109 sicarios abatidos, una sola madrugada, cinco municipios simultáneos. El jueves 19 de diciembre de 2025, apenas 14 horas después de que Omar García Harfuch anunciara la tercera captura de Armando N, alias Delta 1, la región de Tierra Caliente en Michoacán se convirtió en el escenario del enfrentamiento más letal que las fuerzas especiales murciélagos han ejecutado contra el cártel Jalisco Nueva Generación en toda su historia operativa, mientras el líder de los deltas era trasladado Bajo máxima seguridad hacia el altiplano. Las
células del CGN activaron una respuesta coordinada que desencadenó 7 horas de combate ininterrumpido. Columnas de humo negro se elevaban desde Apatingán, helicópteros Black Hawk sobrevolaban tepalcatepec, francotiradores del ejército tomaban posiciones en las sierras de Buenavista y en las brechas de la Huacana.
Vehículos blindados artesanales del cártel ardían bajo el fuego de las ametralladoras FN Mini. Esto no fue un enfrentamiento fortuito, fue la ejecución de una estrategia milimétrica diseñada por el gabinete de seguridad para desarticular la estructura de mando de los deltas en el momento exacto de su mayor vulnerabilidad, las primeras 24 horas tras la captura de su líder.
Lo que ocurrió en esas 7 horas no es solo la noticia de un operativo exitoso, es la demostración de cómo las fuerzas especiales del ejército mexicano están aplicando una nueva doctrina de combate contra el crimen organizado. Y es un recordatorio brutal de que cuando el Estado decide actuar con precisión quirúrgica, los resultados pueden ser devastadores para las estructuras criminales.
risión domiciliaria, simplemente trasladó ese centro de operaciones a su propia casa. El jueves 18 de diciembre de 2025 a las 9:40 horas, elementos de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, la Secretaría de la Defensa Nacional y la Fiscalía General de la República ejecutaron una orden de reaprensión en la colonia Colinas de Atemac, en Zapopan, Delta 1.
Circulaba a bordo de un Lamborghini Urus cuando fue interceptado. Estía playera rosa, sudadera negra con detalles naranjas, short negro y tenis. Usaba brackets. Medía aproximadamente 1.70 m. No opuso resistencia. Lo sabía. Esta era su tercera captura y esta vez el gobierno federal no iba a permitir que un juez lo liberara nuevamente.
Omar García Harfug anunció la captura a través de sus redes sociales ese mismo día. El mensaje fue directo. Se detuvo a Armando En alias Delta 1. Se le relaciona con homicidios, secuestros, extorsiones y trasciego de drogas sintéticas a Estados Unidos. Pero lo que Harf no mencionó en ese tweet fue lo que ya estaba en marcha, porque la captura de Deltaú no fue un operativo aislado, fue la fase uno de una estrategia coordinada de desmantelamiento a las 14:46 horas del jueves 18 de diciembre, Armando N fue ingresado al
Registro Nacional de Detenciones. Para ese momento, el Centro Nacional de Inteligencia ya había detectado movimientos anómalos en las comunicaciones del CJNG en Michoacán. Los deltas estaban activando protocolos de emergencia. En Tierra Caliente. Las células del cártel comenzaron a movilizarse hacia puntos de encuentro predeterminados.
Convoys de camionetas con hombres armados se desplazaban por brechas y caminos rurales. El objetivo era, claro, demostrar fuerza. intimidar y enviar un mensaje de que la captura de su líder no significaba el fin de su estructura operativa. Pero las fuerzas armadas habían anticipado exactamente esta respuesta.
Desde el 10 de noviembre de 2025, 180 elementos de las fuerzas especiales murciélagos ya estaban desplegados en Michoacán como parte del plan Michoacán por la paz y la justicia. Su misión inicial era frenar la expansión del CJNG en los municipios más violentos de Tierra Caliente, Tepalcatepec, Buenavista, Apatzingán, Tumbiscatío y La Huacana.
Los murciélagos no son tropas convencionales, son el cuerpo de fuerzas especiales del ejército mexicano. Soldados entrenados en Temamatla, Estado de México en guerra no convencional, operaciones de comando, guerrilla, combate cuerpo a cuerpo, manejo de explosivos, paracaidismo, francotirador y supervivencia en ambientes extremos.
Su apodo deriva de su capacidad para operar en la oscuridad. Utilizan visores térmicos, drones de reconocimiento, comunicación satelital encriptada y armamento de última generación. Rifles FX05, Hucoatle, FN Scar L, Heckler Encock G3, Barret M82, ametralladoras FN Mini y FN Mac, subfusiles MP5 y lanzagranadas M203.
Para movilización rápida cuentan con helicópteros UH60 Black Hawk 1000 Mi17, vehículos blindados MATB Oscos, han motocicletas todo terreno. Durante las 5co semanas previas a la captura de Delta 1, los murciélagos habían recopilado inteligencia masiva sobre las rutas de operación de los deltas en Michoacán. Conocían sus casas de seguridad, sus puntos de abastecimiento, sus laboratorios clandestinos de metanfetamina y sobre todo conocían sus patrones de respuesta ante Crisis.
Cuando Delta 1 fue capturado, el gabinete de seguridad activó la fase dos, desmantelamiento simultáneo de las células operativas de los deltas en cinco municipios. La madrugada del viernes 19 de diciembre sería el momento de ejecución porque lo que estaba por ocurrir no era una serie de enfrentamientos aleatorios, era una operación coordinada con cinco objetivos simultáneos, cinco equipos de fuerzas especiales y un margen de error prácticamente nulo.
Lo que las fuerzas del CJ no sabían es que cada movimiento que hicieron durante las 14 horas posteriores a la captura de Delta 1 estaba siendo rastreado en tiempo real por drones de reconocimiento y satélites de inteligencia militar. El primer contacto armado se registró en la comunidad de la alberca, zona rural de Apatingán, un convoy de seis camionetas con aproximadamente 35 sicarios de los deltas.
circulaba hacia un punto de reunión cuando fue interceptado por elementos de los murciélagos que habían tomado posiciones estratégicas durante la noche. Los sicarios abrieron fuego con fusiles de asalto AK47 y AR15, pero estaban en desventaja táctica absoluta. Los murciélagos operaban con visores nocturnos de cuarta generación. Podían ver a los icarios.
Los icarios no podían verlos a ellos. El enfrentamiento duró 47 minutos. Cuando terminó, 23 icarios habían sido abatidos, dos camionetas estaban en llamas y los elementos de las fuerzas especiales aseguraron 18 armas largas, más de 4,000 cartuchos útiles, equipo táctico, radios de comunicación y tres vehículos con reporte de robo.
No hubo bajas militares. Mientras el enfrentamiento en Apatzingán aún estaba en curso, un segundo equipo de murciélagos ejecutaba un operativo en las afueras de Tepalcatepec. Inteligencia militar había identificado una casa de seguridad donde los deltas almacenaban armamento y coordinaban operaciones de extorsión contra productores de aguacate.
Helicópteros Black Hawk transportaron al equipo de asalto directamente al objetivo. La operación fue quirúrgica. En menos de 12 minutos, 19 sicarios fueron neutralizados. Otros siete fueron capturados con vida. El decomiso fue masivo, 27 armas largas de alto poder, incluyendo dos ametralladoras calibre.
50, 50 lanzagranadas, 47 cargadores, más de 8,000 cartuchos, 15 chalecos tácticos con la siglas del CJNG y documentación financiera que reveló una red de extorsión que operaba en 14 municipios. El tercer objetivo estaba en la localidad de El Terreno, municipio de Buenavista, cerca de los límites con Aguililla.
Un grupo de aproximadamente 28 sicarios había establecido un campamento temporal en la sierra. Francotiradores de los murciélagos, posicionados a más de 800 m de distancia, iniciaron la operación neutralizando a los vigías del campamento con disparos de precisión. Cuando el equipo de asalto avanzó, los sicarios intentaron repeler con fuego de ametralladoras y lanzagranadas, pero no tenían el entrenamiento ni la disciplina táctica de las fuerzas especiales.
El enfrentamiento duró 1 hora y 15 minutos. Al final 21 sicarios fueron abatidos, cinco más fueron capturados y el arsenal de comisado incluía armas que claramente procedían del tráfico internacional, fusiles FN FAL belgas, subfusiles UI israelíes y explosivos plásticos C4. En la hauacana, los deltas intentaron una táctica diferente.
Desplegaron tres vehículos blindados artesanales, los llamados monstruos, con placas de acero soldadas sobre camionetas pickup. Fue un error fatal. Los murciélagos respondieron con lanzagranadas M203 y armamento antitanque. Los vehículos blindados no resistieron. Las explosiones fueron visibles desde varios kilómetros de distancia.
19 sicarios murieron en ese enfrentamiento. El fuego cruzado fue tan intenso que árboles cercanos quedaron marcados con cientos de impactos de bala. El último enfrentamiento de la madrugada ocurrió en las afueras de Tumbiscatío, uno de los municipios más remotos y controlados por el CEO ATNG en Tierra Caliente. Aquí los deltas habían concentrado su mayor fuerza de reacción.
Aproximadamente 45 sicarios distribuidos en dos campamentos conectados por brechas en la sierra. Sabían que las fuerzas especiales vendrían. Habían preparado posiciones defensivas con sacos de arena y habían minado algunos accesos con artefactos explosivos improvisados. Pero los murciélagos no entraron por donde los deltas esperaban.
Utilizando drones de reconocimiento, identificaron las posiciones de los explosivos y las rutas alternativas. Dos equipos de asalto se infiltraron simultáneamente desde direcciones opuestas, mientras un tercer equipo proporcionaba fuego de supresión desde helicópteros. La coordinación fue perfecta. Los sicarios quedaron atrapados en un fuego cruzado.
Intentaron escapar por las brechas minadas, pero los explosivos que ellos mismos habían colocado detonaron bajo sus propios vehículos. El enfrentamiento en Tumbiscatío fue el más prolongado de todos. 2 horas 30 minutos de combate continuo. Cuando terminó, 27 sicarios habían sido abatidos, otros 11 fueron capturados.
El decomiso incluyó algo que confirmó el nivel de preparación de los deltas. Cuatro drones modificados con capacidad para transportar explosivos, equipos de visión nocturna robados y comunicación satelital encriptada, similar a la que usa el ejército. A las 10:30 de la mañana del viernes 19 de diciembre, el secretario Omar García Harfuch convocó una conferencia de prensa desde las instalaciones de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana.
Las cifras presentadas fueron históricas. 109 presuntos sicarios de los deltas fueron abatidos en cinco municipios simultáneos. 30 personas fueron capturadas con vida, todas ellas ya identificadas como operadores del CJNG en Michoacán. Tres elementos de la Marina resultaron heridos durante los enfrentamientos en Buena Vista y fueron trasladados a hospitales militares donde su condición fue reportada como estable.
De lado de las fuerzas armadas no hubo bajas fatales. El arsenal de comisado fue masivo. Se aseguraron 147 armas largas de alto poder que incluían fusiles AK47, AR15, FNFAL y Barret.50. También se decomizaron 23 ametralladoras calibre50 y 7. Into, ocho lanzagranadas, cuatro drones modificados con capacidad para transportar explosivos, 421 cargadores y más de 38,000 cartuchos útiles.
Además se aseguraron 67 chalecos tácticos con insignias del CJNG, 19 vehículos, de los cuales 14 tenían reporte de robo y ocho vehículos blindados artesanales que fueron destruidos durante los enfrentamientos. El decomiso también incluyó equipos de comunicación satelital, 47 radios de largo, alcance, documentación financiera y contable y 15 teléfonos celulares con información de la estructura operativa del cártel.
Pero más allá de las cifras, lo que García Harf enfatizó fue la naturaleza coordinada del operativo. Esta operaciones dijo, no fue una serie de enfrentamientos aislados, fue la ejecución de una estrategia de desmantelamiento diseñada para neutralizar la capacidad de respuesta de los deltas en el momento de mayor vulnerabilidad de su estructura de mando.
La captura de su líder fue la fase uno, la desarticulación de sus células operativas fue la fase dos y no vamos a detenernos aquí. Para entender por qué esta operación alcanzó estos resultados, necesitamos analizar tres factores clave que marcaron la diferencia. El primer factor fue la inteligencia previa masiva que las fuerzas especiales habían recopilado.
Los murciélagos no entraron a ciegas. Durante las cinco semanas previas, desde su despliegue el 10 de noviembre. Habían acumulado información exhaustiva sobre los deltas. Sabían dónde operaban, cómo se comunicaban, cuáles eran sus rutas de escape y dónde almacenaban armamento. El Centro Nacional de Inteligencia, en coordinación con la Fiscalía General de la República, había rastreado las comunicaciones de la organización.
Cuando Delta 1 fue capturado, ya sabían exactamente cómo reaccionarían sus células. No fue suerte, fue planificación meticulosa. El segundo factor fue la ventaja tecnológica absoluta de las fuerzas armadas. Los deltas operaban con armamento robado, comunicaciones improvisadas y tácticas aprendidas en el campo de batalla.
Los murciélagos, en cambio, operaban con tecnología militar de última generación, visores nocturnos de cuarta generación, drones de reconocimiento en tiempo real, comunicación satelital encriptada, imposible de interceptar y armamento diseñado específicamente para neutralizar objetivos con precisión. En combate nocturno, esa ventaja tecnológica es decisiva.
Los sicarios disparaban hacia donde creían que estaban los soldados. Los soldados disparaban exactamente donde estaban los sicarios. La diferencia es letal. El tercer factor fue este el entrenamiento. Los murciélagos son soldados que pasaron por uno de los entrenamientos más rigurosos del hemisferio occidental. Cursos de comandos de 15 semanas, adiestramiento en guerra no convencional, combate en condiciones extremas, infiltración, exfiltración, tiro de precisión a larga distancia y supervivencia en ambientes hostiles.
Solo dos de cada 10 soldados que ingresan al programa logran graduarse. Son literalmente la élite de la élite. Los sicarios de los deltas, por más armados que estuvieran, no tenían esa preparación. Muchos de ellos son jóvenes reclutados por necesidad económica, con entrenamiento básico en manejo de armas, pero sin la disciplina táctica de un soldado profesional.
Cuando ambos bandos se enfrentan, el resultado es predecible y brutal. Pero este operativo no fue solo una victoria táctica, fue un mensaje estratégico, porque lo que ocurrió el 19 de diciembre en Michoacán representa un cambio fundamental en cómo el Estado mexicano está enfrentando al crimen organizado y ese cambio tiene implicaciones profundas para el futuro del CJ, no solo en Michoacán, sino en todo el país, para entender por qué esta operación fue posible.
Necesitamos hablar del plan Michoacán por la paz y la justicia. Michoacán se había convertido en el estado más violento de México. No por casualidad, sino porque es el campo de batalla donde se decide el control del narcotráfico en el occidente del país. En Michoacán operan 17 organizaciones criminales diferentes. El CJNG tiene presencia en 110 de los 113 municipios del estado.
Su rival principal es una alianza conocida como Cárteles Unidos, que agrupa a remanentes de la familia michoacana, los Caballeros Templarios, los Viagras y células del Cártel del Golfo. La guerra entre el CJNG y Cárteles Unidos ha dejado miles de muertos, ha desplazado comunidades enteras, ha paralizado la economía legal del aguacate y el limón y ha convertido a Tierra Caliente en una zona donde el Estado mexicano había perdido el control territorial.
El asesinato del alcalde de Uruapan, Carlos Manso, el 5 de noviembre de 2025 fue el detonante. Manso había pedido apoyo al gobierno federal y al estatal para protegerse de las amenazas del CJNG. No recibió esa protección. Fue ejecutado en un restaurante. Su muerte quedó grabada en video. La presidenta Claudia Shane Baum reaccionó de inmediato, anunció el plan Michoacán.
un despliegue de 10,000 efectivos de las fuerzas armadas, 180 de ellos pertenecientes a las fuerzas especiales murciélagos, con un presupuesto de 57,000 millones de pesos destinados a seguridad, obras públicas, bienestar social y apoyo al campo. Pero el componente más importante del plan Michoacán no fue el dinero, fue el cambio de estrategia.

En lugar de operativos reactivos que respondían a la violencia después de que ocurría, el Plan Michoacán adoptó una doctrina de operaciones proactivas basadas en inteligencia, identificar objetivos prioritarios, recopilar información, esperar el momento táctico óptimo y ejecutar con precisión quirúrgica. La captura de Delta 1 y el desmantelamiento de sus células fue la primera demostración de que esta doctrina funciona.
Omar García Harfuch lo resumió en la conferencia de prensa. No vamos a perseguir al crimen organizado. Vamos a desmantelarlo desde su estructura de mando y vamos a hacerlo con la precisión que solo las fuerzas especiales pueden ofrecer. La respuesta del CJEGI no se hizo esperar. En las horas posteriores a los enfrentamientos del 19 de diciembre, células del cártel activaron narcobloqueos en varios puntos de Michoacán y Jalisco.
Quemaron al menos 11 vehículos en carreteras estratégicas e intentaron paralizar la movilidad en la región, pero esta vez la respuesta fue diferente a la enfrentamientos anteriores. Las fuerzas federales ya habían anticipado los narcobloqueos. Implementaron un plan antibloqueo que permitió despejar las vialidades en menos de 3 horas.
La Guardia Nacional desplegó unidades móviles que restablecieron el tránsito. Los helicópteros de la Fuerza Aérea sobrevolaron las zonas afectadas para disuadir nuevas acciones. El CJNG intentó enviar un mensaje de fuerza, pero el mensaje que quedó fue otro. El Estado mexicano ya no va a permitir que los cárteles paralicen regiones enteras cuando así lo decidan.
En la semana siguientes, a la operación del 19 de diciembre, las fuerzas armadas continuaron operativos en Michoacán. Desmantelaron tres laboratorios clandestinos de metanfetamina en Uruapán. Aseguraron 282 artefactos explosivos improvisados que los deltas habían colocado en caminos rurales y plantillíos de limón.
detuvieron a 47 personas más vinculadas al CJNG, pero quizás el golpe más significativo no fue táctico, fue simbólico, porque durante años el CJ operó con la certeza de que podía responder a cualquier acción del gobierno con violencia masiva e intimidación. Los narcobloqueos funcionaban, las amenazas funcionaban, el terror funcionaba.
El 19 de diciembre esa certeza se rompió porque lo que ocurrió en Tierra Caliente no fue solo un enfrentamiento, fue una demostración de que cuando el Estado decide actuar con las capacidades correctas en el momento correcto y con la estrategia correcta, puede infligir golpes devastadores a las organizaciones criminales más poderosas del país y eso cambia las reglas del juego.
La operación del 19 de diciembre ocurrió en el vacío. Es parte de una transformación más amplia en cómo México está enfrentando al crimen organizado. Lo que estamos viendo ahora es una estrategia que combina inteligencia masiva, capacidades de élite y timing quirúrgico. No se trata de inundar una región con soldados.
Se trata de identificar los nodos críticos de una organización criminal, esperar el momento de máxima vulnerabilidad y ejecutar operaciones que desarticulen estructuras completas en ventanas de tiempo muy precisas. La captura de Delta 1 no fue valiosa solo porque se detuvo a un líder del CJNG. fue valiosa porque creó una ventana de 24 horas donde los deltas quedaron descabezados, descoordinados y predecibles.
Las fuerzas especiales aprovecharon esa ventana para desmantelar cinco células simultáneamente. Los murciélagos estuvieron en Michoacán desde el 10 de noviembre. Durante más de un mes observaron, rastrearon, mapearon. No actuaron de inmediato, esperaron y cuando llegó el momento, la ejecución fue devastadora. Este tipo de operaciones solo son posibles cuando hay coordinación real entre instituciones.
La Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, la Secretaría de la Defensa Nacional, la Secretaría de Marina, la Fiscalía General de la República y el Centro Nacional de Inteligencia trabajaron como un solo organismo. En esa coordinación habría sido imposible ejecutar cinco operativos simultáneos con cero bajas militares.
Y eso es lo que realmente aterroriza a organizaciones como el CGH ANG, porque pueden adaptarse a enfrentamientos violentos, pueden reemplazar sicarios abatidos, pueden reconstruir arsenales de comisados, pero no pueden operar eficientemente cuando el Estado los golpea simultáneamente en múltiples puntos críticos con precisión quirúrgica.
Lo que ocurrió el 19 de diciembre en Michoacán no resuelve el problema del narcotráfico en México. El CJNG seguirá operando. Los deltas intentarán reconstruir su estructura, pero lo que sí demostró es que el Estado mexicano tiene la capacidad, cuando decide usarla correctamente, de infligir golpes devastadores a las organizaciones criminales más poderosas del país.
Y eso importa. Importa porque durante demasiado tiempo los cárteles operaron con la certeza de que eran intocables. Importa porque comunidades enteras vivían. Con la certeza de que el gobierno los había abandonado. E importa porque cada operativo exitoso como este rompe esa narrativa de inevitabilidad. El crimen organizado no es invencible.
Las organizaciones criminales no son estructuras que México tiene que aprender a tolerar. Son organizaciones que pueden y deben ser desmanteladas. La captura de Delta 1 y el abatimiento de 109 sicarios no van a terminar con el CJNG. Nemesio Ceguera sigue operando, pero este operativo sí logró enviar un mensaje que el crimen organizado entiende perfectamente.
El Estado mexicano ya no va a negociar con el terror. Ya no va a permitir que los cárteles paralicen regiones cuando así lo decidan. Y cuando las organizaciones criminales crucen ciertas líneas, la respuesta será rápida, coordinada y devastadora. Ahora viene la parte difícil, sostener esa presión, porque los operativos espectaculares generan titulares, pero lo que realmente transforma territorios es la presencia constante del estado.
Los murciélagos pueden ganar enfrentamientos, pero solo la construcción institucional puede ganar territorios de manera permanente. Y mientras esa construcción ocurre, operativos como el del 19 de diciembre son necesarios porque las familias de Tierra Caliente no pueden esperar décadas. Necesitan seguridad ahora. Necesitan poder sembrar sus campos sin miedo.
Necesitan saber que el Estado mexicano no los ha abandonado. Cada vez que las fuerzas especiales desarticulan una célula del CJNG, cada vez que capturan a un líder como Delta 1, esas familias recuperan un poco de esperanza. Esperanza de que México puede ser diferente, de que la violencia no tiene que ser permanente. El 19 de diciembre fue un paso en esa dirección.
109 sicarios menos aterrorizando Tierra Caliente. Un mensaje claro de que el Estado mexicano está dispuesto a usar sus mejores capacidades para proteger a su población. No es la solución completa, pero es un paso en la dirección correcta porque detrás de cada operativo exitoso hay familias que pueden dormir un poco más tranquilas, hay productores que pueden trabajar sus campos sin extorsión.
Hay jóvenes que pueden imaginar un futuro diferente y eso al final del día es por lo que todo esto vale la pena.