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HARFUCH CATEA la CASA del HOMICIDA de VALERIA y DESCUBRE las PRUEBAS del CRIMEN

HARFUCH CATEA la CASA del HOMICIDA de VALERIA y DESCUBRE las PRUEBAS del CRIMEN

Jueves 28 de mayo de 2026, mañana en el estado de Jalisco, cuando la mayoría de los habitantes de Zapopán comenzaba su rutina con el sol, apenas levantado sobre las colonias residenciales del municipio, Omar García Harfuch dirigió un operativo que durante meses había sido construido con la precisión de quién sabe que una sola falla en la cadena de evidencia puede costarle la verdad a una familia que lleva demasiado tiempo esperándola.

Esta mañana el secretario de Seguridad y Protección Ciudadana cateó la casa del homicida de Valeria y encontró dentro de un cuarto oculto y detrás de un falso techo lo que durante meses había sido negado, escondido y protegido por las mismas redes de impunidad que creyeron que el tiempo jugaba a su favor.

 Detente un momento en eso. Una joven asesinada, meses de silencio institucional, una familia sin respuestas y al fondo de todo, un hombre viviendo en una colonia residencial de Zapopan con las pruebas del crimen guardadas a metros de donde dormía cada noche, apostando a que nadie llegaría a su puerta. Esta mañana alguien llegó.

 Para entender el peso real de lo que ocurrió en Jalisco en las primeras horas del jueves 28 de mayo, hay que entender primero quién era Valeria y que representó su caso dentro de la conciencia colectiva de un estado que lleva años procesando una violencia que no siempre tiene nombre, ni rostro, ni consecuencia judicial.

 El asesinato de Valeria no fue un caso más dentro de las estadísticas de feminicidio en México, aunque las estadísticas de feminicidio en México son ya de por sí una emergencia nacional que ningún número termina de dimensionar completamente. Fue un caso que conmocionó a Jalisco con una intensidad particular porque combinó varios elementos que la ciudadanía no pudo ignorar.

 Una joven que desapareció sin explicación aparente. Una familia que desde el primer momento denunció y exigió y no se conformó con las respuestas vagas de las autoridades locales y un patrón de omisión institucional que fue haciéndose evidente con el paso de las semanas hasta que dejó de ser posible atribuirlo a la ineficiencia y comenzó a parecerse demasiado a algo deliberado.

 Porque eso es lo que esta mañana los documentos encontrados en la casa del homicida terminaron de confirmar. La omisión no fue ineficiencia, fue protección. El autor material del asesinato de Valeria no era un criminal anónimo operando en los márgenes del sistema. Era un sicario con vínculos activos con células residuales del cártel de Jalisco Nueva Generación que operaba bajo la cobertura de un operador político local cuyo nombre aparece.

 Ya en las carpetas de investigación que Calia de la República tiene abiertas desde esta mañana y la razón por la que Valeria fue asesinada no fue aleatoria ni circunstancial fue calculada. Valeria había descubierto algo que no debía descubrir y había visto a personas que no querían ser vistas haciendo cosas que no debían hacerse a la luz del día.

 Lo que Valeria descubrió fue una red de extorsión activa vinculada al CJNG que operaba con una normalidad perturbadora en zonas de Jalisco, donde la presencia institucional del Estado mexicano había sido históricamente débil. No era una red improvisada ni marginal, era una estructura con años de funcionamiento, con rutas establecidas, con beneficiarios identificados y con la capacidad de movilizar recursos suficientes para ordenar el silenciamiento de quien la pusiera en riesgo.

 Valeria la puso en riesgo y el sistema que esa red había construido alrededor de sí misma durante años respondió de la manera en que ese tipo de sistemas responde cuando se siente amenazado. Respondió con violencia terminal. ¿Cuántas veces has escuchado que en México se matan a las mujeres y nadie da la cara? Escríbelo en los comentarios porque la respuesta que de la mayoría va a decir algo importante sobre lo que esta mañana en Safopán representa para millones de personas que llevan años esperando que alguien responda esa pregunta con hechos y no

con declaraciones de intención. El contexto que hace posible este operativo es el mismo que ha hecho posibles todos los pasos significativos de la ofensiva que comenzó con el desmantelamiento del CJNG. Con la organización criminal en extinción absoluta y sus estructuras de mando desarticuladas desde los golpes que eliminaron su capacidad operativa central, los equipos de inteligencia de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana pudieron hacer algo que durante los años de mayor poder del cártel era materialmente imposible.

pudieron reconstruir con calma y con profundidad el rastro de casos individuales que en el pasado habían quedado envueltos en la misma niebla de impunidad que protegía las operaciones más grandes de la organización. Porque así funciona la impunidad cuando está bien construida. No protege solo a los grandes, protege también a los pequeños, a los operadores locales, a los aicarios de segunda fila, a los que ejecutan las órdenes que vienen de arriba y que sin la cobertura del sistema nunca habrían durado tanto tiempo fuera del alcance de

la justicia. El caso de Valeria fue uno de los que los analistas de inteligencias marcaron como prioritario en cuanto las redes de protección del CJEG comenzaron a colapsar, no porque fuera el único caso pendiente, sino porque la combinación de elementos que lo rodeaban lo convertía en un nodo de conexión entre distintos niveles de la investigación.

 El sicario responsable del asesinato no era solo el autor material de un crimen, era un elemento que conectaba las células residuales del cártel con la red de protección política local que les había dado cobertura durante meses. Tirando del hilo del caso de Valeria, se podía llegar a estructuras más amplias. Y eso fue exactamente lo que ocurrió durante los meses de investigación que precedieron al operativo de esta mañana.

 La identificación del autor material del asesinato fue el resultado de un proceso de inteligencia que combinó análisis de comunicaciones intervenidas durante las operaciones contras el CJNG, cruce de registros de movimiento vehicular en las zonas donde Valeria fue vista por última vez.

 Es es análisis forense de evidencia biológica recuperada en la escena original y testimonios de personas que en el contexto del desmantelamiento del cártel decidieron cooperar con las autoridades a cambio de acuerdos procesales. No fue un trabajo de días, fue un trabajo de meses en el que cada pieza tuvo que ser verificada, documentada y protegida dentro de una cadena de custodia que no pudiera ser cuestionada cuando llegara el momento de llevarla ante un juez.

 El hombre identificado como el autor material del crimen llevaba meses viviendo en una propiedad ubicada en una colonia residencial de Zapopan. Con la aparente normalidad de alguien ha calculado correctamente que nadie va a llamar a su puerta. La elección de esa ubicación no era casual. Las colonias residenciales de Zapopán tienen una característica que las hace atractivas para cierto tipo de operadores del crimen organizado que necesitan pasar desapercibidos.

No son zonas marginales donde la presencia de elementos extraños llama la atención inmediata. Son zonas donde la discreción es la norma, donde los vecinos no preguntan y donde una casa bien mantenida con un automóvil estacionado en la cochera no genera ninguna alerta. El sicario había construido alrededor de sí mismo una apariencia de normalidad residencial que durante meses le había funcionado como escudo.

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