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«¡Déjenme trabajar en Colombia!» Joven extranjero ruega ir a Colombia y el video se vuelve viral

«¡Déjenme trabajar en Colombia!» Joven extranjero ruega ir a Colombia y el video se vuelve viral

Hola a todos parceros y bienvenidos a un nuevo video que les juro les va a erizar la piel. Si son colombianos, prepárense para sentir un orgullo que no les cabe en el pecho y si no lo son, después de escuchar esto, van a querer comprar un tiquete de avión apenas termine el relato. Hoy no vamos a hablar de lo de siempre.

Hoy vamos a sumergirnos en algo que está rompiendo el internet y que está dejando al mundo entero con la boca abierta. Se trata de como los extranjeros están empezando a ver a nuestra Colombia, no como el lugar que pintan las noticias amarillistas, sino como el paraíso terrenal que nosotros siempre hemos sabido que es.

 Ustedes saben que en las redes sociales uno se encuentra de todo, pero lo que se ha vuelto viral en las últimas semanas es algo que nadie vio venir. Es un video corto de esos que te atrapan desde el primer segundo, pero lo que muestra es tan fuerte, tan crudo y tan real que es imposible no soltar una lágrima. Imaginen la escena un muchacho joven, extranjero de uno de esos países que llamamos del primer mundo, donde supuestamente lo tienen todo, donde el dinero fluye y la tecnología es de otro planeta.

Pero ahí lo ven en plena calle de una de nuestras ciudades, con los ojos hinchados de tanto llorar, arrodillado sobre el pavimento caliente, con las manos juntas como si estuviera rezando. Pero no le está rezando a un santo, le está suplicando a un grupo de colombianos que lo rodeaban. El audio del video es desgarrador.

Se escucha su voz quebrada, temblorosa como una hoja en medio de una tormenta de los Andes. Por favor, decía entre soyosos. Denme una oportunidad. No me quiero ir de aquí. Yo quiero trabajar aquí. Quiero vivir aquí. En mi país ya no aguanto más. Me estoy asfixiando. La gente que pasaba se detenía impactada. Ver a alguien que viene de una potencia económica arrodillado en Colombia pidiendo una oportunidad para camellar aquí es algo que te vuela la cabeza.

Sus rodillas estaban sucias. Su frente tocaba el suelo una y otra vez en un gesto de súplica que en su cultura debe ser el máximo nivel de desesperación. El ambiente se sentía pesado, como si el aire se hubiera congelado a pesar del sol tropical. Lo que este video esconde detrás es una verdad que nos deja a todos fríos.

Él no estaba actuando. No era un experimento social para ganar seguidores. Era el grito de un alma que encontró en Colombia algo que su país, con todos sus billones de dólares, no pudo darle. Humanidad, calor, esperanza. El tipo lloraba diciendo, “Ustedes no saben lo que tienen. Aquí la gente se mira los ojos.

 Aquí la gente te sonríe sin conocerte. En mi país soy solo un número en una hoja de Excel, una pieza reemplazable en una máquina de hacer dinero. Por favor, déjenme quedarme en Colombia. Ese video se regó como pólvora. Al principio muchos pensaron que era una broma pesada o un video de humor negro. Pero a medida que pasaban los minutos y el muchacho seguía hundido en su desesperación, la gente empezó a entender.

No era una parodia de la pobreza, era una parodia de la supuesta riqueza extranjera frente a la verdadera riqueza colombiana. Y lo más impactante fueron los comentarios de otros extranjeros en el video. Muchos decían, “Lo entiendo perfectamente. Yo también estoy en una oficina de cristal en Berlín o en Seú, ganando miles de euros, pero me siento más muerto que vivo.

 Daría lo que fuera por estar en una esquina de Medellín tomándome un tinto y sintiendo que la vida vale la pena.” Eso nos pone a pensar, ¿cierto? Siempre nos han dicho que afuera todo es mejor, que el sueño es irse, pero este video es como un espejo que nos devuelve una imagen de Colombia que a veces olvidamos valorar. Es la imagen de un país que, a pesar de sus cicatrices, tiene una fuerza vital que hipnotiza.

Ese muchacho veía en un salario mínimo colombiano, en la estabilidad de un trabajo sencillo, pero rodeado de gente amable, un refugio que su país hipercompetitivo le había negado. Él decía, “Prefiero mil veces lucharla aquí, donde si me pasa algo, el vecino me ayuda, que morir de soledad en mi apartamento de lujo en el extranjero.

” Y es que parceros, Colombia tiene una magia que no se explica con números. Esa capacidad de resiliencia, esa berraquera que nos hace sacar un chiste en la peor situación. Para ese extranjero, ver que en Colombia todavía hay plazas de mercado llenas de color, que hay música en cada esquina, que la comida sabe amor y no a plástico, fue un choque cultural que le reseteó el cerebro.

Él se dio cuenta de que lo que le habían vendido como progreso era en realidad una cárcel de soledad. Este fenómeno nos lleva a una historia más profunda. La Emma. Emma es una mujer de unos 30 años, exitosa, brillante, que vive en Oslo, Noruega. Imaginen la vida de Emma, una oficina impecable, un sueldo que le permite viajar a donde quiera, una sociedad donde todo funciona como un reloj suizo.

No hay basura en las calles, los trenes llegan al segundo exacto. El gobierno se encarga de todo. Pero Emma vivía con un vacío en el pecho. Ella miraba por la ventana de su oficina los edificios grises y sentía que los días se le escapaban entre los dedos en una rutina robótica. En sus ratos libres, Emma se perdía en Instagram mirando fotos de lugares exóticos.

Siempre se detenían las fotos de Colombia. Veía las casas coloridas de Guatapé, las calles empedradas de Cartagena con sus palenqueras, las montañas verdes del eje cafetero envueltas en neblina. Qué lindo, pensaba. Pero debe ser peligrosísimo. Sus amigos en Noruega, cuando ella mencionaba Colombia, le decían de todo.

Estás loca. Allá te van a secuestrar. Eso es puro caos, drogas y guerra. Emma se lo creía. Tenía esa imagen de los años 80 clavada en la cabeza. Ella pensaba que Colombia era un lugar sin ley, donde la gente vivía con miedo y nada funcionaba. Hasta que un día su empresa le dio una noticia que la hizo palidecer.

 Emma, tenemos un proyecto con una firma en Bogotá y Medellín. Tienes que viajar allá por tr meses para supervisar la operación. Emma sintió que el mundo se le venía encima. Estaba aterrada. Pensó en renunciar, pero su curiosidad fue más fuerte. Decidió que iba a ir, pero con 1 precauciones. ¿Iba preparada para lo peor? Se imaginaba bajando de un avión viejo en un aeropuerto polvoriento y peligroso.

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