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HARFUCH FILTRA VIDEO del HIJO y REVELA el MOVIL del CRIMEN de la MASACRE de TEHUITZINGO

HARFUCH FILTRA VIDEO del HIJO y REVELA el MOVIL del CRIMEN de la MASACRE de TEHUITZINGO

Yo fui un alcohólico drogadicto. Por culpa de ellos era mucho, mucho trabajo lo que a mí me ponían a hacer. Miércoles 20 de mayo de 2026, temprano en la mañana, cuando la mayoría de los mexicanos todavía estaba tomando café y el país apenas comenzaba a despertar. Omar García Harfuch se paró frente a las cámaras y soltó algo que llevaba semanas guardado con la precisión quirúrgica de alguien que sabe exactamente cuándo y cómo tiene que golpear.

 Harf filtró el video del hijo y reveló el verdadero móvil del crimen de la masacre de Tehitzingo, uno de los episodios más brutales, más oscuros y más deliberadamente enterrados de toda la historia reciente de Puebla. y lo que ese video muestra, lo que ese archivo de inteligencia revela y lo que esa conferencia de prensa matutina dejó al descubierto ante el país entero.

 No es solamente la prueba de un crimen que durante años fue presentado como un ajuste de cuentas entre cárteles. Es la demostración de que detrás de esa masacre había una orden. Una orden que salió del poder político, una orden que se dio para callar bocas, proteger negocios sucios y garantizar que ciertas verdades nunca llegaran a la superficie.

Hasta esta mañana. Detente un momento en lo que eso significa antes de continuar, porque hay una distancia enorme entre escuchar que se filtró un video del hijo de un operador político y comprender lo que ese video representa en el contexto de todo lo que esta ofensiva ha venido desmantelando en las últimas semanas.

 La masacre de Tehuitzingo no es un nombre nuevo en las conversaciones sobre violencia en Puebla. Es un nombre que las familias de las víctimas han pronunciado durante años frente a fiscalías que no respondían. Frente a juzgados que no avanzaban, frente a funcionarios que miraban hacia otro lado con una consistencia que ya no podía explicarse como ineficiencia y que esta mañana quedó confirmada como lo que siempre fue.

 Protección deliberada, comprada y sostenida desde las más altas estructuras del poder político en el estado. Para entender el peso real de lo que ocurrió esta mañana, hay que entender primero el contexto en el que este golpe se produce. No llegó de la nada. Llegó después de semanas de una ofensiva que ha ido cerrando círculos con una consistencia que no tiene precedente en la historia reciente del país.

 Los golpes financieros contra la red de Rocha Moya y Marucampos, la perforación de búnkeres que nadie esperaba que existieran, la desarticulación de la estructura operativa que permitía que esa red funcionara como un gobierno paralelo dentro del gobierno formal de Puebla. Todo eso fue preparando el terreno para este momento, porque en una ofensiva de esta naturaleza, los golpes no son aleatorios.

 Cada operativo es una capa que se retira. Cada hallazgo es un hilo que conduce al siguiente. Y esta mañana el hilo que se jaló llegó directamente hasta uno de los crímenes más sanguinarios que esa red ordenó. Ejecutó y luego intentó sepultar bajo una narrativa falsa que durante años fue la versión oficial de los hechos. Escríbelo en los comentarios si ya sospechaban que la masacre de Tejuzingo tenía un origen político y no solo criminal, porque la intuición colectiva de este país lleva años diciéndoles algo que los comunicados oficiales de aquella

época se negaron a confirmar. La masacre de Tejuzingo ocurrió en el municipio del mismo nombre en la región mixteca del estado de Puebla, una de las zonas más marginadas y menos visibles del mapa político nacional, lo que la convirtió en el escenario perfecto para que ciertos actores creyeran que podían hacer lo que quisieran sin que las consecuencias los alcanzaran.

 Tejuisingo es un municipio pequeño con menos de 10,000 habitantes, ubicado a más de 200 km de la capital poblana, en una región donde la presencia institucional del Estado siempre fue débil, selectiva y, como esta mañana quedó demostrado, completamente capturada por los intereses de la red política que controlaba el gobierno estatal.

 La masacre dejó un número de víctimas que las autoridades de aquel momento se apresuraron a encuadrar dentro de la narrativa del crimen organizado, la disputa territorial entre grupos, el ajuste de cuentas. Esa narrativa fue conveniente. Fue conveniente porque ponía la responsabilidad en actores anónimos e inidentificables, porque desactivaba cualquier línea de investigación que apuntara hacia arriba en la cadena de mando y porque le daba al sistema judicial los argumentos que necesitaba para mantener los expedientes

abiertos sin avanzar, que en la práctica es exactamente lo mismo que mantenerlos errados. Las familias de las víctimas nunca creyeron esa narrativa. Lo dijeron en cada marcha, en cada conferencia de prensa, que nadie cubrió con la amplitud que merecía, en cada carta que enviaron a instancias federales, que en aquel momento tampoco tenían ni la voluntad ni los instrumentos para desafiar la versión que Puebla imponía sobre sus propios crímenes.

 Esas familias llevan años con una certeza que esta mañana encontró su primera confirmación oficial. Sus seres queridos no murieron en un cruce de fuego entre cárteles. Fueron ejecutados y la ejecución fue ordenada. El video que García Harfuch presentó esta mañana en la conferencia de prensa matutina no es material de baja calidad captado por casualidad.

 Es el tipo de registro que existe cuando alguien dentro de una operación criminal tiene suficiente confianza en su propia impunidad como para no cuidarse de ser documentado. El material muestra al hijo de uno de los principales operadores de Rocha Moya, reunido con sicarios. No en un encuentro ambiguo que podría interpretarse de múltiples maneras, en una reunión donde las instrucciones son claras, donde el lenguaje no deja margen para la interpretación y donde la orden de ejecutar la masacre de Tejuzingo se emite con la naturalidad de quien está

acostumbrado a dar ese tipo de órdenes y a saber que nadie va a detenerlo. Esa naturalidad es quizás el detalle más perturbador del video. No hay nerviosismo, no hay precaución, no hay el tipo de comportamiento que exhibe alguien que sabe que está cruzando una línea que tiene consecuencias. Hay la tranquilidad absoluta de quien opera bajo el paraguas de una protección institucional que considera infalible.

Esa protección tenía nombre, tenía estructura, tenía presupuesto y esta mañana quedó expuesta en su totalidad. El móvil que reveló el análisis de inteligencia que acompaña al video es el que transforma este caso de un crimen grave en un crimen de estado en el sentido más literal de la expresión. Las víctimas de la masacre de Tequiting no eran actores del crimen organizado, eran empresarios locales y testigos de irregularidades que habían cometido el error de negarse a pagar extorsión y más peligroso todavía que amenazaban con

destapar los nexos entre la red política de Rocha Moya y el crimen organizado en la región mixteca. Eso los convirtió en un problema y en el vocabulario operativo de esa red, resolver un problema tenía un significado muy específico que esta ofensiva ya ha documentado en otros contextos y que esta mañana encontró su expresión más brutal.

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