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Charlene de Mónaco: Intentó Huir 3 Veces… y la Obligaron a Casarse

eh dos décadas antes que Ela  era el hijo de Rainiero Tercero y Grace Kelly,  la actriz estadounidense que se había convertido en princesa en una boda que el mundo entero había visto como el cuento de hadas definitivo. Lo que el mundo no sabía entonces era que incluso los cuentos de hadas tienen sombras. Alberto creció en un palacio.

Charlene creció en un pueblo minero. Alberto tenía sirvientes, títulos, privilegios. Charl tenía madrugadas, cloro en los ojos y callos en las manos. Parecían vivir en planetas diferentes. Y sin embargo, el universo tenía preparado un encuentro que cambiaría ambas vidas para siempre. En 1996, Charlen tenía 18 años y era una de las nadadoras más prometedoras de Sudáfrica.

Su especialidad era la espalda.  Hay algo poético en eso. Nadar de espalda significa que no puedes ver hacia dónde vas, eh, solo puedes ver de dónde vienes. Y Charlí venía de un lugar donde había aprendido a no mirar atrás, a seguir adelante sin importar qué. El momento llegó en el año 2000.

Los Juegos Olímpicos de Sydney. Charlene tenía 22 años y había entrenado toda su vida para ese momento. Representaría a Sudáfrica en los 4 por 100 m combinados. El equipo no ganó una medalla, terminaron en quinto lugar. Para muchos hubiera sido una decepción devastadora, pero para Charlene era solo el comienzo.

Lo que no sabía entonces era que ese mismo año Alberto de Mónaco estaba en Sydney. También como miembro del Comité Olímpico Internacional asistía a los Juegos. Hay versiones diferentes sobre si se conocieron allí o no. Algunos dicen que sí, otros dicen que fue años después. La verdad probablemente está en algún punto intermedio eh perdida entre recuerdos y conveniencia diplomática.

Lo que sí sabemos es que en 2001 Charlíne competía en un evento de natación en Mónaco, el mare Nostrum, una competición prestigiosa que atraía a los mejores nadadores del mundo. Alberto asistió y esta vez, no hay duda, se conocieron. Fue entonces cuando todo comenzó. Para el público era una historia romántica.

El príncipe soltero conoce a la atleta sudafricana,  pero en realidad era algo mucho más complejo. Alberto tenía 43 años, Charlene 23. La diferencia de edad era considerable, pero no era eso lo que haría de esta relación un desafío. Era lo que Alberto no le había dicho todavía. Los primeros años de su relación fueron discretos.

Alberto había aprendido de los errores de su familia. Su padre, Rainiero Tercero, había mantenido a Grace Kelly bajo un escrutinio constante. Las cámaras nunca descansaban, los rumores nunca cesaban. Alberto quería proteger a Charlene de eso, o al  menos eso es lo que le dijo. Mientras tanto, Charlin seguía nadando.

En 2002 ganó tres medallas de oro en los Juegos de la Commonwealth. En 2003, más medallas. Su carrera estaba en su punto más alto, pero algo estaba cambiando. Las visitas a Mónaco se hacían más frecuentes, los entrenamientos menos intensos, el agua, que siempre había sido su escape, empezaba a sentirse como una distracción de su vida con Alberto.

Es curioso cómo el amor funciona o lo que creemos que es  amor. Para Charlí, Alberto representaba estabilidad, representaba un mundo donde no tendría que levantarse a las 5 de la mañana para meterse en agua helada, donde no tendría que preocuparse por centésimas de segundo o por mantener su peso corporal perfecto, donde podría finalmente descansar.

Para Alberto, Charlén representaba algo diferente, representaba juventud, representaba belleza, representaba la posibilidad de finalmente hacer lo que su padre siempre le había exigido, casarse y producir un heredero legítimo, porque ahí estaba el problema. Alberto ya tenía hijos, solo que no eran legítimos.

Lo que Charlen no sabía o lo que eligió ignorar al principio era que Alberto había vivido una vida complicada antes de conocerla. En los años 90 había tenido una relación con una azafata francesa llamada Nicole Coste. De esa relación nació Alexandre en agosto de 2003. Alberto no reconoció públicamente a su hijo hasta 2005, pero eso no era todo.

También estaba Yasmín Grace Grimaldi, nacida en 1992. Su madre era Tamara Rotolo, una agente inmobiliaria estadounidense que había tenido un breve romance con Alberto. Durante años, Alberto negó ser el padre. Hubo batallas legales, hubo pruebas de ADN y finalmente en 2006 admitió la verdad. Dos hijos, dos mujeres diferentes, dos secretos que Alberto había guardado mientras construía una relación con Charlin.

Cuando ella finalmente se enteró, ¿qué sintió? Nunca lo sabremos con certeza, pero lo que sí sabemos es que no se fue, se quedó. Y esa decisión, esa elección de quedarse marcaría el resto de su vida.  En 2005, Charlin se retiró oficialmente de la natación competitiva. Tenía 27 años. Para una nadadora era joven aún.

Podría haber seguido compitiendo. Podría haber perseguido más medallas, pero en cambio eligió perseguir algo diferente. O tal vez algo la atrapó antes de que pudiera escapar.  se mudó a Mónaco permanentemente. Comenzó a aprender francés. Era un idioma que se sentía extraño en su boca, palabras que tropezaban en su lengua sudafricana.

Comenzó a asistir a eventos con Alberto. Los fotógrafos la adoraban.  era alta, rubia, con una belleza atlética que contrastaba con las socialitez delgadas y frágiles que usualmente rodeaban a Alberto. Era diferente y al principio eso parecía suficiente. Pero lejos de las cámaras, lejos de los eventos glamorosos y las galas benéficas, Charlin comenzó a descubrir la realidad de su nueva vida.

descubrió que en Mónaco todo era apariencia. Descubrió que su relación con Alberto no era solo con él, sino con un país entero que esperaba algo de ella. Descubrió que había reglas no escritas, expectativas silenciosas y que cada movimiento que hacía era analizado, criticado, juzgado. En 2006, Alberto anunció públicamente la existencia de sus dos hijos ilegítimos.

El  escándalo fue enorme, los medios se volvieron locos y Charlene, que había estado al lado de Alberto durante todo ese tiempo, tuvo que sonreír y actuar como si esto no la destrozara por dentro. Tuvo que posar para fotos, tuvo que asistir a eventos, tuvo que fingir que todo estaba bien cuando claramente nada lo estaba.

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