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Fidel Castro hizo una promesa — 24 horas después, Sorí Marín murió

 

9 de octubre de 1967, La Higuera, Bolivia. Un hombre de 39 años espera la muerte en una pequeña escuela rural convertida en prisión improvisada. Ernesto Cheegevara, el revolucionario más famoso del mundo después de Fidel Castro, ya se herido en el piso de tierra con las manos atadas. Sus captores bolivianos esperan órdenes de la paz que solo pueden significar una cosa.

 El médico argentino que soñaba con liberar América Latina será ejecutado aquí en este pueblo olvidado, lejos de testigos, lejos de cualquiera que pudiera salvarlo. Lo que nadie sabe es que el hombre que pudo salvarlo, el hombre que una vez lo llamó hermano, decidió hace meses que Ernesto Guevara ya no le sirve vivo. Para entender como el cheegue vara terminó abandonado en las montañas bolivianas, hay que regresar al primero de enero de 1959.

Fidel Castro y Chegevara entraron triunfantes a la Habana después de derrotar a Batista. Las multitudes los vitoreaban. Che tenía 30 años, Fidel 32. Eran hermanos de armas, compañeros de Sierra Maestra, arquitectos de una revolución que prometía transformar América Latina. Fidel le entregó responsabilidades enormes, ministro de industria y presidente del Banco Nacional.

 Che trabajaba 18 horas diarias construyendo el socialismo cubano. Durante los primeros años después del triunfo, Fidel y Che parecían inseparables. Se reunían diariamente, conversaban hasta el amanecer sobre teoría revolucionaria, compartían la visión de exportar la revolución, pero había diferencias fundamentales. Che era un puro idealista que creía en el hombre nuevo socialista.

 Fidel era pragmático, dispuesto a compromisos para mantener el poder. Che despreciaba los compromisos. Para él, comprometer los principios era peor que morir. Esta diferencia los separaría para siempre. La primera grieta seria apareció en octubre de 1962 durante la crisis de los misiles. Che quería que Cuba lanzara los misiles nucleares contra Estados Unidos, aunque eso significara la destrucción total de Cuba.

 Para Che era preferible morir que vivir bajo amenaza imperialista. Fidel rechazó esta posición, negoció con los soviéticos, aceptó retirar los misiles. Che sintió esto como traición. Esa noche escribió en su diario, “Fidel eligió sobrevivir. Yo habría elegido vencer o morir.” Después de la crisis de los misiles, las diferencias entre Che y Fidel se multiplicaron rápidamente.

 Cuba dependía cada vez más de la ayuda económica soviética. Los soviéticos exigían pragmatismo, moderación, integración al bloque socialista. Che rechazaba todo esto, criticaba [carraspeo] abiertamente el modelo soviético, lo llamaba capitalismo de estado disfrazado de socialismo. Creía que Cuba debía mantener su independencia revolucionaria.

 Fidel necesitaba los millones de dólares soviéticos que llegaban mensualmente. No podía permitirse alienar a Moscú por los ideales románticos de Che. La tensión crecía silenciosamente entre los dos hombres que una vez habían sido inseparables. En diciembre de 1964, Che habló en las Naciones Unidas. Su discurso fue incendiario.

 Denunció no solo a Estados Unidos, sino también a la Unión Soviética por su tibieza revolucionaria. Cuando regresó a La Habana, Fidel lo esperaba furioso. Che había insultado públicamente a los benefactores de Cuba. La reunión duró 6 horas. Testigos escucharon voces elevadas. Fue la primera vez que discutieron violentamente sin reconciliarse.

 Durante los primeros meses de 1965, Che comenzó a ausentarse de reuniones importantes. Dejó de aparecer en actos públicos, circulaban rumores. La verdad era compleja. Che y Fidel habían llegado a un acuerdo tácito. Che se iría de Cuba para llevar la revolución a otros países. En realidad, Che se había convertido en un problema político para Fidel.

 Su purismo ideológico complicaba la posición de Fidel en la Guerra Fría. En marzo de 1965, Fidel llamó a Che a una reunión privada. Lo que se dijeron cambiaría su destino para siempre. Fidel propuso que Che dirigiera misiones revolucionarias en África y América Latina. Che aceptó con entusiasmo, pero había una condición. Tendría que renunciar a todos sus cargos, a su ciudadanía cubana.

 Fidel explicó que esto era necesario para negabilidad diplomática. Che aceptó sin darse cuenta de que firmaba su exilio permanente. Siguiendo las instrucciones de Fidel, Che escribió una carta de despedida. La carta comenzaba, Fidel, me acuerdo en esta hora de muchas cosas. Era una carta hermosa, nostálgica, llena de afecto genuino por Fidel y por la revolución cubana.

 En ella, Che renunciaba formalmente a todos sus cargos, a su rango de comandante, a su ciudadanía cubana. Declaraba que se sentía libre de lazos formales, aunque su corazón permanecería siempre con la revolución. Che escribió esa carta creyendo que algún día regresaría a Cuba. No entendía que Fidel guardaba esa carta como un seguro político, una prueba escrita de que Che había renunciado voluntariamente a todo.

 En abril de 1965, Che se despidió de su familia. Su esposa Aleída y sus hijos no sabían a dónde iba. Che prometió regresar pronto. Les dijo que Fidel cuidaría de ellos. Besó a sus hijos y salió por última vez. Nunca los volvería a ver. Esa noche abordó un avión a África. Llevaba rifles, dinero, voluntarios y la convicción de que la revolución continental era posible.

 No sabía que Fidel ya había decidido sacrificarlo. Entre 1965 y 1967, Che intentó exportar la revolución primero en el Congo y luego en Bolivia. En el Congo, la misión fue un desastre. Después de 7 meses, Che se retiró humillado. Regresó secretamente a Cuba en diciembre de 1965, pero no pudo quedarse.

 Fidel explicó que su regreso público era imposible. La carta de renuncia complicaba todo. Che entendió entonces que había quedado atrapado en el exilio para un momento. No te pierdas este detalle, porque lo que está por venir no es solo la historia de una revolución fallida en Bolivia, sino la historia de cómo Fidel Castro abandonó deliberadamente a su hermano de armas cuando más lo necesitaba.

 En noviembre de 1966, Che llegó a Bolivia para comenzar una nueva guerrilla. Bolivia sería el centro de la revolución continental. Reclutó combatientes, estableció campamentos, comenzó el entrenamiento, escribió a Fidel pidiendo armas, hombres apoyo. Las respuestas de Fidel eran vagas. Los suministros llegaban tarde o no llegaban.

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