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TIBIO MUÑOZ: el ORO de México 68 INHABILITADO 10 AÑOS… DESVIÓ MILLONES en CODEME

El país explotó en una catarsis colectiva que no se ha vuelto a repetir en el deporte nacional. [música] Ese fue el momento de su gloria máxima, el momento en que se convirtió en un símbolo intocable de la identidad mexicana. [música] El gobierno de Gustavo Díaz Ordaz lo usó inmediatamente como bandera, como el ejemplo perfecto del éxito del sistema, ignorando convenientemente que mientras Felipe ganaba el oro, miles de jóvenes de su misma edad estaban siendo perseguidos [música] o encarcelados.

empezó a ganar becas, reconocimientos, medallas al mérito y una posición social que su familia nunca había imaginado. Pero esa misma gloria fue la que le abrió las puertas de las oficinas gubernamentales, donde años más tarde se gestaría [música] su ruina total. Grábate este detalle. El éxito deportivo es [música] una droga potente que nubla el juicio, pero el poder político es una adicción mucho más peligrosa y difícil de abandonar.

Tras retirarse joven de la natación activa porque sabía que nunca superaría lo hecho en el 68, Felipe Muñoz no se alejó [música] del deporte, sino que se metió de lleno en las entrañas de su administración burocrática. quería, según sus propias palabras, [música] devolverle al deporte mexicano un poco de lo que este le dio. Pero el sistema deportivo de finales de los 90 y principios de los 2000 [música] no era una alberca de cristal, era un nido de influencias, deudas [música] de favores y manejos opacos de presupuestos federales. Muñoz pasó de ser el héroe

que venció a los soviéticos [música] a ser un funcionario público que aprendió muy rápido cómo funcionaba la maquinaria del presupuesto. Su ascenso en la jerarquía fue meteórico, impulsado por su carisma y su estatus de leyenda. Fue jefe de la misión olímpica en varias ocasiones, diputado federal por el PRI, donde aprendió las artes negociación política y finalmente alcanzó la presidencia de la Confederación Deportiva Mexicana, la CODM, y posteriormente del Comité Olímpico Mexicano. Estaba en la cima absoluta

[música] de la pirámide burocrática. tenía bajo su firma el control de cientos de millones de pesos destinados a federaciones, atletas de alto rendimiento y programas de desarrollo que supuestamente crearían a los nuevos tibios del futuro. Pero el tibio de carne y hueso olvidó que en el agua los carriles están perfectamente marcados y las reglas son claras, pero en la política mexicana de esa época los límites entre lo público y lo privado eran peligrosamente difusos.

Bajo su mando, la CODM se convirtió en un ente poderoso pero cerrado. Empezó a tomar decisiones cuestionables sobre el destino de los recursos que llegaban de la Comisión Nacional del Deporte. Se dice, y esto fue parte de las investigaciones posteriores, que el dinero que debía llegar a los jóvenes que entrenaban en condiciones deplorables en los estados más pobres del país terminaba desviándose para cubrir gastos de representación que no tenían justificación.

viajes de lujo a eventos internacionales con comitivas excesivas y contratos de proveeduría con empresas que tenían vínculos estrechos con su círculo cercano. Pero eso solo era el principio de una madeja que tardaría años en desenredarse. Lo que vino después lo destruyó todo porque la Secretaría de la Función Pública, ante las constantes quejas de deportistas que denunciaban falta de apoyos mientras los directivos vivían como reyes, empezó a seguir el rastro del dinero.

Lo que encontraron los auditores no tenía nada que ver con el espíritu olímpico ni con la honestidad que Felipe proyectaba en sus discursos. Felipe Muñoz creyó erróneamente que su medalla de oro era un escudo de impunidad eterna, un salvoconducto que lo protegía de cualquier cuestionamiento legal. Pensó que México nunca se atrevería a castigar formalmente a su niño dorado del 68, pero el 12 de marzo de 2008 la realidad lo golpeó como una pared de concreto al final de un carril de competencia.

La noticia corrió como pólvora en los medios deportivos y políticos. El tibio Muñoz estaba siendo investigado formalmente por irregularidades financieras masivas que ponían en duda su integridad. Ya no se hablaba en las noticias de sus históricas brazadas o de su técnica de pecho, sino de sus firmas en documentos oficiales que simplemente no cuadraban con la realidad de los estados financieros.

La auditoría inicial reveló un desvío sistemático de millones de pesos durante su periodo al frente de la CODM, específicamente entre los años fiscales de 2000 a 2005. un periodo donde el deporte mexicano supuestamente estaba viviendo una época de oro en presupuesto, pero que en los hechos no se reflejaba en los resultados de los atletas en la base de la pirámide.

Nadie imaginaba lo que estaba por pasar en los juzgados administrativos, porque la investigación de la función pública no solo apuntaba a simples errores de contabilidad o falta de prisa administrativa, sino a una intención clara y estructurada de desviar fondos públicos hacia fines no autorizados. Mientras él seguía asistiendo a Galevón como una leyenda viviente, los auditores federales revisaban con lupa miles de facturas de eventos que nunca se realizaron, gastos de mantenimiento en instalaciones que seguían en ruinas y

compras de equipo deportivo de alta tecnología que jamás llegó a las manos de los nadadores o clavadistas que lo necesitaban. Grábate esto porque es la parte más triste de la historia. El hombre que un día unió a todo México en un solo grito de victoria el 22 de octubre, ahora estaba siendo señalado por robarle el futuro a las nuevas generaciones de deportistas que lo veían como un ídolo a seguir.

La sombra de la inhabilitación se hacía cada vez más larga y pesada sobre sus hombros. Y el [música] prestigio que construyó con tanto esfuerzo en apenas 148 segundos de gloria olímpica se estaba desmoronando tras años de pésimas decisiones tomadas detrás de un escritorio de madera fina. Piensa en eso un momento.

Ponte [música] en los zapatos de los atletas de aquella época que veían como sus sueños se truncaban por falta de uniformes o pasajes de avión, mientras en las oficinas centrales se manejaban presupuestos de fantasía. ¿Cómo pasas de ser el ejemplo máximo de honestidad, disciplina y esfuerzo nacional hacer el rostro visible de la corrupción en el deporte? El contraste es brutal y doloroso para la memoria histórica [música] del país.

En 1968 recibió la medalla de oro de manos de las autoridades más altas en medio de una ovación de 10,000 personas. [música] En 2008, esas mismas instituciones del Estado le estaban preparando un castigo ejemplar que lo borraría del mapa de la administración pública por una década completa.

Y en ese momento exacto, sin que el público general supiera aún la gravedad del asunto, las pruebas acumuladas eran tan contundentes que ni sus aliados más poderosos en las cúpulas del poder pudieron mover un dedo para salvarlo. La caída del Olimpo al abismo de la burocracia era inminente y el golpe no solo le dolería a él, sino a todos los que alguna vez creyeron que el tibio era diferente al resto de los políticos.

Escucha esto porque aquí es donde la historia se vuelve oscura. La auditoría número 045/2007 fue el clavo final en el ataú de su carrera pública. Los investigadores descubrieron que se habían transferido recursos federales a cuentas que no tenían nada que ver con el fomento deportivo.

Se hablaba de gastos no comprobados por más de 12 millones de pesos de aquella época, una cifra que para una federación deportiva era una fortuna, pero no eran solo los 12 millones, era el esquema de opacidad. Felipe Muñoz intentó defenderse alegando persecución política, una táctica común entre los funcionarios señalados, pero los números no mienten y las facturas apócrifas hablaban por sí solas.

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