Lea Roberts parecía tener una vida tranquila, incluso privilegiada. Creció en una familia unida, rodeada de cariño, con un futuro prometedor por delante y una personalidad tan sensible como curiosa. Pero con el paso de los años, una serie de pérdidas profundas y tragedias empezaron a cambiar su manera de ver el mundo.
emocional se hiciera demasiado grande.
Y Estela también empezó a sufrir problemas de salud, recibiendo un diagnóstico de una afección cardíaca que, según los análisis que le hicieron, posiblemente se había desarrollado por el desgaste emocional y el estrés constante que vivía por la enfermedad de su marido. Eran tiempos realmente muy difíciles y dolorosos para la familia.
Y La, que justo estaba terminando la secundaria y a punto de entrar en la universidad, llevaba esa etapa especialmente mal a nivel emocional y no sabía muy bien qué iba a hacer con todo lo que estaba pasando, pero con el apoyo de sus seres queridos decidió no rendirse. Así fue como se matriculó en la Universidad Estatal de Carolina del Norte, donde eligió antropología como carrera principal y español como especialización adicional.
Allí intentaba llevar su vida lo más normal posible y a pesar de la preocupación constante por sus padres, consiguió de manera admirable obtener excelentes notas, manteniendo el foco y demostrando una disciplina impresionante en medio de todo el caos que estaban viviendo. Pero 3 años después, en 1996, desgraciadamente la tragedia volvió a golpear a la familia Roberts.
Mientras Lía seguía en la universidad, su madre falleció repentinamente a causa de un ataque cardíaco. Esto fue algo totalmente inesperado, porque si bien a su madre le habían diagnosticado una afección cardíaca, no esperaban que muriera en ese momento y esto dejó la familia completamente devastada. Su padre, que todavía luchaba contra su enfermedad, quedó tan impactado como los demás con la pérdida de su mujer, siendo precisamente la muerte de Estela la que marcó un antes y un después en cada uno de los miembros de la familia. En el
caso de Lía, ese fue un punto de quiebre para ella, por lo que ese mismo año decidió tomarse una pausa en los estudios. Su idea era tomarse un año sabático, parar un poco, respirar, entender todo lo que estaba sintiendo y sobre todo encontrar una forma de convivir con la ausencia de su madre, porque más que superar esa pérdida, Lía quería aprender a vivir con ese vacío.
Fue un año muy duro para ella. siempre estaba triste, agotada, profundamente afectada por todo lo que había ocurrido en tan poco tiempo. Y aunque ese duelo fue largo y doloroso, en 1998, casi 2 años después de esta pérdida, decidió retomar sus estudios e intentar poco a poco volver a la normalidad. Pero inesperadamente el destino más les tenía preparada otra prueba a la familia.
Era un día cualquiera. Lea estaba conduciendo su coche por una carretera normal cuando de repente todo cambió. Un camión perdió el control en su carril y se atravesó justo delante de ella. Lea no tuvo tiempo de reaccionar, recibiendo un impacto frontal muy violento que la dejó enseguida en un estado muy crítico.
Al poco rato llegaron los paramédicos y la llevaron de urgencias al hospital, donde la estabilizaron, pero su pierna derecha estaba completamente destrozada. Los médicos la tuvieron que operar múltiples veces para salvarla tanto a ella como a la movilidad de esa pierna. y la única solución viable fue reconstruir su fémur con tornillos metálicos.
Esta era una cirugía que esperaban que funcionara a largo plazo, pero que la dejaría con esos implantes el resto de su vida. De esta manera, Lía pasó alrededor de 6 meses hospitalizada en una recuperación larga y dolorosa mientras trataba de asimilar otra vez todo lo que le estaba pasando. Sin embargo, este accidente, lejos de deprimirla todavía más, le dio una nueva forma de ver la vida.
Lea aseguraba que antes del impacto pensó que iba a morir, pero al sobrevivir sintió que la vida le estaba regalando otra oportunidad. A partir de entonces empezó a mirar todo desde otra perspectiva. Quería vivir intensamente, aprovechar cada momento y buscar experiencias nuevas. Y tiempo después, en el año 2000, cuando la universidad le ofreció una opción para hacer un programa de campo en Costa Rica, Lea vio en eso la forma perfecta para descansar, sanar y reconectar consigo misma.
Aunque las cosas no se iban a poner más fáciles a partir de ahí, pues muy poco tiempo antes de de empezar este viaje llegó la noticia que nadie quería recibir. Una vez más otra tragedia y es que su padre, después de años luchando contra su enfermedad pulmonar finalmente no resistió más y falleció. Eso rompió el corazón de todos sus hijos que perdieron a dos padres tan amorosos justo en medio de su juventud en un periodo de tiempo tan corto.
Fue un golpe muy duro. En muy poco tiempo, Lía prácticamente no había terminado de recuperarse de una cosa cuando sucedía otra. Pero aunque claramente estaba pasando por momentos terribles, esta última pérdida no afectó a Lía de la misma manera que había afectado todo lo demás, sino que esta vez cuando falleció su padre ella parecía más tranquila, como si intentara reprimir el dolor para enfocarse por completo en el viaje que había planeado a Costa Rica, argumentando que era exactamente lo que sus padres habrían querido para ella.
Así que no pensó en la posibilidad de cancelar el viaje para procesar su duelo, sino que se fue a Costa Rica para intentar despejar su mente y darle otro sentido a su vida. Y a pesar de que todo sonaba positivo, sus hermanos y algunos amigos sentían que algo no encajaba del todo, porque aunque ella seguía viéndose tan fuerte como siempre, les preocupaba que no estuviera procesando realmente el dolor de la última pérdida, la de su padre, ya que no parecía estar pasando el duelo como esperaban ellos, sino más
bien creían que el viaje a Costa Rica era una forma de evadir sus emociones y alejarse de la situación y de la realidad. Eso los dejaba inquietos, pero Lía en todo momento les aseguraba que solo quería encontrar su camino, tranquilizarse y que estaba bien. Así que nadie se interpuso en su decisión. Lía terminó yendo a Costa Rica para ese programa de campo de la universidad y antes de ir dejó a su hermana mayor cara a cargo de sus finanzas y cuentas en Estados Unidos mientras ella estuviera en el extranjero. Pues a sus 23 años con
todo lo ocurrido, había recibido una buena herencia por parte de sus padres, lo que le permitía viajar con tranquilidad y disfrutar con más comodidad. Aún así, era joven y estaba aprendiendo a gestionar su dinero. Por eso quería cuidarlo bien durante esta experiencia y dejar a su hermana mayor a cargo.
En este viaje a Costa Rica, Lía no iba sola. Además de sus compañeros de clase, tenía a su lado a una amiga muy cercana llamada Nicole, a quien conoció en la universidad. Ambas estaban emocionadas por esta salida académica que duraría unas semanas y que según ellas sería parte de la transformación personal que cada una vivía en ese momento.
Durante el viaje Elía parecía completamente alegre, metida de lleno en la cultura local, practicando español con la gente, disfrutando cada instante y eso era algo muy bueno de ver. Sin embargo, Nicole, su amiga, que la conocía desde hacía años y sabía todo por lo que había pasado y estaba pasando, también estaba preocupada porque, aunque por fuera todo parecía perfecto, temía que su amiga estuviera yendo demasiado rápido, sin procesar el duelo, ya que nunca la vio triste ni llorando por su padre.
Y de hecho su mente parecía estar en otro lugar y era algo que resultaba de cierta manera algo alentador, pero también muy extraño. Aún así, no surgió ninguna otra señal de alerta además de este comportamiento, por lo que nadie hizo nada al respecto. De este modo, las semanas transcurrieron hasta que Nicole regresaron a Estados Unidos, a Carolina del Norte.
Allí Lía llegó completamente renovada con una mentalidad superferente, decidiendo casi de inmediato que iba a vivir con su amiga Nicole en un apartamento juntas y que también abandonaría la universidad. Ese deseo de dejar los estudios impactó mucho a sus hermanos debido a que para ese entonces solo le faltaba un semestre para terminar la carrera, así que intentaron convencerla, sobre todo su hermano Hit, que le recordaba que el título le daría estabilidad profesional y que aguantara solo un poco más.
Pero Leía no quiso escucharlo. Estaba decidida a dar un cambio total a su vida, explicando que después de todas las pérdidas de los últimos años, había entendido que la vida podía acabarse en cualquier momento y quería vivir todas las experiencias posibles. Además, financieramente no tenía preocupaciones porque, como ya he mencionado, la herencia de sus padres fue grande y le permitía mantenerse cómodamente durante un buen tiempo, sin necesidad de trabajar ni estudiar.
Fue así con todos estos argumentos y esa convicción tan firme que nadie pudo convencerla para terminar la carrera. Al cabo de unos días se mudó con Nicole, adoptó una gatita a la que llamó Bea, que llevó a su nuevo hogar y empezó a mostrar esta nueva versión de su personalidad, una versión que quizás siempre había estado allí esperando salir y que debido a las circunstancias ahora se permitía ser tal y como era.
En esta nueva etapa Lea se comportaba de manera muy diferente a como todos la habían conocido. Dedicaba mucho tiempo a sus hobbies. pasaba horas en su apartamento leyendo, escribiendo poesía, aprendiendo a tocar la guitarra y cuando decidía salir le gustaba ir a diferentes cafeterías para charlar con desconocidos sobre la vida, las aspiraciones y los sueños.
También durante este periodo de tiempo empezó a interesarse profundamente por Jack Kerowack, un autor estadounidense legendario conocido por su estilo espontáneo y viajes sin rumbo fijo por las carreteras de Estados Unidos. Y es que la manera en que Jack escribía resonaba profundamente con Lía, como si describiera la vida que ella imaginaba a largo plazo, pues en varios de sus libros mencionaba que había trabajado como guardabosques en una torre de vigilancia en Desolation Peak, en las montañas del noroeste de Washington, un
lugar completamente aislado. Y contaba como ese empleo era realmente solitario, pasando meses sin apenas contacto humano. Ahí él podía llevar si quería a familiares, a su pareja, pero él estaba solo enfrentando un silencio abrumador cada día de ese trabajo. Además, en esa época, el verano de 1956, no había ningún tipo de distractor para pasar el rato, como es ahora el móvil, el internet, nos ponemos en en los reels.
Así que Jack no tuvo de otra que usar todo este tiempo para expandir su creatividad y escribir obras como The Dharma Bams, donde Jack describe esa vida tan cruda gratificante que vivió allí. Lea quedó completamente cautivada por esta filosofía de vida. Amaba sus libros y esa forma de abrazar la libertad sin ataduras. Sentía una afinidad tan profunda que compartía abiertamente buscando gente que pensara igual que ella.
Todo esto era nuevo para su familia y amigos cercanos que en medio de tantos cambios seguían un poco preocupados e impactados porque aunque siempre es bueno conocer a personas nuevas, Lía podía llegar al punto de abrirse demasiado con desconocidos. Contaba detalles íntimos de su vida sin ningún tipo de filtro desconocidos, pero nuevamente no podían hacer nada frente a esta nueva faceta de Lía.
De hecho, ella parecía feliz y tranquila con la vida que llevaba y eso parecía lo más importante en ese momento. Al fin y al cabo, ella era un alma vieja, como decían todos, buscando algo más allá de una rutina asfixiante de horarios de 9 a 5 y de esa seguridad que muchos consideran ideal. Lea quería encontrarse a sí misma, conectar con sus pensamientos profundos, su sensibilidad única y rodearse con gente que compartiera su manera de querer vivir.
Y era precisamente eso lo que le hacía sentir más cerca del lugar donde quería estar. Así, de este modo empezaron a transcurrir todos los días con idas a cafeterías, poesía, lecturas, sin horario fijo ni trabajo estable, pero viviendo exactamente como ella quería. De esta manera llegamos a la mañana del 9 de marzo del 2000.
Ese día Lía habló como de costumbre con su hermana cara. Conversaron sobre cómo iban sus vidas hasta ese momento sin nada fuera de lo normal. Leía estaba tranquila como siempre y la llamada terminó con la promesa de que se verían pronto. No fijaron una fecha concreta, pero dijeron que pronto se verían. Más tarde, ese mismo día, Lía ya estaba en el apartamento con Nicole y Nicole le dijo que había encontrado una oferta de trabajo para ganar un poco de dinero extra y se trataba de que al día siguiente las dos fueran a cuidar a unos
niños. Lea aceptó sin problemas porque le parecía un buen plan. Después de esta conversación, Lía se quedó en el apartamento mientras que Nicole se fue a su trabajo. Así transcurrió esa noche hasta que Nicole regresó más tarde y se dio cuenta de que Leía no estaba en casa.
Ni ella ni su Jeep Cherokee blanco de 1993. En ese momento Nicole no pensó demasiado, simplemente supuso que le había salido, estaría con alguien por ahí, volvería más tarde, eh, porque llevaba una rutina muy impredecible, nunca sabías que hacía Lía, pero se fue a dormir esperando que al día siguiente, cuando se despertara, estaría allí.
Sin embargo, para su sorpresa, cuando llegó la mañana siguiente, Lía no apareció para el trabajo que habían acordado como canguros. Nicole empezó a inquietarse un poco. Este era un comportamiento extraño porque aunque llevaba una vida muy libre, normalmente sí que cumplía con sus compromisos.
Nicole se preguntó si todo estaría bien, pero aún así se fue a trabajar como estaba previsto, esperando que simplemente lo hubiera olvidado y regresara pronto a casa. Sin embargo, lo que al principio parecía algo típico de Lía empezó a volverse cada vez más extraño cuando pasó ese día entero también y luego el siguiente y seguía sin aparecer.
Para ese momento Nicole ya estaba asustada y los familiares, especialmente los hermanos de Lía, también empezaron a notar su ausencia. La última persona de la familia que se había comunicado con ella fue Kara en la llamada que he mencionado antes. Entonces, Nicole se puso en contacto con Kara para preguntarle si sabía algo de Elía, ya que no le explicó que llevaba días sin volver a casa y que temía que le hubiera pasado algo.
Cara le respondió que no, que tampoco tenía noticias de ella ni idea de dónde podía estar, por lo que decidieron actuar rápido. Y ese mismo día, 13 de marzo, Cara presentó una denuncia formal de persona desaparecida ante la policía de Turham, Carolina del Norte. La policía se tomó muy en serio la denuncia e inició de inmediato su investigación para encontrar a Lía.
Pero mientras tanto, al día siguiente, 14 de marzo, Kaara y Nicole fueron al apartamento y revisaron las pertenencias de Lía buscando cualquier pista que les diera una idea de lo que había pasado, ya que querían entender si se había ido por su cuenta o si realmente había ocurrido algo grave. Al llegar a su habitación, se dieron cuenta de que faltaban muchas prendas de ropa.
La habitación estaba prácticamente desocupada y parecía que Lía había empacado todo con cuidado y se había ido. O sea, la habitación estaba prácticamente como si se hubiera mudado de ahí. También llamó la atención que su gata Bea tampoco estaba ni el transportador para llevarla. Eso les hizo pensar que tal vez sí que se había ido voluntariamente porque normalmente solo se llevaba a su gata vea cuando planeaba estar varios días fuera.
Hasta el momento todo parecía una decisión de Lía, pero ¿por qué? ¿Por qué irse así sin avisar a nadie? Con esa pregunta en la cabeza siguieron buscando y encontraron una nota extraña. Por un lado, esta nota tenía el gato de Cheshire, el de Alicia en el país de las maravillas. Y en el otro lado había una nota escrita que decía, “No soy suicida, soy todo lo contrario.
” Junto con una mención a Jack Kerwak. Y también otra nota que decía que esperaba que su hermana Kara no se molestara con ella. Era como un mensaje para decir que se iba y que no se preocuparan, pero todo seguía siendo muy extraño y lejos de tranquilizarlos, esto llenó de más dudas a sus hermanos. Junto a esa nota tan peculiar, encontraron también el dinero del pago del próximo mes del apartamento que compartía con Nicole.

Y fue esto lo que reforzó la idea de que Lía había planeado irse. Eso era algo duro de imaginar, el pensar que había recogido todas sus cosas y se había marchado sin decir nada. De todos modos, con todo lo que encontraron, no se quedaron tranquilos, pero pensaron que volvería en en unos días o tal vez en un mes. Aún así, cara no bajó la guardia.
quería estar pendiente de su hermana menor y aprovechando que todavía tenía poder notarial sobre sus cuentas bancarias, estuvo revisando los registros de la tarjeta de crédito de Lía, esperando encontrar alguna señal de dónde podía estar según los movimientos que hiciera. Al revisar estos registros, Cara encontró varios movimientos que contaban su ruta.
El primero fue el 9 de marzo, el día de la desaparición y este movimiento se registró a las 10 de la noche como el pago de una habitación en un motel cerca de Main Street. Luego aparecieron transacciones del día siguiente por una gasolinera, comida y pagos avanzando hacia el oeste por la interestatal 40 hasta el extremo en California.
Y la última actividad registrada fue una compra en una gasolinera poco después de medianoche del 13 de marzo en Oregón. Con todos estos datos, todo indicaba que Lía se dirigía a los lugares de los que Jack Kerowak hablaba en sus libros, estos sitios donde había trabajado como guardabosques y que tal vez el plan de Elía era ir hasta ahí, desconectar por completo y desaparecer del mundo durante unos días.
Pero entonces, sabiendo todo esto y conociendo la mentalidad de Lía, ¿por qué siguieron buscándola si parecía que se había ido por su cuenta? ¿Por qué no esperaban a que regresara como otras veces? Pues porque había varias cosas que para la familia no cuadraban. Primero estaba esta nota extraña que decía no soy su y que pedía no preocuparse, pero tampoco explicaba dónde iba, ni por cuánto tiempo, por qué se iba.
Además, había pagado el alquiler del mes por adelantado, lo que sugería que volvería pronto porque estaba pagando el alquiler. ¿Pero cuándo? Y también lo más raro era que el mismo 9 de marzo había aceptado trabajar con Nicole cuidando a los niños al día siguiente y después desapareció esa noche sin avisar. Eso no era muy propio de ella, que siempre cumplía con sus compromisos.
Y todos estos cambios recientes preocupaban porque Elía nunca había actuado así, tan repentinamente, tan impredecible. También era extraño y por eso estaban preocupados y continuaban investigando el tema de que los registros bancarios cesaban abruptamente después de la gasolinera en la madrugada en Oregón. Durante la madrugada en Oregón, todas las alarmas se encendieron cuando después de este pago, durante los días siguientes ya no hubo más movimientos en su tarjeta y la familia sintió que sus alarmas se encendían y sentían que algo no iba
bien. Porque aunque la policía lo clasificó al principio como desaparición voluntaria, Cara y el círculo cercano de Lía insistieron que temían un accidente, un colapso emocional o algo peor en esa ruta solitaria hacia el oeste. Pues después de todo lo extremo que Lee había vivido emocionalmente y sin sobrellevar bien el duelo, según quienes la conocían, no podían quedarse de brazos cruzados esperando ver si regresaba algún día o no.
De esta manera, la búsqueda de Lía continuó. Sus hermanos estaban completamente decididos a encontrar a su hermana y la policía los acompañó durante todo el proceso. Pasaron los días y aunque seguían esperando alguna señal, lo que más temían se hizo realidad, porque desgraciadamente en la madrugada del 18 de marzo del 2000, cerca de Bellingham, Washington, una pareja que recorría cañón Creek Road, una vía secundaria de la autopista Mount Blaker, vio a lo lejos varias prendas de vestir al lado del camino. Algunas colgaban de los
árboles, otras estaban esparcidas por la carretera, siendo esta una escena que llamaba bastante la atención. Esta pareja lo pensó de inmediato que había ocurrido un accidente, así que se acercaron a la curva cercana junto a una pendiente empinada para ver qué era lo que había pasado. Allí descubrieron una camioneta blanca, un Jeep Cherokee modelo 1993, el cual al parecer se había caído por el alcantilado y estaba gravemente dañado.
Y aunque no vieron a ningún herido, la pareja llamó a la policía para informar lo que habían encontrado. Pocos minutos después, cuando los agentes llegaron, confirmaron que el vehículo pertenecía a Lía, por lo que contactaron a su familia para darles la noticia. Sin embargo, al investigar el lugar y el vehículo, se dieron cuenta de que dentro del gym no estaba ella, tampoco había rastro de su gato ni en ni en los alrededores.
Todo era muy extraño, porque cómo podía haber ocurrido un accidente tan grave sin encontrar un cuerpo, sangre, nada. El vehículo estaba simplemente ahí abandonado y destrozado, pero no había tampoco señales de que una persona hubiera estado herida dentro. Y cuando le hicieron las revisiones al vehículo para saber qué había sucedido, determinaron que el Jeep iba a unos 64 km/h cuando salió de la carretera y cayó por la pendiente.
Y no había nada más, ningún otro detalle que pudiera determinar qué le había ocurrido a Lía y dónde estaban ella y su gata. Fue por este motivo que los investigadores llegaron a una conclusión difícil de aceptar para la familia. Y es que pensaban que cuando ocurrió el accidente no había nadie dentro del jeep, lo que apuntaba que el choque había sido simulado intencionalmente, pues lo único que encontraron adentro fue el pasaporte de Lía, su billetera, su carnet de conducir, ropa, su guitarra, otras pertenencias personales, restos de comida para gato, el
transportador de Bea y objetos de valor como $2,500 en efectivo y algunas joyas. Además, dentro de esos objetos se encontraron algo especialmente importante para Lía. El anillo de compromiso de su madre. Este no era un anillo cualquiera, sino una pieza que significaba muchísimo para ella, porque representaba el vínculo tan especial que tenía con su madre.
Lea casi nunca se lo quitaba, así que para sus hermanos fue muy extraño verlo allí, como si se hubiera desprendido de algo que para ella era sagrado. Y eso solo hizo que todo resultara todavía más confuso. Si se había ido por voluntad propia, ¿cómo iba a dejar atrás precisamente ese anillo que tenía tanto valor para ella? O incluso me pregunto también cómo iba a dejar atrás el transportín de la gata, cómo la llevaría.
Todo seguía siendo un misterio, así que los hermanos de Lía viajaron rápidamente a Washington para ayudar en la investigación. Querían entender qué había pasado realmente con su hermana, porque cada detalle parecía contradecir la idea de que se hubiera ido de manera voluntaria. Porque si Lea había planeado irse, ese anillo no tenía sentido dentro de la escena, ni el transportín de la gata, el dinero.
Por suerte, una revisión más exhaustiva del vehículo aportó una pista clave sobre sus últimas horas. Entre sus pertenencias encontraron una entrada para la proyección de American Beauty del 13 de marzo en el Bellis Fair Mall en Bellingham, Washington. Eso sugería que Lía había estado ahí después de haber puesto gasolina en Oregón.
Así que la policía fue de inmediato al lugar y cerca del cine encontraron una zona llena de restaurantes donde Hill y Kara creían que Lía pudo haber ido a comer. Fue entonces cuando comenzaron las entrevistas. Los investigadores hablaron con empleados, clientes de los distintos restaurantes, esperando que alguien pudiera recordar haber visto a Lía días atrás.
Y después de tanta insistencia, un encargado confirmó que sí que la había visto el 13 de marzo. Había visto a Lías sentada en la barra comiendo, pero no estaba sola, sino que estaba hablando con dos hombres. Esa información levantó inmediatamente sospechas y con la ayuda de este testimonio y la difusión del caso consiguieron al poco tiempo identificar a esos dos supuestos hombres con los que Lee había estado hablando antes de que ocurriera todo.
Contactaron con uno de los hombres y este confirmó que sí, que había estado con Lía y con otro sujeto más en la misma mesa. Según contó, empezaron a tener una conversación inesperada y bastante profunda hablando precisamente de Jack Kerowak, de sus planes para desconectar y del viaje que Lía estaba realizando. Para él fue una charla intensa de esas que no se olvidan fácilmente, pero después de eso dijo que Lías se había ido con el otro hombre que estaba ahí y que él no supo nada más de lo que ocurrió después.
cuando hablaron con el segundo hombre, que también consiguieron contactar con él, este también corroboró la historia diciendo que sí, que hubo una conversación profunda sobre los planes de Lía y sobre ese deseo que tenía de alejarse durante un tiempo, pero luego cambió los detalles asegurando que él no se había ido con ella, sino que había un tercer hombre en la escena, alguien a quien llamó Barry.
Según su versión, fue Barry quien se marchó con Lía esa noche. Incluso dio una descripción bastante detallada de cómo era su edad aproximada, rasgos físicos y esto permitió elaborar un retrato hablado. Sin embargo, cuando los investigadores volvieron a revisarlo todo, los demás testigos del restaurante no pudieron confirmar la existencia de ese tercer hombre, así que los testimonios quedaron llenos de contradicciones y tampoco había una prueba sólida para incriminar a ninguno de estos dos hombres.
Y por otro lado, este tal Barry seguía siendo un fantasma. Nadie lo había visto. Tampoco había forma de comprobar que realmente existiera. Por lo tanto, la investigación parecía estar completamente estancada en ese punto. No había pistas sólidas, no había indicios claros y tampoco testigos realmente confiables.
Lo único que se supo después fue que un hombre llamó a la oficina del sherifff diciendo que había visto a Lía en una gasolinera de Everett cerca de Seattle. La policía pensó que por fin tenían una pista útil y trataron de obtener más detalles, pero la llamada se cortó y nunca pudieron identificar a la persona que llamó, así que no quedaba mucho más, salvo la última grabación conocida de Lía en aquella gasolinera de Oregón, donde pagó combustible antes de desaparecer.
En esta grabación se la veía normal, aunque parecía mirar hacia atrás de vez en cuando, pero como no había otra cámara en esa zona, no se veía hacia donde ella miraba, así que nunca pudieron confirmar si estaba sola o si había alguien con ella. Aún así, durante las semanas siguientes de abril siguieron organizando una búsqueda exhaustiva en la zona del accidente con la esperanza de encontrarla.
Usaron perros entrenados para detectar cadáveres. Detectores de metales. Detectores de metales precisamente porque eh Lea tenía una placa metálica en la pierna desde el accidente que había tenido e incluso hubo helicópteros de búsqueda por la zona. hicieron todo lo posible por encontrar alguna evidencia, pero no aparecía nada más que aclarara realmente qué había sucedido.
De esta manera pasó el tiempo sin nada nuevo, sin ningún indicio, hasta que en 2006, 6 años después de la desaparición de Lía, el oficial Mark Joseph, quien había estado a cargo del caso desde el principio, decidió revisar todo de nuevo con la intención de encontrar alguna pista fresca.
Para ese momento, el jeep de todavía se conservaba como evidencia principal guardado por la policía, porque la familia quería que permaneciera intacto para futuras revisiones tecnológicas. Mark Joseph pasó sus archivos a dos detectives más jóvenes y al analizar el vehículo de nuevo revisaron algo que no se había examinado antes, el capó y el motor del coche.
Ahí encontraron que un cable del motor de arranque había sido cortado, lo que permitía que el coche acelerara solo sin que nadie presionara el pedal del acelerador, siendo este descubrimiento el que confirmó las sospechas iniciales. No había nadie dentro del coche en el momento que cayó por el acantilado. Todo había sido intencionalmente simulado.
También volvieron a examinar las pertenencias de Lía, incluyendo la ropa encontrada esparcida. En una de las prendas descubrieron una huella dactilar de un hombre y eso reavivó la idea de que sí había un tercer implicado, este supuesto Barry mencionado por uno de los testigos. Pero como nunca lo habían podido identificar, no avanzaron mucho con esta información.
Lo único que pudieron hacer fue volver a contactar a los dos hombres que hablaron con Lía. Al primero le tomaron las huellas dactilares, pero no coincidían. Y el segundo, el que mencionó a Barry, ya no vivía en Estados Unidos. se había mudado años atrás a Canadá y no pudo asistir. En realidad, era él quien más sospechas levantaba porque se descubrió que él tenía experiencia como mecánico, algo que encajaba con el tipo de manipulación que se encontró en el vehículo.
Aún así, tuvieron que pasar algunos meses hasta que con ayuda de las autoridades canadienses pudieran localizarlo. Cuando lo localizaron le tomaron las huellas dactilares, le hicieron pruebas de ADN, pero nada coincidió tampoco. y sin ninguna otra prueba para incriminarlo, lo dejaron libre y no lo investigaron más.
Fue así que el caso quedó completamente estancado. No hubo ninguna pista adicional y pasó el tiempo sin que, lamentablemente, la familia de Lía ni sus amigos recibieran una respuesta sobre lo que le había sucedido. Y hasta día de hoy este sigue siendo un caso sin resolver. Nadie sabe qué pasó con Lía Roberts.
Lo único que existe hoy son diversas teorías que han surgido a lo largo de los años y que buscan darle un cierre a esa desaparición. La primera teoría plantea que Lías simplemente decidió desaparecer por completo voluntariamente. Dejó el jeep manipulado como distracción, permitió que el vehículo cayera y luego se fue con su gata hacia las montañas para empezar una nueva vida inspirándose en la filosofía de Jack Kerowak que tanto admiraba.
A mí me resuena un poquito esta teoría por el tema de que desapareció sin decirle nada a nadie. Y si tú te vas sin decirle nada a nadie, encaja que sea una desaparición voluntaria. Sin embargo, la segunda teoría apunta a un secuestro. Según esta versión, el misterioso Barry del restaurante pudo haber convencido a Lía de ir con él o incluso haberla seguido desde el lugar.
La manipulación del cable, la huella desconocida y el ADN masculino encontrado en su ropa sugerían que alguien ajeno estuvo involucrado y que alguien se la pudo haber llevado a la fuerza. Y la tercera teoría es la más siniestra. plantea la posibilidad de que Lía pudo haberse quitado la vida debido a que esa nota en la que escribía que no era suicida, sino todo lo contrario, podría interpretarse de otra manera si se lee entre líneas, ya que Lía era una persona muy sensible y quizá estaba diciendo justo lo opuesto.
También podría haber planeado todo y al momento del accidente haber sido despedida del jeep por la pendiente antes de que el vehículo terminara de caer y su cuerpo habría quedado oculto en el bosque denso sin que los perros ni los helicópteros consiguieran encontrarlo. Sin embargo, esto no dejan de ser teorías. La realidad es que el caso de Lia Roberts sigue abierto esperando que algún día aparezca esa pieza que lo explique todo.
Hasta hoy, la familia de Lí sigue esperando una respuesta que nunca ha llegado. Sus hermanos han mantenido vivo su recuerdo y han insistido en que el caso no se olvide, porque para ellos Lía no fue solo una desaparición más, sino una pérdida que dejó demasiadas preguntas abiertas. A lo largo de los años, cada pista nueva ha parecido acercarlos un poco a la verdad, pero ninguna ha sido suficiente para cerrar el vacío que dejó su ausencia.
Así finaliza este caso, el caso de Lea Roberts, que sigue siendo un caso muy misterioso que no solo intriga por lo extraño de los hechos, sino por todo lo que hay detrás. Una familia marcada por tantas tragedias, una joven que intentaba reconstruirse y una desaparición que todavía no tiene respuesta.
Tal vez algún día aparezca una pieza que lo cambie todo, pero por ahora solo queda la duda de qué fue lo que realmente pasó con Lía y su gata. Vea, me encantaría leer vuestras opiniones en comentarios porque quiero saber después de escuchar todo el contexto del caso, ¿qué piensa cada uno? ¿Estáis de acuerdo con alguna de estas tres teorías? ¿Pensáis que podría haber algo más? A mí la primera teoría siento que tiene sentido porque realmente desapareció voluntariamente de su ciudad.
Se fue, cogió el coche y se fue sin decirle nada a nadie. Pero tanto desaparecer voluntariamente y nunca jamás regresar a su vida, nunca jamás comunicarse con sus hermanos, hacerles esto. No lo veo no lo veo propio de hacer de una persona. Por otro lado, me da la sensación de que la salud mental de Lía llegó a su punto de quiebre y que tras leer todos estos libros, esta filosofía, probablemente en el momento de los hechos no estaba en un buen lugar.
Con la teoría que más estoy de acuerdo creo que es con la segunda, que se trató de un secuestro, dado que sabemos que Lía era una persona que hablaba muy abiertamente con desconocidos, no tenía problemas en explicar detalles. Si se encontró con una mala persona a la que le explico, sí, estoy sola, viajando sola con mi gata, solo ella y yo, mi familia no sabe dónde estoy, no tengo padres, no sé qué.
Pues esta persona podría decir, pues esta chica es un blanco fácil para mí. El tema de que en la ropa hubiera huellas dactilares, una huella dactilar, ADN de un hombre desconocido, es un poco extraño. También se me hace muy extraño el segundo hombre, el que se fue luego a Canadá.

No sabemos por qué se fue a Canadá por trabajo, porque huyó de la investigación. No lo sabemos. Eh, ¿por qué mencionó un tercer hombre y nadie más lo vio? El primer hombre dijo que Lía se fue con este segundo hombre. Es todo muy extraño y ojalá algún día tengamos una respuesta. En este caso, evidentemente, si la hubiera traería la actualización al canal.
Ojalá llegue ese día. Pero hasta el momento. Dejad en comentarios qué opináis vosotros y si os ha parecido interesante, informativo este vídeo, no olvidéis dejar un me gusta, echarle un vistazo a la descripción donde he dejado el enlace de Beter Help. Gracias por ver mi vídeo y nos vemos en el próximo.