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¿DÓNDE ESTÁ LA FALSA CIRUJANA? LA RUTA DE SU HUIDA Y LOS INDICIOS QUE NADIE EXPLICÓ

¿DÓNDE ESTÁ LA FALSA CIRUJANA? LA RUTA DE SU HUIDA Y LOS INDICIOS QUE NADIE EXPLICÓ

Hubo un lunes de mayo en Puebla en que Blanca Adriana Vázquez Montiel, de 37 años, madre de dos adolescentes, originaria de Huauchinango en la Sierra Norte, entró caminando al tercer piso del edificio marcado con el número 2511 de la Calzada Zabaleta. Era el 18 de mayo de 2026. Entró acompañada de su esposo Florencio Ramos Sánchez.

 con la única intención de solicitar información sobre un procedimiento de reducción de grasa abdominal. No salió caminando, salió tr días después en una zanja de agua de un municipio que no es Puebla, con incisiones abdominales mal suturadas y sin vida. Para entender cómo llegó ahí, hay que rastrear una cadena de decisiones, omisiones y falsificaciones que no comenzó el 18 de mayo, sino al menos 6 meses antes, cuando una mujer cuya única credencial verificable era haber trabajado en atención a clientes de Tels abrió una página de

Facebook bajo el nombre de Clínica Detox y comenzó a ofrecer liposucciones express a 14000 1000 pesos. Procedimientos que el mercado médico certificado cotiza entre tres y cinco veces por encima de ese precio. El Registro Nacional de Profesionistas de la Secretaría de Educación Pública es una base de datos federal de consulta pública.

 Cualquier ciudadano puede acceder a ella y verificar si un médico, un abogado o un ingeniero tiene título y cédula registrados. La búsqueda del nombre de Diana Alejandra Palafox Romero bajo los criterios oficiales arrojó que no existe ningún registro que la acredite formalmente para ejercer la medicina en el país. No hay licenciatura, no hay especialidad, no hay posgrado.

 El nombre en esa base de datos sencillamente no existe. que sí existe, verificado por el Colegio de Cirujanos Plásticos Poblanos, es que Diana Alejandra Palafox Romero se ostentaba como doctora con dos cédulas apócrifas, incumpliendo lo establecido por la Ley General de Salud para ejercer procedimientos de cirugía estética.

 dos documentos falsos, no uno. El detalle es relevante porque la falsificación de una cédula puede ser descuido o improvisación. La falsificación de dos sugiere un sistema. La única experiencia laboral reciente que pudo ser verificada corresponde a un puesto de atención a clientes en Telcel. De esa ventanilla de servicio al cliente a un quirófano clandestino en el tercer piso de un edificio residencial de la calzada Zabaleta, el trayecto no duró años de estudio ni meses de práctica hospitalaria.

Diana Alejandra Palafox Romero fue introducida al mundo de la cirugía plástica por su propio hijo Carlos Palafox, quien la convenció de robar identidades y falsificar documentos. La arquitectura de ese negocio era, desde su origen, una construcción deliberada sobre documentos apócrifos y material audiovisual robado.

 Las páginas de Facebook donde Palafox Romero promocionaba procedimientos estéticos con precios hasta 80% inferiores a los del mercado, ya fueron desactivadas. Pero el historial de dichas cuentas permite establecer que su incursión en este tipo de actividades comenzó apenas el año pasado mediante dos establecimientos ubicados en Calzada Zabaleta y en la colonia Ansures, ambos en la ciudad de Puebla.

 La página de Facebook de la clínica fue creada en noviembre de 2025. tenía apenas 43 seguidores y seis publicaciones cuando el caso se viralizó. Un negocio de escala mínima, sin tracción digital, pero con acceso a pacientes reales dispuestos a pagar por intervenciones quirúrgicas invasivas a precio de remate. El catálogo que Palá Fox Romero ofrecía en esas seis publicaciones no era el de un spa o un centro de bienestar, incluía estrechamiento vaginal, implantes hormonales conocidos como chips sexuales, endolifting facial, bóx, ácido

hialurónico en labios, liposucción de brazos y terapias regenerativas como el denominado ADN de salmón. procedimientos que van desde lo estético superficial hasta intervenciones que requieren anestesia, sala de recuperación, monitoreo postoperatorio y personal certificado para atender una emergencia cardiovascular.

Nada de eso existía en el departamento de la calzada Zavaleta. El procedimiento que mató a Blanca Adriana era una liposucción con tecnología microaire conocida como PAL, que Palafox Romero promocionaba en redes sociales como una extracción de 1 lro de grasa en 2 horas con anestesia local y recuperación inmediata.

 El costo 14,000 pes por la Lipo más 3000es por retracción de piel. En los videos que publicaba para ilustrar el procedimiento, la mujer con uniforme médico que aparecía explicando la tecnología quirúrgica ante la cámara no era ella. Aquí es donde la investigación sobre la clínica Detox adquiere una segunda dimensión. La cirujana plástica peruana Liliana Príncipe se enteró el jueves 21 de mayo de 2026 por la madrugada gracias a una persona que maneja sus cuentas de redes sociales de que su imagen había sido utilizada.

La cirujana con 19 años en el campo recibió cientos de mensajes y llamadas de conocidos y seguidores que se enteraron de que en Puebla se le vinculó con la desaparición y muerte de Blanca Adriana. La reacción de príncipe fue inmediata y documentada. La cirujana peruana Liliana Príncipe acusó que sus videos fueron utilizados sin su autorización por la Detox Clínica de Puebla.

 Los materiales audiovisuales correspondían a explicaciones sobre equipos médicos que príncipe emplea en procedimientos estéticos. No era un video genérico de internet, era material clínico especializado con uniforme quirúrgico, instrumental real y lenguaje técnico diseñado específicamente para dar confianza a pacientes sobre la seguridad de un procedimiento.

 La falsa doctora al parecer compartía con sus clientes vídeos ajenos de intervenciones, entre ellos el de Liliana Príncipe y dependiendo de lo que quería vender era el video que se compartía y el costo de la intervención. Zócalo Plus 2. El mecanismo era funcional porque resolvía el problema central de toda usurpación profesional, la falta de evidencia visual del trabajo.

 Palaox Romero no podía mostrar videos propios de cirugías porque no había realizado cirugías legítimas. La solución fue construir una biblioteca de material ajeno organizada por tipo de procedimiento, quien llegaba preguntando por liposucción. recibía un video de liposucción. Quien preguntaba por endolifting recibía un video de endolifting.

 Con esos videos, Diana Alejandra Palafox Romero ofrecía cirugías de alto riesgo a precios ridículamente bajos. Periódico central. El descubrimiento de la suplantación no ocurrió por una denuncia formal ni por una investigación ministerial. Ocurrió por una coincidencia geográfica. Una paciente originaria de Puebla, que había viajado previamente a Perú para ser intervenida legítimamente por la doctora Liliana Príncipe, detectó que una amiga suya estaba recibiendo cotizaciones e información de la clínica Detox, que incluían imágenes del

quirófano y el rostro de la especialista peruana. Al alertar a la doctora príncipe sobre la aparente apertura de una sucursal en Puebla, la cirujana peruana procedió a desmentir cualquier vínculo con el establecimiento mexicano. Esa cadena de coincidencias, una paciente que conocía a la médica real, que reconoció su imagen en material publicitario de una clínica clandestina en otro país, es también una radiografía del problema.

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