El comisionado Rob Manfred anunció la suspensión de 20 juegos. 20 partidos. En una temporada de 162 juegos. 20 partidos es menos de dos meses. Y luego vino la terapia obligatoria. 52 semanas. Un año completo sentado con un terapeuta hablando de por qué no se le pega a una mujer. Urías aceptó. Dijo que lo entendía, dijo que había aprendido.
Dijo que no volvería a pasar. Los jugadores de grandes ligas deben mantener un estándar más alto de conducta, sus propias palabras. ¿Y qué hizo México con eso? Lo mismo que siempre hace con los ídolos. Esperar. Esperar a que regresara. Esperar a que las 52 semanas terminaran, esperar a que la suspensión se cumpliera.
Y cuando volvió al campo, México lo recibió como si nada hubiera pasado. 2019 terminó, 2020 empezó. La pandemia, la serie mundial, los 32 años de espera de los Dodgers terminados con el último pitch de Urías. Y nadie habló del Beverly Center. Nadie. Ese silencio fue un mensaje, no un mensaje que nadie envió conscientemente, un mensaje que el silencio mismo transmitió.
El mensaje era, “Aquí no pasó nada.” El mensaje era, “Eres demasiado bueno para que esto importe.” El mensaje era, “El béisbol borra lo demás.” Y Urías lo recibió. cualquier persona lo hubiera recibido. ¿Qué pasó después de que Daisy aguantara esa noche y cubriera a su agresor? Pasó lo que siempre pasa en esas historias que México conoce de sobra, pero que no quiere nombrar.
que el hombre que golpea y no enfrenta consecuencias reales aprende que puede volver a hacerlo, que si la mujer mintió por él la primera vez, las probabilidad de que mienta otra vez es muy alta, que el patrón no termina con la terapia obligatoria, termina cuando hay consecuencias reales y en 2019 no las hubo y Daisy siguió ahí 4 años.
Quiero que imagines eso por un momento. 4 años en los que Julio Urías ganó la Serie Mundial de 2020. Fue recibido en Palacio Nacional. Ganó 20 partidos en 2021. Lideró la efectividad en 2022. Rechazó 300 millones de dólares y Daisy siguió ahí. ¿Por qué? No hay una respuesta simple. Lo que sí hay es un patrón que cualquiera que lo ha visto desde adentro reconoce.
La agresión va seguida del arrepentimiento. El arrepentimiento va seguido de la calma. La calma te hace creer que el hombre que lastimó ya no va a volver. Y cuando la calma se rompe otra vez, ya llevas años construyendo la vida con ese hombre. Daisy conoció a Julio Urías cuando era un prospecto de béisbol con un sueño enorme y una historia conmovedora.
El muchacho del ojo malo, el que venció las operaciones, el que lanzaba con esa recta zurda. Ese fue el hombre del que se enamoró. Y ese hombre seguía existiendo en los periodos donde no había agresión. El campeón de la serie mundial que lloraba en el Dagout, el que recibió el premio nacional del deporte, el que era el orgullo de México.
Ese hombre también era real. Son dos versiones del mismo hombre. Y Daisy nunca supo cuándo iba a aparecer cada una. Hasta que en el estacionamiento del estadio BM o con las cámaras de un transeunte, ya no hubo manera de mentir, porque esta vez alguien lo grabó. Y ese video es la evidencia de algo que Daisy había estado viviendo durante años.
Pero antes de llegar al video, hay algo que me cuesta más decir que el video mismo. Los 300 millones de dólares. Y la pregunta que esos 300 millones obligan a hacer, ¿qué estaba esperando un hombre que lo tenía todo y que en ese mismo momento ocultaba algo más que pegarle a su mujer en su casa? Esta es la segunda y esta es la que me incomoda más contar porque lo que revela sobre este hombre va más allá del béisbol. 20202.
Los tres mejores años de la carrera de Julio Urías. Campeón de la serie mundial en 2020. 20 victorias en 2021. El único piter de toda la MLB en lograrlo ese año. Líder de efectividad de la Liga Nacional en 2022 con 2,16 en 31 aperturas. Finalista al Sai Young ese mismo año. Esos números son los de un lanzador en la cima de su deporte.
Y Scott Boras, el agente más poderoso del béisbol, fue a los Dodgers a negociar el contrato más grande de la historia del béisbol mexicano. Los Dodgers pusieron 160 millones de dólares sobre la mesa. Urías dijo que no entiende lo que significa eso. 160 millones de dólares es más de 3000 millones de pesos mexicanos.
Con eso podrías comprar más de 3000 casas de clase media en Culiacán. Urías dijo que no. Los Dodgers subieron a 200 millones. Urías dijo que no. Los Dodgers llegaron a 245 millones por 7 años y según ESPN la oferta podía alcanzar los 300 m000ones si se ajustaban los términos. 300 millones de dólares, 6,000 millones de pesos al tipo de cambio de ese año.
Urías dijo que no estaba esperando más. Estaba esperando el contrato histórico, el que nadie había firmado antes, el que lo convirtiera en el mexicano mejor pagado de la historia del béisbol. ¿Cuánto es suficiente? Esa pregunta tiene una respuesta obvia. cuando se trata de dinero. Pero cuando la aplicas a esta historia, cuando te preguntas cuánto es suficiente para destruir tu carrera, para perder el béisbol que fue toda tu vida, para que la historia que México iba a contar sobre ti se convirtiera en la que es. La
pregunta se vuelve más dura porque para llegar al 3 de septiembre de 2023, Urías no necesitaba nada más. tenía todo. El mejor contrato de la historia del béisbol mexicano sobre la mesa. El nombre más respetado del béisbol latino. La Copa de Campeones de 2020, la admiración de un país entero. Y aún así llegó al estacionamiento del BMO con Daisy, con la mano zurda, con todo lo que tenía que perder.
¿Qué estaba esperando? No lo sé. Lo que sí sé es que mientras rechazaba esos contratos, mientras Scott Boras negociaba, mientras los periodistas especulaban con las cifras, adentro de esa casa, Daisy Pérez vivía con lo que vivía. 4 años después del Beverly Center, 4 años después de decir que se había caído sola, 4 años después de la terapia de 52 semanas, Daisy seguía ahí y Urías seguía siendo Urías.
¿Qué pasó en esos 4 años? No hay una cámara que lo documente, no hay un policía que recibió una llamada. No hay un reporte oficial de nada. Pero hay algo que los fiscales de Los Ángeles encontraron cuando revisaron el historial completo del caso. Un cargo adicional de agresión doméstica que involucraba una relación de noviazgo previa. Daisy no fue la única.
Había otra mujer antes que vivió algo similar. Y eso convierte los dos arrestos en algo más que dos incidentes separados. Los convierte en una manera de ser. El cuadro que se forma cuando lo ves completo no es el de un hombre que pierde el control en momentos difíciles. Es el de un hombre que nunca tuvo que cambiar porque nunca pagó el precio real por lo que hacía.
Mientras tanto, en el mundo público, los Dodgers y Scott Boras seguían negociando. Los periodistas de béisbol seguían escribiendo sobre cuándo iba a firmar el gran contrato. AMLO lo había recibido en palacio. México lo amaba sin condiciones y nadie, ningún periodista, ningún comentarista, ningún analista de béisbol conectó los puntos.
Porque en 2019 la historia fue pequeña, porque Daisy dijo que se había caído. Porque sin cargos formales, sin sentencia, sin nada concreto a que aferrarse, México eligió no ver y Daisy siguió ahí. Ese no es un detalle menor. Eso dice algo sobre el nivel de influencia que Julio Urías ejercía en esa relación. Cuando un hombre tiene ese dinero, ese nombre y esa fama, la mujer que vive con él no puede simplemente irse.
Hay una vida construida alrededor de su nombre. Hay el miedo de lo que podría pasar si lo deja. Eso no se supera con querer. Se supera cuando alguien de afuera interrumpe el ciclo. Y nadie interrumpió nada y Daisy lo cargó durante años. Y el 1 de septiembre de 2023, dos días antes del arresto, Julio Urías lanzó su último partido con los Dodgers contra los Braves de Atlanta.
Nueve hits, cinco carreras, cinco entradas. Dave Roberts lo sacó del montículo. Dos días después llegó el 3 de septiembre y ya no volvió al montículo nunca más. No por una lesión, no por la edad, no frente a 50,000 personas. En el estacionamiento del estadio BMO, con la mano zurda, con Daisy, con las cámaras de un transeunte que no se movió.
Ese video existe y lo que muestra no te va a dejar dormir tranquilo esta noche. Esta es la tercera. 3 de septiembre de 2023, Estadio BM. o Los Ángeles, California. Exposition Park, al sur del centro de la ciudad. Un domingo de septiembre, el partido es entre el LFC y el Inter Miami, un partido de la MLS, pero no cualquier partido.
Lionel Messi juega para el Inter Miami y cuando Messi juega en Los Ángeles, todo el mundo quiere estar ahí. Julio Urías lleva a Daisy a ver el partido. Para ellos debería ser una noche normal. El mejor pitcher mexicano y su esposa en un partido de fútbol en una ciudad donde los dos viven. No había nada que indicara que en ese mismo estacionamiento, en esa misma noche, la carrera de Uría se iba a terminar para siempre.
El partido termina. salen del estadio, entran al estacionamiento y algo en algún momento detona la discusión. No sabemos qué fue. Los documentos legales no lo especifican. El video tampoco lo explica. Lo que el video muestra es lo que vino después. Un transeunte que caminaba por el estacionamiento vio lo que estaba pasando y sacó el teléfono.
Las imágenes son claras, sin ambigüedad. Uría se abalanza sobre Daisy, la empuja contra una reja metálica, le jala el cabello, le jala los hombros y luego con la mano izquierda le lanza un puñetazo. La mano izquierda, la misma con la que cerró la Serie Mundial de 2020. La misma que México aplaudió de pie en Arlington, Texas.
La misma que AMLO apretó en Palacio Nacional. la misma que valía 300 millones de dólares. Gente alrededor intenta separarlos. Urías continúa. Un ciudadano llamó a la policía. Los oficiales llegaron al estadio BMO y encontraron la situación. Determinaron que había ocurrido un altercado físico. Arrestaron a Urías por sospecha de delito grave de violencia doméstica.
Lo procesaron. Fianza de $50,000. Pon eso en perspectiva. El hombre que rechazó 300 millones de dólares salió de la cárcel con una fianza de 50,000, menos del 0,02% de lo que le ofrecieron. Salió al día siguiente. La MLB lo colocó en licencia administrativa de inmediato y Dave Roberts, el manager que lo conocía desde los 19 años, el hombre que lo puso en el montículo para cerrar la serie mundial, dijo esto.
Es una de esas cosas que tienes que sentir por toda la situación. Me entristece que sea un puñetazo para todos. Un puñetazo para todos. Las mismas palabras que usó el entrenador para describir lo que Urías le hizo a Daisy sin darse cuenta de lo que estaba diciendo. Un año después, el LA Times publicó el video.
México lo vio. Cinco cargos en total, cuatro desestimados. Uno al que Urías no se opuso. No se declaró culpable, pero tampoco dijo que era mentira. 36 meses de libertad condicional, 52 semanas más de terapia, 30 días de trabajo comunitario, orden de protección para Daisy, indemnización económica, sin cárcel. El hombre que golpeó a su esposa dos veces en 4 años no pisó una celda por ese delito más allá de la noche del arresto.
Eso es lo que el sistema le dio. Y la peor parte de toda la historia no es el video, es lo que hizo directamente después de salir de esa celda. ¿A quién fue a buscar? Antes de contarte lo que hizo al salir de la cárcel, hay que detenerse aquí. Porque antes de que este hombre destruyera todo, construyó algo real, algo que México aplaudió de pie y que merece ser nombrado para que entiendas el tamaño exacto de lo que se perdió.
Culiacán, Sinaloa, 12 de agosto de 1996. Julio César Urías Acosta nació con un tumor en el ojo izquierdo. Emangioma capilar, un tumor de vasos sanguíneos que desde que Julio era niño le deformaba el ojo visible que lo hacía diferente, que hacía que los demás niños lo miraran raro. uno de chiquito y más como sabemos que es en México, que tenemos esa forma de ser los niños, pero es parte de eso y uno tiene que aprender a vivir con ello.
Sí, viví mucho ese tipo de cosas, pero nada me quedaba decir. Ya no voy a querer hacer esto o salir a jugar béisbol. Si mi vida siempre ha sido eso. Eso dijo Urías cuando le preguntaron sobre las burlas que recibió de niño. Cuatro operaciones. La primera a los 4 años. La última en 2015.
El tumor no era dañino, no crecía, no invadía otros tejidos, pero el ojo siempre se veía distinto. Y Uría siempre llegó al montículo con lentes para protegerlo. Su padre Carlos fue su primer entrenador, el que lo llevó desde niño a la liga de béisbol infantil y juvenil Culiacán recursos. Y cuando los scouts llegaban a ver a Julio Urías, la primera pregunta era siempre la misma.
¿Qué tienes en el ojo? ¿Vas a poder lanzar con eso? ¿El ojo va a ser un problema para tu carrera? Y Julio Urías tenía siempre la misma respuesta. Dios me dio un ojo izquierdo malo, pero un brazo izquierdo bueno. Esa frase, la misma que México repitió durante años como uno de esos dichos que definen a un deportista. A los 14 años, el scout Mike Brito lo fue a ver, el mismo que décadas antes había descubierto a Fernando Valenzuela.
Y cuando Brito vio a ese muchacho de Culiacán lanzar, reportó a los Dodgers lo que veía. A los 15 años, Julio firmó con los Diablos Rojos del México. A los 16, el 17 de agosto de 2012, los Dodgers lo firmaron. $450,000. Un adolescente de Culiacán firmando con los Dodgers de Los Ángeles. El barrio de la Higuerita, una colonia pequeña de Culiacán, sabía que uno de los suyos acababa de cruzar una puerta que muy pocos mexicanos cruzan.
Las ligas menores comenzaron en 2013. Great Lakes Loons, Rancho Cucamonga Quakes, Tulsa Drillers, Oklahoma City Dodgers, Clase A, clase A+, W A, Triple A, Cuatro categorías, 3 años ascendiendo. En 2014 fue seleccionado para el All Star Futures Game, el juego de las futuras estrellas de las ligas menores.
En 2015 fue clasificado como el mejor prospecto zurdo de todo el béisbol, el octavo mejor prospecto en todas las grandes ligas. Un muchacho de Sinaloa con un tumor en el ojo. Y el 27 de mayo de 2016 con 19 años y 289 días, Julio Urías debutó en las Grandes Ligas contra los Mets de Nueva York. El piter más joven en debutar en las mayores desde Félix Hernández en 2005.
El más joven en iniciar con los Dodgers desde Rex Barney en 1943. Ese debut fue difícil. Tres innings, cinco hits, tres carreras. Lo enviaron de vuelta a las menores ese mismo día, pero los Dodgers sabían lo que tenían. Volvió a ser llamado semanas después. Terminó la temporada con cinco victorias y dos derrotas con 84 ponches en 77 innings.
A los 20 años se convirtió en el lanzador más joven de los Dodgers en lanzar en postemporada y entonces llegó 2017 con su primera sombra. 10 de julio de 2017. Urías lanza en triple A para Oklahoma City una apertura normal y en algún punto de ese partido sintió algo en el hombro izquierdo. El hombro del brazo zurdo, el brazo que era todo. Lo retiraron del partido.
Días después llegó el diagnóstico. Rotura de la cápsula anterior del hombro izquierdo. Cirugía mayor. más de un año de rehabilitación. Para un piter zurdo de 20 años que acaba de debutar en las Grandes Ligas, esa noticia es devastadora. El béisbol tiene una regla no escrita sobre los pitchers zurdos con cirugías de hombro.
Rara vez vuelven siendo los mismos. Los lanzadores pueden recuperarse de codos operados. El famoso Tommy John que tanto Piter ha enfrentado. Pero el hombro es diferente, el hombro es más complejo. Las probabilidades de volver al mismo nivel son menores. Y Urías tenía 20 años, más de un año fuera del campo, sin lanzar, rehabilitando con fisioterapeutas que lo llevaban paso a paso hacia un regreso que nadie sabía si era posible.
Y hay algo que nadie contó de ese año. Mientras Uría se rehabilitaba, mientras su hombro sanaba, mientras el béisbol lo esperaba, falleció su abuela. La misma que había visto nacer al niño de la higuerita que soñaba con las grandes ligas. Urías fue al montículo en la postemporada de 2018 días después de ese duelo. Subió a lanzar y lanzó.
Ese detalle dice algo sobre quién era Julio Urías en el béisbol. El zurdo que operaron cuatro veces del ojo. El zurdo que operaron del hombro. El zurdo que subió al montículo días después de perder a su abuela, el que siempre encontraba la manera dentro del béisbol. 2019 fue su regreso completo como abridor. 2020 fue su consagración.
El año pandémico, la serie mundial en burbuja en Arlington, Texas. Sin fans con el sonido artificial de las tribunas. Yurías fue perfecto, pero antes de la Serie Mundial estaba el juego 7 de la serie de campeonato contra Atlanta. 19 de octubre de 2020, el marcador estaba empatado a tres. Séptimo inning. Los Dodgers un outra.
Dave Roberts salió al montículo y llamó a Urías, el zurdo de Culiacán, el del ojo malo, el que un año antes había completado la terapia obligatoria y volvió a la cancha como si nada hubiera pasado. Urías entró al séptimo inning, retiró a los tres bateadores en orden. Octavo inning, tres bateadores más, tres outs más.
Y en el cierre del octavo con dos outs en el marcador, Cody Bellinger disparó un cuadrangular. Los Dodgers tomaron la ventaja. Noveno inning, Urías siguió ahí. Tres bateadores más. El tercer out, los Dodgers Al World Series. Récord de Urías esa postemporada hasta ese momento. Cuatro victorias, cero derrotas. Efectividad de 0,56 en 16 entradas. 0.56.
Eso no es un número, es un mensaje. Y llegó la serie mundial. Juego 6. 27 de octubre de 2020. Los Dodgers con ventaja de 3 a dos en la serie. Dave Roberts volvió al Bulpen en el octavo inning y volvió a llamar a Uías. 2,1 innings. El bateador que enfrentó para el último out fue Willy Adames. Urías le lanzó, Adames bateó.
La pelota fue al guante de Cory Siger y ahí terminaron los 32 años. Los Dodgers campeones de la Serie Mundial por primera vez desde 1988 y el último out lo grabó un zurdo mexicano de 24 años con cuatro operaciones en el ojo izquierdo. Esa noche, en el DGout de los Dodgers, Julio Urías lloró. Son los tres outs más importantes de mi vida. Aquí estamos campeones.
México entero lloró con él. En 2021 ganó 20 partidos, el único pitcher de toda la MLB en lograrlo ese año. Récord de 20 a3, efectividad de 2,96. En 2022 lideró la efectividad de toda la Liga Nacional. 2,16 en 31 aperturas. Tercero en la votación del Saiang. Esos son los números. Pero lo que no te dicen los números es lo que significaba ver a ese muchacho de Culiacán con el ojo vendado desde los 4 años lanzar en el Dodger Stadium, lo que significaba para México tener un representante así en el deporte más grande de Estados Unidos, lo que

significaba para Culiacán, para la higuerita, para Carlos, el padre que lo entrenó desde niño, para todos los niños. de Sinaloa que lo veían lanzar en el Dodger Stadium y que pensaban que si él pudo, tal vez ellos también podían. Eso es lo que se perdió. No por una lesión, no por la edad, no por falta de talento, por el brazo zurdo que no supo quedarse en el montículo, por la mano izquierda que cerró la serie mundial de 2020 y que 4 años después le lanzó un puñetazo a su esposa en un estacionamiento.
Esa mano, lo que México aplaudió durante años y lo que ese mismo brazo le hizo a Daisy son la misma historia. y tardamos demasiado en verla completa. Pero hay algo que sí pasó en esos años de gloria que nadie conectó con lo que vendría. Algo que los fiscales de Los Ángeles encontraron cuando revisaron el historial completo del caso y que dice más sobre quién era Urías fuera del béisbol que todas las victorias juntas.
Eso te lo cuento ahora. Hay algo que necesito que veas antes de llegar al arresto, porque entre 2020 y 2023 hay 3 años que México vivió como si la historia de Julio Urías fuera una sola, la del héroe. Y era solo la mitad, 2021. Julio Urías llega a la temporada regular con algo que demostrar. La serie mundial de 2020 fue suya, pero los playoffs son una muestra.
El año completo es la prueba y el año completo de 2021 fue el mejor de su carrera. 32 aperturas, 185 entradas lanzadas, 195 ponches, 20 victorias, tres derrotas, efectividad en de 2,96. El único pitcher de toda la MV en ganar 20 partidos ese año. El 2 de octubre de 2021, en su última apertura de temporada regular contra Milwaukee, Urías necesitaba la victoria número 20.
Lanzó 6,1 entradas, permitió una carrera, ponchó a siete. Victoria número 20. En el duout, sus compañeros lo ovasionaron de pie. México lo celebró como un campeón. Los Dodgers lo llevaron al Premio Nacional del Deporte. Amlo lo recibió en Palacio Nacional y Daisy Pérez estaba en esa foto, en esa temporada, en esa casa.
Nadie hablaba de eso. 2022 llegó con más gloria. 2,16 de efectividad, la mejor de toda la Liga Nacional. Tercero en la votación del Song, Urias firmó un contrato de un año con los Dodgers por 14 millones de dólares. 14 millones en un solo año. Y Scott Boras empezó a preparar los números del contrato más grande que un pelotero mexicano hubiera firmado en la historia.
160 millones, 200 millones, 245 millones. con posibilidad de 300. Y en ese contexto de éxito absoluto, de números históricos de contratos multimillonarios sobre la mesa, llegó 2023 y los números dijeron que algo no estaba igual. La efectividad subió de 2,16 a 4,60. Las victorias bajaron de 17 a 11. Todavía competitivo, todavía titular de los Dodgers, todavía Dave Roberts lo alineaba, pero los analistas empezaron a preguntar, ¿qué le pasa a Urías este año? Lesión no declarada, fatiga acumulada, la presión de las negociaciones, todas las explicaciones eran deportivas.
Nadie preguntó lo que no era deportivo. ¿Qué le estaba costando a un hombre mantener dos versiones de sí mismo durante 4 años seguidos? la del campeón que México aplaudía y la que Daisy conocía en privado. Coexistir tiene un precio y ese precio a veces aparece en los números antes de aparecer en los titulares.
El 1 de septiembre de 2023, Urías lanzó su último partido como Dodger contra los Braves de Atlanta. Nueve hits, cinco carreras, cinco entradas. Dave Roberts lo sacó del montículo. Dos días después, el 3 de septiembre, Daisy y Julio salieron a ver el partido de fútbol y ese mismo día la carrera de Julio Urías terminó en un estacionamiento.
Los puntos que nadie conectó en 2021 y 2022 se conectaron solos la noche del arresto. Esta es la cuarta, la que te prometí al inicio, la que más duele. 3 de septiembre de 2023, la noche del arresto. Urías pagó la fianza de $50,000 y salió de la cárcel. La pregunta que nadie te respondió directamente es, ¿a quién fue a buscar? Antes de responderla, necesito que entiendas algo sobre cómo funcionan estos ciclos.
Un hombre sale de la cárcel después de haber golpeado a su esposa. ¿A dónde va? Si el patrón está roto, si hubo consecuencias reales, si hay un cambio genuino. Ese hombre busca ayuda, busca un terapeuta, busca distancia, reconoce que lo que hizo fue grave y que su esposa necesita espacio y protección. Si el patrón no está roto, ese hombre va a buscar a su víctima.
No por maldad calculada, por el mismo mecanismo que lleva años funcionando, el mismo que hace que la víctima también espere ese regreso. Urías fue a buscar a Daisy, la misma mujer que acababa de ser golpeada en público, la misma mujer con una orden de protección, la misma mujer que esta vez no podía decir que se había caído sola porque el video existía.
¿Cómo sabemos eso? Porque en mayo de 2024, cuando Urías llegó a un acuerdo legal con los fiscales de Los Ángeles, uno de los términos del acuerdo fue la indemnización económica a Daisy. Una indemnización que se paga a alguien con quien llegas a un acuerdo, no a alguien que está completamente separada de ti.
Los documentos legales hablan de un acuerdo con la víctima y ese acuerdo implica negociación. Implica que en algún punto después del arresto, Urías y Daisy estuvieron en la misma sala con abogados hablando. ¿Qué se dijeron? No lo sabemos. Lo que sí sabemos es la cronología. Septiembre de 2023. Arresto. Noviembre de 2023. Uría se convierte en agente libre.
Los Dodgers no lo renuevan. Diciembre de 2023, enero de 2024, febrero de 2024, marzo de 2024. Julio Urías, sin equipo, sin béisbol, sin estructura, sin los Dodgers, sin el vestidor, sin el manager que lo protegía, sin nada, solo con sus abogados y con la investigación de la M, él ve avanzando en segundo plano.
Imagina eso por un momento. Julio Urías tiene 27 años. Desde los 16 ha sido pitcher profesional. Desde los 19 ha sido piter de grandes ligas. En toda su vida adulta su identidad ha sido una sola. El número siete de los Dodgers, el zurdo de Culiacán, el del ojo malo y el brazo bueno. Y de repente, de un día para el otro, no hay entrenamiento matutino, no hay vuelo al próximo estadio, no hay vestidor, no hay compañeros, no hay manager que lo llame al bulpen, no hay 50,000 personas mirándolo, solo un departamento en Los
Ángeles. abogados, el teléfono que no suena de los Dodgers, la investigación de la MLB que avanza sola. ¿Qué hace un hombre con eso? No lo sabemos. Urías desapareció del espacio público con una velocidad que no se suele ver en figuras de su nivel, sin declaraciones, sin apariciones, sin redes sociales, sin agencia que manejara su comunicación, nada.
el silencio más absoluto de cualquier deportista mexicano que hubiera estado en la cima tan recientemente. Y en algún lugar de ese silencio, entre el arresto de septiembre y el tribunal de mayo, Urías y Daisy llegaron al acuerdo. Lo que sí sabemos es que el 1 de mayo de 2024, Julio Urías llegó al tribunal de Los Ángeles para la lectura de cargos y aceptó el acuerdo.
no disputó el cargo de agresión doméstica menor, sin admitir culpa, sin decir que era mentira. El cargo más grave, el delito grave de violencia doméstica original fue rebajado a delito menor. Los otros cuatro cargos fueron desestimados. ¿Por qué ese acuerdo y no un juicio? Los abogados conocen la respuesta.
Un juicio hubiera significado que Daisy tuviera que testificar, que describiera en detalle lo que vivió esa noche y las noches anteriores. Un juicio hubiera sacado todo a la luz, no solo el video del BM o todo. El acuerdo cerró esa puerta. 36 meses de libertad condicional, 52 semanas de terapia, 30 días de trabajo comunitario, orden de protección para Daisy, indemnización económica, prohibición de poseer armas, prohibición de usar violencia sin cárcel, ese es el resultado de golpear a tu esposa dos veces en 4 años si eres Julio Urías,
no es la misma historia que le ocurriría a un hombre sin dinero, sin abogados, sin el agente Scott Boras negociando en el trasfondo y ahora la parte que cierra todo el círculo. La MLB terminó su propia investigación y en marzo de 2025 el comisionado Rob Manfred emitió la suspensión oficial. Julio Urías quedaba suspendido hasta el receso del juego de estrellas de 2025.
El 17 de julio de 2025. El comisionado fue claro. He concluido que el señor Urías violó nuestra política y que la medida disciplinaria es apropiada. El primer pelotero en la historia de la MLB en violar dos veces la política de violencia doméstica desde que se estableció en 2015. Primero en toda la historia, no hay otro.
Y hay algo más que necesito que sepas. En octubre de 2024, mientras Urías esperaba la resolución de la MLB sin equipo y sin béisbol, los Dodgers ganaron otra serie mundial, esta vez contra los Yankees de Nueva York, el título que México esperaba ver celebrar con el número siete en el montículo. Y Julio Urías vio esa serie mundial desde algún lugar, no desde el bulpen, no desde el Dout, no con la playera azul puesta, desde algún lugar que nadie conoce, en ese silencio que se instaló desde la noche del 3 de septiembre de
2023, los aficionados mexicanos en redes sociales preguntaban lo que todos pensaban. ¿Qué hubiera pasado si Urías hubiera estado ahí? ¿Hubiera lanzado en la postemporada? ¿Hubiera cerrado otro juego decisivo? ¿Hubiera añadido otro anillo a su historia? Nadie lo sabe. Lo que sí sabe México es que los Dodgers ganaron sin él y que ese campeonato de 2024 le pertenece a otro pitcher, a otro mexicano incluso.
Andrés Muñoz contribuyó desde el Bulpen, no en pública de Julio Urías desde septiembre de 2023. Una foto casual en Chihuahua con un fotógrafo que se la cruzó. Sonriente, con ropa casual, sin uniforme, sin número siete en la espalda, sin el Dodger Stadium de Fondo. Solo un hombre de 29 años en una ciudad que no es la suya, sonriendo para una foto que rápidamente circuló por redes sociales como si fuera noticia de primer orden.
Y lo fue porque en dos años y medio nadie había sabido nada de él. No hay declaraciones, no hay entrevistas, no hay comunicado de su parte. Solo el agente Scott Boras diciendo en julio de 2025 que Urías tiene toda la intención de continuar su carrera. toda la intención, pero ningún equipo con la misma intención de firmarlo. Eso es lo que hay hoy, el silencio de un hombre que destruyó lo más grande que tuvo con la misma mano con la que lo construyó, la mano izquierda, la que lanzó el último out de la Serie Mundial de 2020, la que rechazó 300 millones de dólares
esperando más, la que en el estacionamiento del estadio BM o le lanzó un puñetazo a la mujer que lo cubrió en 2019. esa mano y Daisy Pérez, la mujer que mintió por él la primera vez, la que aguantó 4 años más, la que el 3 de septiembre de 2023 finalmente fue vista por un transeunte. ¿Dónde está Daisy hoy? No lo sabemos.
Los documentos legales mencionan la indemnización, la orden de protección, el seguimiento de la Liga, pero Daisy no habló. No habló en 2019, no habló en 2023, no habló durante el proceso legal. Eso es lo que más duele de esta historia, no el final de la carrera de Urías, el silencio de Daisy, que en 4 años de gloria del mejor piter mexicano, mientras México aplaudía a ese hombre, ella vivía algo que prefirió guardar por miedo a lo que podría pasar si lo decía.
hasta que una cámara lo dijo por ella. La historia de Julio Urías no es difícil de contar, es difícil de escuchar, porque cuando la escuchas completa, tienes que hacerte una pregunta que ningún aficionado al béisbol quiere hacerse. ¿Cuándo supimos lo suficiente para preguntar? En 2019 supimos que había empujado a su esposa.
México dijo, “Está tomando terapia. Ya aprendió. En 2020 ganó la Serie Mundial. México lo abrazó sin reservas. En 2021 ganó 20 juegos. En 2022 lideró la efectividad. En 2023 lo estábamos esperando para los 300 millones. Y mientras México lo aplaudía, Daisy Pérez vivía con lo que vivía. Eso no es fácil de decir, pero hay que decirlo.
Porque Daisy dijo que se había caído sola en 2019 y México le creyó. ¿Por qué? Porque queríamos creerla. Porque la alternativa era aceptar que el mejor pitcher mexicano de su generación era un hombre que golpeaba a su esposa. Y eso era demasiado difícil de aceptar cuando todavía lo estábamos esperando para la serie mundial. Ese es el precio real de elegir no ver.
No lo paga el ídolo, lo paga la mujer que dijo que se cayó sola y que 4 años después tuvo que esperar a que un transeunte con teléfono grabara lo que vivía en privado para que alguien en México finalmente lo creyera. Julio Urías tiene 29 años. La suspensión terminó. Ningún equipo lo quiere. El video existe y no va a dejar de existir.
Eso es la realidad, no la justicia, la realidad. Dios me dio un ojo izquierdo malo, pero un brazo izquierdo bueno. Tenía razón en las dos cosas, pero nadie le dijo que ese brazo izquierdo bueno tenía que quedarse en el montículo. ¿Tú cómo recuerdas a Julio Urías, el último out de la Serie Mundial de 2020? Las 20 victorias de 2021, el video del estadio BMO o las tres cosas al mismo tiempo sin poder separar una de la otra.
Eso es lo que esta historia te deja, no una respuesta limpia. Una pregunta que se queda, porque cuando ves a un hombre que llegó desde la higuerita con el tumor en el ojo, con el padre como entrenador, con Mike Brito diciéndole que tenía futuro, con la cirugía de hombro y la vuelta, con la Serie Mundial a los 24 años y luego ves el video del estacionamiento del BM o las dos imágenes no encajan y sin embargo son el mismo hombre.
Eso es lo que hace esta historia tan difícil de soltar. No hay forma de quedarte solo con la primera imagen porque la segunda existe. Y no hay forma de quedarte solo con la segunda, porque la primera también es real. Son las dos caras de Julio Urías y México tardó demasiado en decidir mirar las dos al mismo tiempo.
Cuéntanos abajo cómo lo ves tú, porque esta historia no tiene un solo final posible. Y si esta historia te llegó, no te imaginas lo que vivió Esteban Loaisa, otro pitcher mexicano, otro hombre que llegó a lo más alto, que fue el mejor de su generación, que tuvo el mundo bajo los pies y que cayó de una manera completamente diferente en una carretera de San Diego con 23 kil de heroína en el carro, pero igual de devastadora.
está aquí en el canal. Te la dejo arriba.