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RUBÉN “PÚAS” OLIVARES : TODO ERA MENTIRA (LA VERDAD SALIÓ A LA LUZ)

La otra mitad la fue gastando esa misma semana en lo que él llamaba, sin la menor ironía, compartirlo con los compadres. Cuando regresó a la Ciudad de México, llegó al aeropuerto con el cinturón de campeón mundial en una mano y con $ en la otra. Si crees que esa fue la peor noche de su vida con el dinero, todavía no has oído nada.

Lo que vino después fue una avalancha. En octubre de 1970 defiende el título en el mismo foro de Inglewood. Ahora contra otro mexicano que ya era leyenda en la Bondojito, Jesús Chucho Castillo. Habían crecido en barrios pegados. Se entrenaron juntos cuando eran muchachos, eran amigos. Esa noche Chucho Castillo le abre una herida en la ceja con un cabezazo. La sangre no para.

El árbitro detiene la pelea en el round 14. Rubén pierde el título, lo pierde con el orgullo más herido que el cuerpo. Llora en el vestidor, llora frente a las cámaras de telesistema mexicano y por primera vez la gente ve algo que no había visto nunca. Al púas vulnerable. 6 meses después, 2 abril de 1971, hay revancha.

Otra vez el foro de Inglewood, 45,000 personas. Los boletos vendidos en menos de un día. Esta vez Rubén no se sale del motel la noche anterior, esta vez entrena como nunca antes y le gana a Chucho Castillo por decisión unánime. Recupera el título de peso gallo, cobra $150,000. llega a México con el cinturón otra vez y otra vez llega sin dinero, pero esta vez ya tiene 24 años y empieza a hacer algo distinto. Empieza a comprar cosas.

Compra una casa en la colonia Vallejo para su madre, una casa de dos plantas con jardín al frente y patio atrás. La primera casa que su madre tendría con escrituras a su nombre, una casa que iba a ser para ella, la prueba de que el sacrificio había valido la pena. La primera vez que doña Concepción durmió en esa casa lloró toda la noche.

Rubén también compra autos, tres en un año. Un Cadilac negro que conducía sin licencia, un Ford Galaxy que regaló a un amigo, un Mustang convertible que estrelló contra un poste de luz en la avenida Insurgentes a las 4 de la mañana. Compra trajes de Roma hechos a medida. Compra zapatos de cuero italiano de los que solo había seis pares en todo México y sigue tomando cada vez más, cada vez en lugares más caros.

Para 1972, Rubén el Púas Olivares es el atleta mejor pagado de México, más que ningún futbolista, más que ningún beisbolista, más que cualquier otro boxeador. Cobra entre 100,000 y $300,000 por pelea. En 3 años acumula más de $600,000 limpios. Eso en México era una fortuna que pocas familias del país tenían junta, pero el dinero no se quedaba. nunca se quedaba.

Un hombre que no aprendió a guardar es un hombre al que cualquiera le puede meter la mano en la bolsa. Y al púas le metieron la mano hasta el fondo. Acuérdate de esta frase, vamos a volver a ella. En 1974 sube de categoría, pasa de peso gallo a peso pluma y en julio, en el mismo foro de Inglewood noquea al japonés Sensuke Utagawa.

se proclama campeón del mundo de peso pluma. Es la primera vez en la historia que un mexicano gana títulos mundiales en dos categorías distintas. La prensa lo compara con los grandes del boxeo internacional. La revista Ring lo pone entre los 10 mejores, libra por libra del mundo. Esa misma noche cobra $200,000, la cifra más alta de toda su carrera hasta ese momento.

Y esa misma noche, según contaría él mismo años después, en una entrevista que le hizo Ricardo Garibay novela Las glorias del gran púas, regresa al hotel a las 3 de la mañana, sube a su suite del piso 12 y encuentra algo en la habitación que lo hace bajar las escaleras corriendo, salir del hotel sin chamarra y meterse a la cantina más cercana a tomar tequila hasta que sale el sol.

Lo que encontró en esa habitación se lo guardó 50 años. Nunca lo dijo en televisión. Lo mencionó una sola vez a Gary Bay en una grabación que el escritor nunca publicó completa. Vamos a volver a esa madrugada. Vamos a saber qué encontró el PUAS en la suite del hotel. Pero primero hay algo más urgente que tienes que entender.

Para 1975, el PUAS tiene 28 años, lleva 10 años como profesional, ha cobrado más de illón en sueldos. Tiene dos casas, tiene cuatro autos, tiene un terreno en Tepeji del Río, en el estado de Hidalgo, donde dice que quiere construir un rancho con caballos finos. Tiene dos cuentas bancarias. Está casado. A a a tiene una hija pequeña.

Y en 1975, en una pelea contra el ganés David Cotei, pierde el título mundial pluma. 15 rounds. Decisión dividida. Una pelea que vio toda Latinoamérica. Pierde por primera vez un cinturón en el foro de Inglewood, el mismo lugar donde había sido coronado 6 años antes. Y empieza la primera caída, la caída lenta, la que casi nadie nota.

Las peleas se vuelven más espaciadas, cuatro al año en lugar de ocho. Las bolsas siguen siendo grandes, pero Rubén ya no entrena igual. Llega tarde al gimnasio. Algunas mañanas no llega. El cullo le grita. Rubén le dice que no se preocupe, que él sabe pegar, que no necesita tantos kilómetros corriendo en el bosque de Chapultepec.

Y entonces pasa algo que nadie en la prensa cubrió en su momento, algo que solo se supo años después, cuando un periodista de El Universal revisó los archivos del Registro Público de la Propiedad del Distrito Federal, la Casa de Vallejo, esa que el Púas le había comprado a su madre en 1971. En 1977 dejó de estar a nombre de doña Concepción Olivares, ya no era de la madre. Aquí es donde todo cambia.

En 1977, Rubén Olivares firmó una hipoteca sobre la casa de su madre. La firmó él mismo. La firmó borracho, según testigos del notario. La firmó un viernes a las 4 de la tarde sin avisar a su madre y la firmó por una cantidad que nunca cuadró con lo que recibió en efectivo. $0,000 de la época, equivalentes hoy a más de 400,000.

¿Para qué necesitaba el PUA $0,000 en 1977 cuando todavía cobraba 100,000 por cada pelea? Para nada que se pudiera contar en una entrevista. Para una deuda de juego con un casino de Las Vegas, según una versión, para pagarle a un cuñado que lo había metido en una sociedad fantasma según otra, para tapar un préstamo que un compadre del barrio había sacado a su nombre, según una tercera.

Las tres versiones tienen algo en común. Ninguna involucra al Púas como autor solitario. En las tres aparece otro nombre, un nombre cercano, un nombre que el PUAS no quiso pronunciar nunca en público. La hipoteca venció en 1982. Para entonces, el PUAS ya había perdido tres títulos mundiales y había ganado uno nuevo.

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