Parte 1
La luz de la cocina parpadeaba con un zumbido eléctrico insoportable.
Eran las nueve de la noche de un martes cualquiera en Madrid.
Marta apoyó las dos manos en la encimera de granito falso.
Tenía la mirada fija en un objeto que reposaba sobre el sofá del salón.
Era la maleta de cabina de Javi.
Esa maleta azul marino que solo salía del armario en vacaciones de verano.
O cuando venía su suegra a pasar el fin de semana y Javi amenazaba con mudarse a un hostal.
Javi apareció por el pasillo arrastrando los pies.
Llevaba tres camisas de lino colgadas de sendas perchas de plástico blanco.
Camisas de lino en pleno mes de mayo.
Marta resopló de una manera que Javi conocía perfectamente.
Era el resoplido previo a una tormenta de proporciones bíblicas.
Javi intentó silbar una canción de los Rodríguez para disimular los nervios.
No le salió bien el silbido porque tenía la boca seca como un desierto.
Dejó las perchas sobre el respaldo de una silla con un cuidado exagerado.
Como si estuviera manipulando material altamente radiactivo.
Marta se dio la vuelta despacio, sujetando una taza de té que ya se había enfriado.
Le clavó esos ojos que escaneaban el alma y detectaban mentiras a tres kilómetros.
¿De verdad tienes que ir a ese congreso en Mallorca un fin de semana entero?
La pregunta flotó en el aire del piso de sesenta metros cuadrados.
Golpeó contra las paredes de pladur con la fuerza de un meteorito.
Javi se recolocó las gafas que no se le habían caído.
Es que no es un capricho, Marta, de verdad.
Me obliga la empresa, me pagan el hotel y todo.
Es por mi carrera, tienes que entenderlo de una vez.
Marta dio un sorbo corto a su té frío sin apartar la mirada de su marido.
Una sonrisa irónica y afilada como un cuchillo de Albacete se dibujó en su rostro.
Qué raro que siempre obliguen a ir a los sitios con playa y chiringuitos.
El silencio que siguió a esa frase fue sepulcral.
Solo se escuchaba el motor del frigorífico viejo que pedía la jubilación a gritos.
Javi tragó saliva y sintió cómo la nuez de Adán le subía y le bajaba como un ascensor.
No es un viaje de placer, Marta, te lo juro por mi madre.
¿Tú sabes el tostón que es tragarse ponencias sobre logística inversa doce horas seguidas?
Marta dejó la taza en la encimera con un golpe seco.
Ya, claro, y por eso te llevas tres camisas que parecen de un anuncio de colonia mediterránea.
Es el código de vestimenta que han mandado por correo desde Recursos Humanos.
¿Ah, sí? ¿El código de vestimenta exige que parezcas un extra de una película de Julio Iglesias?
Es lino ejecutivo, Marta, que no tienes ni idea de cómo funciona el sector ahora mismo.
El lino ejecutivo no existe, Javi, te lo estás inventando sobre la marcha.
Existe perfectamente en el entorno transaccional insular de las grandes empresas.
¿Entorno transaccional insular? ¿De verdad estás usando esas palabras conmigo en nuestra propia cocina?
Javi se pasó la mano por la nuca, buscando una salida que no existía.
Es el lenguaje corporativo actual, hay que adaptarse o morir en la mediocridad laboral.
Marta se acercó a la maleta y la abrió de un tirón de cremallera.
El sonido metálico resonó en el salón como una declaración de guerra formal.
Debajo de los calzoncillos perfectamente doblados asomaba una esquina de color flúor.
Marta metió los dedos con la precisión de un cirujano y tiró de la tela.
Era un bañador con estampado de piñas tropicales de lo más indiscreto.
¿Esto también forma parte del código de vestimenta transaccional insular?
Javi se puso rojo como un tomate de huerta en pleno mes de agosto.
Eso es por si hay una sesión de dinámicas de grupo en la piscina del complejo.
¿Dinámicas de grupo en la piscina a mediados de mayo en Mallorca?
Se llama “aquabuilding” corporativo, Marta, estimula la resiliencia del equipo de ventas.
Resiliencia mis cojones, Javi, que te conozco desde los veinte años.
Tú lo único que quieres estimular es tu consumo de gintonics gratis a costa de la empresa.
Eso es una acusación gravísima y totalmente infundada que hiere mis sentimientos profesionales.
Tus sentimientos profesionales se la sudan a tu jefe, que es el primero que se apunta a estas juergas.
Don Rogelio es un hombre de negocios serio que vela por la cohesión de su plantilla.
Don Rogelio es un señor de cincuenta y cinco años que se divorció el mes pasado y vive en Tinder.
Eso no tiene nada que ver con su visión estratégica del mercado de la consultoría.
Tiene todo que ver, Javi, porque os lleva a todos de excursión para no sentirse solo en su piso de soltero.
No nos lleva de excursión, es el simposio anual de eficiencia operativa del sector terciario.
Marta cogió el bañador de piñas y lo dejó caer sobre la mesa del comedor con desprecio.
Si veo una sola foto tuya en una red social con un coco en la mano, te cambio la cerradura.
No va a haber cocos, Marta, habrá libretas corporativas y bolígrafos que no pintan.
Eso dices ahora, pero luego os ponen música de ambiente y os volvéis locos.
Que no somos universitarios en viaje de fin de carrera, somos padres de familia con hipoteca variable.
Precisamente por eso, Javi, precisamente por eso estás tan desesperado por huir cuarenta y ocho horas.
Yo no huyo de nada, yo voy a defender mi puesto de trabajo en un entorno hostil de competitividad.
El entorno hostil va a ser esta casa como me entere de que has pisado la arena de la playa.
¿Cómo no voy a pisar la playa si el hotel está literalmente encima del paseo marítimo?
¿Ves? ¡Ya va saliendo la verdad a la luz! El hotel está en primera línea de playa.
Lo eligió el algoritmo del buscador de la agencia de viajes corporativa, no nosotros.
El algoritmo siempre os manda a Torremolinos, a Benidorm o a Palma, nunca a un polígono de Valladolid.
En Valladolid no hay el tejido empresarial adecuado para albergar este volumen de delegados.
En Valladolid hay pabellones estupendos donde no se os ocurriría llevar camisas de lino.
Es una cuestión de infraestructuras logísticas y de conectividad aeroportuaria, de verdad.
Marta se cruzó de brazos y empezó a dar golpecitos en el suelo con la zapatilla de andar por casa.
El ritmo del golpeo indicaba que la paciencia se le estaba agotando a una velocidad alarmante.
¿Y quién va a llevar a la niña al cumpleaños del sábado en el parque de bolas?
Para eso está tu madre, que me dijo el otro día que echaba de menos ver a la nieta los sábados.
Mi madre tiene setenta años y la última vez que fue a un parque de bolas casi sufre un ataque de ansiedad.
Le llevas un termo con café y se lo pasa estupendamente hablando con las otras abuelas.
Mi madre odia a las otras abuelas, Javi, tú lo sabes perfectamente porque las llama “las cotillas del imserso”.
Pues entonces que se lleve el crucigrama del periódico y se siente cerca de la salida de emergencia.
Eres un egoísta de campeonato cuando se trata de escaquearte de los compromisos familiares.
No me escaqueo, cumplo con mi deber de proveedor principal de este núcleo familiar.
A estas alturas del siglo veintiuno no me vengas con el discurso del proveedor principal.
Es una realidad económica innegable que si no voy a este congreso, me quedo estancado en el organigrama.
Te vas a quedar estancado en el sofá de la entrada si sigues defendiendo lo indefendible.
Javi suspiró profundamente y se sentó en el borde de la cama, mirando su maleta a medio hacer.
Sentía que estaba perdiendo el debate por puntos y que la defensa del “aquabuilding” había sido un error táctico.
Marta no apartaba la vista de la maleta, como si buscara un billete de avión oculto para otra persona.
¿A qué hora sale tu vuelo exactamente el viernes por la mañana?
A las seis y media de la madrugada, un madrugón criminal que me va a destrozar el cuerpo.
Qué pena me das, Javi, vas a tener que ver amanecer sobre las nubes camino de las Baleares.
Estaré durmiendo todo el trayecto porque tengo que preparar la presentación del bloque de la tarde.
Sí, seguro, seguro que vas a estar repasando gráficos de barras mientras te sirven el café de avión.
El café de las aerolíneas de bajo coste es intragable, así que probablemente ni me lo pida.
Parte 2
La mañana del miércoles amaneció gris en Madrid, pero la tensión en la casa seguía siendo de color rojo vivo.
Javi se encontraba en el baño intentando recortarse la barba con una precisión milimétrica.
Si vas a un congreso serio, tienes que parecer un consultor de éxito, no un náufrago de película de tarde.
Marta entró sin llamar, como era su costumbre cuando quería desestabilizar la estrategia de su marido.
Llevaba en la mano el bote de crema solar de factor cincuenta que compraron el año pasado en Galicia.
He encontrado esto en el cajón del baño y he pensado que igual te hace falta para la logística inversa.
Javi no se dio la vuelta para no cortarse con la maquinilla, pero la vio a través del espejo.
Eso es para evitar el cáncer de piel derivado de la exposición involuntaria a los rayos ultravioleta durante los traslados.
¿Los trasla-dos? ¿Desde cuándo ir de la terminal del aeropuerto al autobús se considera exposición de riesgo?
En Mallorca el sol pega con una intensidad diferente por la refracción del mar, Marta, es pura física.
No me hables de física que suspendiste tres veces la asignatura en el instituto y te la tuvo que explicar mi hermano.
Tu hermano la aprobó de milagro porque el profesor se apiadó de él por la cojera temporal que tenía.
Mi hermano es ingeniero de caminos y sabe perfectamente cuándo un viaje de trabajo es un timo para comer gambas.
Tu hermano trabaja para el ayuntamiento y lo más lejos que ha ido por trabajo es a una zanja en Vallecas.
Al menos en esa zanja no había chiringuitos con música chill-out de fondo a las siete de la tarde.
Javi apagó la maquinilla con un chasquido seco que pretendía imponer un mínimo de autoridad masculina.
Marta, por favor, te lo pido en serio, necesito concentrarme que me juego la renovación del plus de productividad.
El plus de productividad os lo deberían dar por la capacidad de inventar excusas baratas ante vuestras parejas.
No es ninguna excusa, el mismísimo director general va a dar el discurso de apertura el viernes por la noche.
¿El viernes por la noche hay un discurso de apertura? ¿A qué hora exacta de la noche?
A las nueve, justo antes del cóctel de bienvenida que organiza la cámara de comercio local.
¡Lo sabía! ¡Un cóctel de bienvenida el viernes por la noche! Eso ya no es trabajo, eso es fiesta.
Un cóctel es un evento de networking de alta intensidad donde se deciden las alianzas estratégicas del próximo trimestre.
En esos cócteles lo único que se decide es quién aguanta más rondas de croquetas congeladas sin mancharse la corbata.
Las croquetas del hotel balneario donde nos alojamos tienen tres estrellas Michelin de catering especializado.
¿Ves cómo te sabes todos los detalles del lujo y nada de las ponencias técnicas?
Me lo sé porque venía en el dossier informativo que nos enviaron a todos los departamentos afectados.
¿Y qué más viene en ese dossier tan interesante, Javi? Cuéntamelo todo, no te dejes nada en el tintero.
Vienen los horarios de las mesas redondas, los nombres de los ponentes internacionales y las normas del uso del spa.
¿El uso del spa también está regulado por la dirección de la empresa? Esto es una maravilla de la gestión moderna.
Está limitado a una hora por congresista para evitar abusos y garantizar que todos podamos descontracturar la espalda.
A mí se me va a contracturar la espalda de limpiar la casa el sábado mientras tú te descontracturas en el jacuzzi corporativo.
Podías haber venido si la empresa hubiera permitido acompañantes, pero las normas de compliance de este año son estrictas.
Claro, el compliance prohíbe que vayan las esposas legítimas pero permite que el bañador de piñas viaje en primera clase.
Viajo en turista en la fila del medio, al lado de un señor que probablemente huela a bocadillo de atún desde las seis de la mañana.
Eso lo dices para darme lástima, pero no te va a funcionar porque sé que estás deseando que despegue el avión.
No estoy deseando nada, tengo pánico a volar y tú lo sabes perfectamente desde el viaje de novios a Cancún.
En Cancún no tuviste pánico a volar cuando te trajeron la tercera margarita antes de cruzar el charco.
Eso era prescripción médica informal para calmar la ansiedad generalizada del lóbulo temporal del cerebro.
Eres un genio de la retórica, Javi, deberías dedicarte a la política en vez de a la consultoría de pacotilla.
Si me dedicara a la política ganaría más dinero y no tendría que pedirte permiso para ir a un congreso oficial.
No me pides permiso, Javi, me estás comunicando un hecho consumado que altera los planes familiares de todo el fin de semana.
Los planes familiares consistían en ir a ver a tus tíos a Arganda del Rey a comer un cocido con cuarenta grados a la sombra.
El cocido de mi tía Angustias es una tradición sagrada que mantiene unida a la familia de mi madre.
La tradición de tu tía Angustias nos cuesta tres días de digestión pesada y discusiones sobre la herencia del olivar de Jaén.
Al menos allí discutimos de cosas reales y no de sinergias disruptivas en la barra del bar de un hotel de cuatro estrellas.
Son cuatro estrellas superior, que no es lo mismo que cuatro estrellas a secas, la calidad del servicio es notablemente mayor.
Me alegro mucho por ti, de verdad, espero que disfrutes de las sábanas de trescientos hilos mientras yo cambio las de la cama de la niña.
La niña puede ayudarte a cambiar las sábanas, que ya tiene siete años y tiene que empezar a asumir responsabilidades domésticas.
La niña lo único que asume es que su padre se va a la playa a ver peces de colores mientras ella se queda con la abuela gruñona.
Yo no voy a ver peces de colores, voy a ver ponentes de Singapur que hablan un inglés que no entiende ni su madre.
Pues te pones los cascos de la traducción simultánea y pones cara de enterado, que eso se te da de maravilla de forma natural.
Marta salió del baño dando un taconazo que retumbó en todo el pasillo de la vivienda.
Javi se quedó mirando el bote de crema solar que se había quedado encima de la tapa del váter.
Lo cogió con cuidado y lo metió en el bolsillo lateral de la maleta, asegurándose de que quedara bien camuflado.
Al final de la tarde, la situación en el salón era de guerra fría total, con las fronteras claramente delimitadas.
Marta preparaba la cena con una agresividad inusitada, picando la cebolla como si estuviera ajusticiando a los miembros del consejo de administración.
Javi permanecía sentado en el sofá con el ordenador portátil sobre las rodillas, simulando trabajar en un documento importantísimo.
En realidad estaba mirando en Google Maps la distancia exacta entre el hotel y el chiringuito más cercano con buenas reseñas.
Trescientos metros en línea recta por el paseo marítimo, sin pérdida posible desde la terraza de la piscina de olas.
Sonrió para sus adentros, pero borró la sonrisa de inmediato al escuchar los pasos de Marta acercándose con el plato de la cena.
Parte 3
El jueves por la noche la tensión alcanzó su punto de ebullición absoluto en el salón de la casa.
La maleta ya estaba completamente cerrada, mostrando un aspecto abultado que desafiaba las leyes de la física y de Ryanair.
Marta miró fijamente el bulto verde y luego se giró hacia su marido con una calma que daba auténtico miedo.
Qué raro que siempre obliguen a ir a los sitios con playa y chiringuitos, Javi, sigo dándole vueltas a esa maravillosa coincidencia de la vida.
Te lo he explicado ya veinte veces por activa y por pasiva, Marta, son las sedes de congresos homologadas por la federación internacional.
Sí, claro, porque la federación internacional no puede reunirse en Teruel, que allí también tienen un palacio de congresos precioso y no molesta el mar.
En Teruel no hay la planta hotelera necesaria para absorber la demanda de ochocientos consultores de alto nivel con necesidades de conectividad internacional.
Ochocientos consultores de alto nivel metidos en un buffet libre de ensaladas y paella recalentada, qué estampa tan idílica para el desarrollo de la economía nacional.
No comemos paella de buffet, el sábado tenemos una cena de gala institucional con las autoridades locales del sector turístico balear.
Cena de gala, por supuesto, no podía faltar el esmoquin o la americana de marca en este calvario laboral que te ha tocado sufrir por la familia.
Llevo la americana azul marino de la boda de tu primo, la que me dijiste que me hacía parecer un hombre de negocios de los que salen en las revistas de finanzas.
Te hacía parecer un hombre de negocios porque la luz del salón de bodas era muy precaria y yo ya me había tomado tres copas de vino de la casa.
Pues en Mallorca la luz va a ser espectacular y pienso sacarle partido para hacer fotos profesionales para mi perfil de la red social de empleo.
Haz todas las fotos profesionales que quieras, pero acuérdate de meter la barriga que luego sales en las fotos del grupo de la empresa que pareces un concejal de urbanismo.
Me mantengo en mi peso ideal desde hace un lustro, Marta, no inventes problemas estéticos donde solo hay madurez anatómica bien distribuida.
La madurez anatómica bien distribuida se te va a desparramar por encima del bañador de piñas en cuanto te tomes la segunda cerveza en la playa.
Que no voy a ir a la playa, que el programa empieza el sábado a las ocho y media de la mañana con un desayuno de trabajo sobre ciberseguridad aplicada.
Un desayuno de trabajo a las ocho y media de la mañana de un sábado es un crimen contra los derechos humanos y la conciliación familiar.
Por eso mismo nos pagan el desplazamiento y las dietas completas, para compensar el sacrificio personal de perder el descanso semanal legítimo.
El sacrificio personal lo hago yo quedándome sola con la gestión integral del hogar y las llamadas de mi madre preguntando si ya nos hemos divorciado.
¿Tu madre sigue preguntando eso todas las semanas? Parece que tenga una apuesta hecha con las vecinas de su portal.
Tu madre le dijo a la mía en Navidad que nos veía en crisis porque ya no salíamos a cenar los viernes por la noche al restaurante gallego.
No salimos al gallego porque han subido el precio del pulpo a niveles que rozan la usura bancaria y la especulación inmobiliaria.
Salimos menos porque prefieres ahorrar para tus viajes de negocios transaccionales insulares donde el pulpo te lo dan gratis en brochetas de diseño.
Las brochetas de diseño son de rape con langostinos, Marta, que lo leí en el menú del cóctel del año pasado en Benidorm.
¡Ah, amigo! ¡Benidorm! Menudo congreso de eficiencia energética os pegasteis el año pasado en la costa blanca.
Aquello fue un seminario intensivo de tres días sobre el impacto del autoconsumo fotovoltaico en las comunidades de vecinos del mediterráneo.
Sí, y por eso volviste con la marca del reloj grabada en la muñeca de haber estado tomando el sol en la terraza del hotel de cinco estrellas.
Era una terraza comunitaria donde se realizaban los descansos para el café entre ponencia y ponencia, el sol daba de manera lateral inevitable.
Daba tan de manera lateral que viniste negro como si hubieras estado vendiendo pulseras en el paseo marítimo de Torrevieja.
Tengo una facilidad genética para la producción de melamina que heredé de mi abuelo el que vivía en Extremadura, no es culpa mía.
Melanina, Javi, se dice melanina, la melamina es el material del que están hechos los muebles baratos de la cocina que tenemos que cambiar.
Es lo mismo, el caso es que mi piel reacciona ante el menor estímulo lumínico ambiental por una cuestión de supervivencia evolutiva.
Tu supervivencia evolutiva va a depender de lo que hagas este fin de semana en Mallorca, te lo advierto por el bien de la convivencia conyugal.
Marta cogió el bolso y las llaves del coche con un movimiento rápido que pilló a Javi totalmente desprevenido.
¿A dónde vas a estas horas de la noche con la que está cayendo ahí fuera?
Voy a la farmacia de guardia a comprarte tapones para los oídos, no vaya a ser que el ruido de las olas del mar no te deje concentrarte en la ciberseguridad aplicada.
No hacen falta tapones, el hotel tiene doble acristalamiento acústico de última generación para aislar el entorno de las zonas de ocio nocturno colindantes.
¿Zonas de ocio nocturno colindantes? ¿Me estás diciendo que el hotel está pegado a la zona de discotecas de la isla?
Está cerca de la zona de ocio porque las infraestructuras de congresos se construyen en esos núcleos para optimizar el espacio urbano disponible.
Claro, optimización del espacio urbano, qué bonito suena todo cuando lo dice un consultor que lleva un bañador de piñas oculto en la maleta de mano.
Marta cerró la puerta de la entrada con un golpe seco que hizo vibrar el espejo del recibidor.
Javi se quedó solo en el salón, mirando fijamente la maleta verde chillón como si esperara que el objeto le diera las respuestas para salvar su matrimonio.
Abrió el portátil de nuevo y cambió la contraseña del correo de la empresa por si acaso a Marta le daba por hacer una auditoría nocturna de seguridad informática.
Parte 4
El viernes por la mañana el despertador sonó a las cuatro y media con una estridencia que parecía el aviso de un ataque nuclear inminente.
Javi se levantó de la cama como un zombi de serie de televisión americana, tropezando con la esquina de la mesilla de noche en la oscuridad.
Marta ni se movió del colchón, permaneciendo hecha un ovillo bajo la manta con una indiferencia que helaba la sangre de cualquiera.
Cariño, ya me voy para el aeropuerto, deséame suerte con la presentación ante los socios internacionales del fondo de inversión.
Un gruñido incomprensible salió de debajo de las sábanas, interpretado por Javi como un aprobado condicionado a su supervivencia posterior.
Cogió la maleta por el asa metálica y salió al pasillo exterior del edificio con el sigilo de un ladrón de guante blanco en plena faena.
El taxi lo esperaba en la esquina de la calle, con el motor en marcha y los limpiaparabrisas funcionando a toda velocidad bajo la llovizna madrileña.
El taxista, un señor mayor con cara de haber visto todo en esta vida, miró la maleta verde por el espejo retrovisor mientras arrancaba el vehículo.
¿Viaje de placer o marrón de la empresa del que no te has podido librar por mucho que lo hayas intentado, caballero?
Marrón de la empresa, por supuesto, un congreso de tres días en Mallorca que me va a costar la salud mental y la estabilidad matrimonial.
El taxista soltó una carcajada ronca que llenó el habitáculo del coche de un olor a café de termo y tabaco rancio del siglo pasado.
Esos viajes son peligrosísimos para los casados, amigo, yo en mis tiempos iba a Torremolinos con la empresa de transportes y volvíamos todos desatados.
No es ese tipo de viaje, es un evento corporativo de alta dirección con estrictas normas de comportamiento internacional y compliance interno.
Ya, ya, claro, el compliance ese del que todo el mundo habla ahora pero que desaparece en cuanto ponen la barra libre de cubatas después de la cena de gala.
Javi miró por la ventanilla del taxi las luces de la M-30 borrosas por el agua de la lluvia que caía con insistencia sobre el asfalto.
Sintió un ligero escalofrío al pensar en la frase que Marta le había repetido tantas veces durante toda la semana de discusiones caseras.
Qué raro que siempre obliguen a ir a los sitios con playa y chiringuitos, la verdad es que la lógica de su mujer era aplastante e irrefutable.
¿Por qué las empresas nunca organizaban estos eventos estratégicos en un polígono industrial de las afueras de Albacete en pleno mes de enero?
Allí no habría distracciones posibles, la productividad del equipo se multiplicaría por mil y los costes operativos serían infinitamente menores.
Pero la realidad de la consultoría moderna exigía palmeras, brisa marina, camisas de lino y un hotel de cuatro estrellas superior con spa incluido en la tarifa diaria.
Llegó a la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas y se bajó del taxi pagando con la aplicación del teléfono móvil de la empresa para no dejar rastro personal.
La terminal era un hervidero de ejecutivos con maletas idénticas a la suya, todos vistiendo americanas oscuras y caras de cansancio fingido ante los demás.
Todos llevaban la misma mirada de culpabilidad compartida oculta tras las gafas de sol que se pondrían nada más aterrizar en el archipiélago balear.
Javi pasó el control de seguridad sin problemas, aunque el vigilante miró el bañador de piñas a través del monitor de rayos X con una sonrisa de complicidad absoluta.
Buen viaje a las islas, caballero, que disfrute de las sesiones de trabajo intensivo en la arena de la playa de Palma.
Gracias, el deber me llama y no puedo desatender las necesidades transaccionales de la organización en este momento crítico del mercado global.
Se sentó en la puerta de embarque número veinticuatro, sacó el teléfono móvil y vio que tenía un mensaje de texto de Marta enviado hacía cinco minutos.
Acuérdate de que el algoritmo de la empresa todo lo ve, pero yo veo todavía más a través del cargo de la tarjeta de crédito que tenemos compartida.
Javi tragó saliva una vez más y apagó el dispositivo móvil antes de que la azafata diera la orden de embarcar a los pasajeros de la zona preferente.
Miró al frente y vio el avión de hélice que lo llevaría directo al paraíso corporativo del fin de semana insular de negocios.
¿Hay que desconfiar de los viajes de negocios que caen en fin de semana?
La respuesta flotaba en el aire de la terminal aeroportuaria, clara como el agua del mar de Mallorca que le esperaba a tan solo una hora de vuelo de distancia de su casa.