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CANTINFLAS: Por ESTO firmó el documento que DESTRUYÓ a su familia 30 años

Archivo número tres, la guerra legal. Dos décadas de pleitos, dos primos enfrentados, una fortuna documentada de 70 millones de dólar que desaparece de las cuentas de Banamex. Una sentencia de la Suprema Corte de México que llegó 21 años después de la muerte del cómico. Archivo número cuatro, la maldición que cayó sobre los nietos.

El joven de 21 años encontrado colgado en un hotel de Tlalnepantla en 2013. La declaración del hermano sobreviviente que recién en 2025, 12 años después, cambia completamente la versión oficial y la denuncia por corrupción de menores que el nieto presentó contra su propio padre antes de morir.

Archivo número cinco, el patrimonio que queda. Las películas, la fundación. La tercera esposa del hijo que se quedó con todo, los nietos que siguen impugnando el testamento y el conflicto que en 2026 sigue activo en Juzgados de la Ciudad de México. Recuerda activar la campanita para que YouTube te avise cuando subamos el expediente número cuatro de las tumbas de la fama.

Vamos al archivo 1. Para entender lo que pasó en 1993, hay que volver primero a 1911, 12 de agosto de 1911. Colonia Santa María la Rivera, Ciudad de México. Una mujer llamada María de la Soledad, Reyes Guisar, da a luz a su sexto hijo. El padre es un cartero pobre llamado Pedro Moreno Esquivel. La familia tendría en total 14 hijos, no 14 oportunidades, 14 bocas, que alimentar con el sueldo de un cartero en el México del porfiriato terminal.

Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes nace en una familia donde el dinero no era una posibilidad, sino una ausencia permanente. Y guarda este detalle, porque la pobreza del origen es lo que va a definir todo lo demás. La obsesión por la fortuna que vendría después, la incapacidad de los herederos para administrar lo que él construyó y el sentido brutal del valor del dinero que Cantinflas mantuvo hasta su último día.

El niño Mario crece en Tepito, el barrio más bravo de la ciudad de México. El barrio donde la palabra hambre no era una metáfora, era una rutina diaria. Antes de ser cantinflas, prueba toda profesión humilde que el barrio le ofrece. limpiabotas, bolero, boxeador semiprofesional, taxista, cartero como su padre.

Y durante un breve periodo del que él mismo hablaba con vergüenza, torero, hasta intentó alistarse en el ejército mexicano, pero su padre se opuso porque era menor de edad. Todos esos oficios después aparecerían en sus películas. El barrendero, el conserge, el gendarme, el profe, el padrecito, el bolero, el portero, el taxista.

cantinflas, no inventaba personajes, cantinflas, se reciclaba a sí mismo y esa autenticidad, ese pellizco a la vida real del pobre mexicano, es lo que iba a hacer que millones de personas en toda América Latina lo vieran no como un actor, sino como un espejo. A los 14 años se mete en una carpa ambulante. Las carpas eran el teatro de los pobres mexicanos en los años 20 y 30.

lonas montadas en lotes valdíos, sillas plegables, cómicos que improvisaban con el público porque no tenían dinero para escribir guiones formales. Las carpas Ofelia, Sotelo y Valentina son donde Mario aprende el oficio y fue ahí, en una de esas carpas donde nació accidentalmente el personaje. Cuenta la versión que mantuvo durante toda su vida el escritor Carlos Moncibis, que un espectador harto del monólogo del joven Mario Moreno, que hablaba mucho y no decía nada, le gritó desde la audiencia la frase “Cuánto inflas,

una mezcla burlona de cuánto bebes y cuánto hablas.” La frase se transformó por contracción del público en Cantinflas y Mario Moreno, en lugar de ofenderse, lo adoptó como nombre artístico. Las grandes carreras a veces empiezan así con un insulto. Otra versión, la que defendió siempre Manuel Medel, su socio cómico de los primeros años, decía que el nombre vino de un borrachito llamado Olegario, que era barrendero del teatro Folis.

Cantinflas, el personaje, era una mezcla de los dos, del insulto del espectador y del borrachito del folis. En 1929, en una de esas carpas, Mario conoce a una mujer extraordinaria. Se llama Valentina Ivanova Subarev. Es moscovita. Nacida el 27 de octubre de 1915 en una Rusia que ya no existía, una Rusia que la había expulsado siendo niña después de la revolución bolchevique, junto a una familia de bailarines que terminó dando tumbos por medio mundo hasta llegar a México.

Valentina era bailarina, actriz, mujer culta, refinada, con un acento que arrastraba rres rusas mezcladas con español de cabaret. Mario Moreno, un mexicano pobre de Tepito que apenas terminó la primaria, se enamoró perdidamente y ella, contra toda lógica social y económica, se enamoró de él. Se casaron el 27 de octubre de 1934, el día exacto del cumpleaños número 19 de Valentina.

Las primeras películas llegaron poco después. No te engañes, corazón. En 1936. Así es mi tierra y águila o sol en 1937. El signo de la muerte en 1939. Pero fue con, ahí está el detalle, en 1940, dirigida por Juan Bustillo Oro, donde Mario Moreno pasó de cómico de carpa a Estrella Nacional. Ese año esa película le construyó la base de un imperio.

Vinieron ni sangre ni arena en 1941. El gendarme desconocido el mismo año, el circo, el bombero atómico, los tres mosqueteros, el mago, señor fotógrafo, una tras otra, casi una película por año, el estilo cómico de Cantinflas, ese hablar enredado, esos pantalones caídos sostenidos por una cuerda, esa camiseta arrugada, ese sombrero de fieltro mal puesto y esos dos bigotes despeinados en las comisuras de la boca conquistó México primero, después toda Centroamérica y después el resto de Latinoamérica.

En 1946 firmó un contrato con Columbia Pictures para la distribución internacional de sus películas. Ese contrato, lo veremos más tarde, sería la semilla del peor pleito legal de su descendencia. Durante los siguientes 32 años, Valentina Ivanova fue la única mujer reconocida públicamente como esposa de Cantinflas. fue la mujer que estuvo a su lado durante el ascenso meteórico, la que vivió con él el éxito de, ahí está el detalle, la que viajó con él a Hollywood y la que iba a vivir también el momento más glorioso de la carrera del

comediante mexicano, el momento que pocos canales recuerdan con la dimensión que merece 1956. La vuelta al mundo en 80 días, producida por Michael Todd, costó 6 millones de dólares de la época, una fortuna. Entonces, recaudó 33 millones. Ganó cinco premios Óscar, incluyendo mejor película. Y lo más importante para esta historia, Cantinflas compartió pantalla con David Niven, Shirley Mclein, Frank Sinatra, Marlene Dietrick, Bter Keiton y Charles Boyer.

En los carteles para el mercado de habla hispana, el nombre de Cantinflas aparecía en letras más grandes que el de David Niven. En el resto del mundo era al revés, pero en español, en todo el mundo de habla hispana, el protagonista era él, el mexicano de Tepito. El 28 de febrero de 1957, en la gala de los globos de oro en Hollywood ocurrió lo impensable.

Cantinflas estaba nominado a mejor actor de comedia o musical por la vuelta al mundo en 80 días. competía contra Marlon Brando por The Tea House of the August Moon, contra Jul Briner por el rey yo, contra Glenn Ford, contra Danny Kay. Todos los pronósticos apuntaban a Marlon Brando, la estrella absoluta de aquellos años.

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