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MR NIEBLA: LA ASQUEROSA VERDAD DETRAS DE SU MUERTE EN CMLL

niebla antes de la máscara, antes del CML, antes de las botellas de whisky en los hoteles. Hay que ver primero al niño que veía lucha libre por televisión los sábados por la tarde con su papá. El único momento de la semana en que Tiburcio Márquez Pérez no estaba borracho. El único momento en que padre e hijo se sentaban juntos en el sillón y el momento que iba a definir sin que ninguno de los dos lo supiera, la carrera del más pequeño de los Márquez Pérez.

Los sábados por la tarde, a las 6 en punto, el papá Tiburcio prendía el televisor blanco y negro, ponía el canal 4 de Televisa y empezaba la transmisión de lucha libre desde la arena pista Revolución, una arena pequeña que ya no existe, ubicada cerca del monumento a la revolución. Carmen y los dos hermanos mayores de Efrén, Roberto y Juan, se iban al patio o al cuarto, porque al papá Tiburcio le molestaba que hablaran mientras transmitían la lucha.

Pero el pequeño Efrén, de 5 años, 6 años, 7 años, se quedaba al lado del papá viendo en silencio, sin hacer ruido, sin preguntar, solo viendo. Vio a Blue Demon, vio al Santo, vio a 1000 máscaras. vio a Huracán Ramírez y vio en 1979, cuando tenía 6 años, a un luchador joven llamado Lismark, que en pocos años se iba a convertir en uno de los más grandes técnicos del CMLL.

Ese día, viendo a Lis Mark volar desde la tercera cuerda en blanco y negro, el pequeño Efrenti Burcio decidió, según contaría a su esposa Rosa María 30 años después, que él quería ser luchador, quería usar una máscara. Quería que la gente lo aplaudiera como aplaudían a Lis Mark. No le dijo nada al papá ese sábado.

Tenía miedo de que el papá Tiburcio se burlara. Lo dejó guardado dentro de la cabeza. Pero a partir de esa tarde, los sábados a las 6 en punto, el niño se sentaba al lado del papá con un cuaderno escolar y dibujaba máscaras de luchadores. Las dibujaba mientras la lucha pasaba en la pantalla y cuando el papá no veía, se llevaba el cuaderno al cuarto, lo escondía debajo del colchón y soñaba con ser él el que estuviera en la pantalla.

Lo que ese niño todavía no sabía, lo que ningún sábado de televisión podía enseñarle. era que la misma costumbre del papá Tiburcio, esa costumbre que el barrio Pencil consideraba normal, ya estaba sembrada dentro de su propio cuerpo y que algún día, 30 años después iba a destruirlo. Efrenti Burcio terminó la primaria en la escuela primaria Vicente Guerrero de la colonia Pennil.

Era un niño promedio, callado, sacaba buenas calificaciones, le gustaba dibujar y los recreos, en lugar de jugar fútbol con los demás niños, se iba a la barda del patio a hacer lucha libre con un amigo que se llamaba Carlos Hernández. A los 12 años entró a la secundaria técnica número 39, ubicada en la colonia Atlatilco.

Y a los 12 años también empezó a ir al gimnasio Nuevo Jordán. un gimnasio pequeño de la calle Manzano de la colonia Penncil, donde entrenaban luchadores independientes los fines de semana. El dueño del gimnasio, un ex luchador llamado Fishman, vio al chamaco Efrén entrar al gimnasio una tarde de 1985. lo vio hacer una vuelta de carro perfecta y le dijo que si quería podía entrenar gratis a cambio de barrer el suelo cada noche.

Efrén aceptó y durante 3 años, todas las tardes, cargó la mochila escolar al gimnasio Nuevo Jordán a las 5, entrenó 2s horas con luchadores mayores y barrió el suelo a las 9 antes de regresar caminando a la casa de hortelanos. Para entonces, su papá Tiburcio ya estaba dormido en el sillón. Su mamá Carmen ya había terminado de lavar los trastes y los dos hermanos mayores dormían en el otro cuarto.

Aquí en esos años de adolescencia, mientras Efrenti Burcio entrenaba en el gimnasio Nuevo Jordán y soñaba con ser luchador profesional, empezó algo en su propia casa que ningún niño debería tener que cargar, algo que su papá Tiburcio empezó a hacer con él cuando cumplió 8 años y algo que él mismo durante toda su vida adultaba a callar.

Ese tema lo vamos a ver en su momento. A los 16 años se presentó a una prueba en la arena Pista Revolución, la misma arena donde de niño veía a Lismark volar en blanco y negro. El promotor lo vio dar una vuelta de carro doble en el cuadrilátero. Le dijo que tenía talento y le ofreció un contrato de aprendizaje. 100 pesos por función.

Una función a la semana. Efren firmó el contrato en 1989. Tenía 16 años. Su primer nombre artístico fue el verdugo plateado, un personaje técnico que usaba máscara plateada con detalles rojos. Luchó durante 3 años en Arenas Independientes del Estado de México y Hidalgo. Ganaba poco, pero estaba viviendo el sueño.

A los 19 años, en 1992, ocurrió algo que cambió su vida, una llamada telefónica a la casa de hortelanos. Era el dueño del CMLL, el Consejo Mundial de Lucha Libre, la empresa de lucha libre más grande y antigua de México, la empresa del Santo de Blue Demon de 1000 máscaras, la empresa de Lismark, el dueño se llamaba Salvador Lutheroth Jr.

Le había llamado porque un entrenador del CML, viendo una función en pista revolución, había reportado al joven verdugo plateado como talento bruto. Le ofreció una prueba en la Arena Coliseo de la calle República de Perú. Efrén pasó la prueba. Le ofrecieron contrato, pero le dijeron que tenía que cambiar de nombre. El verdugo plateado ya estaba registrado.

Le ofrecieron tres opciones disponibles. La primera, hombre aire. La segunda, místico de la selva. La tercera mis niebla. Efrén pensó dos días y eligió la tercera porque le gustaba cómo sonaba y porque, según le diría años después a su esposa Rosa María, sentía que la palabra niebla cubría algo, tapaba algo. Y él, sin saber bien por qué, sentía que tenía cosas dentro que necesitaba tapar.

Aquí con esa última frase de Lefrenti Burcio de 19 años a su futura esposa Rosa María 30 años después empieza a aparecer la sombra que vamos a destapar a lo largo de este video. La sombra que durante 15 años escondió de todo el mundo y la sombra que según una libreta que su esposa encontró 6 meses después del funeral lo persiguió hasta el último día.

El 22 de febrero de 1992, un mes después de cumplir 19 años, Efrenti Burcio Márquez debutó como Mr. Niebla en la Arena Coliseo. Era una lucha de tercias. Ganaron en dos caídas. Y al terminar, mientras Mr. Niebla saludaba al público con el brazo en alto, en la primera fila había una mujer joven que lo había estado mirando durante toda la lucha.

Una mujer que esa misma noche se acercó al backstage para conocerlo. Una mujer que iba a ser durante los siguientes 27 años la única persona que iba a aguantar todo lo que vino después. Se llamaba Rosa María Hernández Vargas. Tenía 18 años. Estudiaba enfermería. le esperó después de la función, le pidió un autógrafo y Mr.

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