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JULIO URÍAS : CONFESÓ LO QUE LE HACIA A SU PROPIA MUJER

 Son los tres outs más importantes de mi vida. Aquí estamos, campeones. México lo escuchó. México lloró con él. Andrés Manuel López Obrador lo recibió en Palacio Nacional, el presidente de México, en el palacio para un beisbolista de 24 años de Culiacán. AML o dijo que Urías era el nuevo Fernando Valenzuela.

 que era un orgullo nacional. El Premio Nacional del Deporte llegó en 2021. Portadas de revistas, Reconocimientos en Cadena, el nombre de Culiacán en la boca de todo el mundo del béisbol. México lo amaba sin reservas. Y en ese mismo momento, mientras México aplaudía, mientras los Dodgers planeaban el contrato del siglo, mientras Scott Boras preparaba los números, dentro de esa misma casa donde vivía con su esposa Daisy pasaba algo que México no estaba viendo, algo que Daisy ya conocía desde antes.

Porque esto no empezó en 2020, no empezó en 2023. Grábate una fecha. Mayo de 2019, Beverly Center, Los Ángeles, California. Esa fecha es el comienzo real de esta historia y lo que pasó esa noche lo cambia todo, lo explica todo, lo conecta todo. En unos minutos te cuento, hay algo que nadie dice cuando cuentan la historia de Julio Urías, algo que lo cambia todo.

 Cuando México supo en 2019 que el mejor pitcher joven del béisbol mexicano había sido arrestado por violencia doméstica, la reacción fue rápida y predecible. Los medios lo cubrieron un día. Los Dodgers emitieron un comunicado. La MLB lo suspendió 20 juegos y luego México lo perdonó. Lo perdonó porque Daisy dijo que se había caído sola.

Lo perdonó porque no hubo cargos formales. Lo perdonó porque era joven. Lo perdonó porque era el mejor piter mexicano en una generación y lo perdonó porque en México tendemos a medir a los ídolos con una vara distinta. Pero hay algo que México no se preguntó en 2019. Una pregunta simple. La pregunta correcta.

 Si Daisy dijo que se había caído sola, ¿por qué había testigos que vieron otra cosa? ¿Por qué los testigos del Beverly Center reportaron a la policía que vieron a un hombre empujar a una mujer? ¿Por qué la policía arrestó a Urías si la propia Daisy dijo que se había caído? Porque los oficiales que llegaron no le creyeron del todo. Porque los testigos dijeron algo diferente a lo que dijo Daisy.

Porque hay una diferencia enorme entre una mujer que se cae y una mujer que es empujada al piso por un hombre de 1,83 m con el cuerpo de un atleta profesional. Esa diferencia la vieron los testigos. La registró la policía, la documentó la MLB cuando impuso la suspensión. Solo México eligió quedarse con la versión de Daisy, la versión más cómoda.

¿Por qué un hombre que completa un programa de terapia obligatorio de 52 semanas vuelve a hacer exactamente lo mismo 4 años después? Esa pregunta tiene una respuesta y la respuesta no es la que México quiere escuchar. La terapia funciona cuando el hombre que entra a ese consultorio quiere cambiar de verdad. cuando la consecuencia del primer incidente fue volver al campo sin perder casi nada, cuando su esposa lo cubrió, cuando México lo perdonó en 24 horas, cuando los Dodgers lo siguieron poniendo en el montículo, la terapia se convirtió

en un trámite, en un requisito para seguir jugando, no en un cambio real. Porque seamos honestos, si tú hubieras golpeado a alguien y la víctima hubiera dicho que se cayó sola y el castigo hubiera sido ausentarte 20 juegos de un trabajo donde ganas millones, ¿qué habrías aprendido? ¿Que estaba mal? Ya lo sabías.

habrías aprendido que las consecuencias son manejables, que con el dinero correcto y la persona correcta cubriéndote, la vida sigue. Eso aprendió Urías en 2019 y 4 años después lo aplicó. Hay un objeto en esta historia. No es un guante, no es una pelota, es un video grabado por un transe en el estacionamiento del estadio BM o la noche del 3 de septiembre de 2023.

La patrulla de carreteras de California lo tuvo en su poder durante un año entero antes de que el ILEA Times lo publicara. un año, 12 meses en que ese video existía y México no lo había visto. Ese video, lo que muestra no deja espacio para interpretaciones, pero lo que no muestra es lo que pasaba adentro de esa casa cuando no había transeuntes, cuando no había teléfonos, cuando Daisy y Julio estaban solos.

Eso es lo que te voy a contar hoy. Y antes de que lleguemos al video, necesito que entiendas qué pasó en 2019, porque el 2019 lo explica todo. La primera mentira que lo cubrió y lo que esa mentira le costó a Daisy los 4 años que siguieron. Esta es la primera cosa que te prometí al inicio. Mayo de 2019. Julio Urías tiene 22 años, ya es titular de los Dodgers, ya es uno de los pitchers más prometedores de la MLB, ya tiene el mundo bajo los pies.

 Todavía falta un año para la Serie Mundial. Todavía falta un año para que AMLO lo reciba en palacio. Todavía falta un año para que México lo conozca de verdad. Una noche de mayo, Urías y su esposa Daisy discuten en el estacionamiento del Beverly Center, un centro comercial en Los Ángeles, la avenida Beverly, entre Mel Rose y Third, una de las zonas más concurridas de la ciudad.

Julio Urías cannot be allowed to pitch again for the Dodgers - Los Angeles  Times

 Detente aquí un segundo. El Beverly Center no es un lugar apartado. No es de noche en un callejón. No es un sitio donde nadie va a verte. Es un centro comercial de ocho pisos con más de 100 tiendas, con el cine AMC en el techo, con restaurantes en la planta baja, un estacionamiento con luces brillantes, con cámaras en cada esquina, con gente que sale de cenar y con familias que van al cine.

Un lugar donde cualquiera puede ver lo que pasa. Y aún así pasó. Los testigos que estaban ahí vieron a Julio Urías empujar a Daisy, tirarla al piso. Un hombre de 22 años, 1,83 de estatura, con toda la fuerza física de un pitcher profesional, empujando a su esposa al piso de un estacionamiento mientras la gente miraba.

La gente lo reconoció. Algunos sabían quién era. El pitcher de los Dodgers, el muchacho del ojo malo, el que iba camino a la grandeza. Y lo vieron tirar a su esposa al piso. La policía fue llamada. Urías fue arrestado bajo sospecha de agresión doméstica. Lo llevaron a la comisaría y entonces ocurrió algo que define todo lo que vino después.

Daisy Pérez, la mujer que acababa de ser tirada al piso, le dijo a la policía que ella se había caído sola. Se había caído sola, que no hubo golpe, que no hubo empuje, que fue un accidente. ¿Por qué miente cuando un policía le pregunta si la golpearon? Por miedo, por vergüenza, porque cree que esta vez sí va a cambiar.

Porque construyó una vida con ese hombre y destruirla tiene un costo que desde afuera no se entiende. Daisy eligió protegerlo. La oficina del fiscal de Los Ángeles no presentó cargos. Sin el testimonio de la víctima, sin que la propia Daisy dijera lo que pasó, los fiscales no tenían caso. La MGLB sí actuó.

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