Posted in

El Guardián del Altiplano: El Vínculo Sagrado del Niño Olvidado en las Alturas de los Andes

El Guardián del Altiplano: El Vínculo Sagrado del Niño Olvidado en las Alturas de los Andes

Don Severo: Quédate en este tambo de piedra fría, Gabriel; el viento helado de los Andes te enseñará a ser agradecido mientras yo me encargo de regularizar las propiedades de tu difunto padre.

Gabriel: Tengo mucho miedo del granizo que cae sobre el Altiplano, tío Severo; por favor, no me dejes solo en este refugio abandonado donde la noche devora los cerros nevados sin piedad.

Don Severo: Tu padre ya no está para consentir tus caprichos y ahora soy yo quien administra la hacienda; aprende a sobrevivir con lo que encuentres entre estas rocas hasta que decida regresar.

Gabriel: (Viendo alejarse el caballo de su tío entre la neblina) Madre mía, tú que me cuidas desde el cielo de los justos, dale calor a mis manos y no permitas que el frío congele mi corazón en esta soledad.

Amaru: Tus lágrimas congeladas asustan a las vicuñas que pastan en los bofedales altos, pequeño niño de los valles; la tristeza consume la energía que tu cuerpo necesitará para soportar el friaje.

Gabriel: ¡Por favor, no me hagas daño con tu lanza, señor de las cumbres! Mi tío Severo me dijo que los hombres del Altiplano eran cazadores feroces que no perdonaban a los extraños.

Amaru: Las palabras de tu pariente están llenas del fango de la codicia; mi nombre es Amaru, que significa serpiente sagrada, y he venido a compartir contigo este plato de chuño caliente.

Gabriel: (Tomando la vasija de barro con manos temblorosas) El chuño está muy tierno y ha devuelto la fuerza a mis piernas; gracias por no dejarme morir en este rincón olvidado del mundo.

Amaru: Este tambo de piedra perteneció a mis antepasados, quienes vigilaban los caminos del inca con respeto; te enseñaré a encontrar las raíces medicinales y a recolectar el agua limpia del pukio oculto.

Gabriel: Quiero aprender a caminar por las laderas como lo hace tu gente, Amaru; ya no quiero volver al pueblo donde mi tío me castigaba y ocultaba los documentos de mi herencia familiar.

Amaru: Los Andes son una maestra severa que premia la paciencia y castiga la soberbia; si escuchas el silbido del viento entre los queñuales, comprenderás que los Apus nunca te dejarán solo.

Gabriel: He memorizado las primeras palabras de agradecimiento en la lengua de tus abuelos, Amaru; mañana quiero ayudarte a esquilar las alpacas para confeccionar las mantas protectoras.

Don Severo: (Regresando tres lunas después con una mirada llena de soberbia) ¡Qué clase de humillación es esta! El heredero de las tierras agrícolas conviviendo con los pastores de las alturas.

Amaru: Caballero, su presencia perturba la paz de este bofedal; usted abandonó a esta pequeña criatura para apoderarse de los manantiales que legalmente le pertenecen a él por derecho de sangre.

Don Severo: ¡Cállate, indio de las rocas! Cuando las autoridades del pueblo se enteren de que estás adoctrinando a mi sobrina, vendrán con los soldados a limpiar estos cerros de rebeldes.

Gabriel: ¡No permitas que amenace a Amaru, tío Severo! Él me dio la comida y el poncho que tú me negaste, y todo el pueblo sabrá que falsificaste los papeles de la mina de plata de mi padre.

Don Severo: (Levantando su fusta de montar con una furia incontenible) Cállate la boca, niño malagradecida; pagarás muy caro este atrevimiento y terminarás encerrado en el calabozo de la intendencia.

Read More