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La historia oculta del exilio de María tras la muerte de Jesús está dejando a la gente completamente impactada VL

La historia oculta del exilio de María tras la muerte de Jesús está dejando a la gente completamente impactada

En el año 44 después de Cristo, cuando el rey Herodes Agripa ordenó la ejecución del apóstol Santiago y desató una nueva ola de persecución sobre los seguidores del camino en Jerusalén, una mujer de edad avanzada dejó atrás la ciudad que había visto morir a su hijo y comenzó uno de los viajes más silenciados de toda la historia cristiana.

Su nombre era Miriam, hija de Joaquín y Ana, según la tradición más antigua, nacida según algunas fuentes en Séforis, criada en Nazaret, conocida por el mundo como María, la madre de Jesús. lo que ocurrió con ella después de la resurrección, después de Pentecostés, después de que la Iglesia comenzó a crecer y a enfrentar su primera prueba de fuego bajo el poder romano y la hostilidad religiosa de Jerusalén, es una historia que la Iglesia guardó con reverencia, pero que pocas veces se cuenta con la profundidad que merece

este guion es ese relato. No es especulación devota ni leyenda piadosa construida sobre el vacío. es la reconstrucción fiel de lo que la evidencia histórica disponible, la tradición apostólica transmitida desde los primeros siglos y el texto bíblico permiten conocer o sugerir con fundamento razonable sobre los últimos años de vida de la madre de Jesús, sobre su presencia en la comunidad primitiva, sobre su partida de Palestina y sobre el lugar donde la tradición más antigua afirma que vivió, oró y terminó su

camino terrenal. Para comprender el posible exilio de María, hay que comprender primero el mundo que ella habitaba cuando su hijo ascendió al cielo desde el monte de los Olivos. Jerusalén en el año 33 de la era cristiana era una ciudad bajo presión constante. El poder romano administraba la provincia de Judea a través de prefectos y procuradores que respondían al emperador.

Pero la vida religiosa y social estaba gobernada por el sanedrín. El Consejo Supremo de los Judíos, compuesto por sacerdotes, escribas y ancianos que veían en el movimiento naciente de los seguidores de Jesús una amenaza directa a su autoridad espiritual y política. La crucifixión de Jesús no había silenciado el movimiento que él iniciara.

Al contrario, las noticias de la resurrección se habían extendido con una velocidad que desconcertaba a las autoridades religiosas. Y el fenómeno de Pentecostés, cuando el Espíritu Santo descendió sobre los discípulos reunidos en el aposento alto y 3000 personas fueron bautizadas en un solo día según el relato de los Hechos, convirtió lo que podría haber sido un grupo marginal en un movimiento de proporciones imposibles de ignorar.

Según el testimonio del libro de los Hechos de los Apóstoles, María estaba allí en ese aposento alto. El texto lo dice con precisión admirable. Todos estos perseveraban unánimes en oración y ruego con las mujeres y con María, la madre de Jesús, y con sus hermanos. Hechos 1:14. No como figura decorativa, no como reliquia viviente de un pasado glorioso, sino como miembro activo, orante y presente de la primera comunidad cristiana de la historia.

El lugar donde se reunía aquella comunidad era probablemente el mismo aposento alto donde había tenido lugar la última cena, una sala grande en el piso superior de una casa en el barrio sur de Jerusalén, en la colina que los romanos llamarían más tarde Monsion. Según lo que los estudios arqueológicos del área han podido establecer, las casas de ese barrio pertenecían, en su mayoría, a familias de clase media alta de Jerusalén, lo que sugiere que los primeros discípulos contaban con el apoyo de personas de cierta posición social que ponían sus propiedades al

servicio de la comunidad naciente. Según la tradición transmitida desde los primeros siglos, María vivía en ese entorno. Después de la muerte de Jesús, el apóstol Juan la había tomado bajo su cuidado, tal como Jesús mismo lo había indicado desde la cruz. Entonces dijo al discípulo, “He ahí tu madre.

” Y desde aquella hora, el discípulo la recibió en su propia casa. Juan 19:27. La expresión griega utilizada en ese versículo eidia, que puede traducirse como a lo que era suyo o a su propio hogar, indica, según los estudiosos del texto, una relación de responsabilidad real y cotidiana, no meramente sentimental. Juan se convirtió, al menos según esta lectura del pasaje, en el guardián de María.

Y la tradición posterior afirma que María vivió bajo el cuidado de Juan en los años que siguieron a la resurrección. Esos primeros años fueron años de asombro y de crecimiento explosivo para la Iglesia primitiva, según lo que el libro de los Hechos narra con detalle. Pedro predicaba en el pórtico de Salomón y miles respondían. Los enfermos eran colocados en las calles para que la sombra de Pedro los cubriera al pasar.

Esteban, lleno del Espíritu Santo, debatía con una elocuencia que sus adversarios no podían rebatir. La comunidad compartía sus bienes, comía junta cada día, vivía en una atmósfera de oración continua y de expectativa viva. Según lo que la tradición cristiana más antigua ha transmitido sobre esos primeros años de la iglesia en Jerusalén, María respiraba ese ambiente.

Había visto a su hijo nacer en Belén. había viajado con él hacia Egipto, según el relato de Mateo. Lo había criado en Nazaret, lo había visto crecer en sabiduría y estatura. Lo había visto iniciar su ministerio en las orillas del mar de Galilea, lo había seguido hasta Jerusalén, lo había visto morir en la cruz y lo había visto resucitado y glorioso.

Ningún otro ser humano sobre la tierra poseía esa historia. Ningún otro ser humano había estado presente en tantos momentos que definían la nueva fe. Su sola presencia en la comunidad primitiva era un testimonio vivo y continuo de todo lo que había ocurrido. Cuando ella hablaba de Jesús, no citaba textos ni repetía tradiciones aprendidas de otros.

Ella recordaba, ella había estado allí. La primera gran tormenta llegó con la lapidación de Esteban aproximadamente en el año 36 después de Cristo. Según las reconstrucciones históricas más frecuentes. Aquel joven diácono de lengua griega fue llevado fuera de la ciudad y apedreado mientras un joven fariseo llamado Saulo de Tarso custodiaba las ropas de quienes participaban en el acto.

La muerte de Esteban no fue un incidente aislado, fue la señal de un programa de represión contra la iglesia de Jerusalén. El texto de Hechos dice que hubo en aquel día una gran persecución contra la iglesia que estaba en Jerusalén y todos fueron esparcidos por las tierras de Judea y de Samaria, salvo los apóstoles. Hechos 8:1.

Los creyentes se dispersaron, llevaron el evangelio consigo a donde iban. Pero los apóstoles permanecieron en Jerusalén y con ellos, según la tradición más probable, María. La persecución se apaciguó con el tiempo. Saulo, que se había convertido en el más temible cazador de cristianos, tuvo su encuentro con el Cristo resucitado en el camino a Damasco y pasó de perseguidor a predicador con una transformación tan radical que la Iglesia tardó en creerla.

Jerusalén vivió un periodo de relativa calma. La comunidad respiró y entonces llegó Herodes Agripa. Herodes Agripa I era nieto del gran Herodes el constructor, aquel rey dumeo que había reedificado el templo de Jerusalén con una magnificencia sin precedentes. Agripa había sido educado en Roma. Era políticamente hábil, amaba la aprobación de las multitudes y entendía que actuar contra los líderes del movimiento cristiano le granjeaba la simpatía del establishment religioso judío.

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