Posted in

EL TRAVIESO ARCE: de ÍDOLO a PRESO… La VERDAD OCULTA que HUNDIÓ al campeón

El filipino que en esa época era considerado el mejor libra por libra del mundo, la pelea más grande en términos económicos de toda la carrera de Arce. Eh, le ofrecieron la bolsa más grande de su vida. Su esposa no quería que la aceptara. Arce lo sabía de antemano. Venía de bajada. Lo dijo él mismo años después en entrevistas.

Sabía que ya no era el mismo de [música] antes que Doner lo superaba, pero la cantidad de dinero era la que nunca había ganado en su carrera [música] y no pudo decir que no. El 15 de diciembre de 2012, en el tercer round, Doner conectó un gancho izquierdo que el travieso no vio venir. Al suelo, no cautécnico.

Arce se levantó, pero no pudo continuar. Al finalizar el combate, con lágrimas en los ojos frente a las cámaras, anunció su retiro del boxeo. Había llegado al fin del camino, pero el fin del camino en el ring no fue el fin [música] de la historia, porque lo que vino después de ese knockout, lo que Arce vivió en los meses siguientes, fue algo que pocas figuras del deporte mexicano han admitido con la honestidad que él usó años después.

una depresión de verdad clínica que lo tumbó al suelo igual que Donier, pero sin guantes y sin público. Sus propias palabras dadas en el podcast un round más años después no dejan espacio para la ambigüedad. Él era muy rápido para mí. No vi el golpe, me noqueó y me deprimí un año con esa pelea porque perdí. Estaba muy mal.

Me deprimí un año sin hacer nada. Empecé a creer que ya no era bueno, que no servía más. Y más adelante empecé a subir de peso. Me sentía mal porque no agarraba aire. Estaba totalmente deprimido. Fui con un psicólogo y me dijo que traía una depresión espantosa. El hombre que había ganado con la nariz rota en Los Ángeles, que había noqueado en Corea con el público en contra e que había sido campeón en cinco divisiones.

Estaba sentado en un consultorio diciéndole a un psicólogo que creía que ya no servía para nada. El boxeo hace eso, te da los momentos más altos que puede vivir un ser humano y luego [música] te cobra todo junto cuando para. Arce eventualmente volvió al ring en noviembre de 2013, impulsado en parte por las recomendaciones del psicólogo de volver a hacer lo que amaba salir del abismo.

Tuvo algunas peleas más y el 4 de octubre de 2014, al caer ante Johnny González por knockout técnico en el décimo round, se retiró por segunda y definitiva vez del boxeo profesional con 35 años, con el cuerpo marcado por décadas de golpes y el alma marcada por décadas de gloria. Y entonces empezó su tercera vida, la de los medios. La transición de boxeadora comentarista fue natural para alguien con el carisma de arce. La pantalla lo amaba.

Él era irresistible en cámara con esa combinación de saber real sobre el boxeo, anécdotas de primera mano y esa personalidad que nunca pudo apagar por completo, aunque los golpes se hubieran detenido. Primero en Televisa como analista y comentarista de Sábados de Box, el programa más tradicional del boxeo en la televisión mexicana.

Arce era parte del equipo, el excampeón que ponía el contexto técnico y [música] el espectáculo en la misma frase. También hizo reality shows en Televisa y TV Azteca. Participó en programas donde competía como atleta, como cantante, como bailarín, como figura de entretenimiento total. El travieso era uno de esos personajes que funcionan en cualquier formato porque el carisma es transferible.

Si servía en un ring de boxeo, también servía en un foro de televisión. México lo quería ahí. Pero detrás de esa imagen de ídolo querido y comentarista animado, la vida de Jorge Arce tenía capítulos que el público no veía. Sus amistades con figuras del crimen organizado de Sinaloa, que él mismo mencionó en entrevistas con el periodista Javier Alarcón, donde habló de haber asistido a fiestas en las que estaban Joaquín el Chapo Guzmán, el Mayo Zambada y Juan José Esparragosa [música] Moreno el azul. Arce fue explícito.

A todos, a todos. fue la respuesta cuando le preguntaron si nombraba de esas personas y también reveló que en algún momento fue [música] levantado, es decir, retenido por miembros del crimen organizado en un [música] episodio que en su momento no había trascendido públicamente. Vivir en Sinaloa, ser famoso en Sinaloa, es ser del mismo lugar que las personas más poderosas de ese ecosistema ilegal.

tiene consecuencias que no caben en las páginas de deportes. Todo eso lo cargaba Arce cuando llegó al fin de semana del 27 y 28 de febrero de 2016 a Anahim, California. Llegó como comentarista, como figura del boxeo, como el travieso que todos conocían y querían. se hospedó en el hotel Embassy Suites [música] del condado de Orange.

Fue al Honda Center de Anaheim a cubrir la pelea entre el boxeador mexicano Leo Santa Cruz y el español [música] Kiko Martínez. Hizo su trabajo y en algún momento de ese fin de semana, en algún punto entre la transmisión y la habitación de hotel ocurrió algo que cambiaría todo. El domingo 28 de febrero de 2016, Jorge Armando Arce Armenta fue detenido por las autoridades del condado de Orange, California.

trasladado al Central Men and Women’s Jailes del condado, registrado bajo el número de custodia 2927012, arresto por presunta agresión sexual. La acusación reportada de manera inicial por Telemundo 52 y confirmada poco después por ESPN, NBC Sports y todos los medios de deportes y entretenimiento de México y Estados Unidos, era la siguiente.

Una empleada del hotel Embassy Suites en el condado de Orange denunció que Jorge Arce la obligó a practicarle sexo oral cuando ella fue a dejar agua a la habitación en la que se hospedaba el exboxeador. La mujer descrita como hispana [música] por los medios locales presentó su denuncia ante las autoridades y entregó como evidencia una prenda de vestir con rastros biológicos.

Apareció acompañada por su esposo ante las cámaras de los medios locales [música] con el rostro en sombra para proteger su identidad. Te y su esposo declaró que su vida les había sido destrozada y que pedían justicia. La carga penal potencial, si los cargos prosperaban, era de entre 3 y 8 años de prisión. Ahí está.

No en una pelea, no en un ring, no contra un rival con guantes, en una celda del condado de Orange, California, a miles de kilómetros de Los Mochis, con [música] una acusación que en cuestión de horas inundó todas las portadas del país y convirtió el nombre del travieso en trending topic [música] por todas las razones equivocadas.

Piensen un momento en eso, no en el morvo. En la mecánica del derrumbe, Jorge Arce llevaba décadas construyendo una imagen no solo de campeón, sino de personaje, de figura querida, de comentarista entrañable, de exboxeador que había hecho la transición con éxito. Y esa imagen construida golpe a golpe, pelea a pelea, programa a programa, reality a reality, cayó en cuestión de horas, no semanas, no días, horas, porque las redes sociales no esperan a que se hagan investigaciones ni a que se establezcan hechos.

Read More