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HARFUCH CATEA 7 RANCHOS LUJOSOS de CARLOS SALINAS y DESTAPA CASO de 1987

HARFUCH CATEA 7 RANCHOS LUJOSOS de CARLOS SALINAS y DESTAPA CASO de 1987

Sábado 30 de mayo de 2026, en la madrugada más silenciosa del año en el Estado de México, Morelos y Guerrero, mientras la mayoría de los mexicanos dormía sin saber lo que estaba a punto de ocurrir en las propiedades más blindadas y más secrestas que Carlos Salinas de Gortari había logrado mantener ocultas durante casi cuatro décadas, Omar García Harf dirigía el operativo más históricamente significativo de toda la ofensiva contra la corrupción estructural del país.

Siete ranchos de lujo extremo distribuidos entre tres estados mantenidos durante años a nombre de prestanombres cuidadosamente seleccionados con elipuertos, lagos artificiales, mansiones de varios niveles y sistemas de seguridad privada que no tenían nada que envidiarle a los mejores complejos residenciales del mundo.

 fueron simultáneamente cateados por equipos tácticos de la Guardia Nacional y Fuerzas Especiales en una operación de precisión quirúrgica que comenzó exactamente a las 3 de la mañana y terminó con el descubrimiento de algo que ningún mexicano vivo en 1987 habría imaginado que algún día saldría a la luz. Lo que los agentes encontraron dentro de esos ranchos no fueron solo millones en efectivo antiguo ni joyas de valor incalculable.

 encontraron documentos, documentos clasificados, archivos físicos que llevaban casi 40 años guardados en bóvedas reforzadas, sellados dentro de sótanos construidos específicamente para que nadie, bajo ninguna circunstancia pudiera acceder a ello sin el cono, quien ordenó construirlos. y documentos que vinculan directamente a Carlos Salinas de Gortari con casos de corrupción masiva, desvío sistemático de recursos públicos y posibles nexos con ejecuciones políticas ocurridas en 1987, cuando Salinas todavía no era presidente, pero ya ejercía el poder

real desde la Secretaría de Programación y Presupuesto, con una influencia que ningún secretario antes que él había tenido sobre el destino del dinero público mexicano. Detente un momento en eso. No estamos hablando de indicios, de testimonios o de reconstrucciones basadas en memorias de testigos. Estamos hablando de documentos físicos guardados por el propio Salinas durante casi cuatro décadas en propiedades que él mismo mantenía ocultas bajo nombres de terceros, con bóvedas construidas con ingeniería de precisión industrial para

resistir el tiempo, la humedad y cualquier intento de acceso no autorizado. Si esos documentos no tuvieran importancia, no habrían necesitado ese nivel de protección. Y si ese nivel de protección no hubiera sido necesario, esos ranchos habrían sido propiedades declaradas, visibles, registradas. No lo eran.

 Escribe en los comentarios si creías que esto iba a salir a la luz algún día. Porque lo ocurrió en la madrugada del 30 de mayo de 2026, cambia para siempre la manera en que México entiende su historia reciente. Antes de describir el operativo de la madrugada, antes de entrar a los siete ranchos uno por uno y explicar que encontró cada equipo táctico dentro de cada bóveda, es necesario entender cómo llegó la inteligencia de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana a identificar estas propiedades, porque los siete ranchos no aparecieron de

repente en ninguna base de datos pública. No estaban registrados a nombre de Carlos Salinas de Gortari en ningún archivo del Registro Público de la Propiedad. no figuraban en ninguna declaración patrimonial ni en ningún expediente fiscal vinculado directamente a su persona o a ningún miembro de su familia inmediata.

 existían en el mundo real con construcciones que en algunos casos costaron decenas de millones de pesos, con instalaciones que requerían personal de mantenimiento permanente y con actividad eléctrica, hídrica y vial, que dejaba rastros en los sistemas de monitoreo del Estado. Pero en el mundo legal y fiscal mexicano, esos siete ranchos simplemente no existían como propiedades de Carlos Salinas.

 Lo que hizo posible identificarlos fue la acumulación de inteligencia generada por los por operativos previos de la ofensiva. La documentación encontrada en la caja fuerte del sótano de la residencia de Raúl Salinas durante el operativo de semanas anteriores contenía referencias cifradas propiedades rurales en tres estados del país.

 Referencias que en su momento no pudieron ser decodificadas completamente porque faltaban elementos de contexto para interpretar los códigos utilizados en los registros. Esos elementos de contexto aparecieron cuando los analistas de inteligencia financiera cruzaron la documentación de la caja fuerte de Raúl con los registros contables encontrados dentro de los 21 autobuses decomisados el domingo 19 de abril.

 Dentro de esa documentación aparecían pagos periódicos a empresas mantenimiento y seguridad privada que operaban en municipios rurales del Estado de México, Morelos y Guerrero. pagos que no correspondían a ninguna propiedad declarada por ningún miembro del entorno Salinas, pero que sí correspondían con exactitud geográfica a coordenadas que los sistemas de análisis territor Guardia Nacional identificaron como como zonas con construcciones de gran dimensión no registradas en los catastros municipales correspondientes.

Cuando los analistas pusieron esas coordenadas sobre imágenes satelitales de alta resolución obtenidas durante los últimos 6 meses de la ofensiva, lo que vieron eliminó cualquier duda sobre la naturaleza de esas propiedades. Siete complejos rurales con características que no correspondían a ranchos ganaderos convencionales ni a propiedades agropecuarias de ningún tipo.

Construcciones de varios niveles con diseño arquitectónico de lujo. Elipuertos con capacidad para dos aeronaves simultáneas en al menos cuatro de los siete predios. Lagos artificiales con sistemas de bombeo que requerían infraestructura eléctrica de alto voltaje, instalaciones subterráneas detectables en las imágenes por las anomalías térmicas que generan los sistemas de ventilación de los sótanos y perímetros de seguridad con bardas de más de 4 m de altura equipadas con tecnología de vigilancia que solo se instala cuando hay algo adentro que vale

la pena proteger con ese nivel de inversión. La semana previa al operativo del sábado 30 de mayo fue la más intensa en términos de planeación logística de toda la ofensiva. Interceptar simultáneamente siete propiedades rurales distribuidas entre tres estados, algunas de ellas ubicadas en zonas de difícil acceso con caminos de terracería que se vuelven intransitables en condiciones de lluvia.

 requería una coordinación entre la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, la Guardia Nacional, las Fuerzas Especiales del Ejército Mexicano, las fiscalías generales de los tres estados involucrados y la Fiscalía General de la República, que no podía improvisarse ni ejecutarse con márgenes de error en los tiempos de despliegue.

 y alguno de los equipos llegaba tarde a su objetivo, existía el riesgo de que el personal de seguridad privada de los ranchos advirtiera el movimiento y alertar a los operadores del sistema antes de que los agentes pudieran asegurar los accesos. Y si los accesos no se aseguraban antes de que cualquier persona dentro de los ranchos tuviera tiempo de reaccionar, existía el riesgo de que documentos de incalculable valor histórico fueran destruidos en cuestión de minutos.

 Por eso, la hora elegida para el inicio simultáneo del operativo fue las 3 de la mañana del sábado 30 de mayo. el momento de menor actividad humana en los predios, con el personal de seguridad privada en su turno más vulnerable del ciclo nocturno, con los accesos vehiculares, sin el tráfico que durante el día podría complicar el bloqueo de entradas y con la oscuridad como aliada táctica para los equipos de la Guardia Nacional que se desplegaron con vehículos blindados, sin sirenas, sin luces de emergencia, avanzando por los

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