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Sandra Ávila: Nació Dentro del NARCO y Sus DOS ESPOSOS POLICÍAS MURIER0N a CUCHILLADAS…

Sandra Ávila: Nació Dentro del NARCO y Sus DOS ESPOSOS POLICÍAS MURIER0N a CUCHILLADAS…

El 18 de abril de 2002, un comando de hombres vestidos de negro entró a un gimnasio en la colonia Puerta de Hierro de Guadalajara. Fueron directamente a José Luis Fuentes Ávila, 15 años. El único hijo de Sandra Ávila Beltrán. Se lo llevaron. Sandra hizo lo que haría cualquier madre. Fue a la policía a denunciar el secuestro.

 fue el error más grande de su vida, porque la unidad antisecuestros que recibió la denuncia empezó a monitorear sus llamadas. Y lo que encontró en esas llamadas no era la conversación de una ama de casa aterrorizada por el rapto de su hijo. Era Sandra hablando con Juan Diego Espinoza, alias el tigre, el capo colombiano que era su novio y que operaba para el cártel de Sinaloa, hablando con Ignacio Nacho Coronel, hablando con Ismael, el mayo Zambada.

 La mujer que fue a denunciar el secuestro de su hijo, le reveló a las autoridades exactamente con quién hablaba cuando sus hijos tenían problemas. 17 días después, José Luis fue liberado. El gobierno dijo que Sandra pagó $,400,000 de rescate. Las fuentes extraoficiales dijeron que el dinero lo puso El mayo Zambada, que el cartel rescató al hijo de Sandra, porque Sandra era demasiado valiosa para que el cartel la perdiera.

La AFI tenía el expediente, tenía los registros de las llamadas, tenía el mapa de las conexiones de la reina del Pacífico. esperó 5 años. El 28 de septiembre de 2007, Sandra Ávila Beltrán fue detenida en un restaurante en San Jerónimo, Ciudad de México, junto con el tigre. En el interrogatorio les preguntaron a qué se dedicaba.

 Respondió con la frase que México no olvidó. Soy ama de casa. Vendo ropa y bienes raíces. Ama de casa. 300 joyas. 30 autos deportivos. 15 casas. El apellido más peligroso del narco mexicano en la sangre. Pero hay algo que nadie está contando completamente sobre la historia de Sandra Ávila Beltrán. Porque la mujer que las autoridades llamaron la reina del Pacífico y que el sistema de justicia americano condenó por narcotráfico, nunca consumió cocaína en su vida. Nunca.

 Y la razón que dio cuando le preguntaron por qué no consumía dice más sobre quién era que cualquier sentencia judicial. Los hombres piensan que eres otra mujer desechable si consumes. No te van a respetar. No lo hacía para ser buena persona. Lo hacía para que nadie pudiera tratarla como un trofeo, como algo prescindible, como la mujer que conviene tener cerca mientras sirve y que se descarta cuando deja de hacerlo.

 Y lo más perturbador no es eso. Los dos esposos de Sandra Ávila Beltrán eran comandantes de la policía antidrogas. Los dos terminaron siendo narcos y los dos fueron asesinados acuchilladas por la espalda. El primero por asesinos a sueldo, el segundo igual. Sandra no eligió a hombres del crimen para casarse, eligió a dos policías y el mundo en que vivía los convirtió a los dos en criminales y a los dos en cadáveres.

 Hoy vas a descubrir tres cosas. Primero, ¿quién era realmente Sandra Ávila Beltrán antes de que el mundo la llamara la reina del Pacífico, la joven que quería ser periodista, los dos maridos policías que terminaron muertos y el apellido familiar que la conectaba con el narco más poderoso de México antes de que naciera? Segundo, lo que pasó con el secuestro de su hijo y por qué ese momento que cualquier madre habría manejado de la misma manera fue el principio del fin de su vida en las sombras.

 Y tercero, lo que ocurrió después de que salió de la cárcel americana, la batalla legal para recuperar 300 joyas, 30 autos y 15 casas que el gobierno le decomisó y la demanda de 150 millones de dólares contra la serie La Reina del Sur de Telemundo. Esta es la historia que nadie contó completa y empieza en Mexicali, Baja California, el 11 de octubre de 1960.

La familia en que nació Sandra Ávila Beltrán no era una familia ordinaria. Su madre era María Luisa Beltrán Félix, su padre era Alfonso Ávila Quintero y su tío, el hermano de su madre, era Miguel Ángel Félix Gallardo, el jefe de jefes, el hombre que en los años 70 y 80 construyó el cártel de Guadalajara y que durante una década fue el narcotraficante más poderoso de México.

La familia también tenía parentesco con Rafael Caro Quintero, el capo que en 1985 ordenó el asesinato de la gente de la DEA Enrique Kiki Camarena. El crimen que cambió para siempre la relación entre Estados Unidos y el narco mexicano. Sandra creció en ese mundo. Creció conociendo a los hombres que dirigían el tráfico de drogas más importante del hemisferio occidental en esa época.

Creció oyendo conversaciones que la mayoría de los niños no oyen, viendo reuniones que la mayoría de los niños no ven, aprendiendo, sin que nadie se lo enseñara explícitamente, cómo funciona el poder en el mundo donde nació. Lo que sorprende de su historia es lo que eligió hacer con esa crianza. A los 18 años, Sandra Ávila Beltrán se inscribió en la Facultad de Ciencias de la Comunicación de la Universidad Autónoma de Guadalajara. Quería ser periodista.

La sobrina del jefe de jefes. La mujer que venía del epicentro del narco mexicano. Quería escribir noticias. Sus compañeros de universidad la recordaron años después cuando su nombre empezó a aparecer en los periódicos de otra manera. Dijeron que llegaba tarde a clases, casi siempre dos horas después de que empezaba la jornada, que era seria, callada, con pocas amistades y desconfiada, que era glamorosa de una manera que se notaba. joyas, ropa.

 La manera de moverse que en alguien que viene de donde ella venía no es una afectación, sino la manera natural de existir. Cuando el dinero es parte del paisaje cotidiano, no terminó la carrera, un exnovio celoso la secuestró. El episodio que Sandra mencionó en diferentes entrevistas con la escasez de detalles de quien prefiere no recordar completamente fue suficiente para cambiar el rumbo.

 La carrera de periodismo que empezó en la UAG nunca llegó a su final. Lo que llegó en su lugar fue el primer matrimonio. Luis Fuentes Jiménez era comandante de la Policía Judicial Federal de Baja California, un policía de carrera con rango, con acceso a la estructura institucional que en México de los años 80 manejaba la frontera y el control de lo que cruzaba por ella en ambas direcciones.

 Sandra lo conoció y se casó con él. Tuvieron un hijo, José Luis Fuentes Ávila. Luis Fuentes Jiménez terminó involucrado en el narco. El comandante que había prometido proteger la ley encontró que las mismas fuerzas que rodeaban a su esposa desde que nació también lo rodeaban a él y terminó muerto acuchilladas por la espalda. Asesinos a sueldo.

 El segundo matrimonio siguió el mismo patrón con una exactitud que resulta casi imposible de creer. Rodolfo López Amavisca, conocido como el zurdo, era exagente del Instituto Nacional para el Combate a las Drogas. Otra vez un hombre de las instituciones de seguridad. Otra vez alguien cuyo trabajo oficial era combatir el narco. Otra vez Sandra casándose con alguien del lado del estado.

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