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ALEJANDRO “Cobrita” González: la BALA que el BOXEO no pudo esquivar… Su SANGRIENT0 FINAL

Grábate este detalle porque dice todo sobre cómo era la cobrita González antes de la [música] gloria. Cuando llegó a la pelea eliminatoria contra César Soto, su récord era de 33 victorias y dos derrotas. Había perdido dos peleas en su carrera. Las derrotas en el boxeo mexicano de ese nivel no son solo estadísticas, son señales de advertencia que los promotores y los rivales usan para decidir qué tan serio eres.

Pintor venció a Soto de todas formas y dejó su récord en 33 a 2, listo para lo que vendría. Y lo que vendría era Kevin Kelly. Aquí viene la primera revelación que te prometí. Kevin Kelly no era cualquier rival, [música] era el campeón reinante del CMB en peso pluma. tenía un récord de 41 victorias, cero derrotas y 28 knockouts. Invico.

Uno de los mejores peleadores de su categoría en el planeta en ese momento. Cuando los promotores anunciaron que Alejandro González [música] iba a pelear con él, la reacción en el ambiente del boxeo fue de escepticismo, [música] no de expectativa, de escepticismo. Ellie se permitió incluso [música] bajar al retador antes del combate diciéndole que tenía más respeto por Cobra Soto que por la cobrita González, que iba a correr como una gallina.

La cobrita [música] escuchó eso, lo procesó y le dijo que se iba a comer sus palabras. El 7 de enero de 1995, La Alamodome de San Antonio, Texas, 8000 personas. Transmisión en vivo por HBO. Alejandro González, 21 años, de Guadalajara, Jalisco. Camisa humilde, familia numerosa. La promesa de una casa para su mamá en el bolsillo.

[música] Kevin Kelly, invicto, seguro de sí mismo, campeón del mundo. La pelea fue una guerra desde el primer round. No fue un knockout fácil de un boxeador superior aplastando a un retador menor. Fue una guerra de verdad entre dos hombres que se tomaban en serio. En el sexto round, la cobrita tiró a Kelly. El campeón cayó, se levantó, respondió derribando a González en el octavo.

La pelea siguió y en el décimo round la esquina de Kevin Kelly arrojó la toalla. El reloj marcó el fin de ese asalto y la cobrita González era el nuevo campeón del mundo del CMB en Peso Pluma. Piensa en ese momento un instante, [música] 21 años. Guadalajara. El chico que jugaba fútbol y terminaba en peleas de barrio.

El que entrenó 30 peleas amateors antes de subir al profesionalismo. El que hizo las primeras peleas en circuitos de segunda sin que nadie pusiera su nombre en una marquesina. Ese chico acaba de derrotar al invicto campeón del mundo de su categoría en HB o frente a 8000 personas en Texas. Lo primero que hizo cuando llegó a México fue comprarle una casa a su mamá.

Los meses que siguieron fueron los mejores de su vida deportiva. Primera defensa del título. Venció al excampeón Luis Espinoza por decisión unánime. Segunda defensa, otra victoria. La Cobrita González era el campeón, era el orgullo de Guadalajara, era el boxeador que Marco Antonio Barrera y Eric Morales le citarían años después con afecto cuando compartieran mesa en una conversación sobre los viejos tiempos del boxeo Tapatío.

Y entonces llegó el 23 de septiembre de 1995, Sacramento, California. La tercera defensa del título, Manuel Mantecas Medina, otro mexicano, el tipo que el ambiente del boxeo usaba para recordarle a la cobrita que el cinturón te lo prestan, no te lo regalan. Escucha [música] esto. Alejandro González perdió esa pelea por decisión dividida.

No lo noquearon, no lo pararon. Perdió en las tarjetas después de 12 rounds. Un resultado que en cualquier otra pelea podrían haber generado una revancha, un debate, otra oportunidad. Pero no generó nada de eso en la vida de la cobrita González. [música] Lo que generó fue una puerta. Una puerta que él mismo describió con palabras exactas en una entrevista con el canal Un Round Más de Marco Antonio Barrera, años después, [música] sin filtros.

Esta es la segunda revelación que te prometí. Cuando perdí el título mundial, te agüitas, estás con los amigos, pides una cervecita, les dices, “Andas a toda madre, les dices, dame.” Mi cuate me decía que no. Yo sentí el puro chingazo. Y de ahí cada que pisteaba preguntaba, “¿No traes nada?” Y así empecé.

Grábate esas palabras. [música] No son las palabras de alguien intentando construir una imagen de sí mismo. Son las palabras de un hombre que describen el mecanismo exacto [música] de cómo empieza algo que después no puedes parar. La cerveza que sigue al agüite. [música] La pregunta que haces después de la cerveza.

El chingazo que sientes y que buscas de nuevo. El hábito que se construye tan despacio que cuando te das cuenta [música] ya no es un hábito, sino una necesidad. Alejandro González consumió cocaína a diario durante [música] 5 años. 5 años. No fue un episodio aislado, no fue una temporada mala, no fue un desliz del que se recuperó rápido.

Fueron 5 años de adicción activa al mismo tiempo que seguía peleando, que seguía firmando contratos, que seguía subiendo al ring boxeo le pedía [música] que hiciera, porque el boxeo tampoco espera. El boxeo sigue girando aunque tú estés cayendo. extraordinario. Lo que hace que este caso resulte [música] todavía más difícil de entender desde afuera es que durante esos 5 años, Adicto González siguió teniendo victorias, siguió peleando, siguió siendo boxeador profesional y en el año 2000, 5 años después de la pérdida del cinturón del

CMB, [música] 5 años dentro de la adicción, venció a Harold Warren para coronarse campeón mundial de la IBA en peso ligero. doble campeón del mundo en dos décadas distintas, adicto y campeón al mismo tiempo. Eso dice algo sobre el nivel de destreza que tenía y también sobre el nivel de negación en el que vivía.

Se retiró el 28 de marzo de 2003. Su última pelea fue una derrota ante John Brown por puntos en Oxnard, California. El récord final, 49 victorias, 33 de ellas por knockout, cinco [música] derrotas y un empate. 55 peleas profesionales en 15 años de carrera, un currículum que cualquier boxeador firmaría sin dudar.

Y entonces llegó el retiro y con el retiro, el momento más peligroso de todos. Piensa en esto un momento. Los atletas profesionales tienen en el retiro la misma crisis que tienen cuando pierden el título, pero multiplicada por 10. El entrenamiento diario que estructuraba cada hora de cada día desaparece. La adrenalina que el cuerpo aprendió a no necesitar para funcionar ya no tiene cause.

La identidad que durante 15 años fue la cobrita González, [música] el boxeador, el campeón, el que sube al ring y gana. Esa identidad de repente no tiene ring donde manifestarse. Y si encima de eso cargas con 5 años de adicción a la cocaína ya en el historial, el territorio del retiro se vuelve un campo minado. González lo reconoció él mismo.

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