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“La Maestra” vuelve al centro de la polémica tras resurgir impactantes rumores sobre el supuesto oscuro secreto que habría destruido para siempre a su propia familia VL

“La Maestra” vuelve al centro de la polémica tras resurgir impactantes rumores sobre el supuesto oscuro secreto que habría destruido para siempre a su propia familia

Y en esa hora, sentada en una silla de madera frente al escritorio de la directora,  Elva Ester escuchó una explicación que ya nadie da hoy en voz alta dentro del sistema educativo mexicano. Doña Aurelia le explicó que el sueldo del Estado era  apenas la base, que encima de ese sueldo había otras cosas, cuotas mensuales para el partido oficial y apoyos forzados para el delegado regional del PRI,  además de asistencia obligatoria a cada miting que convocara la sección sindical y que si Elva Baester quería pizarrón nuevo, Tisa

para todo el año y libros para los niños, tenía que entender desde el primer mes cómo funcionaba ese segundo sueldo. paralelo que el gobierno mexicano había construido durante medio siglo alrededor del magisterio. El Baester salió de esa oficina sin decir una palabra. Caminó las cuatro cuadras que separaban la escuela de su cuarto rentado.

Esa noche,  según contó muchos años después una compañera maestra de aquella escuela, no encendió la luz ni salió a cenar. se quedó sentada sobre la cama mirando la pared durante 6 horas y a las 5 de la mañana, antes de que saliera el sol, ya tenía clara la decisión que iba a marcar el resto de su vida adulta. Iba a aprender exactamente cómo funcionaba ese segundo sueldo y después iba a ser quien decidiera cuánto cobraba cada quien dentro de él.

A los 20 años se afilió al sindicato. Para los 25 había escalado hasta la dirigencia  local de Chiapas. Y a los 44, en abril de 1989, ocurrió la conversación que cambió por completo el resto de su vida. Esa conversación se mantuvo en secreto durante años. se hizo dentro de una habitación cerrada de Los Pinos y en esa habitación había tres personas, pero el contenido exacto de lo que se dijo ahí dentro está dentro de la misma caja fuerte de Polanco que mencioné al principio y sigue sin abrirse hoy, casi 40 años después, porque la persona que

entró a esa habitación, siendo una dirigente sindical de segundo nivel, salió convertida en la mujer más poderosa de México y nadie en tres décadas de cobertura periodística sobre Elva Baer Gordillo ha conseguido reconstruir exactamente lo que pasó esa tarde de abril. Pero antes de llegar a esa habitación de Los Pinos, hay otra cosa que necesita saber, porque a los 34 años, Elva Baer había dado a luz a una niña que iba a ser durante el resto de su vida la  única persona en el mundo por la que estaba dispuesta a

romper sus propias reglas.  Esa niña se llamó Mónica Riola Gordillo y 39 años después su muerte iba a doblar a la mujer más poderosa de México de una forma que ni 5co años de cárcel habían conseguido. Mónica nació un sábado de noviembre de 1974 dentro de un hospital del seguro social en la ciudad de México.

Su padre, Justo Lozano, era un compañero maestro con el que Elva Ester había vivido casada durante apenas 3 años. El matrimonio terminó casi al mismo tiempo que el embarazo  y cuando Elbava Ester salió del hospital con la niña en brazos, ya estaba sola. Para los compañeros de Elva Ester en la dirigencia del Cente, aquella maternidad fue una sorpresa incómoda.

Ella había construido su imagen pública alrededor de la idea de una mujer que ponía la lucha sindical por encima de cualquier vida privada. Tener una hija recién nacida en casa rompía ese personaje. Pero Elbaester tomó una decisión en esos primeros meses que terminó marcando todo lo que vino después.

Decidió que Mónica nunca iba a cargar con el costo de su carrera. Le pagó a una nana de su pueblo para que viviera dentro de su casa los si días de la semana. le construyó una habitación con cuna nueva y una biblioteca infantil más grande que la suya propia, y se aseguró de que cada día, sin importar cuántas reuniones tuviera o cuántos viajes hiciera fuera de la Ciudad de México, regresara antes de las 9 de la noche para darle a la niña el biberón final.

Esta es la primera cosa que casi nadie cuenta sobre Elva Ester Gordillo, que durante los primeros años de Mónica fue la madre más obsesiva del país y que esa obsesión la siguió hasta el día en que enterró a su hija. Pero también es donde empieza la grieta. Porque mientras Elva Ester alternaba reuniones sindicales con biberones nocturnos, dentro del C había un hombre que llevaba 20 años manejando el sindicato con puño de hierro y ese hombre tenía sus propios planes para el futuro del poder magisterial en México.

Se llamaba Carlos Jonguitud Barrios. Era el secretario general del CE desde 1972. Tenía 60 años en 1985 y había construido dentro del sindicato una estructura paralela llamada vanguardia revolucionaria, que funcionaba como su brazo armado interno. Vanguardia decidía qué dirigente subía dentro del sindicato y cuál se quedaba congelado durante 10 años en el  mismo cargo.

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Y Elbaester durante 15 años había sido una de las dirigentes locales que más rápido escalaba dentro de esa estructura. Carlos Jonguitud  Barrios la humilló por primera vez delante de testigos un sábado de marzo de 1985 durante un congreso nacional extraordinario del CErado dentro del auditorio Plutarco Elías Calles en Ciudad de México.

El Baester había pedido palabra para presentar una propuesta de reorganización de cuotas sindicales en los estados del sureste. Jonguitud le concedió el micrófono con un gesto leve de la mano y mientras ella explicaba su proyecto delante de 3000 delegados magisteriales, él se levantó de la silla de la presidencia, caminó lentas hasta el atril donde estaba.

Ella le quitó el micrófono con la mano derecha y dijo delante del auditorio, sin levantar la voz, una sola frase que se reprodujo dentro del sindicato durante los siguientes 30 años. La frase fue esta. Las maestras de Chiapas hablan cuando se les pide hablar y ahora mismo no se les está pidiendo.

El Baester bajó del estrado sin responder. Caminó hasta su asiento con los aplausos calculados de los dirigentes fieles a Jongwiitud sonando detrás de su espalda. Y según contó después una de las dos personas que estaban sentadas a su lado en esa fila, cuando se sentó sacó una pluma del bolso, abrió su libreta de notas y escribió una sola palabra en mayúsculas subrayada tres veces.

La palabra era congreso. Esa fue la primera anotación, según el testigo, de la carpeta amarilla que 3 años después contendría los 428 nombres. Pero a partir de 1986, según contaron después dos exdirigentes seccionales que trabajaron en esa época, Jonguitud empezó a desconfiar todavía más de ella.

La encontraba demasiado ambiciosa para una mujer de su generación y la acusaba en privado de coquetear con los políticos del PRI por su cuenta sin pasar por su autorización. La consecuencia fue concreta. le redujo el presupuesto de su sección de Chiapas a la mitad durante todo el año 1987. El Baester, según esos mismos exdirigentes, no respondió en público.

Lo que hizo fue empezar a construir en silencio una lista de nombres, una lista de dirigentes sindicales en los 32 estados del país que estaban hartos de honguitud y que estarían dispuestos a respaldar a otra persona si esa persona aparecía con suficiente fuerza política detrás.

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