Durante años, el nombre de “Los Julios” sembró el pánico en el municipio de Atizapán de Zaragoza, en el Estado de México. Esta organización criminal, conocida por su extrema violencia, se especializaba en delitos que iban desde la extorsión y la invasión de predios hasta el secuestro y el homicidio. Sus integrantes, lejos de ocultarse, se jactaban de una supuesta impunidad que les permitía transitar por las calles como si fueran los dueños de la ley. Sin embargo, esa racha de soberbia ha llegado a su fin con la reciente captura de una de sus figuras más emblemáticas: Alexis Sánchez, mejor conocido en el mundo del hampa como “El Lobito”.
Alexis Sánchez no era un integrante cualquiera. Considerado el “niño consentido” de la familia que lidera el grupo criminal, “El Lobito” representaba la nueva generación de delincuentes que combi
nan la brutalidad con la exhibición de lujos extravagantes en redes sociales. En el pasado, este sujeto ya había estado bajo la mira de las autoridades, lo que lo obligó a huir de México para evitar la justicia. No obstante, tras un tiempo en el extranjero, regresó a Atizapán para retomar sus actividades ilícitas y continuar con un estilo de vida rodeado de excesos, presumiendo cachorros de león y vehículos Corvette convertibles mientras amenazaba a los ciudadanos locales.
El operativo que desarticuló al círculo cercano
La Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) ejecutó un operativo preciso que culminó con la detención de “El Lobito”, quien ahora enfrenta cargos graves por secuestro exprés y extorsión. Pero la caída de este líder no fue aislada. Junto a él, las autoridades lograron capturar a otros dos sujetos clave dentro de la estructura de “Los Julios”: un individuo apodado “El Quique” y Valentín Hernández Marcial, quien fungía como escolta personal de los líderes del grupo.
Estas detenciones representan un golpe estratégico al corazón de la banda. Según las investigaciones dirigidas por la fiscalía mexiquense, estos sujetos operaban bajo el amparo de la estructura familiar de “Los Julios”, sintiéndose protegidos por un sistema que, durante mucho tiempo, pareció no alcanzarlos. La actual administración estatal, encabezada por la gobernadora Delfina Gómez, ha enfatizado que no habrá tolerancia para grupos que pretendan establecer estados paralelos de terror, y estas capturas son una prueba de ese compromiso renovado con la seguridad pública.

El horror detrás del multihomicidio de la familia Cejudo Berrios
Uno de los aspectos más oscuros y estremecedores que han surgido tras la detención de Alexis Sánchez es su presunta relación con el multihomicidio de la familia Cejudo Berrios en Azcapotzalco. Las líneas de investigación sugieren que “El Lobito” y su abuelo, identificado como el “Julio Mayor”, habrían sido los autores intelectuales que ordenaron a “El Quique” y a otros cómplices perpetrar el crimen.
El móvil de este acto atroz, según las declaraciones de uno de los detenidos identificado como Chema Villaseñor, fue una supuesta deuda de 5 millones de pesos que el señor Cejudo mantenía con el líder de la banda. Sin embargo, la crueldad no terminó con los asesinatos. Los perpetradores tenían la orden específica de registrar minuciosamente la propiedad de las víctimas para localizar los documentos de propiedad de una lujosa residencia que la familia estaba construyendo en Atizapán.
Las imágenes de la escena del crimen revelan la saña con la que actuaron: la casa fue dejada “patas arriba”, con muebles destrozados y pertenencias esparcidas, mientras los delincuentes buscaban los papeles que les permitirían apoderarse legalmente (mediante el despojo) del inmueble. Además de la búsqueda de documentos, los sujetos se tomaron el tiempo de robar objetos de valor, calzado y ropa, demostrando una total falta de respeto por la vida humana y el dolor ajeno.
Un mensaje claro contra el crimen organizado

La captura de “El Lobito”, “El Quique” y su escolta envía un mensaje contundente a las organizaciones criminales que operan en la periferia de la Ciudad de México y el Estado de México. La era en la que los delincuentes podían “padrotear” sus crímenes y sus lujos sin consecuencias parece estar llegando a su ocaso. La fiscalía continúa integrando las carpetas de investigación para asegurar que estos sujetos reciban las penas máximas por los múltiples delitos que se les imputan.
La sociedad de Atizapán, que durante años vivió bajo la sombra de la extorsión de “Los Julios”, hoy ve un rayo de esperanza. No obstante, el camino hacia la erradicación total de esta banda aún continúa, ya que las autoridades siguen tras la pista de otros integrantes y ramificaciones de esta red delictiva. Por ahora, “El Lobito” ha cambiado su Corvette y su cachorro de león por las frías paredes de una celda, donde deberá responder por el rastro de sangre y miedo que dejó a su paso.
La justicia para la familia Cejudo Berrios y para tantas otras víctimas de “Los Julios” está hoy un paso más cerca. La coordinación entre las diferentes instancias de seguridad y la determinación de no dejar estos crímenes en la impunidad son los pilares sobre los cuales se busca reconstruir la paz en la región mexiquense.