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“EL TRAIDOR” del Círculo CONFIESA TODO: Yo Di la Ubicación de Maduro por $15M

Una semana después me volvió a llamar. Esta vez fue más directo. Me dijo que había una recompensa de hasta 50 millones de dólares por información que llevara la captura de Maduro, que él conocía gente que podía ponerme en contacto con las personas correctas, que si yo tenía información valiosa podía negociar 50 millones.

Esa cifra me quedó dando vueltas en la cabeza durante semanas. Yo sabía que tenía información valiosa, sabía cosas que nadie más sabía, pero también sabía que si me descubrían, no solo me mataban a mí, mataban a mi familia, a mis amigos, a cualquiera que pudiera estar conectado conmigo. El primer contacto real fue a principios de noviembre.

Me dieron instrucciones muy específicas. viajar a Bogotá con una excusa de trabajo, hospedarme en un hotel específico, esperar una llamada. Lo hice. La llamada llegó a las 9 de la noche del segundo día. Una voz en inglés con acento que no pude identificar me dijo que bajara al lobby y buscara un hombre con una revista específica en la mano.

El tipo era americano, eso era obvio. Pelo corto, compleión atlética, esa manera de moverse que tienen los militares, aunque estén vestidos de civil, no me dijo su nombre real, me dio un alias que no voy a mencionar aquí, me llevó a una habitación en otro piso del hotel y ahí empezamos a hablar.

La conversación duró como 4 horas. Me hicieron preguntas sobre todo rutinas de Maduro, protocolo de seguridad, ubicación de casas de seguridad, nombre de los guardias más cercanos, sistema de comunicación, rutas de escape. Yo respondí todo lo que sabía. Al final de esa noche me dijeron que mi información era extremadamente valiosa y que iban a consultarlo con sus superiores.

Pasaron tres semanas sin noticia. Empecé a pensar que se habían olvidado de mí o que habían decidido que no valía la pena el riesgo. Pero entonces, a mediados de diciembre recibí otro mensaje. Querían reunirse de nuevo, esta vez con personas de mayor rango. La segunda reunión fue diferente. Había más gente, las preguntas eran más específicas, más técnicas.

Me preguntaron cosas que solo alguien que estuviera planeando una operación real preguntaría. cosas como el grosor de las paredes en ciertas ubicaciones, si había túneles de escape, cuántos guardias había en cada turno, qué tipo de armas llevaban, si había sistemas de alerta temprana.

Fue en esa reunión cuando me ofrecieron los 15 m000ones. Me dijeron que el pago máximo de 50 m000ones era para quien entregara Maduro físicamente, pero que por información de inteligencia que permitiera su captura, podían ofrecer entre 10 y 20 millones dependiendo de la calidad. Me ofrecieron 15, la mitad por adelantado y la otra mitad después de que la operación fuera exitosa.

Acepté, no lo pensé mucho, la verdad. Para ese punto ya había cruzado la línea, ya había dado información, ya era un traidor, aunque no hubiera cobrado un centavo. El dinero solo hacía oficial lo que ya eron hechos. Los americanos querían saber una cosa específica, dónde iba a estar Maduro en las primeras semanas de enero de 2026. Yo sabía que después de Año Nuevo Maduro tenía programado quedarse en Fuerte Tiuna.

No en Miraflores, no en ninguna de las casas de seguridad habituales, en Fuerte Tiuna. En una residencia que pocos conocían dentro del complejo militar, la lógica era que fuerte era el lugar más seguro de Venezuela. La base militar más grande del país, llena de soldados leales, con sistemas de defensa antiaérea, con múltiples capas de seguridad.

Maduro pensaba que nadie se atrevería a atacar ahí y durante años tuvo razón. Les di toda la información, la ubicación exacta de la residencia dentro de Fuerte Piuna, los horarios de los turnos de guardia, los puntos ciegos en el sistema de vigilancia, las rutas que usaban los vehículos de seguridad, todo lo que sabía después de años de trabajar en logística de movimiento.

Pero había un problema. Yo si la operación se realizaba mientras yo estaba en Venezuela, iban a saber que la filtración vino de adentro. Y aunque había mucha gente con acceso a información, el círculo de personas que conocían todos los detalles que yo había dado era muy pequeño. Me iban a identificar en cuestión de horas.

Los americanos lo sabían también. Me dijeron que tenían que sacarme antes de la operación, que iban a organizar mi extracción junto con el Pablo, pero yo no confiaba en ello completamente. ¿Qué me garantizaba que no me iban a usar y después dejarme colgado o peor entregarme como parte de algún acuerdo político? Así que hice mis propios arreglos.

tenía contactos en Moscú, gente que conocía de los años en que Venezuela y Rusia hacían negocios de armas, gente que por el dinero correcto podía garantizarme asilo y protección. Negocié con ellos en paralelo sin que los americanos supieran. El plan era simple. La noche antes de la operación, yo tomaría un vuelo comercial a La Habana con documentos falsos de La Habana a Moscú en un vuelo de Aeroflot para cuando los americanos atacaran.

Yo ya estaría fuera de alcance y para cuando el régimen empezara a buscar culpables, yo ya estaría bajo protección rusa. El 2 de enero de 2026 fue el día más largo de mi vida. Sabía que esa noche iba a pasar algo que cambiaría todo. Sabía que en cuestión de horas Maduro iba a ser capturado o muerto y sabía que yo era responsable de eso.

Esa mañana fui a trabajar como si nada. Coordiné los movimientos del día, revisé los protocolos de seguridad, saludé a la gente que llevaba años saludando. Nadie sospechaba nada, o al menos eso pensaba yo. A las 6 de la tarde me fui de Fuerte Tuna. Dije que tenía una cita médica, algo que había usado como excusa otras veces.

Fui a mi apartamento, agarré una maleta que ya tenía preparada desde hacía semanas y me dirigí al aeropuerto de Maquetía. El vuelo a La Habana salía a las 10 de la noche. Cuando llegué al aeropuerto todavía faltaban 3 horas. Me senté en una cafetería y esperé. Cada minuto se sentía eterno. Cada persona que pasaba cerca me parecía sospechosa.

Cada anuncio por los altavoces me ponían los nervios de punta. A las 9:30 abordé el avión. Me senté en mi asiento, un lugar junto a la ventana hacia el fondo del avión y esperé. El avión estaba programado para despegar a las 10:15. A las 10:05 todavía estábamos en la pista. A las 10:10 sentí que el avión empezaba a moverse.

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