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CARLOS HUMBERTO MÉNDEZ – “IGOR YAROSLAV GONZÁLEZ”

que ello no concordaba con lo que su hija le había contado. De hecho, tenía entendido que arrendaba un inmueble cerca de la estación de metro Santa Ana.  Un par de detectives se dirigió a la dirección de Puente Alto, pero no tardaron en descubrir que Igor había vivido en el lugar varios meses antes y nadie conocía su ubicación actual.

Resultaba evidente que estaba ocultando algo. Era probable que estuviera involucrado en la desaparición de su exnovia y debía andar con su paradero lo antes posible. Al mismo tiempo, la noticia fue cubierta por todos los canales de televisión y ampliamente difundida por redes sociales.  Familiares y amigos salieron a la calle a pesar de las restricciones sanitarias para pegar afiches con fotografías de la chica.

Las imágenes de Igor Yaroslav González también se hicieron virales. Este sería descrito como un sujeto de aproximadamente 1,60 de estatura, 85 kg, moreno,  de labios y nariz gruesa, con cabello largo, con el cual solía cubrirse  el rostro. Además, tenía el tatuaje de una enorme cruz en uno de sus antebrazos y padecía de cataratas en el ojo derecho.

Para el día lunes 21 de diciembre, un nuevo antecedente fue entregado a la policía. Una amiga de María Isabel enseñó un mensaje de WhatsApp con fecha del viernes 18 de diciembre, en el cual la joven le habría confesado que tenía planeado reunirse con un sujeto al que había conocido por la aplicación Tinder.

Existía la posibilidad de que aquello fuese cierto, pero los investigadores no estaban tan seguros. Después  de todo, solo era un mensaje de texto y la desaparición de su exnovio seguía siendo sospechosa. Fue entonces que la policía comenzó a georreferenciar el teléfono celular de María Isabel Pávez.

Se pudo probar que la tarde del 17 de diciembre la chica se dirigió desde su domicilio en la comuna de la Florida hasta Santiago Centro. muy cerca de la estación de metro Santa Ana. Al día siguiente, su celular parecía haber sido encendido cerca de la estación del terminal de buses de la Alameda y luego en la ruta 68, donde finalmente se perdió su conexión.

A su vez, agentes de la PDI tuvieron acceso a un perfil de Instagram a través de una tableta que la joven tenía en su casa, en donde descubrieron un par de fotografías que habían sido publicadas tiempo atrás y despertaron su interés. En una aparecía la puerta de un departamento numerado con el 215 y en la otra un balcón desde donde podía verse la torre de Telefónica.

Uno de los edificios más icónicos y reconocibles de Santiago. Una vez que los investigadores dieron la ubicación exacta y acudieron al lugar, confirmaron que el apartamento ya estaba habitado por otras personas. Sin embargo, al interrogar al conserje del edificio, este reveló que meses atrás el inmueble había sido ocupado por un ciudadano mexicano, cuya descripción física coincidía plenamente con la de Igor Yaroslav González.

De hecho, se contaba con información que resultó sumamente útil para la investigación. Por lo visto, el joven se había mudado a otro departamento ubicado en el 1825 de la avenida San Pablo. La noche del 23 de diciembre, un grupo de oficiales se dirigió al edificio y al ingresar por los pasillos del noveno piso percibieron un olor desagradable que los alertó de inmediato.

Llamaron a la puerta del departamento 904 y un sujeto identificado  como David arredondo los atendió confirmando que Igor vivía allí con él, pero que se había marchado hacía casi una semana y desconocía su paradero. Cuando los agentes registraron  la habitación de Igor y abrieron su armario, se toparon con un bulto envuelto en una sábana y con una enorme mancha de sangre.

Al abrirlo encontraron el cadáver degollado de María Isabel. El lugar había sido limpiado meticulosamente en un intento por borrar toda evidencia del crimen, aunque el ADN de la víctima fue hallado en un cuchillo dentado que estaba en la cocina, el cual habría sido utilizado como arma homicida. Al revisar las cámaras de seguridad se pudo probar que la tarde del jueves 17 de diciembre María Isabel e Igor Yaroslav González hicieron ingreso al edificio, lo que contradecía el testimonio entregado por el sospechoso,

quien aseguraba que no la había visto desde el día 11. En las imágenes también se le podía ver haciendo abandono del inmueble al día siguiente completamente  solo. El rastreo del celular de la víctima marcó actividad en el terminal de buses y en la ruta 68, varias horas después del crimen. Aquello hizo suponer a los detectives que era muy probable que el sospechoso lo llevará consigo durante la huida.

El informe forense indicaba que la víctima  había fallecido a causa de una única herida de 17 cm en la cervical, la cual cercenó la yugular y la  carótida, produciéndole una muerte relativamente rápida. No mostraba heridas defensivas y los especialistas  concluyeron que el ataque se produjo de improviso y por la espalda.

David redondo, el otro inquilino, sería interrogado por la policía. Y si bien resultaba sospechoso que no percibiera el olor a putrefacción en la vivienda, lo cierto es que salía con frecuencia y pasaba pocas horas allí, como quedó en evidencia con los registros de ingreso en el edificio. Finalmente se pudo probar que no estuvo en el lugar cuando se produjo el crimen,  ni parecía estar al tanto de lo que había ocurrido y fue dejado en libertad.

El trágico desenlace generó una enorme indignación pública y es que al día siguiente otro horrendo asesinato el lutó esta vez a los habitantes de  Viña del Mar. Elsa Muñoz Santana, una mujer de 40 años, había presentado varias denuncias por acoso y agresión contra su expareja, un sujeto identificado como Iván  Yáñez.

Ese mismo día, el hombre ingresó a su domicilio, la golpeó de forma brutal, la apuñaló en varias ocasiones hasta producirle la muerte y luego incendió el inmueble tras lo cual fue  detenido por la policía. Como si fuera poco, se meses antes, una adolescente llamada Cornejo fue violada, estrangulada y descuartizada por la pareja de su madre, el infame Hugo Bustamante, uno de los peores asesinos en serie de la crónica negra chilena.

Bostamante había pasado más de una década en prisión tras asesinar en enero de 2005 a su expareja Verónica Vázquez y a su hijo de 9 años, Eugenio Honorato.  Varios años más tarde, el mismo Bustamante confesaría que también le quitó la vida a un amigo y a la madre de este en 1996, sumando así un total de cinco víctimas fatales.

A pesar de que no existía ninguna relación entre todos estos hechos criminales, se desencadenó una fuerte ola de protestas en diversos puntos del país.  Grupos feministas salieron a manifestarse a las calles y en redes sociales se exigía justicia para las víctimas. La indignación era generalizada  y Gor Yaroslav González, el único sospechoso del femicidio de María Isabel Pávez, seguía  en libertad y se comenzó a ejercer una enorme presión para que fuese detenido lo antes posible.

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