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YURI: El Asqueroso Secreto que Pagó con su Propio Cuerpo

 Ese departamento existe y la persona que lo consiguió era el amigo más cercano que Yuri tenía en la industria en ese momento. Vamos a volver a ese departamento. En algún momento de esa ceremonia, Yuri se levantó de su asiento con calma, sin llamar la atención, y desapareció entre bastidores. Su amigo ya la estaba esperando.

 Las maletas ya estaban preparadas. Fernando Iriar te esperaba afuera en el coche y la madre en algún lugar de ese teatro todavía no sabía lo que estaba pasando. El amigo que esperaba esa noche entre bastidores, el que había conseguido el departamento de Polanco, el que puso su propio nombre para que Yuri pudiera escapar, era Luis Miguel. Tenía 16 años.

 era ya el artista más famoso de México y esa noche, sin que nadie lo viera, arriesgó su imagen y su relación con toda la industria para que su amiga pudiera salir corriendo. Años después, Yuri lo contó ella misma. Luis Miguel me consiguió el departamento. Sin él yo no hubiera podido irme. Hay algo que hace esa imagen todavía más poderosa, porque Luis Miguel no era solo un amigo con poder, era alguien que entendía exactamente lo que Yuri estaba viviendo.

 Los dos habían sido niños arrastrados a la fama por adultos que tomaban decisiones sobre sus vidas. Cargaban con eso en silencio, cada uno a su manera. Y cuando Luis Miguel vio que su amiga necesitaba una puerta de salida, la abrió sin hacer preguntas. Yuri llegó a ese departamento de Polanco.

 Esa noche, cerró la puerta y se quedó quieta un momento. 21 años. El mundo entero conocía su voz y era la primera vez en su vida que nadie al otro lado de una puerta tenía derecho a decirle qué hacer. Pero aquí empieza la parte que nadie cuenta. Porque cuando una persona pasa 20 años sin libertad y de pronto la tiene toda, no sabe qué hacer con ella.

 Y lo que Yuri hizo con su libertad fue algo que durante años mantuvo en secreto, algo que su cuerpo terminó pagando de una manera tan brutal que cuando el médico la revisó por dentro le dijo una frase que le heló la sangre. Esa frase está esperándote, pero antes tienes que entender lo que pasó en esos años, porque lo que vino después de esa puerta cerrada en Polanco fue el inicio de algo que Yuri misma describió como su infierno personal.

 La relación con Fernando Iriarte duró hasta 1991, 6 años. Yuri los vivió con una intensidad que nunca había experimentado, pero cuando esa relación se cerró, Yuri ya no era la niña de Veracruz ni la estrella controlada por su madre. Era una mujer de 27 años que había probado la libertad y que ya no iba a vivir sin ella.

 Y la libertad que buscaba a partir de ese momento no tenía nada que ver con los contratos, ni con los escenarios, ni con la fama. Era algo mucho más físico, mucho más oscuro y mucho más difícil de confesar. Y aquí es donde todo cambia, porque lo que Yuri hizo durante los años siguientes no fue un exceso más de una estrella de pop.

 Fue algo mucho más profundo, consecuencias que ningún médico le advirtió a tiempo. Cuando Fernando Iriarte salió de su vida en 1991, Yuri tenía 27 años. y una carrera que seguía creciendo. La maquinaria seguía funcionando, pero por dentro algo se había roto de una manera que ningún manager ni ninguna cámara podía ver, porque durante esos 6 años de libertad, Yuri había descubierto algo, que el cuerpo puede llenar vacíos, que cuando alguien te niega todo durante 20 años, el cuerpo encuentra su propia forma de compensarlo. Y la forma que encontró

Yuri fue el sexo. Ella misma lo confesó sin rodeos años después, mirando a la cámara sin bajar la voz. Lo mío era el sexo. Me encantaba tener novios. Me encantaba estar en una cama. Esa fue mi debilidad. Y no estamos hablando de una relación o de dos. Yuri confesó que tenía amores en todos lados, que era, en sus propias palabras como los marineros, un amor en cada puerto.

 Cada ciudad de Gira tenía su historia y ninguna de esas historias incluía precaución. Desde los 16 años, Yuri había llevado una vida que ella misma describió como alocada. Alcohol, noches largas, hombres que llegaban y se iban. Pero cuando la presión de su madre desapareció, todo eso se multiplicó de golpe. Yuri se lanzó al extremo con la misma intensidad con la que había aguantado todo lo anterior, como si el cuerpo cobrara en un año lo que le había negado en 20.

Tenía una red de amigos, gente de la industria, que funcionaban como intermediarios. Ella lo explicó así en una conversación grabada. Tenía muchos amigos que no eran tan amigos. que básicamente me conseguían a los muchachitos con los que yo me acostaba. Dicha por cualquier otra persona sonaría a escándalo. Dicha por Yuri, con esa calma con la que ella cuenta las cosas más oscuras de su vida, suena algo mucho más doloroso.

Suena a una mujer que lleva años buscando calor humano en el único lugar donde nadie le pide que sea una estrella. Piensa en esto. La mujer más famosa de México, la que todo el mundo conoce, la que llena estadios, la que gana discos de oro en Europa. Esa mujer necesitaba que sus propios amigos le consiguieran compañía, porque dentro de toda esa luz no había nadie de verdad y ella lo sabía mejor que nadie.

La fama construye una burbuja muy específica. dentro de esa burbuja, la gente que te rodea está ahí por lo que representas, por lo que puedes darles, por el brillo que les roza cuando están cerca. Yuri lo entendió pronto, demasiado pronto. Y cuando lo entendió, dejó de buscar compañía real y empezó a buscar algo más simple y más inmediato.

Entre 1991 y 1994, Yuri grabó discos, hizo giras y protagonizó volver a empezar junto a Chayan en Televisa. Por fuera todo seguía en marcha, pero el cuerpo lleva su propio registro y ese registro silencioso durante años estaba a punto de presentar la cuenta. Y aquí viene la parte que más cuesta entender. Yuri era una de las mujeres más admiradas de México.

 Predicaba valores en las entrevistas, mantenía una imagen cuidada delante de las cámaras y nunca usó protección en ninguna de esas relaciones. ¿Por qué? Ella lo explicó con una honestidad que corta. Nunca creí que me pudiera contagiar de nada. Nunca pensé que a mí me podía pasar. Es el pensamiento que tienen todos antes de que les pase.

 El mismo pensamiento que tiene la persona más inteligente del mundo. Hasta que la biología le demuestra que no hace excepciones con nadie, tampoco con la mujer más famosa de México, aunque tenga siete autos lujo y el mundo entero a sus pies. Años después, Yuri grabaría un cassete grabado a mano, producido sin presupuesto, distribuido únicamente en librerías protestantes de toda América Latina. lo tituló Mi testimonio.

En ese cacete contó por primera vez con sus propias palabras lo que había pasado en esos años, lo que nadie había visto, lo que su cuerpo había guardado en silencio. Vamos a volver a ese cacete porque lo que pasó en 1994, lo que hizo que Yuri se parara en seco y mirara hacia adentro por primera vez en su vida, empezó con algo que ella notó e intentó ignorar.

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