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Harfuch Destapa el Asqueroso SECRETO de Sara García que Escondió 40 Años en la Colonia Roma

 La puerta de madera todavía conserva el barniz original de los años 40. La alaba de bronce tiene forma de mano. La mano de una mujer pequeña, la mano de Sara. Harfook no llegó a inspeccionar, llegó a desenterrar. Lo que esa familia llevó 45 años escondiendo bajo capas de barniz, polvo y silencio respetuoso, hoy sale a la luz por primera vez.

 Adentro la casa huele a naftalina y a cera de muebles. La sala tiene el mismo sillón que aparece en las fotografías de prensa de los años 50. Una mesa redonda con un mantel bordado. Un retrato al óleo de Sara joven mirando de medio perfil, sin la dentadura postiza, sin las arrugas que después fueron su marca.

 29 años según la firma del pintor. 29 años. la edad en la que todavía podía sonreír con sus propios dientes. Harfuk sube las escaleras de madera crujiente. Tres escalones, una pausa. El polvo levanta espirales en el rayo de luz que entra por el tragaluz del descanso. La habitación principal tiene una cama estrecha de una sola plaza, cubierta con una colcha tejida a gancho.

 encima de la cómoda, dos frascos de cristal con dientes postizos sumergidos en solución azul. La solución se evaporó hace años. Los dientes flotan en el aire seco como pequeños fantasmas dentro del vidrio. Harf se inclina bajo el colchón. Debajo del somier de resortes desgastado por casi 40 años de uso, hay una caja de cartón color crema. tiene una etiqueta escrita a lápiz que dice una sola palabra.

 Después, Harfuch saca un guante de látex, levanta la caja, pesa más de lo que debería pesar para un contenedor de ese tamaño. Adentro se escucha el click seco de metal contra papel, como si alguien hubiera guardado una pequeña vida. Antes de abrirla, Harfuch recorre el resto de la habitación. Sobre la mesita de noche hay un vaso de cristal con agua que se evaporó hace décadas, dejando un cerco mineral en el fondo.

 Una novena de la Virgen de Guadalupe abierta en la página del séptimo día. Un retrato pequeño en marco de plata de una mujer que no es Sara. La mujer del retrato es joven, de pelo oscuro, recogido, con los ojos claros que la fotografía en blanco y negro no consigue del todo. La fotografía no tiene firma, no tiene fecha, no tiene dedicatoria, solo está ahí junto al vaso seco mirando al lugar donde Sara dormía.

 La primera fotografía que aparece sobre la cómoda al lado de los frascos de cristal con las dentaduras flotando, muestra a Sara García con Joaquín Pardabé. 1944, los dos sonriendo en el patio de los estudios Churubusco. Sara con el reboso, Joaquín con saco oscuro. Pero al reverso, en tinta verde, escrito con la letra apretada y pequeña de Sara.

 Hay una frase de seis palabras que nadie había leído nunca. Joaquín supo lo del trato. Cayó. Eso fue lo que circuló entre quienes los conocieron de cerca, lo que se contó durante años en los pasillos de los estudios. La familia Pardavé siempre lo negó. Nadie pudo probarlo, pero la versión se quedó. Harfug cierra la caja con la mano enguantada y la pone sobre la mesa de la cocina al lado del frutero de mimbre que todavía conserva tres limones secos del último mercado al que fue Sara.

 Y aquí empieza lo que ningún biógrafo oficial de Sara García contó nunca. Antes de seguir, quédate conmigo porque lo que está en esa caja yo te lo voy a abrir paso a paso. Primero te voy a contar cuánto le pagó Posa Films a Sara García por cada película de las 42 que protagonizó como abuelita. La cifra está escrita en la libreta verde y al lado de la cifra hay un nombre tachado tres veces que tú vas a reconocer.

Segundo, te voy a contar por qué Pedro Infante entró en 1947 a una oficina de Posa Films, cerró la puerta detrás de él y le gritó al productor algo que dos secretarias escucharon y que nunca, nunca apareció publicado en ningún libro. Lo que Pedro defendió esa tarde tiene que ver con Sara y con un actor que está en la fotografía de la caja.

 Tercero, te voy a contar quién era la mujer de Madrid y por qué Sara le escribió durante 40 años cartas que la nieta encontró atadas con un listón rojo. No te voy a decir lo que tú crees que te voy a decir. La realidad es más triste, más larga y más mexicana que el rumor de salón. Cuarto, te voy a abrir la caja completa.

 Cuatro objetos visibles y una quinta cosa que la nieta no quiso tocar la mañana del entierro. Una quinta cosa que tiene que ver con Jorge Negrete y con algo que pasó en 1948 durante el rodaje de una película que casi nadie recuerda. Si te vas antes de que abramos la caja, te vas a perder lo más fuerte. La libreta verde tiene tapa de ule con las esquinas redondeadas por el rose de 40 años de uso.

 Adentro, página por página, Sara llevó la contabilidad de cada película que firmó con Posa Films por orden cronológico, por título, por cifra recibida. 1941, cuando los hijos se van. Director: Juan Bustillo Oro. 5,000es. La película recaudó en taquilla, según los archivos de la productora, alrededor de 2 millones de pesos en su primer año.

2,200,000, escribió Sara en una anotación al margen con tres signos de exclamación detrás, 5,000 arriba, 2,200,000 abajo. La diferencia entre lo que ganó la abuelita más amada de México y lo que ganó la empresa que la vendió. 1942 mi madrecita 4,500es. Recaudación estimada según los mismos archivos 1,800,000 1943.

La gallina clueca 5000 pes. 1944 cuando los padres se quedan solos.500es. Hay un patrón. Sara cobraba el equivalente a entre el 0.2 y el 0.3% de la taquilla de cada película. La carrera del rostro más reconocible del cine mexicano se construyó pagándole a Sara como si fuera una secundaria de reparto.

 La construcción se sostuvo durante cuatro décadas y Sara no pudo, no quiso, no supo, no se atrevió a renegociar. Y aquí entra Joaquín Pardé, porque Joaquín fue el actor que más veces compartió cartel con Sara. 12 películas juntos. 12. Joaquín cobraba en 1944 alrededor de 28,000 pesos por película, cinco veces lo que cobraba Sara por el mismo elenco, por la misma productora, por el mismo público. Joaquín lo sabía.

Joaquín siempre lo supo y Joaquín nunca, en ninguna entrevista, en ninguna declaración pública, en ninguna conversación documentada con periodistas de la época mencionó la diferencia. Esa es la frase que Sara escribió al reverso de la fotografía. Joaquín supo lo del trato. Joaquín cayó. Eso fue lo que se contó entre quienes coincidieron con ellos en los estudios, lo que circuló durante años.

 Pardabé siempre fue presentado por la prensa como su gran cómplice de pantalla. La familia Pardé siempre lo defendió y nadie pudo probar nunca que Joaquín hubiera tenido la posibilidad real, pero la versión se quedó adentro de la libreta verde tachado tres veces con la misma pluma con la que Sara firmó su último contrato.

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