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En 2024, una de las mujeres más famosas del planeta llora en casi cada entrevista que da. No porque le hagan preguntas difíciles, llora cuando le hablan del personaje que interpreta, llora cuando recuerda el proceso de grabación, llora cuando su compañera de elenco le agarra la mano. Al mismo tiempo, su cuerpo pesa lo que pesaba cuando tenía 14 años.

 Su voz tiene una cadencia lenta, suave, casi teatral, y su historia sentimental acaba de explotar en los medios, otra vez con los mismos ingredientes de siempre. Ariana Grande lleva más de una década en el centro de la cultura pop y en todo ese tiempo hubo algo que nunca se detuvo, el cambio. Cada ciertos años aparece una versión completamente distinta de ella.

Diferente estética, diferente energía, diferente forma de hablar, diferente narrativa y cada vez que eso pasa, la sensación es la misma. Ahora sí, esta es la verdadera. El problema es que nunca dura. Pero lo que vamos a ver hoy no es el cambio en sí, es lo que hay debajo. Porque si miras con cuidado, hay algo que se repite con demasiada consistencia para hacer coincidencia y empieza mucho antes de lo que la mayoría recuerda.

Aló, ¿qué pasó, Frikis del Soy Juanito se esto es del TV y el primer gran punto de quiebre de Ariana Grande en su historia no es un escándalo, no es un romance, ni siquiera es un cambio de imagen, es un personaje. 2010, Ariana Grande tiene 17 años y entra a Victorius, la nueva serie de Nickelodeon creada por Dan Schneider.

Dentro del elenco hay varios personajes, el suyo se llama Cat Valentine. Cat no se parece a nadie más en la serie. habla con una voz aguda, constante. Reacciona con una lógica absurda. Parece vivir en un estado de inocencia permanente. No es un personaje realista. Es un personaje diseñado para ser recordado de inmediato y funciona.

 Tanto que en 2013, cuando Victorius termina, Niikelodeon no despide al personaje. Lanza Sam y Cat, un spinoff construido específicamente alrededor de Cat Valentine y el personaje de Janet McCurdy. Eso no es una decisión artística, es una decisión de negocio. Cat Valentine ya no era solo un rol, era un producto en sí mismo, un activo que el canal no estaba dispuesto a dejar ir.

 Pero lo que más importa no es lo que pasaba en pantalla, es lo que pasaba afuera. Años después, Ariana lo explica directamente. La gente amaba tanto a Cat que ella empezó a comportarse como Cat en su vida real. Le costó separar el personaje de su propia identidad. Durante mucho tiempo se escondió detrás de esa versión. No está hablando de actuar bien, está hablando de perder el límite entre quién sos y quién interpretas.

 Y eso no le pasó a los 30 años con plena conciencia de lo que significa. le pasó mientras todavía estaba creciendo. Cuando una versión exagerada y simplificada de vos misma es la que te da todo, fama, cariño, reconocimiento, dejarla atrás. No es una decisión artística, es un riesgo. Ahora hay que hablar del entorno donde todo eso ocurrió, porque Cat Valentin no fue creada en el vacío.

 Dan Schneider no era un creador más dentro de Nickelodeon. Era durante casi dos décadas la figura más poderosa del canal, responsable de Allat, Kanan y  Kel, Drake y Josh Carly, Victorious, Sam y Cat. Prácticamente toda la programación central del canal durante los 2000 y principios de los 2010 pasaba por él.

 tenía control creativo absoluto sobre sus producciones y con ese control construyó un estilo muy específico, humor físico, situaciones exageradas y una estética que constantemente empujaba los límites de lo que se consideraba entretenimiento juvenil. En ese momento todo eso se leía como el tono del canal, pero con el tiempo ese contenido empezó a ser revisitado y la relectura  fue incómoda.

 Escenas donde actores adolescentes eran puestos en situaciones físicamente comprometidas. gags con dobles sentidos que no encajaban con la audiencia a la que supuestamente estaban dirigidos. Material extra en plataformas digitales donde esos elementos se llevaban un poco más lejos. No es una escena puntual, es la acumulación.

 En 2018, Niikelodeon termina su contrato con Schneider. Sin comunicado oficial, sin explicación pública, solo un fin de relación laboral que, dado el poder que él tenía dentro del canal, resultaba llamativo por lo silencioso. En  2024 llega la data suculenta. Se estrena Quiet, The Dark Side of Kids TV, un documental de Investigation Discovery que reúne testimonios de actores, escritores y productores que trabajaron dentro de ese sistema.

 Lo que describen es un entorno donde las dinámicas de poder eran asimétricas. donde había comportamientos que en su momento nadie cuestionaba públicamente y donde varios de los que crecieron ahí terminaron pagando un costo que no esperaban. Drake Bell revela en el documental que fue víctima de abusos por parte de un entrenador de diálogo que trabajaba en el canal.

 Varios exempleados describen un ambiente de trabajo donde Schneider podía humillar, gritar o marginar a quien quisiera sin consecuencias visibles. Y la pregunta que queda flotando no es solo él, es sobre el sistema que lo sostuvo durante 20 años. Ariana no es el centro de esa historia, pero sí es parte del contexto. Creció dentro de ese sistema, aprendió a funcionar dentro de ese sistema y la versión de sí misma que el mundo conoció primero fue producida dentro del mismo.

Eso no la hace responsable de nada de lo que ocurrió ahí, pero se hace más pesada toda esa etapa. Hay un momento específico donde toda esta historia deja de ser una interpretación, una cosa que se le ocurre a los que están mirando y pasa a ser algo afirmado por Ariana Grande.

 Cuando termina Sam and An Cat en el año 2014, ella publica un mensaje de despedida bastante largo, agradeciendo sobre todo a Nickelodeon. Y dentro de ese texto hay una frase que sí es verdad, en su momento pasó básicamente desapercibida, pero que con el paso del tiempo se vuelve clave para entender todo lo que vino después. Ariana escribe que Cat Valentine era un personaje hermoso detrás del cual se había escondido durante mucho tiempo.

 No es una forma poética de decirlo, es una descripción directa y tiene un timing que no es casual. Ese mensaje lo publica exactamente cuando su carrera musical ya despegó, cuando ya tiene un número uno en el billboard, cuando ya no necesita a Catir, la confesión llega en el momento en que puede costearse hacerla.

 Lo que deja expuesto es esto. La ariana que el mundo conoció durante años no era completamente ella. Era una versión filtrada, adaptada, moldeada, por lo que funcionaba en un sistema muy específico. Y eso no ocurre en una etapa adulta donde alguien decide conscientemente construir una imagen ocurre mientras todavía está creciendo.

 Eso tiene consecuencias que no se resuelven fácil, porque cuando tu identidad pública empieza siendo una máscara que funciona, todo lo que viene después tiene que negociar con eso. Podés sostenerla, modificarla o romperla, pero nunca podés ignorarla. En paralelo a esa toma de conciencia, algo mucho más concreto estaba ocurriendo.

 En 2013 lanza The Way con McMiller, top 10 del Billboard Hot 100. Poco después, George Truly debuta directo en el número uno del Billboard 200. No es un crecimiento gradual, es un salto. Ariana ya no es una actriz juvenil que quiere cantar, es un artista pop que funciona, que vende, que tiene público propio completamente independiente del universo Nickelodeon.

Y eso cambia todo porque mientras su carrera musical crece sin freno, Sam y Cat sigue al aire y el detrás de escena ya está roto. Janet McCurdy lo cuenta en detalle en su libro I’m Glad my mom died. Ariana faltaba con frecuencia al set por compromisos musicales, grabaciones, presentaciones, eventos. La tensión era constante.

 Mientras una intentaba construir otra carrera, la otra se quedaba sosteniendo la serie sola. Hay episodios donde Cat directamente casi no aparece o donde su presencia se resuelve de formas narrativamente forzadas, simplemente porque Ariana no estaba disponible para grabar. La salida ocurre en 2014 y es llamativa por cómo se hace.

 No hay escándalo, no hay ruptura pública. Ariana agradece, se despide con buenos términos, reconoce lo que esa etapa significó para ella. Todo prolijo, todo medido, todo en orden, pero lo que queda no es la despedida, lo que queda es el reemplazo. Cat Valentine desaparece. En su lugar aparece otra ariana más adulta, más alineada con el popstream, con una imagen construida para una industria completamente diferente.

 En 2014 llega My Everything con Problem y Breakfree. En 2016, Dangerous Woman. Cada álbum marca un paso más lejos de Nickelodeon y un paso más adentro de algo más calculado, más controlado, más estratégico. El problema es que esa nueva versión tampoco termina de quedarse fija, porque si la primera es una máscara que aprendió a usar para funcionar, la segunda empieza a mostrar señales de qué, de que también está construida.

 Seamos sinceros, después de ese punto, los cambios de arena grande empezaron a dejar de sentirse como algo natural, cambios, crecimiento de un artista. Los cambios de imagen son propios de cualquier artista, pero en este caso empiezan a sentirse más profundos, más visibles y sobre todo más difíciles de ignorar. Hay un elemento que empieza a aparecer en esta etapa y que con el tiempo se vuelve imposible de separar de su figura su vida sentimental.

 Al principio parece algo completamente normal. Relaciones que empiezan, que terminan, que generan titulares, pasa en el entretenimiento todo el tiempo, pero hay un patrón que empieza a instalarse y no tiene que ver con juzgar sus decisiones personales, tiene que ver con  la velocidad y con la exposición. 2012 empieza a salir con J.

 Brooks del grupo de Janovskians. La relación es intermitente, va y viene. Cuando termina, Brooks publica mensajes en redes acusándola de haberlo engañado con Nathan Ses, cantante de The Wanted, con quien Ariana había colaborado musicalmente. Ariana lo niega, no hay resolución definitiva, pero por primera vez  su vida amorosa se convierte en un conflicto público con versiones cruzadas que ella no controla del todo. 2014. Big Sh.

 El contexto ya viene cargado. John había terminado recientemente su compromiso con la actriz Naya Rivera. En su autobiografía Rivera describe un episodio donde fue a la casa de John y encontró a Ariana ahí. Rivera murió en 2020 y su libro se publicó de forma póstuma. Sin ánimo de sacar conclusiones definitivas, ese relato alimenta una percepción que empieza a instalarse con cada vez más fuerza.

 Ariana no es solo un artista en ascenso, es alguien alrededor de quien siempre parece haber una historia en desarrollo. Y eso cambia la lógica de cómo el público la lee, porque a partir de ese punto, cada relación deja de ser un dato privado que eventualmente se hace público. Empieza a funcionar como parte del relato central de su figura.

Cada vínculo no solo se observa, se interpreta. Julio de 2015, una cámara de seguridad en una tienda de donuts en Lake Elsinor, California, graba algo que nadie esperaba. Ariana Grande entra con su entonces pareja Ricky Álvarez. Mientras esperan atención, se acerca a una bandeja de donuts en exhibición y los lame.

 Minutos después, cuando un empleado trae comida nueva, su reacción queda grabada. I hate Americans, I hate America. El video se viraliza en horas, no hay forma de interpretarlo de otra manera. La escena es exactamente lo que parece. Su primera disculpa intenta contextualizar. Habla de su frustración con los hábitos alimenticios en Estados Unidos y las tasas de obesidad infantil.

dice estar orgullosa de ser estadounidense y que fue descuidada con sus palabras, pero no menciona los donuts, no menciona haber manipulado comida destinada a otros clientes. Solo corrige en una segunda ronda de disculpas, incluyendo un video y una aparición en televisión, donde reconoce que su comportamiento no tiene justificación, el episodio no destruye su carrera, pero rompe algo que hasta ese momento se sostenía bastante bien, la imagen de chica dulce, inocente, completamente controlada.

 Y cuando esa imagen se fisura, otras historias empiezan a circular con más fuerza. Reportes de comportamientos difíciles en sesiones de fotos, exigencias sobre cómo debía ser filmada, preferencias muy marcadas sobre qué ángulo de su cara podía aparecer en cámara. Ninguna de esas historias fue confirmada de forma definitiva, pero se repiten con suficiente consistencia como para instalarse en la percepción pública.

 Lo que se empieza a formar no es una acusación puntual, es una grieta. La sensación de que la imagen que Ariana proyecta no siempre coincide con lo que ocurre detrás. Durante años, Ariana Grande sostuvo una lógica bastante clara. Todos la hemos visto. Vos la viste. Y si la viste, coméntame por ahí abajo.

 Cuando una etapa se desgastaba, aparecía otra ocupando su lugar. nueva estética, nueva energía, nueva narrativa y el público en mayor o menor medida aceptaba ese cambio. Pero hay algo que no se puede reemplazar tan fácil y eso es el pasado. El pasado no deja de existir por más que cambies el presente. Entre SN y Thank you Next en 2019, algo cambia de una forma que ya no se puede atribuir a evolución natural.

 Su tono de piel en videoclips, sesiones de fotos y presentaciones públicas aparece notablemente más oscuro que en sus primeros años. Esto se vuelve tema recurrente en redes y en medios especializados. Al mismo tiempo, su forma de hablar en entrevistas empieza a variar. Hay momentos donde su acento, su entonación y su manera de expresarse cambian según el contexto, no como una evolución progresiva, como un cambio que aparece y desaparece.

 La percepción se vuelve tan extendida que el propio público le crea un término Blackiana. Así llaman a esa versión específica de Ariana que circula durante esa etapa. En 2019, con el lanzamiento de Seven Rings, las críticas toman otra forma: apropiación cultural. La estética del videoclip, los elementos visuales y sonoros del tema remiten a referencias que no forman parte de su origen o su historia.

 En ese mismo contexto aparece el episodio del tatuaje. Ariana se tatúa en japonés, lo que supuestamente era una referencia a la canción. Resultado, el tatuaje decía pequeña parrilla de carbón, intenta corregirlo. El resultado final queda algo así como pequeña parrilla de carbón con corazón japonés. Cada uno de estos episodios, tomado por separado, podría leerse como un error, una decisión de imagen cuestionable, una tendencia de la industria.

 La data suculenta en leerlos juntos, porque lo que muestran en conjunto no es un artista que evoluciona de una versión a otra, es un artista que cambia de versión y que cada versión nueva tiene una vida útil. Si hasta acá la vida sentimental de Ariana ya venía generando ruido en 2018, todo eso se convierte en algo mucho más difícil de ignorar.

 Ariana y McMiller se conocían desde 2012. Habían colaborado en música, tenían años de historia compartida. En 2016 oficializan la relación. Desde afuera la imagen era la de una pareja con química real, con una dinámica que el público percibía como genuina. Mac en su álbum The Divine Femin deja bastante en claro el peso emocional que ella tenía en su vida.

 En mayo de 2018, Ariana anuncia la ruptura. El mensaje es medido, respetuoso, sin conflicto. Lo que ocurre en los días siguientes cambia completamente el tono. A los pocos días de la ruptura, Ariana empieza a aparecer con Davidson, comediante de Saturday Night Life. No pasan semanas, no pasan meses, en cuestión de días ya están juntos.

 En pocas semanas, la relación escala a un ritmo que incluso para los estándares de Hollywood resulta llamativo. En junio de 2018 confirman el compromiso. En menos de un mes, Ariana pasó de una relación de casi 2 años a planear un casamiento con otra persona. Mientras eso ocurre, McMiller tiene un accidente automovilístico en el valle de San Fernando.

 Es arrestado por conducir bajo los efectos del alcohol. Las redes reaccionan de inmediato. Una parte del público construye una narrativa donde Ariana es señalada como responsable indirecta. Ella responde con una declaración que marca un límite claro. Había intentado apoyar su recuperación durante años. No era su rol ser madre ni cuidadora de otra persona.

 La respuesta divide opiniones. Por un lado, establece un límite completamente lógico. Por otro, llega en un contexto donde la velocidad de su nueva relación ya estaba generando incomodidad. En septiembre de 2018, McMiller muere por sobredosis accidental.  Ariana prácticamente desaparece de la exposición pública.

 El compromiso con Pitt pierde fuerza. No hay fecha de casamiento, no hay planificación visible. En octubre la relación termina. Ruptura, nueva relación, compromiso, muerte, separación, todo en menos de 5 meses. Lo que deja esa secuencia no es solo una serie de eventos trágicos, es la sensación de una velocidad que no da tiempo de existir antes de ser reemplazada por lo siguiente.

 Después de un año así, lo que cualquiera esperaría es una pausa, un silencio, un retiro. Lo que hace Ariana es otra cosa. Noviembre de 2018, pocas semanas después de la muerte de McMiller y de la ruptura con Davidson, lanza “Thank you Next”. La canción no evita lo que pasó, lo toma directamente como material, nombra a sus exparejas por nombre, reorganiza la historia desde su perspectiva y la lanza antes de que los medios puedan construir la narrativa por ella.

 El resultado es cósmico. Debuta número uno en el Billboard Hot 100 y se mantiene ahí durante siete semanas consecutivas. El álbum Thank you Next, lanzado en febrero de 2019, también debuta en el número uno del Billboard 200. Lo que había sido el peor periodo de su vida termina siendo el punto más alto de su carrera comercial.

 Y eso cambia la lectura de todo lo anterior, ¿no? Porque hasta ese momento Ariana parecía alguien que atravesaba situaciones intensas y luego las procesaba públicamente. A partir de acá empieza a percibirse algo distinto, la capacidad de tomar lo que ocurre en su vida y transformarlo en narrativa consumible casi  en tiempo real.

No es solo resiliencia, es una habilidad específica. Y cuando esa habilidad existe, cada nueva etapa deja de sentirse completamente espontánea. Empieza a sentirse como algo que también puede ser utilizado. Todas esas arianas existieron, todas funcionaron mientras estaban activas y después fueron reemplazadas.

 Entonces, la pregunta deja de ser, ¿cuál de esas arianas es la verdadera? La gran pregunta es, ¿hubo algo de Ariana Grande que no haya sido construido para ese momento específico? En 2024, Quiet Onset reabre una conversación que Ariana no puede controlar. El documental no gira específicamente alrededor de ella, pero el sistema que describe es exactamente el sistema dentro del cual ella creció.

Las dinámicas de poder que se documentan ahí son las mismas que rodearon la producción de Victorius y Sam y Cat. Y esta vez no hay una versión nueva lista para presentar. Cuando le preguntan al respecto en entrevistas, su respuesta es notablemente distinta a todo lo que venía mostrando.

 Dice que escuchar esos testimonios fue devastador, que todavía está reprocesando su relación con esa etapa en tiempo real, no entra en detalles, no da nombres, no reconstruye la narrativa y eso es exactamente lo que lo hace diferente a todo lo anterior, porque en otras situaciones, incluso en las más caóticas, Ariana había logrado ordenar el relato rápidamente.

 Acá hay algo que no se puede acomodar tan fácil. Por primera vez en mucho tiempo no parece estar completamente en control de cómo se cuenta su propia historia. En paralelo a todo eso, Ariana está en el proyecto más importante de su carrera Wicked, un papel que venía buscando desde hacía más de una década. Hay tweets suyos de 2011 donde ya decía que Glinda era su sueño.

 Para conseguirlo, pasó por múltiples audiciones. Entrenó meses su voz para adaptarse al registro del teatro musical clásico. Trabajó con coaches de actuación y canto. El resultado profesional es innegable. La actuación es sólida. La película es un éxito comercial enorme. Pero lo que llama la atención durante esa etapa no es el trabajo, es como se muestra.

Durante la gira de prensa de Wikid circulan constantemente clips de entrevistas donde Ariana aparece visiblemente emocional. Respuestas simples que terminan en llanto, momentos donde necesita apoyarse en Cyntia Eivo. Reacciones intensas ante situaciones que desde afuera parecen completamente cotidianas dentro de una promoción de película.

 

 Se repite tantas veces que deja de ser un momento aislado. Se convierte en patrón. Al mismo tiempo, su imagen física cambia de forma llamativa. Aparece considerablemente más delgada. Su estética se vuelve más pálida, más etérea. Su forma de hablar es más lenta, más suave, con una cadencia casi teatral que, y esto es lo que genera incomodidad, se parece mucho a la de Glinda.

 Para una parte del público, eso es método, inversión total en el personaje, arte. Para otra parte, algo no termina de cuadrar y en ese mismo periodo estáalla la historia con Ethan Slater. Slater era su compañero de elenco en Wicked. Estaba casado y acababa de ser padre en la separación de Ariana con su esposo Dalton Gómez, con quien se había casado en 2021.

 Se hace pública en 2023. Poco después se confirma la relación con Slater. La exesposa de Slater, Lily Jay, da una declaración que se vuelve viral. Mi familia es un daño colateral. Distintos medios reportan que Ariana y Slater habían compartido tiempo antes  de que la relación se hiciera pública. Lo que eso implica nadie lo dice de forma definitiva, pero la percepción se instala sola y lo que hace que este episodio sea diferente a los anteriores es que ya no hay forma de leerlo como una coincidencia. Relación que termina,

nueva relación que empieza rápidamente. Exposición pública, narrativa dividida. Es el mismo ciclo, exactamente el mismo ciclo, por cuarta o quinta vez. La diferencia es que esta vez ocurre mientras Ariana habita un personaje que llora en cada entrevista. pesa lo que pesaba a los 14 años y habla con la voz suave de alguien que quizás también está de alguna forma escondiéndose detrás de un papel como ya lo hizo antes, como siempre lo hizo.

Ariana Grande empezó siendo un personaje creado para funcionar en televisión juvenil dentro de un sistema que años después quedaría documentado como profundamente disfuncional. Después fue una estrella pop construida para reemplazar a ese personaje. Después fue la figura sentimental cuya vida privada se convirtió en narrativa pública.

Después fue el artista que transformó su propio caos en el mayor éxito de su carrera y ahora es Glinda con el llanto, la figura, la voz y el timing perfectamente calibrados. Cada versión existió. Cada versión funcionó mientras estuvo activa y cada versión fue reemplazada. Si llegaste hasta acá, friky del dale duro a like.

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