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La niñera acusada

La niñera acusada

La lluvia caía sobre las calles antiguas de Sevilla cuando Lucía Herrera salió de la pequeña panadería de la esquina con una bolsa de pan caliente en las manos. Caminaba rápido, mirando el reloj cada pocos segundos.

—Dios mío… voy tarde otra vez —murmuró.

Subió las escaleras del edificio antiguo donde trabajaba desde hacía siete años. Apenas abrió la puerta del apartamento, una pequeña voz gritó desde el salón.

—¡Luuuu!

Lucía sonrió al instante.

—Aquí estoy, campeón.

Mateo, un niño de seis años de ojos verdes y cabello oscuro, corrió hacia ella y se lanzó a sus brazos.

—Pensé que no volverías.

—¿Y dejarte solo con tu padre gruñón? Jamás.

Desde el despacho se escuchó la voz seria de Alejandro Torres.

—Te escuché.

Lucía soltó una pequeña risa.

Alejandro apareció usando una camisa blanca arrugada y con el teléfono pegado al oído.

—No me importa lo que diga el abogado. Quiero el informe completo hoy.

Colgó de golpe y se masajeó las sienes.

—¿Otro problema en la empresa? —preguntó Lucía.

—Uno nuevo cada día.

Mateo levantó la mano.

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