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La luz de la cocina parpadeaba con un zumbido eléctrico insoportable.d

Parte 1

La luz de la cocina parpadeaba con un zumbido eléctrico insoportable.

Eran las nueve de la noche de un martes cualquiera en Madrid.

Marta apoyó las dos manos en la encimera de granito falso.

Tenía la mirada fija en un objeto que reposaba sobre el sofá del salón.

Era la maleta de cabina de Javi.

Esa maleta azul marino que solo salía del armario en vacaciones de verano.

O cuando venía su suegra a pasar el fin de semana y Javi amenazaba con mudarse a un hostal.

Javi apareció por el pasillo arrastrando los pies.

Llevaba tres camisas de lino colgadas de sendas perchas de plástico blanco.

Camisas de lino en pleno mes de mayo.

Marta resopló de una manera que Javi conocía perfectamente.

Era el resoplido previo a una tormenta de proporciones bíblicas.

Javi intentó silbar una canción de los Rodríguez para disimular los nervios.

No le salió bien el silbido porque tenía la boca seca como un desierto.

Dejó las perchas sobre el respaldo de una silla con un cuidado exagerado.

Como si estuviera manipulando material altamente radiactivo.

Marta se dio la vuelta despacio, sujetando una taza de té que ya se había enfriado.

Le clavó esos ojos que escaneaban el alma y detectaban mentiras a tres kilómetros.

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