenciales sin que vecinos se atrevieran a denunciar por miedo a represalias.
Pero 61 sicarios neutralizados no eliminan la organización completa. El CJ tiene estructura nacional con células en 30 Estados de México. Reclutará nuevos operadores, comprará nuevas armas y probablemente intentará responder a este golpe con más violencia, buscando recuperar credibilidad operativa ante grupos rivales.
Tijuana necesita que operativos como este marquen inicio de presencia permanente de los murciélagos en las colonias que fueron liberadas del control del CJNG. Necesita que las 19 casas desmanteladas no sean preocupadas por células del mismo cártel o grupos rivales semanas después, cuando la presión militar disminuya.
Necesita que los 61 sicarios neutralizados enfrenten procesos judiciales expeditos. con sentencias ejemplares que disuadan a otros de unirse al crimen organizado. Necesita que la inteligencia que identificó estas 19 ubicaciones continúe operando, identificando nuevas células antes de que se establezcan. necesita que las comunidades que vivieron con casas de seguridad del narco como vecinos reciban protección permanente que les permita denunciar sin miedo a represalias y necesita que la coordinación interinstitucional entre ejército, Marina y Guardia Nacional demostrada en
este operativo se mantenga sostenidamente en lugar de ser excepción temporal. Las familias de Tijuana merecen que la efectividad de los murciélagos no sea utilizada solo para operativos reactivos después de provocaciones, sino para presencia preventiva que impida al crimen organizado establecerse en primer lugar.
merecen que sus colonias no sean convertidas en campos de batalla entre carteles que disputan control territorial sin consideración alguna por vidas civiles y merecen que el gobierno federal comprenda que Tijuana no solo necesita operativos extraordinarios, sino inversión ordinaria en desarrollo social que ofrezca a jóvenes alternativas reales al reclutamiento criminal.
Porque al final del día las 93 armas de comizadas son número impresionante en reportes militares. Pero detrás de ese número hay rutas de tráfico desde Estados Unidos que siguen funcionando, proveyendo armamento al narco con impunidad. Hay estructuras de reclutamiento activas en colonias marginadas donde jóvenes sin oportunidades ven ingresos del crimen como única opción económica viable y hay redes de corrupción enquistadas que permiten al CJ operar 19 casas de seguridad en ciudad con presencia policial significativa sin ser detectados hasta que operativo
federal los desmantela. El operativo relámpago del 8 de febrero demostró que el Estado mexicano puede responder con contundencia devastadora cuando el crimen organizado cruza líneas atacando personal militar. demostró que los murciélagos tienen capacidad táctica y tecnológica para desmantelar estructuras criminales urbanas con precisión quirúrgica y demostró que asesinar militares para intimidar no genera repliegue, sino exterminio operativo.
Ahora, México necesita demostrar que esta contundencia no es reactiva, sino preventiva, que la presencia de fuerzas especiales en Tijuana será permanente impidiendo que el CJNG reconstruya lo que perdió, que las instituciones judiciales procesarán a los detenidos eficientemente, sin liberaciones por tecnicismos o corrupción y que Tijuana recibirá inversión en seguridad pública local, desarrollo económico y cohesión social que ataque las causas estructurales que permiten al narco reclutar y operar, porque los 61 sicarios neutralizados en
160 minutos son victoria táctica clara, pero la victoria estratégica solo llegará cuando Tijuana pueda vivir sin operativo relámpago, porque la presencia del Estado es tan permanente y efectiva que el crimen organizado no encuentra espacio para establecerse. Y las familias de esta ciudad fronteriza merecen esa victoria estratégica tanto como merecieron ver caer las puertas blindadas de 19 casas de seguridad esa madrugada de febrero. No.