Ada Carrasco murió el 5 de abril de 1994 a los 81 años en Ciudad de México. Pero aquí viene el detalle que poca gente conoce. Su hermana menor, Queta Carrasco, también estaba en Carrusel. También formaba parte del elenco. Interpretaba a la tía Rosa, dos hermanas, en la misma telenovela, compartiendo créditos, compartiendo escenas. Y las dos ya se fueron.
Queta Carrasco murió el 8 de agosto de 1990 a los 83 años, 2 años después que su hermana mayor, piénsalo un momento, dos hermanas que dedicaron su vida entera a este oficio, que llegaron juntas a unas de las telenovelas más vistas en la historia de México y que se fueron las dos casi seguidas sin que México se detuviera a reconocer lo que habían dado.
No hubo grandes titulares, no hubo especiales de televisión, no hubo nada. La industria siguió girando como siempre, como si ellas nunca hubieran existido. Cuatro. Hay actores que la gente recuerda por su cara, hay actores que la gente recuerda por su voz y hay actores que la gente recuerda por lo que representaban, por lo que significaban cada vez que aparecían en pantalla.
Ignacio Retes era de los terceros. En Carrusel interpretó al señor Ortiz, ese personaje de autoridad tranquila, de presencia sólida que le daba peso dramático a cada escena en la que aparecía. El tipo de actor que no necesitaba gritar para que lo escucharas, que no necesitaba exagerar para que lo sintieras.
Pero lo que muy poca gente sabe, y aquí empieza el chisme, es que Ignacio Retes era mucho más que un actor de telenovelas, mucho más. Era dramaturgo, director de teatro, escritor intelectual, un hombre que había dedicado décadas enteras no solo a actuar, sino a construir cultura mexicana desde adentro. Ganó el premio Ariel dos veces.
El premio Ariel, para quien no lo sepa, es el equivalente mexicano del Óscar. No lo ganó una vez, lo ganó dos. Y sin embargo, la mayoría del público que lo vio en Carruz no tenía idea de quién era en realidad. Lo conocían como el señor Ortiz nada Más, un personaje secundario en una telenovela infantil. Eso dice algo muy triste sobre cómo México consume a sus artistas.
Los mete en una cajita, les pone una etiqueta y no ve más allá. Ignacio Rete se fue el 23 de abril de 2004 a los 85 años después de una vida extraordinaria que muy pocos conocieron en su totalidad. Dos premios Ariel, décadas de teatro, libros escritos, obras dirigidas y en la memoria popular el señor Ortiz de Carrusel. La industria le debía más que eso, mucho.
Pero la industria nunca paga sus deudas con los que ya no pueden reclamarlas. Lo que sigue es diferente porque el siguiente personaje no era solo actor, era una leyenda de la música mexicana y su final fue de los más desgarradores que vas a escuchar hoy. Cinco. Antes de continuar, si estas historias te están impactando, regálanos un like para que lleguen a más personas.
Son historias que merecen ser contadas. Ahora sí, sigamos. Había un hombre en carrusel que cuando aparecía en pantalla algo cambiaba. No era el protagonista, no era el maestro, no era el villano, era el padre de Cirilo Rivera, el papá del niño negro que todos amaban, el hombre que le enseñaba a su hijo que en este mundo hay que pararse con dignidad, aunque el mundo no te trate con dignidad.
Ese hombre era Johnny Laboriel. Y lo que muy poca gente de la nueva generación sabe es que Johnny Laboriel no era simplemente un actor de reparto en una telenovela infantil. Era una leyenda, una leyenda del rock and roll mexicano. Nació el 9 de julio de 1942 en México. A los 19 años ya estaba conquistando escenarios como integrante de los rebeldes del rock, el grupo que prácticamente inventó el rock en este país.
En una época en que el rock era considerado música del música de rebeldes, música peligrosa, Johnny Laboriel se paró en el escenario y dijo, “Aquí estoy.” Y México lo amó por eso. Canciones como Rock del Angelito, Melodía de Amor, La Hiedra Venenosa, más de 50 éxitos grabados como solista. Presentaciones en el festival de la OTI que nadie esperaba que un roquero ganara, apariciones en Siempre en Domingo con Raúl Velasco, que en ese entonces era consagrarte en el Olimpo del espectáculo mexicano.
Y luego llegó Carrusel y Johnny Laboriel le dio al padre de Cirilo algo que pocos actores hubieran podido darle. Autenticidad, peso, historia. El hombre que interpretaba a ese padre ya había vivido cosas que la mayoría nunca viviría. Pero detrás de las cámaras algo estaba creciendo en silencio. Un enemigo silencioso, invisible, de esos que no avisan.
En agosto de 2013, Johnny Laboriel fue internado en el Instituto Nacional de Cancerología. Diagnóstico: cáncer de próstata en etapa terminal. piénsalo, el hombre que llenó escenarios, el que hizo bailar a México entero en los años 60, el padre de Ciril, internado en un hospital público peleando contra una enfermedad que ya había ganado.
Estuvo ahí desde el 10 de agosto, pero llegó un momento en que el hospital ya no pudo hacer nada más y entonces tomaron la decisión más dura. Lo dieron de alta, no porque estuviera bien, sino porque ya no había tratamiento posible. Lo mandaron a casa a morir con cuidados paliativos, rodeado de su familia, esperando lo que ya era inevitable.
Tenía agendado un concierto en el Auditorio Nacional para enero de 2014. Nunca llegó. Johnny Laboriel murió la madrugada del 18 de septiembre de 2013 a los 71 años. En su casa en Ciudad de México, el pionero del rock and roll mexicano, el padre de Cirilo, el hombre de los 50 éxitos y el estilo inconfundible, se fue en silencio, en casa, sin escenario, sin público, solo con su familia.
Y la industria del espectáculo que tanto le había dado siguió girando esa misma mañana como si nada hubiera pasado. Lo que sigue es una historia que tiene dos capas. Por fuera, una actriz querida y divertida. Por dentro, una mujer que llevó años cargando algo que casi nadie sabía. Seis. Si creciste viendo Carrusel, la recuerdas. Era imposible no recordarla.
La maestra Matilde Mateuche. Ese personaje de comedia que equilibraba la seriedad de la maestra Shimena. Exagerada, divertida, con un timing cómico que pocos actores tienen de forma natural. Esa actriz era Raquel Pankowski. Y detrás de esa carcajada que le arrancaba a toda la familia había una historia que la mayoría no conocía.
Raquel Pankowski nació el 10 de julio de 1952 en Ciudad de México. Creció en la colonia Narbarte. Desde muy joven supo que quería actuar. Dios mío, cómo lo hizo! Participó en más de 30 telenovelas. 30. Carrusel, un gancho al corazón. Papá a toda madre. ¡Qué pobres tan ricos! Corazón indomable. Series como Vecinos, la familia peluche.
Mujeres asesinas, teatro, comedia, drama. Y su papel más polémico, el que le dio un tipo de fama diferente, fue en el privilegio de mandar, donde imitó a Marta Seagún, la entonces primera dama de México y esposa del presidente Vicente Fox. La imitación era tan buena, tan incómoda, tan afilada, que se dice que a Marta Saaggún no le gustaba nada lo que Pankkowski hacía, nada.
Pero aquí viene lo que muy poca gente sabe. Raquel Pankowski empezó a fumar a los 11 años. 11 años. Y nunca paró. Fumó toda su vida. cajetilla tras cajetilla, década tras década, mientras actuaba, mientras ensayaba, mientras grababa, hasta que el cuerpo cobró la factura, le diagnosticaron Epoc, enfermedad pulmonar obstructiva crónica.
Sus pulmones estaban destruidos por décadas de tabaquismo. La enfermedad no tiene cura, solo se gestiona y cada vez que avanza te quita un poco más del aire que puede respirar. En 2019 estuvo al borde de la muerte. fue hospitalizada de emergencia inconsciente. La ingresaron en coma, además del EPOC tenía influencer. Su médico tomó la decisión de inducir la coma para estabilizarla.
Salió, sobrevivió, pero ya no era la misma de antes. Y aquí viene el detalle que te va a dejar frío. Su último proyecto de teatro fue la obra Maduras, solteras y desesperadas entre 2018 y 2019. Raquel Pankowski actuó en esa obra cargando un tanque de oxígeno. Un tanque de oxígeno porque sus pulmones ya no eran capaces de mantenerla sola.
Necesitaba ayuda para respirar y aún así se paró en ese escenario. Aún así dijo sus líneas. Aún así hizo reír al público. Porque así era ella, nunca casada, sin hijos, el teatro y la televisión fueron su vida entera. Raquel Pankowski murió el 28 de marzo de 2022. A los 69 años, las causas oficiales nunca fueron confirmadas públicamente, pero todo apuntaba a sus pulmones destruidos, que finalmente dijeron basta.
La actriz que hizo reír a México durante décadas se apagó sola, sin hijos que la despidieran, sin pareja que la acompañara, con una carrera inmensa y una partida silenciosa. Pankowski nunca tuvo el reconocimiento que merecía en vida y eso también es una forma de traición. CC7. Hay muertes que sacuden y hay muertes que duelen diferente, que duelen más porque la persona que se fue joven todavía, porque tenía años por delante, porque nadie lo esperaba. Esta es una de esas.
En Carrusel había un personaje que aparecía en casi todos los episodios, un personaje que los niños de la escuela mundial conocían bien. Un hombre con un bigote inconfundible, con una presencia que llenaba la pantalla cada vez que entraba al cuadro. Isaac Ravinovic, el actor que le dio vida a ese personaje, construyó una carrera sólida dentro del medio.
No era el protagonista de las grandes telenovelas. Era de esos actores que la industria necesita pero rara vez celebra. De los que sostienen una producción desde adentro, de los que hacen que todo funcione aunque su nombre no esté en los carteles principales. Participó en los 358 episodios de Carrusel. Los tres estuvo ahí desde el primer capítulo hasta el último.
Mientras otros entraban y salían, él se quedó y después de Carrusel siguió trabajando, siguió construyendo, siguió apostándole a este oficio que no siempre recompensa a los que más lo merecen. Pero en algún momento algo empezó a crecer dentro de él. Silencioso, traicionero, como siempre lo es. El cáncer nadie en el público lo supo mientras él peleaba.
No hubo declaraciones públicas, no hubo despedidas anticipadas, no hubo campañas de apoyo ni trending topics, solo él y la enfermedad y la batalla que se libra puertas adentro, lejos de las cámaras, lejos del aplauso. El 17 de agosto de 2023, el mundo del espectáculo recibió la noticia. Había muerto a los 66 años. 66 años.
Un hombre que pudo haber tenido décadas más de trabajo, de vida, de escenarios. se fue demasiado pronto, demasiado callado, demasiado solo de reconocimiento. 66 años no es una vida completa para un actor en plena madurez creativa. Es una vida interrumpida. Y México apenas se enteró lo que viene ahora es diferente porque el siguiente actor no murió de enfermedad.
Murió de algo que la industria nunca quiso llamar por su nombre. El abandono lento, el desgaste de un cuerpo que siguió trabajando cuando la mente ya no podía acompañarlo. Ocho. Quédate hasta el final. Los últimos dos personajes son los que nadie esperaba. Hay algo particularmente cruel en ver a un artista desvanecerse desde adentro cuando el cuerpo sigue ahí, cuando la cara es la misma.
Pero la persona que conociste ya no está del todo. Tony Carvajal fue parte de ese mundo adulto de carrusel que le daba contexto y peso a las historias de los niños. Actor de cine, teatro y televisión, un hombre de carrera larga y oficio genuino, de esos que aprendieron a actuar cuando actuar era un trabajo de verdad.
Sin coaches, sin redes sociales, sin atajos, hizo su trabajo en carrusel con la discreción de los que saben lo que hacen. Y después del final de la telenovela siguió adelante, siguió trabajando, siguió apareciendo hasta que algo empezó a cambiar. Primero fueron detalles pequeños, cosas que la gente a su alrededor notaba, pero no nombraba. Olvidos, confusiones, momentos en que Tony Carvajal parecía estar en otro lugar, aunque estuviera físicamente presente.
El diagnóstico cuando llegó fue devastador, mal de Alzheim y junto con él otro golpe enfisema pulmonar. Dos enfermedades al mismo tiempo, una destruyendo su mente, la otra destruyendo sus pulmones. piénsalo desde adentro un momento. Un actor que vive de su memoria, que construyó una carrera entera recordando textos, marcaciones, emociones, personajes, que tiene en la memoria décadas de trabajo acumulado y que de repente empieza a perder exactamente eso.
Su instrumento más fundamental, la memoria. No hay forma de describir eso que no duela. Tony Carvajal murió el 4 de octubre de 199 con sus pulmones fallando y su mente ya en otro lugar, la industria no se detuvo ese día, nunca se detiene, sigue girando, sigue produciendo, sigue buscando el siguiente rostro, la siguiente historia, el siguiente rating.
Y los que se van quedan atrás quietos, silenciosos, esperando que alguien lo recuerde. Lo que sigue es el penúltimo personaje de hoy y es una historia que pocos conocen completa porque tiene dos momentos. el de la gloria y el del final. Y entre los dos hay un abismo. Antes de llegar al último, necesito que sepas algo.
Suscríbete al canal si todavía no lo has hecho. Estos videos los hacemos para que estas historias no se pierdan, para que los que se fueron no sean olvidados dos veces. Cuando Carrusel llegó a las pantallas en 1989, no llegó sola, llegó con una generación de actores adultos que le daban al show su estructura, su columna vertebral, su credibilidad dramática y entre ellos estaba una mujer que en México pocas personas recuerdan por su nombre, pero que dejó una marca en esa telenovela que no se puede ignorar.
Ada Carrasco ya la mencionamos la tía Matilde, la actriz de la época de oro, pero hay algo de su historia que no contamos antes, algo que hace que su partida duela diferente. Cada Carrasco llegó a Carrusel con más de siete décadas de vida encima con una carrera construida ladrillo a ladrillo desde los años de gloria del cine mexicano, cuando María Félix era reina, cuando Pedro Infante era Dios, cuando el cine de este país competía con Hollywood y no le pedía disculpas a nadie, ella estuvo ahí, fue parte de esa época y cuando la industria empezó a cambiar,
cuando el cine mexicano perdió su lugar en el mundo y la televisión se convirtió en el nuevo territorio, Ada Carrasco no se rindió. Siguió trabajando, siguió apareciendo, siguió dando lo que tenía. Carrusel fue uno de sus últimos grandes trabajos y lo que más pesa de su historia no es cómo murió, es lo que pasó después, porque dos años más tarde murió su hermana Keta.
La misma telenovela, el mismo mundo, la misma industria que las había usado a las dos. Y ninguna de las dos tuvo un homenaje digno. Ninguna. Dos mujeres que sumadas representaban más de 150 años de historia del espectáculo mexicano, que habían estado ahí desde antes de que existiera la televisión en este país, que habían visto nacer y morir décadas enteras de la cultura popular mexicana.
Se fueron casi al mismo tiempo y México siguió cambiando de canal. Ahora sí, el último personaje. Este es el que nadie esperaba. Este es el que más duele porque es el más reciente, porque es es el que demuestra que esta historia no terminó hace décadas, que todavía está pasando, que la industria sigue siendo la misma, que el olvido sigue siendo el destino de los que un día lo dieron todo. 10 noviembre de 2024.
No hace mucho. No es historia antigua, no es algo que pasó cuando tú eras niño y no te enteraste. Pasó hace apenas unos meses y aún así la mayoría de los mexicanos no lo supo. ¿Recuerdas a Jaime Palillo, el niño travieso de Carrusel? El que siempre metía en problemas a todo el salón, el que gritaba su famosa frase que toda una generación repite hasta hoy como si fuera un reflejo automático.
¿Recuerdas a su papá? El señor que aparecía en escena a intentar controlar a ese hijo que era un torbellino, el hombre que le daba a contexto a uno de los personajes más queridos de toda la telenovela. Ese hombre era Arturo Garcidenorio, Ramón Palillo y el 14 de noviembre de 2024, su agencia de representación Suma Talent confirmó lo que nadie quería escuchar.
Arturo García Tenorio había muerto a los 70 años. La causa insuficiencia respiratoria derivada de Epoc. Sus pulmones. Sus pulmones también. Igual que Augusto Benedico, que murió de dolencia pulmonar. Igual que Tony Carvajal, que murió con enfema. Igual que Raquel Pankowski, que actuó con tanque de oxígeno y murió con los pulmones destruidos, igual que Arturo García Tenori ahora.
Cuatro actores de carrusel, cuatro historias distintas, los mismos pulmones que fallan, los mismos pulmones que se apagan. Arturo García Tenorio no fue solo el papá de Palillo en Carrusel. Tuvo una carrera real y extensa. Apareció en Rosa Salvaje junto a Verónica Castro y Laura Zapata. En Corazón Salvaje, en episodios de como dice el dicho, envívan los niños un actor de trabajo constante de los que no paran, de los que dicen sí a cada proyecto porque saben que en esta industria cuando dices no, el teléfono puede no volver a sonar. Y sin embargo,
cuando murió, los grandes canales de televisión no lo pusieron en sus noticieros de la noche. Ningún programa de espectáculos le dedicó su apertura. Ningún colega de las grandes telenovelas salió a cámara a decir su nombre. Su agencia publicó un comunicado en Facebook. Eso fue todo. El padre de Palillo, el hombre que fue parte de una de las telenovelas más vistas en la historia de la televisión mexicana.
Se fue el 14 de noviembre de 2024 y México no se enteró. 10 actores, 10 historias, una sola verdad que los une a todos. La fama en este país no es un contrato, no es una promesa, no es una garantía de nada, es un préstamo, te lo dan cuando eres útil, te lo quitan cuando dejaste de serlo.
Y cuando te vas, la industria no se detiene ni un segundo a mirarte. Augusto Benedico construyó décadas de carrera en un país que no era el suyo, llegó como refugiado de guerra y le dio a México uno de los personajes más queridos de la televisión infantil. Y se fue entre rumores que nadie se molestó en aclarar.
Johnny Laboriel inventó el rock en este país, llenó el Auditorio Nacional, grabó más de 50 éxitos y murió en casa porque el hospital ya no podía hacer nada con un concierto agendado que nunca fue. Raquel Pankowski se paró en un escenario con un tanque de oxígeno porque el show tenía que seguir, porque así le enseñaron, porque así funciona esto y murió sola, sin hijos, sin pareja, con una carrera enorme que la industria nunca celebró lo suficiente en vida.
Y Arturo García Tenorio se fue en noviembre de 2024, hace apenas unos meses. Y la mayoría de nosotros no lo supo hasta hoy. Eso somos nosotros también, no solo la industria. Nosotros que los amamos de niños, que crecimos con ellos en la pantalla, que aprendimos de sus personajes algo sobre la amistad, la honestidad, el valor de ir a la escuela aunque no quieras y que después cambiamos de canal.
Hoy es un buen día para recordarlos, para decir sus nombres, para no dejar que se vayan dos veces. ¿Recuerdas haber visto Carrusel de niño? Comenta el nombre de tu personaje favorito de la telenovela y si alguna de estas historias te sorprendió, comenta uno si sí, cero si ya las conocías todas. M.