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Che Guevara PREDIJO Su Muerte 6 Meses Antes — El Amigo Que Lo Escuchó Revela TODO 55 Años Después

 

En ese momento nadie sabía que Alberto Fernández Montes de Oca, sentado frente al Cheeguevara en La Habana en marzo de 1967 escucharía las palabras más escalofriantes que un amigo puede escuchar. Moriré en Bolivia dentro de 6 meses dijo el Che con voz calmada como si hablara del clima. Alberto pensó que era una broma, un momento de melancolía revolucionaria, pero se meses después, exactamente como lo predijo, el Che fue ejecutado en la higuera.

 Durante 55 años, Alberto guardó ese secreto. Ahora, a los 91 años, finalmente revela por qué el Che sabía que moriría y por qué eligió ir de todas formas. Marzo de 2022, Miami, Florida. Alberto Fernández Montes de Oca, con 91 años se sienta frente a la cámara por primera vez en más de cinco décadas. Sus manos tiemblan, no por la edad, sino por el peso de lo que está a punto de revelar.

He esperado a que todos murieran dice con voz quebrada. Fidel murió en 2016. Los testigos de aquella noche están todos bajo tierra. Ahora solo quedo yo. Y antes de irme, el mundo merece saber la verdad. Alberto había conocido a Ernesto Guevara en 1959, justo después del triunfo revolucionario.

 No era un comandante ni un político importante, era simplemente un médico cubano que compartía los mismos ideales que el Che. Se hicieron amigos rápidamente. Ernesto no era como los demás revolucionarios, recuerda Alberto. Los otros hablaban de gloria, de poder, de cambiar el mundo desde arriba. Ernesto hablaba de sacrificio, de pureza, de morir por lo que creías.

Durante 8 años, Alberto y el Che mantuvieron una amistad discreta, pero profunda. Cenaban juntos cuando el Che tenía tiempo libre. Hablaban de medicina, de filosofía, de la condición humana. Alberto nunca buscó posiciones en el gobierno, nunca quiso estar en las fotografías históricas, solo quería ser el amigo del hombre detrás del mito.

 Por eso confió en mí, explica Alberto, porque yo nunca quise nada de él, solo su amistad. Y en marzo de 1967, esa amistad me dio el peso de un secreto que me perseguiría durante 55 años. La noche del 8 de marzo de 1967 cambió todo. Alberto recibió una llamada inesperada. Era el che. Alberto, ¿puedes venir a mi casa esta noche? Necesito hablar contigo.Che Guevara: ¿que enfermedad crónica padecía y casi lo lleva a la muerte  durante su lucha armada? | Como murio el Che Guevara | Mundo | La República

 La voz del Che sonaba diferente. No era la voz del comandante revolucionario. Era la voz de un hombre cansado, quizás asustado. Alberto llegó a las 10 de la noche. La casa del Che en la Habana estaba casi vacía. Aleida, su esposa, había llevado a los niños a casa de su madre. Estaban solos. El Che abrió la puerta personalmente. Alberto notó algo inmediatamente.

Había perdido peso. Sus ojos tenían una tristeza que nunca antes había visto. “Gracias por venir, hermano”, dijo el Che. “Necesitaba hablar con alguien en quien confío completamente. Y tú eres el único.” Se sentaron en la sala. El che sirvió dos vasos de ron. Durante los primeros minutos hablaron de cosas triviales, de los niños, del clima, de viejos recuerdos, pero Alberto sabía que algo grande estaba por venir.

 Lo sentía en el aire. Recuerda. Era como estar en la sala de espera antes de un diagnóstico terminal. Entonces, sin previo aviso, el Che lo dijo. Alberto, voy a morir en Bolivia. En se meses estaré muerto. Alberto se quedó paralizado. Pensó que era una broma oscura. El tipo de humor que los hombres usan cuando están bajo presión extrema.

Comandante, ¿qué estás diciendo?, preguntó con una sonrisa nerviosa, pero el che no sonreía. Su rostro estaba serio, casi sereno. No es una broma, Alberto, es un hecho. Voy a Bolivia en dos semanas y no voy a regresar. Lo sé con certeza. Alberto sintió que el mundo se detenía. ¿Cómo puedes saber eso? Es una misión peligrosa.

 ¿Te han amenazado? El Che tomó un largo trago de Ron antes de responder. Es más complicado que eso, hermano. Mucho más complicado. Durante las siguientes tres horas, el cheegue vara reveló a su amigo más cercano la verdad más dolorosa de su vida. ¿Por qué sabía que moriría? ¿Quién lo había condenado? ¿Y por qué había elegido aceptar ese destino? Alberto escuchó en silencio, sintiendo como cada palabra era como un clavo en su corazón.

 Espera un momento, porque lo que el Che confesó esa noche no solo explicaba su muerte, sino toda la tragedia de la revolución cubana. Alberto, ¿recuerdas cuando te dije hace años que la revolución siempre devora a sus hijos? Comenzó el Che. Pues yo seré el próximo devorado y lo peor es que lo veo venir y no puedo detenerlo.

 O quizás no quiero detenerlo. Alberto lo interrumpió. Ernesto, no entiendo nada. ¿De qué estás hablando? El Che se levantó y caminó hacia la ventana. Fidel yo, ya no somos hermanos, Alberto. Hace tiempo que dejamos de serlo. Él eligió el poder. Yo elegí los principios y en la revolución esas dos cosas no pueden coexistir.

 Le contó entonces algo que Alberto nunca había sabido. Desde 1964, después del discurso del Che en las Naciones Unidas, criticando a la Unión Soviética, Fidel había comenzado a verlo como un problema. Me lo dijo directamente”, reveló el Che. Me dijo que mi purismo ideológico estaba poniendo en peligro la supervivencia de Cuba, que los soviéticos amenazaban con cortar la ayuda por mi culpa, que yo tenía que elegir entre mis principios y la revolución.

 Alberto preguntó qué había respondido. El Che sonrió con tristeza. Le dije que si la revolución requería traicionar mis principios, entonces ya no era mi revolución. Entonces Fidel me hizo una propuesta, continuó el Che, me dijo que podía irme, que podía llevar la revolución a otros países, Congo, Bolivia, donde yo quisiera.

 Me dijo que me daría recursos, hombres, armas, que sería mi manera de seguir siendo útil sin causar problemas aquí. Alberto sintió un escalofrío. Y tú aceptaste. El Che asintió. Acepté porque pensé que era una oportunidad real. Pensé que Fidel realmente me apoyaría, pero con el tiempo entendí la verdad. Hizo una pausa larga antes de continuar.

Alberto, Fidel no me está enviando a hacer una revolución, me está enviando a morir y lo hace de una manera tan inteligente que nadie podrá culparlo. Le explicó entonces cómo había descubierto el plan. Los recursos prometidos para el Congo nunca llegaron completamente. Las armas eran viejas o insuficientes.

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