Posted in

OMAR BRAVO: CONFESÓ LA ASQUEROSIDAD QUE LE HACÍA A LA HIJA DE SU PAREJA

Omar Bravo, a las pocas horas estaba en Guadalajara con una  maleta, con dos camisas y con 18 años solo. Y ahí, en esa pensión de jugadores jóvenes en Verde Valle, empezó todo.  La gloria que iba a venir y también el monstruo que nadie vio crecer adentro. Los primeros años en Chivas fueron de paciencia, 3 años en fuerzas básicas, goles en torneos juveniles, reservas, banca, hasta que el 17 de febrero de 2001 contra los Tigres de la Universidad Autónoma de Nuevo León, en un partido que terminó 0 a0,  debutó en el

primer equipo del Guadalajara. Tenía 20 años,  llevaba el número 19 en la espalda. Salió de cambio al minuto 68, no metió gol,  no se notó, pero entró a la historia del club esa misma noche sin saberlo todavía. De ahí en adelante todo fue para arriba. Los goles empezaron a llegar, las titularidades,  las convocatorias a la selección nacional, la gente del estadio Jalisco coreando su nombre y los millones también, porque a partir de cierto punto el sueldo de un goleador de Chivas no es de empleado de

banco, es de figura. Pero junto con la gloria vino otra cosa, la que casi nadie recuerda, la que la prensa de espectáculos contó en su momento y que después se olvidó hasta que el 4 de octubre de 2025,  cuando lo agarraron en aquel bar de Zapopan, todo regresó y los que tenían memoria entendieron que el patrón llevaba demasiados años repitiéndose.

¿Sabes qué hacía Omar Bravo a los 22 años cuando empezaba a ser conocido en el fútbol mexicano? Mientras los aficionados gritaban su nombre, él hacía algo en privado que después negó 20 años.  En 2002, con 22 años recién cumplidos, Omar Bravo tenía una relación. La muchacha se llamaba Claudia Hernández.

Era de Sinaloa, igual  que él, una muchacha bonita, sencilla, educada y tenía 15 años. 15. Cuando Omar la conoció. 15 años en México, hoy y entonces son menores de edad. 15 años son secundaria. 15 años son una  niña. Omar tenía 22. Era una figura en ascenso de Chivas. tenía coche, tenía  sueldo, tenía atención mediática y tuvo una relación con una niña de 15 años que duró varios meses hasta que la niña a los 16 quedó embarazada y a los 16 y medio dio a luz una hija, una hija que Omar Bravo nunca reconoció, nunca

registró, nunca volvió a ver. Cuando Claudia dio a luz, su mamá empezó a buscar a Omar, le mandó recados, le habló al teléfono, fue a Guadalajara a buscarlo a Verde Valle, pero Omar nunca le dio la cara, le cambió el número de celular,  cambió de domicilio y le pidió a su representante de aquellos años, Rubén  Pérez, que se encargara de mantener a esa señora lejos, lo más lejos posible, que no se la cruzara nunca, que si insistía, le dijera que estaba equivocada, que no era el padre. La hija de Omar Bravo, esa

hija que nunca tuvo apellido paterno legal, hoy es una mujer adulta. Vive en Sinaloa y durante toda su vida creció oyendo a su madre llorar cada vez que en la televisión salía un partido  de Chivas, cada vez que aparecía la cara de su padre, cada vez que se hablaba de él en las noticias  deportivas.

Y aquí está el patrón que nadie quiso ver en su momento, porque la historia que estamos contando empieza ahí, no en Zapopan, no en el bar del andador 20 de noviembre, ahí en esa relación de un hombre de 22 años  con una niña de 15, en la huida, en la negación, en la responsabilidad que nunca asumió.

Pero en aquellos años nadie habló de eso fuerte. La prensa de espectáculos sacó dos  o tres notas pequeñas. La historia llegó a algunos programas de chismes y desapareció porque Omar Bravo ya estaba metiendo goles cada fin de  semana, porque Chivas iba a ser campeón, porque la imagen del rebaño sagrado, el equipo solo de mexicanos, el equipo más noble del fútbol nacional,  no podía mancharse con una historia de muchachas menores y embarazos no reconocidos y se cayó.

Como en México se calla todo lo que incomoda, con silencio, con miradas para otro lado, con el aplauso del próximo gol. En 2006, Omar Bravo fue pieza fundamental del título  de Chivas en el apertura. Fue el campeonato más esperado por la afición rojiblanca en años. La gente del estadio Jalisco se vino abajo y unas semanas después fue convocado al Mundial de Alemania por Ricardo La Volpe.

Vistió la verde, le metió dos goles a Irán en el partido de fase de grupos. Se convirtió en uno de los héroes nacionales del verano de 2006. Y mientras él levantaba el trofeo en el Jalisco y celebraba goles en Nuremberberg, allá en Sinaloa, una mujer le enseñaba a su hija pequeña fotos de la televisión y le decía en voz baja  que ese hombre que salía aplaudido era su papá y que su papá no la quería conocer.

Imagina por un momento que tu padre fuera el ídolo de un país entero y que ese mismo padre, cuando tu madre  tenía 16 años cargándote en los brazos, hubiera mandado a su representante a decirle que no la conocía. Esa cicatriz no se cierra con nada. Después de Chivas vinieron otros equipos,  el Deportivo La Coruña, en España, una temporada corta, sin destacar, el Sporting Kansas City  en Estados Unidos.

goles, títulos en la MLS, el Tigres, el Atlas, el Cruz Azul y regresos a Chivas. Hasta que en 2018, después de un paso  final por los Leones Negros de la Universidad de Guadalajara en la Liga de Ascenso, Omar Bravo colgó las botas a los 38 años. Se retiró como el máximo goleador histórico del Guadalajara.

132 goles oficiales más que Salvador Reyes, el mítico Chava Reyes, gloria de los años 50  y 60, más que cualquier otro jugador en la historia del rebaño sagrado. Era  leyenda viva a los 38 años, con un nombre escrito en piedra en la historia del fútbol mexicano y con una vida personal que ya empezaba a oler raro adentro de la propia casa que  se había armado.

Y hay algo de esos años que casi nadie cuenta, algo que en los vestidores de Chivas se sabía, algo que la prensa nunca escribió por miedo a quemar la imagen del rebaño. En los años posteriores al embarazo de Claudia Hernández, Omar Bravo nunca cambió de patrón. La prensa lo vio rodeado de mujeres en discotecas de Guadalajara, en bares de Polanco, en eventos sociales del fútbol mexicano.

Hubo varias relaciones cortas, hubo escándalos pequeños que aparecieron en programas de espectáculos y desaparecieron a los pocos días. Hubo rumores que circulaban en los vestidores y que los compañeros de equipo no se atrevían a poner por escrito. Lo que sí se sabe y lo que él mismo confirmó en entrevistas de aquellos años es que prefería relacionarse con mujeres mucho más jóvenes que él, que la diferencia de edad le parecía algo natural, que las muchachas mayores no le llamaban la atención.

En  2015, en pleno cierre de su carrera con Chivas, Omar Bravo apareció en una entrevista en televisión hablando de sus parejas anteriores. Lo dijo con una sonrisa, lo dijo como una broma y la entrevista, que en su momento pasó sin mayor escándalo, hoy se ve completa con otros ojos.

Hoy esa sonrisa es escalofriante. Esa entrevista existe, está en archivos de televisión mexicana y va a regresar al final. Cuando Omar Bravo se retiró del fútbol profesional en 2018, tenía la vida resuelta económicamente, una casa amplia en Zapopan, una camioneta, cuentas bancarias con dinero suficiente para no tener que trabajar el resto de la vida.

Read More