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LOS LUJOS ABSURDOS ABANDONADOS POR JOSÉ JOSÉ TRAS SU MUERTE | Qué pasó con José José | Documental 4K

LOS LUJOS ABSURDOS ABANDONADOS POR JOSÉ JOSÉ TRAS SU MUERTE | Qué pasó con José José | Documental 4K

Todos en México conocen a José José. Todos. No me importa que me  digan  mujeriego, yo las amo. No hay una sola casa en este país donde no haya sonado su voz alguna vez. En la cocina  mientras tu mamá hacía la comida, en el radio del carro, cuando tu papá manejaba de regreso del trabajo.

 En las fiestas de los domingos, cuando la familia se juntaba y alguien ponía Gabi y todos se sabían la letra, el príncipe de la canción. Y cuando murió aquella madrugada del 28 de septiembre de 2019, la gente empezó a preguntarse lo mismo en toda la República. ¿Cuánto dinero habrá dejado ese señor? Porque todos imaginábamos lo mismo, ¿verdad? Mansión con alberca en las lomas.

 Casa de descanso en Cuernavaca. Departamento con vista al mar en Miami. Colección de autos. Cuentas en Estados Unidos que aguantaran tres generaciones. No es capricho pensarlo. Estamos hablando del hombre que vendió más de 200 millones de discos. Del cantante al que Frank Sinatra. Sí, ese Frank Sinatra quiso invitar a grabar un álbum completo del artista con estrella en Hollywood y seis nominaciones al Grammy.

 Pero entonces pasó algo muy raro cuando sus hijos José Joel y Mary viajaron a Miami buscando respuestas. No encontraron lo que iban a buscar, encontraron otra cosa. Y lo que encontraron, o mejor dicho, lo que no encontraron, es lo que hoy, casi 7 años después, todavía tiene a esta familia destrozada y peleando en dos países al mismo tiempo.

 Hubo pleitos, hubo acusaciones graves, hubo una casa, una sola casa que lo cambió absolutamente todo. Pero mira, antes de contarte qué fue lo que realmente pasó con todo lo que dejó el príncipe de la canción, tenemos que regresar en el tiempo. Porque para entender por qué se armó este desmadre tan grande tras su muerte, primero tenemos que recordar bien quién fue José José, de dónde salió, cómo le hizo para llegar hasta arriba y por qué.

Durante más de 50 años fue la voz que acompañó a México entero. Agárrate bien porque esta historia apenas está comenzando. Para entender quién fue José José, tenemos que regresar hasta 1948, a un barrio de la Ciudad de México que seguramente conoces o del que alguna vez escuchaste hablar. Clavería en Azcapotzalco, una colonia de clase media de calles tranquilas de vecinos que se saludan al salir a comprar el pan.

 Ahí nació José Rómulo Sosa Ortiz el 17 de febrero de ese año y la cosa es así. La música la traía en la sangre desde antes de nacer. Su papá, don José Sosa Esquivel, era tenor de ópera. Su mamá, doña Margarita Ortiz, era concertista de piano. Imagínate la casa. Piano en la sala, Arias cantándose mientras se servía la comida, vecinos que paraban la oreja cuando pasaban por la ventana.

Parecía el comienzo de una vida privilegiada. Pero hay un detalle. Don José Sosa, además de tenor, era alcohólico. Y cuando el pequeño Pepe tenía apenas 15 años, el papá abandonó a la familia. Se fue, dejó a doña Margarita con dos hijos y con las cuentas por pagar. Ahí se acabó la infancia.

 Desde los 15 años José tuvo que salir a buscarle para ayudar en su casa. Empezó a cantar serenatas por las noches con su primo Paco en las colonias del centro por unos cuantos pesos. Y fíjate qué curioso, fue precisamente en esas serenatas, en esas madrugadas frías con la guitarra colgada al hombro, donde se le pegaron dos cosas que lo iban a marcar para siempre: el amor por cantar y el primer trago de alcohol para aguantar el frío.

 Pero en una de esas serenatas, el destino lo empujó. Una muchacha que lo escuchó quedó tan impresionada con su voz que le consiguió una prueba en una disquera y de ahí todo empezó a rodar. En marzo de 1970, con apenas 22 años, se subió al escenario del teatro ferrocarrilero para cantar en el segundo festival de la canción latina.

 La canción se llamaba El triste, compuesta por Roberto Cantoral. Y aquí viene el momento que cambió la historia de la música mexicana para siempre. Cuando terminó de cantar, el público se paró, no aplaudió, se paró en silencio y luego estalló. Una ovación que, según cuentan los que estuvieron ahí, nunca se había escuchado en ese teatro.

 Fue de esos momentos raros en los que uno sabe en ese instante exacto que acaba de nacer una leyenda. Aunque fíjate qué ironía, no ganó el festival, quedó en tercer lugar, pero el público ya lo había coronado. Y desde esa noche José José ya no fue José Rómulo Sosa, fue otra cosa. De ahí en adelante todo fue cuesta arriba.

 Los 70s lo convirtieron en ídolo nacional, los 80s lo convirtieron en ídolo internacional. Trabajó con Manuel Alejandro, el compositor español más cotizado de la época, y juntos grabaron el álbum Secretos, un disco que según la Academia Latina vendió entre 4 y 7 millones de copias de un solo álbum. Y aquí viene algo que poca gente sabe.

 En plena cumbre de su carrera le llegó una llamada que cualquier cantante del mundo hubiera firmado con sangre. Frank Sinatra, sí, la voz, el mero mero. Sinatra había escuchado a José José y quería grabar un álbum completo con él, un dueto de leyendas. ¿Y qué pasó? La disquera mexicana no lo dejó por un contrato de exclusividad. Así, tal cual.

Imagínate el tamaño del artista del que estamos hablando. Seis nominaciones al Gramy, estrella en el Paseo de la Fama de Hollywood, más de 200 discos de oro y platino. Lifetime Achievement Award de la Academia Latina en 2004. Persona del año en 2005. Un imperio construido desde las serenatas de clavería hasta los escenarios más grandes del planeta.

 Pero ya sabes cómo es esto. Mientras más alto subes, más duro pega la caída. Y la caída de José José, esa sí fue brutal. La mayoría de la gente piensa que cuando un cantante llega a la cumbre ya la hizo, que el dinero se multiplica solo, que los problemas desaparecen, que la vida se vuelve una fiesta eterna. Y tiene sentido pensarlo.

 Cuando ves a un artista llenando auditorios, firmando autógrafos, subiéndose a aviones privados, parece que está montado en la nube. Pero la realidad de José José era otra y estaba muy lejos. de ser una fiesta, porque mientras el mundo entero le aplaudía, adentro de él algo se estaba rompiendo despacio, sin que nadie se diera cuenta al principio ni él mismo.

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