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Así Vive Cilia Flores en La Cárcel: De Controlar Venezuela a Pasar Hambre y Frío

Flores estudió en escuelas públicas. Se graduó de abogada en la Universidad Santa María a los 32 años, una edad tardía para terminar una carrera. Se especializó en derecho penal y laboral. Trabajaba en causas de derechos humanos, defendiendo a sindicalistas y activistas de izquierda. Y entonces llegó 1992. El 4 de febrero de ese año, un teniente coronel llamado Hugo Rafael Chávez Frías intentó derrocar al presidente Carlos Andrés Pérez. El golpe fracasó.

Chávez fue arrestado junto con decenas de militares rebeldes y enviado a la cárcel de Yare. Silia Flores tenía 35 años. Era una abogada desconocida con experiencia en derechos humanos. vio una oportunidad. Se presentó en la cárcel de Yare y ofreció sus servicios legales a los militares presos. Guarda este momento porque esta decisión cambió la historia de Venezuela.

Flores se integró al equipo de abogados que defendió a Chávez. Trabajó incansablemente para conseguir su liberación. Fundó el Círculo Bolivariano de los Derechos Humanos. Se unió al Movimiento Bolivariano Revolucionario 200. el MVAR 200, el germen de lo que después sería el chavismo. Y fue en esas actividades en las calles de Caracas, donde conoció a un joven sindicalista que trabajaba como parte del equipo de seguridad de Chávez. Se llamaba Nicolás Maduro Moros.

Años después, en un podcast que grabaron juntos, Silia recordó ese momento. En esa travesía por la liberación de Chávez andábamos en actividades en la calle. Yo siempre recuerdo una asamblea en Cata, cuando un muchacho pide la palabra, habló y me quedé mirando. Dije, “Qué inteligente.” Maduro contó su versión.

La conocí en esos años de lucha y después, bueno, ella me empezó a picar el ojo, a hacer ojitos. Pero aquí viene la primera revelación que casi nadie cuenta. Cuando Silvia conoció a Maduro, ella ya estaba casada. Llevaba 14 años de matrimonio con Walter, Ramón, Gavidia Rodríguez. Tenía tres hijos con él. Walter Jacob, nacido en 1978.

Joseph Daniel, nacido en 1988 y Joswell Alexander, nacido en 1990. Su relación con Maduro comenzó mientras seguía casada. Pasaron dos décadas antes de que formalizaran. Se casaron el 15 de julio de 2013, apenas 3 meses después de que Maduro ganara las elecciones presidenciales tras la muerte de Chávez. 20 años de relación clandestina convertidos finalmente en matrimonio oficial. Pero volvamos a los 90.

En 1994, el equipo legal donde trabajaba Silia logró algo que parecía imposible. El presidente Rafael Caldera otorgó un sobreseguimiento a Hugo Chávez. El militar golpista quedó libre. Chávez nunca olvidó quién lo ayudó a salir de la cárcel. En 1997, Flores participó en la fundación del Movimiento Quinta República, el primer partido político de Chávez.

En 1998, Chávez ganó las elecciones presidenciales con el 56% de los votos. Iilia Flores comenzó su ascenso. En el año 2000 fue elegida diputada de la Asamblea Nacional por el Distrito Capital. Era una de las primeras legisladoras del nuevo orden chavista, una mujer de confianza absoluta del presidente. En 2005 fue reelegida.

Su influencia dentro del partido crecía con cada año que pasaba. Y en agosto de 2006, cuando Nicolás Maduro dejó la Asamblea para convertirse en ministro de Relaciones Exteriores, Silia Flores fue elegida presidenta del Parlamento, la primera mujer en la historia de Venezuela en ocupar ese cargo. Piensa en lo que eso significa.

En menos de 15 años, Cilia Flores pasó de ser una abogada desconocida que visitaba presos políticos en la cárcel de Yare a controlar uno de los cinco poderes del Estado venezolano. No lo hizo con votos populares, no lo hizo con carisma público, no lo hizo con discursos memorables, lo hizo con lealtad, con eficacia, con la capacidad de estar siempre en el lugar correcto, junto a las personas correctas, en el momento correcto.

Hugo Chávez confiaba en ella ciegamente. consideraba parte de su círculo más íntimo. La mujer que lo había ayudado a salir de la cárcel ahora controlaba el parlamento que aprobaba todas sus leyes. Y aquí es donde la historia se pone interesante. Silvia Flores no presidió la Asamblea Nacional como una figura decorativa, la controló con mano de hierro.

Una de sus primeras decisiones fue prohibir el acceso de la prensa al hemiciclo. Los periodistas que habían cubierto el Congreso durante décadas de repente no podían entrar. Las sesiones se volvieron opacas, las votaciones secretas, las negociaciones invisibles. Esa medida se mantuvo hasta 2016, cuando la oposición finalmente ganó la mayoría de la cámara.

Pero la decisión más controvertida de Flores no fue censurar a la prensa, fue lo que hizo con los empleos públicos. En 2007, la Asamblea Nacional organizó un concurso para llenar cerca de 90 cargos. El proceso debía ser transparente. Convocatoria pública, evaluación de méritos, jurados imparciales. Lo que pasó fue otra cosa.

Dos de los siete miembros del jurado eran familiares directos de Silia Flores, su prima Numidia Flores y su nuera Magalí Gutiérrez. Numidia avaló la contratación de al menos seis de sus propios familiares. Magalí aprobó el ingreso de su esposo Walter Gavidia, el exmarido de Cilia, de su madre Cilia Adela Flores, la madre de la presidenta de la Asamblea y de otros cuatro parientes.

Cuando los sindicatos de trabajadores denunciaron la situación, presentaron una lista, 47 nombres, cuatro hermanos de Cilia, siete primos, cinco sobrinos, cuatro cuñados, 15 personas de diversos parentescos y su propio hijo Walter Jacob Gavidia Flores, que entonces tenía 30 años. El periodista Teodoro Petkov escribió en su diario tal cual.

La doctora Flores ha metido parientes hasta el cuarto grado de afinidad y por lo visto a todos los consanguíneos que encontró. La directiva del Colegio de Abogados de Caracas ironizó, “No sé si en Caracas hay muchas flores, pero en la Asamblea Nacional casi todos son flores y los que no lo son familia de los hijos de la diputada.

” ¿Y qué hizo Cilia Flores cuando la confrontaron? No se disculpó, no prometió investigar, no despidió a nadie. dijo, “Aquí ingresó mi familia y yo me siento bien orgullosa de que sean mi familia y los defenderé en esta Asamblea Nacional como trabajadores.” Y eso fue todo. Ninguna investigación prosperó, ningún familiar fue despedido.

El sistema judicial venezolano, que Silia también controlaba según sus críticos, no emitió ningún fallo en su contra. La Fiscalía General abrió una investigación, pero nunca avanzó. El Tribunal Supremo de Justicia guardó silencio. La Contraloría General no encontró irregularidades. ¿Cómo era posible? Porque Silvia Flores no solo controlaba la Asamblea Nacional.

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