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Pol Pot: La Revolución que Convirtió Camboya en un Infierno y el Régimen del Jemer Rojo

 

El 17 de abril de 1975, las tropas del Partido Comunista de Campuchea entraron victoriosas en Panom [música] Pen, la capital de Camboya. La gente salió a las calles a recibirlos. Habían vivido años de guerra civil, bombardeos y caos político, y creían que por fin llegaba la paz. Algunos lloraban de alivio, otros [música] aplaudían.

Nadie en esa multitud sabía que el hombre detrás de esa victoria [música] había pasado años planeando algo que ninguno de ellos podría haber imaginado en sus peores pesadillas y que ese día de aparente liberación era en realidad el primer día del periodo más oscuro de la historia de Camboya. Lo que ocurrió en las horas siguientes a esa entrada triunfal [música] fue la primera señal de que algo estaba profundamente mal.

Los soldados, en su mayoría jóvenes adolescentes con uniformes negros y pañuelos a cuadros, comenzaron a ordenar a los habitantes de la ciudad que salieran de sus casas. Les dijeron que sería temporal, que era por su seguridad, que en unos días podrían regresar. 3 millones de personas abandonaron Fnom Pen ese día cargando lo que podían llevar en sus manos.

 Muchos de ellos nunca regresaron. El hombre que había ordenado esa evacuación no estaba en las calles celebrando con sus tropas. Estaba en algún lugar de la ciudad, en la sombra, operando con la misma invisibilidad que había caracterizado toda su carrera política. Su nombre real era Salotar. El mundo lo conocería por otro nombre, el nombre que él mismo eligió cuando decidió convertirse en algo diferente de lo que había sido.Cae Phnom Penh, empieza el genocidio

 Lo llamarían Paul Pot, el hermano número uno. Y en los 4 años que siguieron a ese 17 de abril, gobernaría Camboya de una manera que convirtió su nombre en sinónimo de algo que ningún ser humano debería poder hacerle a otro. Para entender cómo llegó a ese momento, hay que retroceder exactamente [música] 50 años.

 Hay que ir a una aldea en la provincia de Kampong Thom, en el corazón rural de Camboya. Hay que ver al niño que nació ahí el 19 de mayo de 1925 en una familia de agricultores con conexiones modestas a la corte [música] real camboyana. un niño que por esas conexiones tuvo acceso a una educación que la mayoría de los camboyanos de su generación jamás tuvieron y que esa educación lo llevaría primero a Pnompen, [música] luego a París y finalmente a una selva camboyana desde donde construiría algo que cambiaría su país para siempre. Pero antes de contar esa

historia, hay algo que resulta fundamental entender. [música] Paul Pot no fue un psicópata que tomó el poder por la fuerza bruta. No era un militar ni un gangster. era un intelectual, [música] un hombre que había leído filosofía política en las mejores bibliotecas de Europa, que había debatido ideas en las cafeterías de París con estudiantes de todo el mundo, que cuando hablaba, [música] según todos los que lo conocieron, tenía una calma y un encanto que hacían difícil no escucharlo.

Esta combinación, la inteligencia, el encanto [música] y una ideología llevada a su extremo más radical es lo que lo hizo tan extraordinariamente peligroso. Y entender cómo esa combinación se formó es entender una de las historias más perturbadoras del siglo XX. Porque hay una pregunta que cualquier persona que estudia la historia de Paul Pot [música] termina haciéndose.

Una pregunta que no tiene una respuesta fácil, pero que vale la pena hacerse. ¿Cómo un joven que estudió literatura francesa en París, que amaba la poesía y que sus compañeros de estudios describían como tranquilo y amable? se convirtió en el líder de un régimen que en menos de 4 años transformó un país entero en algo que un superviviente describió como peor que el infierno en la Tierra.

 La respuesta no está en un momento único ni en un evento singular. Está en una serie de decisiones, influencias e ideas que se fueron acumulando a lo largo de décadas y rastrear esa acumulación es lo que viene a continuación. Salotzar creció en un Camboya que era colonia francesa. El país llevaba décadas bajo el dominio de Francia y esa colonización había dejado una huella profunda en la sociedad camboyana, una élite educada al estilo francés que gobernaba sobre una mayoría rural empobrecida y un resentimiento que se había ido acumulando silenciosamente

durante generaciones. Ese resentimiento sería el combustible que alimentaría la ideología de Paul Pot décadas después. Pero en su infancia, Salotzar era simplemente un niño de campo con la suerte de tener parientes en la corte real que le abrieron puertas que para la mayoría estaban cerradas. A los 6 años fue enviado a Fnom Pen [música] para vivir con un primo que trabajaba en el palacio real.

 Esa experiencia temprana, crecer en el ambiente del poder real mientras su familia seguía en el campo, [música] dejó en él una doble visión del mundo que lo acompañaría siempre. Por un lado, conocía la vida rural, el trabajo duro, la simplicidad de las comunidades campesinas que más tarde idealizaría de manera peligrosa. Por otro, había visto el mundo del privilegio y la ostentación del palacio real.

 Esa tensión entre dos mundos tan diferentes [música] sería uno de los motores de su pensamiento político posterior. Estudió en escuelas católicas en [música] Fnom Pen, lo cual era inusual para un joven camboyano de origen rural en esa época. Fue un estudiante promedio, sin brillantez académica especial, pero con una capacidad para observar y para escuchar que sus profesores notaban.

 no era el más inteligente del [música] aula, era el que más prestaba atención a lo que los demás decían y [música] que luego procesaba esa información de manera propia. Esa habilidad, la de absorber las ideas de otros y reconfigurarlas en algo nuevo, sería fundamental en su desarrollo ideológico posterior. En 1948, a los 23 años, Salotar obtuvo una beca del gobierno camboyano para estudiar electrónica en París.

 Era el tipo de oportunidad que transformaba vidas. Ir a París en esa época para un joven del sudeste asiático era entrar en contacto con el centro intelectual del mundo occidental. Las universidades francesas en la posguerra eran hervideros de debate político donde las ideas marxistas, el anticolonialismo [música] y las filosofías de la revolución se discutían con una intensidad que no tenía equivalente en ningún otro lugar.

Salotzar llegó a ese ambiente con la mente abierta y el resentimiento anticolonial ya instalado en su interior. La combinación resultó explosiva. En París no tardó en conectar con los círculos de estudiantes camboyanos, vietnamitas y de otros países del sudeste asiático que compartían una visión política radicalmente anticolonialista.

se unió al Partido Comunista Francés, que en esa época tenía una influencia enorme entre los intelectuales europeos y entre los estudiantes coloniales que veían en el marxismo la herramienta teórica para justificar su lucha por la independencia. Leyó a Marx, a Lenin, a Stalin. Pero lo que más lo impresionó, según [música] sus propios testimonios posteriores, fue la revolución cultural china de Mao Sedong.

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