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Matías Prats se encuentra hospitalizado tras ser golpeado por su hijo, Matías Prats Chacón.

El silencio roto, la madrugada que lo cambió todo. Eran las 2:37 de la madrugada del jueves cuando la tranquilidad del exclusivo barrio madrileño del Viso fue interrumpida por el sonido de una sirena. La llamada a emergencias había sido clara. Un hombre de edad avanzada, identificado más tarde como el prestigioso periodista y presentador de televisión, Matías Pratque, se encontraba gravemente herido dentro de su propia residencia.
Lo que nadie esperaba, ni siquiera los vecinos más atentos a las idas y venidas de la familia, era que el presunto agresor fuera nada menos que su propio hijo. Matías Prat Chacón, también periodista, heredero de un linaje mediático impecable. Este hecho no solo conmocionó a la familia Pratz, sino que generó un impacto a nivel nacional.
No se trataba de una disputa familiar más. Estamos hablando de una de las figuras más queridas y respetadas del periodismo español. Alguien cuya imagen ha estado asociada durante décadas a la confianza, la objetividad y la estabilidad emocional. ¿Qué pudo haber ocurrido puertas adentro para que todo acabara en violencia? ¿Qué secretos familiares fueron ocultados bajo la alfombra de los plató y las portadas? Una familia bajo el foco de las cámaras.


Hablar de los Prats es hablar de historia viva de la televisión. Matías Prat padre, nacido en 1950, ha sido durante más de cuatro décadas el rostro de los telediarios de mayor audiencia en España. Su estilo sobrio, su voz inconfundible y su capacidad de mantener la compostura incluso en los momentos más trágicos lo convirtieron en una referencia ética y profesional.
Su hijo Matías Prat Chacón nació bajo ese mismo foco. Siguiendo los pasos de su padre, también se formó como periodista y llegó a conducir programas informativos, aunque siempre bajo la sombra del apellido. Las comparaciones eran inevitables. Mientras Matías padre era alabado por su temple y autoridad, Matías hijo luchaba por encontrar su propia voz en una industria que lo juzgaba no por lo que decía, sino por lo que se esperaba que dijera.
Durante años esta tensión fue perceptible en las redacciones. Algunos compañeros comentaban en privado que las relaciones entre ambos eran más tensas de lo que dejaban ver en público. Sin embargo, hasta esa madrugada nadie imaginó que todo explotaría de una forma tan brutal. La noche del incidente. Según fuentes cercanas a la investigación, la noche del miércoles 4 de febrero había sido particularmente tensa.
Matías hijo habría acudido al domicilio de su padre tras varios días sin comunicarse. La visita no fue anunciada. Algunos testigos aseguran que se le vio en actitud nerviosa en una gasolinera cercana comprando una botella de vino y cigarrillos, aunque no fumaba. Una vez dentro del domicilio, la discusión habría comenzado en la cocina y escalado rápidamente.
Las palabras habrían pasado a los gritos y luego a la agresión física. No se trata de un simple empujón o una bofetada. Matías padre fue encontrado con fracturas en la clavícula y hematomas en el rostro, especialmente alrededor del ojo derecho. El equipo médico, que lo atendió en urgencias, catalogó las lesiones como compatibles con una agresión deliberada y sostenida.
La policía fue alertada por un sistema de alarma que el propio Prat Luke había instalado semanas atrás. un botón de pánico que fue presionado desde su móvil justo antes de perder el conocimiento. Una llamada desesperada. La llamada al 112 fue breve pero escalofriante. Según el operador, la voz de Matías Prat Luke sonaba entrecortada.
Mi hijo me ha golpeado. No sé por qué. Creo que voy a desmayarme. Esa fue la última frase que registró el sistema antes de que la línea quedara en silencio. Cuando los servicios de emergencia llegaron al lugar, se encontraron con un escenario que sugería no solo violencia, sino también una acumulación de tensiones largamente reprimidas.
Matías hijo fue hallado en el jardín, sentado sobre el césped, con las manos manchadas de sangre y una expresión ausente. No opuso resistencia, no huyó, no pronunció palabra, fue esposado y trasladado a una comisaría del distrito. Un pasado de sombras, la imagen de perfección familiar que siempre proyectaron los prats, contrasta con lo que se ha ido desvelando en los días posteriores.
Diversas fuentes han confirmado que la relación padre e hijo había entrado en un bucle de frialdad y reproches desde al menos 2018. El detonante habría sido la decisión de Matías, hijo, de abandonar el periodismo televisivo para dedicarse a proyectos digitales que su padre consideraba poco serios.
A esto se suman disputas económicas por una herencia anticipada. Al parecer, Matías Prat padre habría establecido un fideicomiso a favor de su nieta, excluyendo de manera parcial a su propio hijo. Este gesto, que en su momento se explicó como una decisión de protección patrimonial, fue interpretado por Matías Hijo, como una traición.
La herida se profundizó cuando los medios comenzaron a estecular que el veterano periodista ya estaba formando una nueva vida con una mujer más joven con quien compartiría propiedades en Málaga. Para muchos estos eran simples rumores. Para Matías hijo, al parecer eran verdades dolorosas, testimonios reveladores.
Varios trabajadores del canal en el que ambos habían colaborado han comenzado a hablar bajo anonimato. Una productora afirma, siempre que estaban juntos en plató el ambiente era tenso, no discutían en voz alta, pero era obvio que no se soportaban. Matías padre lo corregía todo el tiempo y Matías hijo apretaba la mandíbula en silencio.
Otro colega añade, “En una ocasión, durante una reunión editorial, Matías padre lo interrumpió tres veces para corregir su lectura del guion. Fue humillante. Los testimoni

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