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IRÁN EORY: Por ESTO la AMANTE de CANTINFLAS murió SOLA 9 años después de él

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Te voy a abrir cinco archivos en este expediente. Cinco archivos cruzados de hemerotecas mexicanas. Archivos del Festival de Benidorm de 1964. Biografías serias. Declaraciones públicas de Carlos Monde en su última pareja, Registros del Diario Judío de México, Archivos de Yahoo Vida y Estilo, El Heraldo de México, La Nación, Infobae, Wikipedia y Testimonios Directos de Personas que la conocieron.

Cero invención. Todo documentado y te voy a avisar cuando lleguemos a cada uno porque cada archivo te va a sorprender más que el anterior. Archivo número uno, el origen imposible de Irán e Teerán, Madrid, Mónaco, Marruecos, Francia. La niña judía que huyó de Europa con su familia. el padre diplomático austríaco, la madre turca dominante y el nombre artístico que cambiaría todo.

Archivo número dos, la conquista de México en 1969. La película Rubí, la explosión en telenovelas, El encuentro con Cantinflas tras la muerte de Valentina Ivanova y el romance que la prensa mexicana llamó la pareja del momento. Archivo número tres. Y aquí está el núcleo del expediente. La bofetada, Elo Mario Arturo, La negativa de Cantinflas a casarse.

la frase exacta que Irán pronunció al echarlo de su casa y los 21 años de silencio que vinieron después, mientras Cantinflas vivía sus últimos años y ella reconstruía su vida con otro hombre. Archivo número 4, Carlos Mondén, el actor chileno con quien Irán mantuvo 20 años de relación discreta. El segundo veto, que también vino del entorno familiar, esta vez de su propia madre judía, que le prohibió casarse porque Monde no era judío.

La condena a vivir 20 años con un hombre al que no pudo darle apellido y la decisión que sus dos veces le robaron el matrimonio. Archivo número cinco. El final amargo. La enfermedad de Vinwanger detectada en el año 2000. El tumor de gliomatosis cerebri, el desmayo en su casa el 8 de marzo de 2002, la muerte el 10 de marzo a los 62 años.

El olvido mediático que la rodeó en sus últimos años cuando los productores dejaron de llamarla y por qué su tumba hoy en Nacalpan sigue siendo un destino prácticamente desconocido para los fans del cine de oro mexicano. Recuerda activar la campanita para que YouTube te avise cuando subamos el expediente número seis y suscríbete ahora si todavía no lo has hecho, porque lo que viene en el archivo uno te va a sorprender. Vamos.

Para entender lo que pasó en aquella habitación entre Irán, Eori y Cantinflas, hay que volver primero a 1937 o a 1938 o a 1939. Las fuentes varían sobre la fecha exacta. Wikipedia, en su edición española consolidada fija la fecha en el 21 de octubre de 1939. Otras fuentes serias como El Heraldo de México la fijan en 1937. La discrepancia documental es habitual en biografías de artistas exiliados de aquellos años, cuando los registros civiles europeos quedaron incompletos por la guerra.

Lo que sí coincide en todas las fuentes es el lugar de Erán, capital del Irán que entonces se llamaba Persia, una ciudad de mezquitas, de bazares, de calles polvorientas, donde la modernización del share reapajabi convivía con tradiciones milenarias. Y un día de octubre, una mujer judía nacida en Estambul, Turquía, llamada Ángela Sidi, da a luz a una niña en una casa de la comunidad judía Cefardí de Teerán.

El padre es un hombre que no parece pertenecer a aquel paisaje persa. Se llama Frederic Emil Eori. Es austríaco, es diplomático y según las fuentes que documentan la genealogía de la familia, había llegado a Teerán por una misión diplomática que lo había mantenido lejos de Viena durante años. A la niña la llaman Elvira Teresa e Orisidi.

Tres nombres femeninos, dos apellidos, uno austríaco y otro turco, y un origen geográfico, Persia, que durante el resto de su vida iba a ser difícil de explicar en formularios oficiales. una herencia de tres tradiciones: católica por parte del padre, judía, sefardí por parte de la madre, persa por nacimiento, austríaca por nacionalidad heredada, que la marcaría toda su vida y sobre todo una infancia condenada al movimiento constante.

Porque mientras Elvira Teresa daba sus primeros pasos en Teerán, en Europa estaba ocurriendo algo que iba a expulsar definitivamente a su familia del continente. La Segunda Guerra Mundial, el antisemitismo, la persecución de las familias judías. Y aunque Frederic Emil Eorí era austríaco no judío, su esposa Angela Siri era judía cefardí turca y sus hijos por ley judía rabínica, eran judíos por descendencia materna.

La familia tomó la decisión que tantas familias judías de Europa central tomaron en aquellos años huir. Y aquí empieza el itinerario imposible. de Irán. Eori, Teerán fue solo el principio, después vino Marruecos, después Francia, después Mónaco y finalmente Madrid, España. La niña Elvira Teresa creció hablando inglés, francés, español y persa.

Aprendió a no aferrarse a ningún lugar. Aprendió que el hogar no era una casa, era una maleta y aprendió sobre todo que en cada nuevo país tenía que reinventarse desde cero. Esa capacidad camaleónica de adaptación, esa fuerza de personalidad forjada en el desarraigo permanente, sería años después su mayor talento como actriz, pero también sería su gran herida emocional.

Una mujer que jamás supo qué significaba tener raíces no podía aceptar fácilmente décadas más tarde ser la amante eterna de un hombre casado con su pasado. Hay un detalle de su infancia que las hemerotecas mencionan, pero que pocos canales documentales han recogido bien. Durante los años de Marruecos, según consigna Yahoo Vida y estilo, la pequeña Elvira Teresa vivió con su familia en Tanger, ciudad cosmopolita del Mediterráneo norteafricano, que durante los años 40 era considerada zona internacional.

Tanger era entonces refugio de comunidades judías huyendo de Europa, espías de guerra mundial, comerciantes de todas las nacionalidades, escritores como Paul Bows. Para una niña en formación era un mosaico cultural imposible de encontrar en cualquier otro lugar del mundo. Y según algunas fuentes biográficas fue en Tanger, donde recibió su primera educación formal artística.

en una escuela francesa donde aprendió ballet, canto y dicción. Esa base académica artística temprana hecha por una niña sefardí en África del Norte hablando francés con maestros europeos refugiados, fue la cimentación técnica que después le permitiría destacarse en el cine y el teatro español. A los 14 años en Madrid ocurre el momento que cambiará su vida.

Su belleza ya era notable. Las fuentes documentan que ganó un concurso de belleza en Mónaco a los 16 años, lo cual la habría puesto en el radar del cine español. Pero antes de eso, ya con 14 años, en 1953, debutó en su primera película. Se titulaba El toca la flauta. Un papel pequeño, casi un cameo, pero suficiente para que Elvira Teresa entendiera dos cosas.

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