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La Guardiana de la Estepa: El Sendero de Reconciliación en los Confines de la Patagonia

La Guardiana de la Estepa: El Sendero de Reconciliación en los Confines de la Patagonia

Don Estanislao: Quédate en este puesto abandonado de la estepa, Clara; el viento blanco de la Patagonia doblegará tu orgullo mientras yo gestiono las tierras que tu padre te dejó.

Clara: Siento mucho terror por las ráfagas que golpean las maderas, tío Estanislao; no me dejes sola en esta llanura infinita donde el frío congela los pensamientos al caer el sol.

Don Estanislao: Tu padre ya no está para protegerte y ahora soy yo quien administra los rebaños de ovejas; aprende a sobrevivir con lo que encuentres en este suelo seco.

Clara: (Viendo alejarse la silueta del caballo entre la polvareda) Madre mía, tú que me miras desde el cielo de los justos, dale calor a mi alma y no permitas que la soledad me destruya.

Lautaro: Tus lágrimas caídas sobre el coirón asustan a los guanacos que buscan pasto, pequeña niña de los pueblos; la tristeza consume las fuerzas que necesitarás para la helada.

Clara: ¡Por favor, no me hagas daño con tu cuchillo, señor de la llanura! Mi tío Estanislao me dijo que los mapuches eran guerreros feroces que atacaban a los extranjeros.

Lautaro: Las palabras de tu pariente están manchadas con el fango de la mentira; mi nombre es Lautaro, que significa traro veloz, y he venido a compartir contigo este trozo de charqui.

Clara: (Tomando el alimento con sus manos entumecidas) La carne seca ha devuelto el calor a mi cuerpo; gracias por no dejarme desamparada en este rincón olvidado del mundo.

Lautaro: Este puesto de pastoreo perteneció a un anciano que respetaba los ciclos de la tierra; te enseñaré a buscar las raíces dulces y a recolectar el agua limpia del arroyo oculto.

Clara: Quiero aprender a conocer los senderos de la estepa como lo hace tu gente, Lautaro; ya no quiero volver al pueblo donde mi tío me maltrataba y ocultaba mi herencia.

Lautaro: La estepa patagónica es una maestra exigente que premia la paciencia y castiga la soberbia; si escuchas el silbido del viento, comprenderás que los espíritus nunca te abandonarán.

Clara: He aprendido las primeras palabras de agradecimiento en la lengua de tus ancestros, Lautaro; mañana quiero ayudarte a reunir las ovejas perdidas antes de que comience el viento blanco.

Don Estanislao: (Regresando tres lunas después con una mirada cargada de avaricia) ¡Qué clase de humillación es esta! La heredera de las mayores estancias conviviendo con los pastores de la llanura.

Lautaro: Caballero, su presencia contamina la pureza de este horizonte; usted abandonó a esta pequeña criatura para apoderarse de los campos que le pertenecen por derecho de sangre.

Don Estanislao: ¡Cállate, indio de la estepa! Cuando las autoridades del puerto se enteren de que estás reteniendo a mi sobrina, vendrán con los soldados a despejar estas tierras.

Clara: ¡No permitas que amenace a Lautaro, tío Estanislao! Él me dio la comida y el poncho que tú me negaste, y todo el pueblo sabrá que falsificaste el testamento de mi padre.

Don Estanislao: (Levantando su fusta de montar con una furia descontrolada) Cállate la boca, niña insolente; pagarás muy caro este atrevimiento y terminarás encerrada en el sótano de la estancia vieja.

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